Search This Blog

Monday, April 20, 2026

EL LIBRO DE ENOC




El Libro de Enoc es una de las tantas obras pseudoepígrafas (obras falsamente atribuidas, textos que afirman ser de autoría de alguien conocido) que se atribuyen a Enoc, el bisabuelo de Noé; hijo de Jared (Gn 5:18). 

Enoc es también una de las tres personas de la Biblia que fueron llevadas al cielo mientras vivían (las otras dos son Elías y Jesús), como dice la Biblia: 

“Caminó, pues, Enoc con Dios, y desapareció, porque le llevó Dios (Gn 5:24; He 11:5). 

Por lo general, la frase Libro de Enoc se refiere a 1 Enoc, que sólo existe en el idioma etíope.

El libro bíblico de Judas menciona el Libro de Enoc:

“De éstos también profetizó Enoc, séptimo desde Adán, diciendo: He aquí, vino el Señor con sus santas decenas de millares, para hacer juicio contra todos, y dejar convictos a todos los impíos de todas sus obras impías que han hecho impíamente, y de todas las cosas duras que los pecadores impíos han hablado contra él (Jud 14-15). 

Aunque esto no significa que el Libro de Enoc sea inspirado por Dios y deba estar en la Biblia.

La mención de Judas no es la única en la Biblia que proviene de una fuente no bíblica. El Apóstol Pablo cita a Epiménides en Tito 1:12 pero eso no significa que debamos dar alguna autoridad extra a los escritos de Epiménides. Lo mismo ocurre con Judas 14-15. Judas citando del libro de Enoc no señala que todo el Libro de Enoc sea inspirado, o incluso verdadero. Todo lo que significa es que un determinado pasaje del libro es verdadero. 

Es interesante ver que la erudición conservadora no cree que el Libro de Enoc haya sido realmente escrito por el Enoc de la Biblia. Enoc se encontraba a siete generaciones de Adán, antes del Diluvio (Gn 5:1-24). Obviamente, esto fue algo genuino que Enoc profetizó, o la Biblia no se lo atribuiría: 

“De éstos también profetizó Enoc, séptimo desde Adán (Jud 14). 

Esta afirmación de Enoc evidentemente fue transmitida por la tradición, y eventualmente se registró en el Libro de Enoc.

Debemos tratar el Libro de Enoc (y los otros pseudoepígrafos libros similares) de la misma manera que lo hacemos con los otros escritos apócrifos. Algo de lo que los Apócrifos dicen es cierto y correcto, pero al mismo tiempo, mucho de ello es falso e históricamente inexacto. Si lees estos libros, debes abordarlos como documentos históricos interesantes pero falibles, no como la inspirada y confiable Palabra de Dios.

Es importante tener un conocimiento de las Escrituras (tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento) para ver los errores teológicos que contienen los pseudoepígrafos y los apócrifos. La Biblia que tenemos es una unidad cohesionada e integrada en todos sus aspectos. Todos los autores bíblicos tienen una mismo fundamento y fe. Cuando uno puede ver esto en el texto bíblico, resulta fácil ver  los alejamientos doctrinales de los pseudoepígrafos y los apócrifos, que son únicos en ellos.

Comencemos por conocer el canon sagrado (la Biblia) y su unidad; entonces nos resultará fácil reconocer los errores que pretenden adherírsele como parte de ella.

- - - - - - 

RELACIONADO

¿QUÉ ES EL CANON DE LA ESCRITURA?












¿O NO SABÉIS QUE HEMOS DE JUZGAR A LOS ÁNGELES?



En su carta a la iglesia en Corinto, el apóstol Pablo nos dice que los creyentes no solo juzgarán al mundo, sino también a los ángeles: 

¿O no sabéis que los santos han de juzgar al mundo? Y si el mundo ha de ser juzgado por vosotros, ¿sois indignos de juzgar cosas muy pequeñas? ¿O no sabéis que hemos de juzgar a los ángeles? ¿Cuánto más las cosas de esta vida?” (1 Cor 6:2-3).

Las Escrituras enseñan que los ángeles caídos serán juzgados por Dios (Is 24:21-22; 2 P 2:4; Jud 1:6; Ap 20:10). Así que, ¿qué quiere decir Pablo cuando afirma que los santos también juzgaremos a los ángeles?

Lo que podemos entender de este pasaje (1 Co 6:2-3) es que nosotros, como hijos de Dios, seremos elevados a una posición superior a la de los ángeles. No solo fuimos creados a imagen de Dios, sino que también fuimos redimidos por Cristo (Gl 3:13; 1 P 2:9; Lc 1:68; Ef 1:7). Los ángeles no fueron creados a imagen de Dios y no son redimidos por Cristo (He 1:14; 2:16). Además, Dios envía a Sus ángeles para servir a Sus santos, es decir, aquellos que hemos de heredar la vida eterna (He 1:14; Sal 34:7; Sal 91:11).

Además, sabemos que la palabra griega para “juzgar” [krino] también significa gobernar” regir. Esto implica que tendremos autoridad sobre los ángeles santos, ya que ellos no tienen pecado por el cual ser juzgados” en el sentido de ser condenados

El significado de este pasaje es que los creyentes en la eternidad participaremos en el juicio de los ángeles caídos y ejerceremos autoridad sobre los ángeles santos

Cristo ha sido exaltado por encima de todos los ángeles (Ef 1:20-23), y es razonable que aquellos que estamos en Él y hechos a Su semejanza (Ro 8:29; 1 Co 15:49; Ef 4:24; 1 Jn 3:2) participemos de Su autoridad, incluyendo Su autoridad sobre los ángeles (Mt 19:28; 2 Ti 2:12; Ap 20:4).

 “¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos! Porque ¿quién entendió la mente del Señor? ¿O quién fue su consejero?” (Ro 11:33-34)

- - - - - - 

RELACIONADOS

EL PROTOEVANGELIO












EL PROTOEVANGELIO

 


Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; esta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar (Gn 3:15)


A Génesis 3:15 se le conoce como el protoevangelio—el primer anuncio del evangelio. 

Génesis 3:15 introduce dos elementos que antes no se habían mencionado en el huerto del Edén, y que son la base de la fe cristiana: la maldición sobre la humanidad por el pecado de Adán y la provisión de Dios de un Salvador que tomaría sobre Sí mismo esa maldición.

Génesis 3:14 deja claro que Dios está hablando a la serpiente, a la cual maldice para que se arrastre sobre su vientre, diciéndola: “y polvo comerás todos los días de tu vida”

En Génesis 3:15, Dios pasa de condenar a la serpiente a condenar a quien la habitó: Satanás. Lo maldice a estar en guerra permanente contra la humanidad, representada como la simiente o descendencia de la mujer. En un sentido general, la mujer es Eva, de quien nacerían todos los seres humanos que serían acosados constantemente por Satanás y sus secuaces. En este momento entra el pecado en la raza humana, y las consecuencias del pecado siguen afectándonos hasta hoy. Hemos heredado el pecado y la naturaleza pecaminosa de Adán, y sufrimos por ello continuamente. La enemistad—la hostilidad y el odio—entre el hombre y Satanás es una guerra que aún continúa; y comenzó aquí. Los ángeles caídos, así como los hombres impíos, son llamados serpientes e incluso “Generación de víboras” por el mismo Señor Jesús (Mt 3:7), y combaten contra el pueblo de Dios, los escogidos del Señor, a quienes odian y persiguen desde aquel suceso en el huerto.

De forma más específica, la descendencia de la mujer se refiere a Jesucristo, quien nació de mujer. La “enemistad” o antagonismo descrito aquí es entre Satanás y Cristo. La simiente de la serpiente—los hombres malvados y las fuerzas demoníacas—hirieron el talón del Salvador cuando Judas, los fariseos, la multitud y los romanos, conspiraron para condenar a Jesús a la crucifixión. Pero esa herida no fue la última palabra. El Señor Jesús resucitó al tercer día, habiendo pagado el precio por el pecado de todos los que creen en Él. La victoria final fue Suya, y Él aplastó la cabeza de Satanás, quitándole para siempre el dominio sobre el ser humano y la muerte. 

El poder de Cristo destruiría a Satanás y todas sus potestades, frustraría todos sus planes y arruinaría todas sus obras. El poder de la cruz aplastaría todo el imperio de Satanás, lo despojaría de su autoridad (especialmente su poder sobre la muerte) y de su tiranía sobre los cuerpos y las almas de los seres humanos. Todo esto lo logró Cristo encarnado cuando sufrió y murió por las almas de todos quienes crean en Él.

Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo, y librar a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre (He 2:14-15).

Por lo que Jesús hizo en la cruz, “aplastó” la cabeza del diablo, derrotándolo para siempre. 

El protoevangelio nos muestra que Dios siempre tuvo en mente el plan de salvación y nos informa de este plan desde el momento en que el pecado entró en el mundo. 

Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo (1 Jn 3:8b).

- - - - - -



 






Sunday, April 19, 2026

Y DICE: NO HE HECHO MALDAD

 


“El proceder de la mujer adúltera es así: Come, y limpia su boca y dice: No he hecho maldad” (Pr 30:20).

Audio

Habiendo descrito cuatro cosas ocultas a la percepción natural, el profeta Agur ahora añade una quinta: la mujer adúltera (Pr 30:1,18-19).

La forma en que un águila se eleva sobre las corrientes térmicas ascendentes y descendentes, y se zambulle tras su presa, es maravillosa. La forma en que una serpiente se mueve sin brazos ni piernas sobre una roca lisa, es sorprendente. La forma en que un barco a velas navega firmemente por los mares sin remos ni motor, es casi un desafío a la física. Y la facilidad con que un hombre conquista a una doncella cuando ella está lista para tal experiencia, embelesa la imaginación. 

Agur describe estas cuatro cosas como “ocultas” (Pr 30:18) porque no dejan rastro visible, así como una mujer adúltera experta no deja rastro de su pecado para ser descubierta por su marido (Pr 30:18-20). Esta es la quinta cosa “oculta”, pero Agur no la enumera como tal, sino que la encubre en la cuarta, porque es allí donde reside en germen. Por eso dice que cuatro cosas le son “ocultas” y luego describe cinco: la quinta está contenida en la cuarta. La mujer adúltera no nace de la noche a la mañana: un día fue doncella, y nadie pudo ver el rastro del hombre en ella tampoco entonces. 

El “comer” de la adúltera no involucra comida: es un eufemismo para el acto sexual, tal como se ha usado antes en Proverbios y se usa como modismo hispanoparlante (Pr 5:15; 9:17; 20:17). Si bien otros escritores de la Biblia pueden usar un lenguaje más directo para abordar del asunto, Agur utiliza un eufemismo para suavizar poéticamente el acto de la adúltera (Ez 16:17, 25-26; 23:16-21).

Cuando Agur dice que la adúltera “limpia su boca”, no está diciendo que ella usa una servilleta, está diciendo que ella borra su rastro para evitar que la detecten. Este es el clímax del proverbio de Agur comenzado cuando dice: “Tres cosas me son ocultasAun tampoco sé la cuarta...” (Pr 30:18). Los cuatro “rastros” ocultos (Pr 30:19) mencionados anteriormente dirigen al lector hacia el quinto y último “rastro oculto”, que es la lección del proverbio.    

La mujer hace todo lo necesario para ocultar su adulterio del marido, y de los demás. Primero, procuró estar lejos de su marido (Pr 7:19-20; Gn 39:7-12). Luego, esconde cualquier señal de su pecado. Se lava el cuerpo, el pelo, se cambia de ropa, idea una mentira y se prepara para encontrarse con su marido como si nada hubiera pasado. Lleva a cabo su plan. Finge, miente, oculta. Adora a su marido en casa y en público. Entra en su cama y tiene intimidad con él como si todo estuviera bien. Juega con su hijo, habla con los vecinos, asiste a la iglesia, y sigue usando su anillo de bodas. No hay compunción, culpa ni remordimiento. Actúa como si no hubiera hecho nada malo. Está tranquila, porque ha ocultado el rastro de su pecado. Lo aprendió a ocultar en su juventud, cuando era una doncella que todos creían virgen. El águila no deja rastro en el cielo, la culebra no deja rastro sobre la peña, el velero no deja rastro en el mar, la doncella y la adúltera tampoco dejan rastro de su pecado.

La generación actual exalta el adulterio. Hollywood nunca ha exaltado el matrimonio, ¡todo lo contrario! Si bien en tiempos bíblicos el adulterio era castigado con la pena capital, la flagelación pública o una marca a fuego en la frente, hoy en día la sociedad se ríe de los que no lo aceptan, lo promueven como un evento emocionante. Aunque todavía es considerado un delito en muchos países del Medio Oriente, no se aplica el castigo en casi ninguna parte del mundo por temor a sanciones promovidas por organismos feministas y de los derechos humanos. El mundo entero come, se limpia la boca y dice: “No he hecho maldad”.

Pero hay un Dios en el cielo que todavía odia el adulterio. Para Él, el adulterio no es una aventura; no es tener un amante; no es un momento de debilidad. Es la violación del pacto matrimonial por Él instituido (Gn 2:18-24; Ex 20:14). Los adúlteros recibían ambos la pena de muerte en la nación a la que Dios le dio Sus leyes (Lv 20:10; Ez 16:38), y el intento conspirativo de los judíos para atrapar a Jesús, y Su respuesta, no cambia en absoluto el dictamen de Dios al respecto (Jn 8:1- 11).

Dios diseñó el cuerpo de la mujer para que probara su virginidad al contraer matrimonio, y dio una prueba bajo Moisés para exponer la infidelidad después del matrimonio (Dt 22:13-21; Nm 5:11-31). ¿Hasta dónde fue Él para hacer cumplir la castidad femenina? Hizo un llamado para cortar la mano de una mujer que tocara los genitales de otro hombre, incluso si lo hacía ayudando a su marido en una pelea (Dt 25:11-12). Permitió la poligamia masculina, pero no la femenina (Ex 21:10-11).

Si una adúltera se siente condenada por el comentario de este proverbio, sepa que el arrepentimiento hará toda la diferencia. El Señor Jesucristo es tan rápido en perdonar este pecado como cualquier otro (Lc 7:36-50; Jn 4:4-42; 8:1-11; 1 Co 6:9-11). Jesús recibió gustosamente a las rameras arrepentidas, y ellas entran en Su reino antes que los religiosos hipócritas (Mt 21:31-32). Puedes limpiarte por completo de este pecado atroz con la tristeza que es según Dios (2 Co 7:10-11). 

Dios perdonó a Betsabé y la incluyó en la línea genealógica de la que descendió Señor Jesús (2 S 12:24; Mt 1:6; Lc 3:31; 1 Cr 3:5). Lo mismo hizo con Tamar y Rahab, aunque también fueron culpables del pecado de adulterio (Mt 1:3,5). Si bien no se conocen los pecados de María Magdalena, una vez poseída por siete demonios, el registro evangélico es claro al revelar que el Señor Jesús se le apareció primero a ella después de Su resurrección (Mr 16:9). Alégrate, mujer, si te has arrepentido. Tus pecados te son perdonados. Vete, y no peques más (Jn 8:11).

El proverbio sólo describe a la mujer adúltera, porque Proverbios es principalmente un libro de sabiduría y advertencias para los varones (Pr 1:1-7). Pero hay un adúltero para cada adúltera. Que todo hombre recuerde que la justicia de Dios requiere la muerte tanto de la adúltera y como del adúltero (Lv 20:10). Los hombres piadosos deben hacer pacto con sus ojos: jamás mirar a una mujer para codiciarla en su corazón (Job 31:1). Todo el libro de Proverbios condena mirar a otras mujeres con esta intención, y enseña a los hombres a contentarse con solo una mujer legítima (Pr 6:24-26; 5:18-20).

Hay más de una forma de adulterar. El santo Dios del cielo considera adulterio espiritual la amistad de los cristianos con el mundo (Ez 16:1-59; Os 1:1-3; 9:1; 2 Co 11:1-4; Stg 4:4) . Él es un Dios celoso, y no compartirá Su gloria, afecto o adoración con nadie (Dt 4:23-26; Jos 24:19; He 12:28-29). Rechaza a aquellos que piensan que pueden amarlo a Él y las cosas del mundo al mismo tiempo (Mt 6:24; Fil 3:18-19; 1 Jn 2:15-17). Rechaza la adoración transigente como un marido rechazaría a su mujer por recordar o anhelar a otro hombre (Ez 23:38-39; 2 Co 6:14-17). ¡Si amas al mundo, estás cometiendo adulterio con el enemigo de Dios!

El Señor Jesucristo le mostró a Juan una visión de una gran ramera con hijas rameras, que tiene en la mano un cáliz de oro lleno de abominaciones y de la inmundicia de su fornicación (Ap 17:1-6). La ramera es símbolo de una religión sintética conocida por su fornicación espiritual contra el Dios del cielo. Su juicio final se describe en detalle (Ap 17:15-17; 18:1-24). Se nos dice que los reyes de la tierra han fornicado con ella, y que los moradores de la tierra se han embriagado con el vino de su fornicación (Ap 17:2). La mujer está ebria de la sangre de los santos, y de la sangre de los mártires de Jesús; y cuando Juan la vio, quedó asombrado con gran asombro. Esta adúltera también se limpia la boca y dice: “No he hecho maldad”.

- - - - - -

RELACIONADOS
















































































THE 7 LEVELS OF PRAYER

 


- - - - - -











Saturday, April 18, 2026

EL RASTRO DEL HOMBRE EN LA DONCELLA



 
 

El rastro del águila en el aire; El rastro de la culebra sobre la peña; El rastro de la nave en medio del mar; Y el rastro del hombre en la doncella” (Pr 30:19).

Audio

Pondera en estos cuatro misterios. Más allá de la comprensión humana, hacen que la mente considere al Creador responsable de sus propiedades únicas. Más allá de la capacidad del hombre para captar o aprehender por completo, humillan la mente para admitir la gran necesidad de sabiduría.

Dios creó estas cosas, como lo hizo con todo el universo (Pr 8:22-31). El hombre no puede explicarlas completamente, y mucho menos duplicarlas, por lo que solo debe admirarlas humildemente.

¿Debe un maestro admitir su ignorancia? Agur lo hizo antes comenzar a enseñar (Pr 30:2-4), y lo vuelve a hacer aquí. Si el propósito es glorificar la sabiduría de Dios o hacer reflexionar a otros, es una buena técnica de instrucción. Aquí, el objetivo de Agur es exaltar estas cuatro cosas por sus misteriosas propiedades.

El rastro del águila en el aire es gloriosamente hermoso. Flotando y deslizándose en las corrientes térmicas ascendentes y descendentes, el águila puede volar y dar vueltas majestuosamente con apenas un movimiento de su envergadura de 2 metros. Al descender en picada para atrapar presas desprevenidas en el aire, en la tierra o en el agua, ¡puede superar las 100 kph! El cortejo del águila incluye exhibiciones aéreas espectaculares en las que las aves se agarran de las patas en el aire y caen en picada hacia la tierra, dando volteretas con las alas y las patas extendidas. ¿Quién no admirará tan hermoso diseño?

El rastro de la culebra sobre la peña es igualmente asombroso. No tiene brazos, piernas ni pies, y verla deslizarse, moverse y extenderse formando curvas, giros y tornos a través de la hierba, el tronco o la arena es un espectáculo de la naturaleza. ¿Y qué tal sobre una roca lisa? ¿Dónde encuentra la sujeción? ¿Cómo puede moverse hacia adelante y hacia arriba sobre una superficie resbaladiza sin manos ni pies? Enojada o asustada, se mueve rápida y directamente hacia o desde un enemigo. No usa puntos de apoyo ni deja huellas, pero se mueve de manera extraordinariamente efectiva. ¿Quién puede dejar de asombrarse ante tan sabio diseño?

También el rastro de la nave en medio del mar. Un barco de vela no tiene hélice, remos u otros medios visibles de propulsión, pero se desliza fácilmente por el agua. Su enorme tamaño está dirigido por un timón muy pequeño. No deja rastro a seguir tras su ligera estela; puede sortear la mayoría de las tormentas sin volcarse; y cruza grandes masas de agua sin señales ni puntos de referencia hasta el puerto deseado. Y es el viento que sopla delante de la vela el que lo mueve, no el aire detrás de la vela. Aunque intuitivamente pensamos que el viento “empuja” el barco por detrás, la física explica un fenómeno mucho más complejo: El barco es, en gran medida, “succionado” hacia adelante por el aire de baja presión en la parte delantera de la vela. Por eso es que un barco a vela puede navegar incluso contra el viento. ¿Quién diseñó tal maravilla de la física? ¿Quién le dio la inteligencia? 

El rastro de un hombre en la doncella es aun más misterioso. Una niña virgen está bien protegida durante 14 o 18 años. Puede estar felizmente contenta con las tareas del hogar, la escuela, los pasatiempos, la naturaleza, los amigos y la familia. El amor y el sexo apenas la perturban. Pero considera el cambio que experimenta cuando un hombre la despierta al amor (Cnt 2:7; 3:5; 8:4). Con atención, palabras y promesas, enciende una respuesta de fuego nunca antes vista. Unos cuantos abrazos y besos, y ella estará emocionalmente obsesionada y físicamente dispuesta a darle cualquier cosa y todo. Lo dejará todo con entusiasmo para entregarse a él sin miedo y a pesar de las advertencias. ¿Quién puede conocer el rastro que deja en el alma de una doncella tal experiencia?

Admira al águila; respeta a la serpiente; asómbrate con la navegación; y cuídate del romance juvenil. De todos estos misterios que no dejan rastro visible al ojo humano, el cuarto es el que contiene la lección que debemos considerar: el rastro oculto del hombre en la doncella. Los otros tres sólo sirven como introducción para este, que a su vez da lugar a un quinto misterio no enumerado por Agur (Pr 30:20).

¿Quién puede conocer el rastro que un “amor” oculto ha dejado en lo profundo del corazón de una doncella? Una vez que la semilla ha sido plantada, germinará; sin importar cuánto tiempo tarde en hacerlo. No es de extrañar que este cuarto misterio de paso al quinto: El proceder de la mujer adúltera que niega (oculta) haber hecho maldad (Pr 30:20).

Dios todo lo hizo hermoso en su tiempo; y ha puesto eternidad en el corazón del hombre sin que este alcance a entender la obra que ha hecho Dios desde el principio hasta el fin. Dios hizo al hombre recto, pero ellos buscaron muchas perversiones (Ec 3:1-11; 7:29). 

Dado que Agur describe las cuatro cosas en este proverbio como ocultas (Pr 30:18), hay necesidad y razón para ponderar en la cuarta con mucho cuidado, pues se describe misteriosamente para llamar la atención acerca de su importancia.  

Sin embargo, todo hombre bien casado estará agradecido de haber podido ganar a su doncella, y la mayoría de las parejas casadas felizmente recordarán con cariño las ilusiones del amor juvenil.

Para ellos la primera lección sería que todo marido debe continuar ganando a su mujer como lo hizo al principio. Dios requirió un año dedicado a la tarea (Dt 24:5). El Señor espera que los hombres sigan conquistando a sus mujeres (Pr 5:19; Ec 9:9; 1 Co 7:2-5; Ef 5:25-29; Col 3:19).

Segundo, todo padre debe proteger a su hija de la seducción. Dina, la hija de Lea, debería haber estado mejor protegida (Gn 34:1-5). Jacob y sus hermanos no enviaron un acompañante con ella, y un cananeo pagano la sedujo. Un padre es el guardián de una hija en la niñez (Pr 5:7-13; 22:6,15; Nm 30:3-5), y es su deber preservar su virginidad durante su juventud, y aprobar o rechazar posibles pretendientes mientras ella viva bajo su techo (Dt 22:14-17; Ex 22:16-17).

Tercero, toda mujer debe cuidarse de la seducción. Debe evitar conversaciones y actividades innecesarias con hombres. Si debe trabajar fuera del hogar, debe tener mucho cuidado en su interacción laboral con el sexo opuesto. El cuarto misterio es el corazón del proverbio porque la mujer es vulnerable a él (Pr 7:11; Tit 2:3-5; 1 P 3:1-6).

Los maridos deben proteger a sus mujeres de todo tipo de hombres. Ambos deben reconocer su debilidad y prepararse para enfrentar a los falsos maestros que se meten en las casas y llevan cautivas a las mujeres vulnerables (2 Ti 3:6-7).

El Hijo del Hombre, el Señor Jesucristo, vino a redimir a una doncella del mundo del pecado para que sea Su novia casta y santa (Jer 31:3; Os 11:4).  Y Sus ministros deben trabajar diariamente con santo celo para presentarla como una virgen pura al Novio de su devoción (2 Co 11:1-4).

- - - - - -

RELACIONADOS






































































DE OÍDAS TE HABÍA OÍDO




Tres cosas me son ocultas; Aun tampoco sé la cuarta” (Pr 30:18). 

Audio

Esta declaración se encuentra en un capítulo que contiene los dichos de Agur, considerado un sabio maestro que imparte lecciones de vida a Itiel y a Ucal (Pr 30:19). El libro de Proverbios es conocido porque ofrece guía e instrucción sobre cómo vivir una vida sabia y justa.

El versículo en consideración forma parte de un pasaje más extenso en el que Agur reflexiona sobre los aspectos misteriosos (ocultos) de la vida que escapan a su comprensión. Reconoce que hay ciertas cosas demasiado sublimes para que él las entienda, y enumera cuatro ejemplos específicos (Pr 30:19). Las palabras de Agur sirven como recordatorio de las limitaciones del conocimiento humano y la inmensidad de los misterios divinos.

Uno de los temas clave en la disertación de Agur es el concepto del asombro y la admiración. Agur expresa su asombro ante aquello que no comprende del todo, reconociendo que hay aspectos del mundo y de la vida que escapan a su entendimiento. Este tema refleja un sentido de humildad y reverencia por lo desconocido y lo sobrenatural. 

Agur reconoce que hay ciertas cosas que él desconoce, y que muchos desconocerán, a pesar de la sabiduría. El entendimiento humano es finito y hay muchas cosas de Dios y Su creación que escapan a nuestra comprensión. Ante esta limitación humana, Agur enfatiza la importancia de simplemente admirar, o adorar, a Dios por Su creatividad inigualable e insondable.

Los ejemplos específicos que Agur menciona en el siguiente versículo sirven como representaciones simbólicas de los misterios de la vida. Las imágenes del águila en el aire, la serpiente sobre la roca, el barco en el mar y el rastro del hombre en la doncella evocan asombro ante las complejidades del mundo natural y el comportamiento humano. Estos ejemplos resaltan la diversidad y lo inescrutable del mundo y la vida, enfatizando la inmensidad de lo desconocido y la necesidad de humildad al considerar tales misterios.

El contexto de este versículo dentro del libro de Proverbios es significativo. Todo el libro está dedicado a impartir sabiduría y entendimiento, y este versículo sirve como recordatorio de que hay cosas que siempre estarán más allá de nuestra comprensión. Agur anima a sus discípulos a afrontar los enigmas de la vida con reverencia, reconociendo los límites del entendimiento humano frente a la inmensidad del Misterio Divino.

Los temas del asombro, la humildad y el reconocimiento de las limitaciones del conocimiento humano son recurrentes en la instrucción de Agur, y el simbolismo utilizado sugiere que ni lo que podemos ver a simple vista ni lo que razonamos con nuestras mentes, es todo. De este modo, Agur nos recuerda las palabras con las que Job le respondió a Jehová después de que le reveló Su maravilloso poder en la creación: 

De oídas te había oído; Mas ahora mis ojos te ven. Por tanto me aborrezco, Y me arrepiento en polvo y ceniza (Job 42:5-6).

Maravillas mayores que estas cuatro son la sabiduría y el poder de Dios al redimir a su pueblo de sus pecados mediante la muerte de Su Hijo unigénito, nacido de una virgen (1 Co 1:17-25; Ef 1:3-14; He 10:1-14). El Segundo Adán, el Señor Jesucristo, deshizo lo que el primer Adán había arruinado con su pecado (Ro 5:12-19; 1 Ti 2:15). Cree en la revelación de Dios acerca de Su Hijo en la Biblia, y deléitate en este misterio.

- - - - - -

RELACIONADOS