Friday, January 16, 2026

COMO REFRENAR EL VIENTO




Pretender contenerla es como refrenar el viento, o sujetar el aceite en la mano derecha” (Pr 27:16).

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¿Puedes refrenar el viento? ¡No! ¿Puedes ocultar el aroma de la colonia una vez que te las has puesto? ¡No! Todos los presentes saben si sopla el viento o si llevas colonia. Tampoco puedes sujetar el aceite en la mano. Y si un hombre se casa con una mujer rencillosa, tampoco puede ocultar sus maneras odiosas. Quienes lo rodean saben que tiene un matrimonio difícil y doloroso.

Hay una mujer en este proverbio, indicada por la conjugación femenina del verbo “contenerla”. No quieres conocerla, ¡y seguramente no quieres casarte con ella! Es la mujer rencillosa del versículo anterior que tortura cruelmente a su marido (Pr 27:15). El pobre hombre no puede contenerla ni refrenarla más de lo que se puede refrenar el viento u ocultar el olor de la colonia. Todo el mundo sabe que está condenado de por vida con la mujer rencillosa.

Dios inspiró a Salomón a escribir este proverbio. Él hizo a la mujer para el hombre, y la conoció antes y mejor que todos los psicólogos y terapeutas combinados (1 Co 11:9; 1 Ti 2:13-14; 2 Ti 3:6-7; 1 P 3:7). Como Salomón escribió en beneficio de su hijo (Pr 27:11), le advirtió a menudo de la amenaza seductora de la mujer extraña y de la amenaza marital de la mujer rencillosa. Ambas mujeres son peores que la muerte (Pr 30:21-23; Ec 7:26).

La Biblia es una biblioteca de sabiduría divina. Trata abiertamente de temas que a menudo no se discuten debido a tontas ideas de decoro. Pero Dios ama a Sus hijos y les dice la verdad claramente para salvarlos del dolor y de los problemas. Cuando los hombres hablan entre ellos, también se dicen la verdad: bromean entre ellos y se ríen quejándose de cómo sus mujeres los irritan y los regañan. Por supuesto, un marido no puede decírselo a su mujer, porque ella le recordaría por enésima vez todas esas faltas que él cometió hace veinte años atrás. Mejor pasar la noche en el sofá.

¿Cómo es una mujer rencillosa? Es una mujer replicadora que debe expresar sus opiniones, corregir detalles en la conversación, cuestionar casi todo y hacer sugerencias que nadie le pide. Es una mujer irritante, pendenciera y detractora. No puede pensar, hablar o actuar con gracia, porque no puede identificar o apreciar esa virtud; tiene un espíritu arrogante, altivo, belicoso, incorregible, que argumenta, reprocha, critica y cuestiona.

Pocas mujeres rencillosas saben que lo son. ¡Por eso son odiosas! No pueden reconocer que la conducta que creen que es buena y útil es en realidad lo que enoja y disgusta a quienes las rodean. Si sugieres que opina demasiado, se defenderá diciendo que sus opiniones son útiles y constructivas; ¿cómo puede equivocarse al ofrecerlas? Cuando por casualidad escucha alguna predicación sobre la mujer rencillosa, asume que debe ser de otra mujer de la que se está hablando.

¿Cómo se delata esta mujer? Su marido está resignado. Está castrado, porque esta mujer le robó la confianza, la fuerza y la virilidad. Ella lo reprocha demasiado, y él solo la escucha con mirada cansada. Si no la escuchas haciendo comentarios superfluos e innecesarios, busca la cara agria que rara vez sonríe, y la habrás encontrado. No tiene verdaderas amigas, pues nadie desea su dolorosa presencia. Su interacción social es a menudo solo el mal hábito de ser una entrometida.

Ningún hombre quiere que los demás sepan que vive con una mujer así, por lo que trata de ocultar el carácter rencilloso y amargo de su mujer. Esto es lo que Salomón dice aquí que es tan difícil de hacer: ¿Cómo refrenar el viento o sujetar el aceite en la mano derecha? ¡Ambos intentos son vanos! ¡Ambos intentos serán descubiertos por quienes te rodean! Es imposible ocultar al cerdo mientras tratas de señalar el zarcillo de oro en su hocico (Pr 11:22).

Los hombres utilizan diversas técnicas para ocultar a sus deshonrosas mujeres. Un hombre trata de ocultar a su contenciosa mujer evitando asistir a eventos sociales con ella. Trabaja hasta tarde, encuentra pasatiempos o simplemente se niega a salir. Otro puede tratar tontamente de engañar a sus amigos haciéndole todo el tiempo cumplidos a su mujer. Un hombre casado con una mujer rencillosa a menudo se someterá mansamente a sus amargas demandas y cuestionamientos para evitar una disputa pública. Y otro mimará el alma codiciosa de su mujer con cualquier cosa a la vista para comprar un poco de paz y tranquilidad para sí mismo.

Mujeres así no merecen maridos, y ningún hombre merece una mujer así. Dado que este insatisfecho puercoespín-hembra puede disfrazarse de paloma de la paz durante las citas, cuando todavía es soltera, cada hombre debe aprender a detectar los rasgos que revelan su carácter belicoso (Pr 30:21-23). Son sencillos de detectar. Opina demasiado y sobre todo, tiene un espíritu orgulloso, no perdona ni olvida, le gusta reprochar y victimizarse, interrumpe cuando tú hablas para terminar tus oraciones, discrepa en voz alta y en silencio, reprueba, desaprueba, es intolerante e intolerable, se enoja por cualquier cosa, se agita visiblemente, se queja de las circunstancias y lo cuestiona todo.

Otra manera de evitar a una mujer rencillosa es exaltar la bondad y la virtud, y rechazar a todas las mujeres que carezcan de ellas, porque una gran esposa debe tener ambas características (Pr 31:10-31). La mejor forma de detectar una falsificación es conocer a la perfección lo genuino. La mejor manera de oler a lo lejos a una mujer rencillosa es conocer la naturaleza dulce de una mujer afable. Una mujer agraciada siempre es adorada por todos (Pr 11:16). La mujer rencillosa solo se cree respetada.

Algunos hombres son versiones masculinas de lo mismo. Hablan demasiado, se quejan por todo, discuten y debaten sin importar lo que se diga, cuestionan opiniones y decisiones correctas, etc. Estos hombres deben evitarse en todas las reuniones sociales tanto como la mujer rencillosa debe evitarse en el matrimonio. Las personas contenciosas que causan división y discordia deben ser rechazadas, porque son destructoras de la paz y la estabilidad (Pr 22:10).

Este proverbio enseña varias lecciones. Primero, cada hombre debe evaluar a una potencial esposa y conocer las opiniones de los hombres casados sobre ella. Segundo, toda mujer joven debe enfatizar la bondad y la virtud cristianas por encima de otros objetivos en su vida. Tercero, todo hombre casado con una mujer rencillosa necesita construirse un taller en el patio, desarrollar un pasatiempo solitario, o encontrar un lugar en el desierto a donde retirarse en busca de paz (Pr 21:9,19; 25:24).

Cuarto, toda mujer que tiende hacia el carácter rencilloso descrito aquí debe arrepentirse ante Dios, su marido, sus hijos, y buscar convivir con gracia con todos. Quinto, debes advertir a cualquier joven que conozcas si está a punto de casarse con una mujer rencillosa. Sexto, todo hombre casado con una mujer afable y amorosa debe agradecerle a Dios por ella, e invitarla a cenar afuera esta noche.

La Biblia ayuda a los hombres advirtiéndoles acerca de las mujeres rencillosas, pero también les enseña a las mujeres cómo ser afables y virtuosas, si aprenden la lección y la aplican (Pr 31:10-16; 1 Ti 2:9-10; 5: 13-14; Tito 2:3-5; 1 P 3:1-6). Sin embargo, la mayoría de los ministros de hoy tienen demasiado miedo de decir la verdad acerca de las mujeres presentes, por lo que rara vez o nunca tratarán temas prácticos y útiles como este. No quieren ofender a sus rencillosas feligresas y perder sus ofrendas.

Las verdaderas iglesias componen la novia y la esposa del Señor Jesús. Dios arregló que Su hijo se casara con ella, para que vivan juntos para siempre en íntima bienaventuranza (Ef 5:27). Este Esposo glorioso, ¿se deleita plenamente en ti? ¿O se avergüenza de tus acciones y carácter? Amenaza con vomitar de Su boca a la iglesia de Laodicea (Ap 3:14-19). Amenaza con abandonar a la iglesia de Éfeso (Ap 2:4-5). ¿Está totalmente contento con tu espíritu y conducta?

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