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Thursday, October 1, 2026

OREMOS (2)



Obstáculos Para la Oración

En el artículo anterior hemos analizado el llamado a la oración que leemos en 1 Timoteo 2:1-4: 


“Exhorto, ante todo, a que se hagan rogativas, oraciones, peticiones y acciones de gracias, por todos los hombres; por los reyes y por todos los que están en eminencia, para que vivamos quieta y reposadamente en toda piedad y honestidad. Porque esto es bueno y agradable delante de Dios nuestro Salvador, el cual quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad” (1 Ti 2:1-4). 

Ahora alguien podría decir: Pero es que no tengo el espíritu de oración, no puedo orar con perseverancia. En este caso, hay serios obstáculos para la oración en tu vida, cosas que paralizan tu vida de oración.

Isaías 1:15 habla de esta situación: 

“Cuando extendáis vuestras manos, yo esconderé de vosotros mis ojos; asimismo cuando multipliquéis la oración, yo no oiré; llenas están de sangre vuestras manos” (Is 1:15). 

En este pasaje el Señor dice: “No oiré vuestras oraciones porque vuestras manos están llenas de sangre”. Lo mismo leemos en Isaías 59:1: 

“He aquí no se ha acortado la mano de Jehová para salvar, ni se ha agravado su oído para oír, pero vuestras iniquidades han hecho división entre vosotros y vuestro Dios, y vuestros pecados han hecho ocultar de vosotros su rostro para no oír. Porque vuestras manos están contaminadas de sangre, y vuestros dedos de iniquidad, vuestros labios pronuncian mentira, habla maldad vuestra lengua” (Is 59:1).

Aquí tenemos el primer obstáculo para la oración: Alguien cuyas manos están llenas de sangre, es un asesino. 

¿Están tus manos llenas de sangre? Dices que no, pero ¡no lo digas tan precipitadamente! La Biblia dice: “Todo aquel que aborrece a su hermano es homicida” (1 Jn 3:15). 

Cuando hay cualquier amargura contra alguien en tu corazón, entonces tus manos están manchadas con sangre. Dios se aparta de ti cuando te pones a orar. Tú también lo sientes: el cielo parece de hierro, no puedes penetrarlo.

Ve y reconcíliate con tu hermano o con tu hermana. Experimentarás que volverás a tener el deseo de orar, y te convertirás en una persona de oración.

“Porque Jehová es excelso, y atiende al humilde, Mas al altivo mira de lejos” (Sal 138:6).

El segundo obstáculo por el cual Dios no puede oír tus oraciones, lo encontramos en Isaías: 

“vuestros labios pronuncian mentira, habla maldad vuestra lengua” (Is 59:3). 

¿No será tal vez que has dicho cosas horribles acerca de un siervo del Señor en presencia de otra persona? La calumnia, piadosamente disfrazada, es una de los peores pecados. Por ejemplo: tengo excelente comunión con cierto hermano y le aprecio mucho. Luego me encuentro contigo, y me cuentas cosas malas acerca de él. En el mismo instante en que oigo estas cosas, se rompe el lazo de unión invisible que había entre él y mi persona. Vuelvo a encontrarlo y sigo siendo amable con él como de costumbre, pero en el interior de mi corazón se metió la espina venenosa de la calumnia. Él lo nota, pero no puede remediarlo, ya que no sabe qué hablaron sobre él.

¿Cuántas veces has causado daño a la buena reputación de alguien, por hablar cosas negativas de él que no puedes probar en su presencia? 

¡Ten presente que esto es abominación delante de Dios! Puedes seguir orando cuanto quieras, pero el Señor mantendrá cerrado el cielo sobre ti mientras que no te humilles y repares el daño que has causado. Si sabes realmente que alguien anda en caminos equivocados, entonces habla sobre esto con el Señor, y con la persona misma, pero no lo transmitas a terceros. Está escrito en el Salmo 15:1-3: 

“Jehová, ¿quién habitará en tu tabernáculo? ¿Quién morará en tu monte santo? El que anda en integridad y hace justicia, y habla verdad en su corazón. El que no calumnia con su lengua, ni hace mal a su prójimo, ni admite reproche alguno contra su vecino” (Sal 15:1-3). 

¡Arrepiéntete por los pecados de tu lengua! ¡Libérate de la manía de hablar mal de tu prójimo! pues está escrito en la Biblia: “En las muchas palabras no falta pecado” (Pr 10:19). 

Estás llamada a ser una persona de oración, pero si has calumniado a alguien, si has separado a amigos con tu lengua, si has sembrado cizaña entre hermanos, debes arrepentirte y buscar la forma de enmendar el daño causado. Lee Quien aparta a los mejores amigos

El tercer obstáculo para la oración está descrito en 1 Pedro: 

“…como Sara obedecía a Abraham, llamándole Señor, de la cual vosotras habéis venido a ser hijas, si hacéis el bien, sin temer ninguna amenaza. Vosotros, maridos, igualmente, vivid con ellas sabiamente, dando honor a la mujer como a vaso más frágil, y como a coherederas de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no tengan estorbo” (1 P 3:6-7). 

A los matrimonios les dice el Señor Sus oraciones están siendo estorbadas cuando algo no está bien en la vida conyugal. Sara llamaba a Abraham “mi señor” (lee el pasaje en Gn 18:12, esta cita es de cuando ella estaba sola, hablando consigo misma), pero en cuanto a la gracia de Dios, ella tenía los mismos derechos. La mujer debe someterse a su marido, pues él es la cabeza de ella, así como Cristo es la Cabeza de la Iglesia (Ef 5:22 al 25).

Pero esto no quiere decir que le sea permitido al marido ser un dictador tiránico, sino todo lo contrario. 1 Pedro 3:7 le dice al marido que debe honrar a su mujer para que sus oraciones no sean estorbadas. Todas las tensiones y todos los problemas de tu matrimonio proceden de que Jesucristo no está entre ustedes. Felices son los matrimonios que tienen por centro a Jesús. Cuando hay divergencias de opinión y los dos ‘yos’ se acercan amenazadoramente el uno al otro, Jesús está en medio, y en Él siempre es posible volver a la unión. La mujer ocupa su debida posición para con el marido, porque le ama a Él, y el marido para con su mujer porque los dos aman al Señor. 

Marido, mujer: ¿están llevando una vida conyugal tal, que no tiene impedimentos para la oración? Si no es así, marido, mujer: ¡arrepiéntete rápidamente, antes que sea demasiado tarde!

El cuarto obstáculo para la oración es la desobediencia. Está escrito, en Proverbios: 

“El que aparta su oído para no oír la ley, su oración también es abominable” (Pr 28:9). 

La ley aquí es la Palabra de Dios. El Señor nos quiere decir por medio de este versículo que si alguien cierra el oído interior de su corazón ante la Palabra de Dios, la oración del tal es abominación, pues el “oír” bíblico es obedecer, recibir la palabra con obediencia Mis ovejas oyen mi voz. Juan dice con valentía y certidumbre: 

“Y cualquier cosa que pidiéremos la recibiremos de él” (1 Jn 3:22a). 

¿Por qué? 

“…porque guardamos sus mandamientos, y hacemos las cosas que son agradables delante de él” (1 Jn 3:22b). 

Muchas veces ocurre que cuando se le dice a alguien que tiene la oportunidad de orar por esto en ese momento, él o ella invierten la cosas, y oran: “Señor, dame esta obediencia, haz que te obedezca”. Esto significa, en el fondo: “Si yo no soy obediente entonces es culpa tuya, Señor”.

No progresas ni prosperas en la vida de oración porque, aunque estés dispuesto a vivir piadosamente, no quieres obedecer en tu vida cotidiana. No pienses que a Dios le interesan tus fórmulas teológicas en la oración. No le interesan las quejas, ni aun tus lágrimas. Lo que le interesa a Dios es tu obediencia a Sus mandamientos. 

“Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios” (1S 15:22). 

Quizás contestes en tu corazón: “Pero es Dios quien da el querer y el hacer, y a mí no me lo ha dado”. 

Te pregunto delante de Dios: ¿quieres obedecer ahora? ¿Quieres hacer lo que Él te manda hacer? Si puedes responder, de todo corazón: “Sí, lo quiero”, entonces te convertirás en una persona de oración.

¿Qué tan importante es para ti tu relación con el Señor? ¿Es más importante que el resentimiento que le guardas a esa persona? Entonces ve y reconcíliate con él/ella, y el Señor te prestará atención cuando le ores. O estarás en la misma cárcel en la que fue echado el siervo malvado de este pasaje:

“Por lo cual el reino de los cielos es semejante a un rey que quiso hacer cuentas con sus siervos. Y comenzando a hacer cuentas, le fue presentado uno que le debía diez mil talentos. A este, como no pudo pagar, ordenó su señor venderle, y a su mujer e hijos, y todo lo que tenía, para que se le pagase la deuda. Entonces aquel siervo, postrado, le suplicaba, diciendo: Señor, ten paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo. El señor de aquel siervo, movido a misericordia, le soltó y le perdonó la deuda. Pero saliendo aquel siervo, halló a uno de sus consiervos, que le debía cien denarios; y asiendo de él, le ahogaba, diciendo: Págame lo que me debes. Entonces su consiervo, postrándose a sus pies, le rogaba diciendo: Ten paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo. Mas él no quiso, sino fue y le echó en la cárcel, hasta que pagase la deuda. Viendo sus consiervos lo que pasaba, se entristecieron mucho, y fueron y refirieron a su señor todo lo que había pasado. Entonces, llamándole su señor, le dijo: Siervo malvado, toda aquella deuda te perdoné, porque me rogaste. ¿No debías tú también tener misericordia de tu consiervo, como yo tuve misericordia de ti? Entonces su señor, enojado, le entregó a los verdugos, hasta que pagase todo lo que le debía. Así también mi Padre celestial hará con vosotros si no perdonáis de todo corazón cada uno a su hermano sus ofensas” (Mt 18:23-35).

Obedece al Señor y arrepiéntete de tu amargura, de tus calumnias, de tu desobediencia y rebeldía a Sus mandamientos, y Él te recibirá porque le has demostrado que tu relación con Él es más importante que hacer el deseo de tu corazón.

 “¿Quiero yo la muerte del impío? dice Jehová el Señor. ¿No vivirá, si se apartare de sus caminos?” (Ez 18:23; 33:11).

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QUÉDATE CONMIGO



“Quédate conmigo, no temas; quien busca mi vida, buscará también la tuya; pues conmigo estarás a salvo” (1 S 22:23).

Cuando los dos discípulos Andrés y Juan se encontraron por primera vez con el Señor Jesús, quedaron tan impresionados por la gloria de Su persona que quisieron quedarse con él. Querían permanecer donde estaba su Señor. Y cuando “fueron, y vieron donde moraba… se quedaron con él aquel día” (Jn 1:38-39).

Desde entonces, muchos creyentes han experimentado lo mismo, no en sentido literal, sino en sentido figurado: conmovidos por Su gloria y atraídos por Su amor, se han quedado con Él. No solo un día, sino toda su existencia. Le entregaron su vida y todo lo que tenían y le siguieron.

¿A Quién Iremos?

Un día, 

“muchos discípulos del Señor Jesús volvieron atrás, y ya no andaban con él” (Jn 6:66).

Jesús les preguntó a los doce:

 “¿Queréis acaso iros también vosotros?”. Pedro respondió: “Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna; y nosotros hemos creído y conocemos que tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente” (Jn 6:67-69). 

Los doce no tenían a nadie más a quien acudir. No tenían alternativa ni otro plan. ¿A quién podían recurrir? Solo había Uno que tenía palabras de vida eterna y solo Uno que era el Cristo, el Hijo del Dios viviente. Querían quedarse y vivir con Él. 

Permanecer Fieles al Señor da Propósito al Corazón

En esta misma línea se movía la exhortación de Bernabé a los creyentes de Antioquía. 

“Este, cuando llegó, y vio la gracia de Dios, se regocijó, y exhortó a todos a que con propósito de corazón permaneciesen fieles al Señor” (Hch 11:23). 

Era su profundo deseo para estos jóvenes creyentes que permanecieran cerca de Su Señor y que llevaran una vida en comunión con él y en obediencia a Su palabra.

En este sentido, también nosotros debemos permanecer en él. El Señor nos exhorta a “permanecer en Él” y “en Su amor”, buscando Su comunión y “guardando Sus mandamientos” (Jn 15:4, 9, 10). En ello reside también nuestra única seguridad, pues solo él puede realmente preservarnos de este mundo oscuro y malvado.

Quédate Conmigo

Fueron palabras reconfortantes las que David dirigió al sacerdote Abiatar después de que el edomita Doeg exterminara a sangre fría a toda la familia sacerdotal: 

“Quédate conmigo, no temas... pues conmigo estarás a salvo” (1 S 22:23). 

También podemos aplicarlas a nosotros mismos. Y lo hacemos porque en estas palabras percibimos la voz inconfundible del Buen Pastor, que quiere preservarnos en Su cercanía y comunión. David le pidió a Abiatar que se quedara con él. El Señor Jesús también quiere que permanezcamos con Él.

Permanecer en Él significa obedecer Su Palabra y buscar siempre Su cercanía y compañía (Jn 15:7,10). Significa estar donde Él está y hacer lo que Él quiere que hagamos para no entristecerlo. En Su presencia no tenemos que temer, porque es nuestro Salvador, que ha demostrado plenamente Su amor al morir por nosotros. ¿Quién podría hacernos daño si Él está con nosotros?, y ¿quién está contra nosotros? si Dios es por nosotros? (Ro 8:31) 

En Su presencia, nada ni nadie puede hacernos daño: Él nos guardará hasta que estemos donde Él ya está, en la casa del Padre (Jn 12:26;14:3).

No Temas

David unió su vida y su seguridad a la de Abiatar. A su vez, la seguridad de Abiatar residía en su cercanía con David. ¿No estamos nosotros, como creyentes, aún más unidos al Señor Jesús? Lo estamos de forma inseparable y para siempre. La pregunta del Señor: “Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?” (Hch 9:4) muestra claramente cómo se une a nosotros. Él es la cabeza de Su cuerpo y nosotros somos Sus miembros (1 Co 12:27; Col 1:18). Él es nuestra vida, y porque Él vive, nosotros también vivimos (Jn 14:19; Col 3:4). ¿Quién podría quitarnos la vida eterna? ¿Quién podría arrebatarnos de Su mano? (Jn 10:28-29)

No, ¡realmente no tenemos nada que temer! Por muy turbulentas y aterradoras que sean las circunstancias, el Señor está con nosotros. Él está por encima de todo. 

Conmigo Estarás a Salvo

Así como Abiatar estaba a salvo con David, también nosotros estamos a salvo con el Señor Jesús. Su cercanía nos protege del pecado y de las tentaciones del enemigo (2 Ts 3:3). Sin Él, nuestra protección estaría en mal estado, pero con y en Él estamos seguros. Su persona es la garantía inquebrantable de que seremos preservados en el camino hacia la meta celestial y que un día estaremos con Él en la gloria (2 Ti 4:18; Jud 24). Sí, nuestro futuro está seguro e indisolublemente ligado a Él mismo. Pase lo que pase, el Señor Jesús es nuestra vida, seguridad, esperanza y nuestro futuro. ¡Tú también puedes aferrarte a ello! 

“Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador.  Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto. Ya vosotros estáis limpios por la palabra que os he hablado. Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, este lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer. El que en mí no permanece, será echado fuera como pámpano, y se secará; y los recogen, y los echan en el fuego, y arden. Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho. En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos. Como el Padre me ha amado, así también yo os he amado; permaneced en mi amor. Si guardareis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor. Estas cosas os he hablado, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea cumplido” (Jn 15:1-11).

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IF I WERE THE DEVIL...

 


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Paul Harvey was an American radio broadcaster. He originally broadcast this on April 3rd, 1965. We watched it this weekend as we learned about why God must be first in every area of our lives.








WHY INTROVERTS BUILD THEIR OWN EDUCATION

 


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DARWIN’S DEIFICATION



Having rejected the Bible and God and the doctrine of eternal life, Darwin was left with no meaning in life and a bleak future in which man is doomed to perish in a dying universe.

“With respect to immortality, nothing shows me how strong and almost instinctive a belief it is, as the consideration of the view now held by most physicists, namely that the sun with all the planets will in time grow too cold for life, unless indeed some great body dashes into the sun and thus gives it fresh life.--Believing as I do that man in the distant future will be a far more perfect creature than he now is, it is an intolerable thought that he and all other sentient beings are doomed to complete annihilation after such long-continued slow progress” (Autobiography, p. 92).

Before his death, Darwin professed “no assured and ever present belief in the existence of a personal God or of a future existence with retribution and reward” (Desmond, Darwin, p. 636).

Interestingly, though, the last words of this man who had no belief in God were “Oh God, oh Lord God”. Every agnostic and every atheist believes in God in his heart of hearts.

Darwin was buried in Westminster Abbey with a full-blown Anglican funeral. The “elders of science, State, and Church, the nobility of birth and talent” were in attendance. It was called “the greatest gathering of intellect that was ever brought together in our country”.

The Darwins and Wedgewoods gathered in the Jerusalem Chamber, where one of the committees had met to work on the King James Bible and where, more recently, the English Revised Version committee led by Westcott and Hort had deliberated.

Among his pall bearers were the old X-Clubbers Huxley and Hooker and New Ager Alfred Wallace. The coffin was draped in black velvet and covered with white flowers. Choristers sang “I am the resurrection”. A special hymn composed for the occasion was taken from the book of Proverbs. Incongruously, it began, “Happy is the man that findeth wisdom, and getting understanding,” and ended with, “He ways are ways of pleasantness, and all her paths are peace”.

As the coffin was lowered into the grave, the choristers sang, “His body is buried in peace, but his name liveth evermore”.

Darwin’s Deification

Darwin was buried in Westminster Abbey. Three years after his death, a life-sized statue was erected in the most prominent place in the new Natural History Museum. The Times called it “The Temple of Nature”, and Pope Huxley presided over the dedication ceremony.

At some point in the 20th century, the statue was moved to another area of the museum, but on the 100th anniversary of Darwin’s death, it was restored to a place of prominence, where it remains today, looking for all the world like an idol enshrined in a temple.

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Tuesday, September 29, 2026

Saturday, September 26, 2026

LO QUE UN MINISTRO HONESTO DEBERÍA DECIRLE A UNA PAREJA EN SU CEREMONIA DE MATRIMONIO

   


“A la mujer [el Señor] dijo: Multiplicaré en gran manera los dolores en tus preñeces; con dolor darás a luz los hijos; y tu deseo será para tu marido, y él se enseñoreará de ti. 

“Y al hombre [el Señor] dijo: Por cuanto obedeciste a la voz de tu mujer, y comiste del árbol de que te mandé diciendo: No comerás de él; maldita será la tierra por tu causa; con dolor comerás de ella todos los días de tu vida. Espinos y cardos te producirá, y comerás plantas del campo. Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste tomado; pues polvo eres, y al polvo volverás” (Gn 3:16-19).

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Y,

BIENAVENTURADAS LAS ESTÉRILES, Y LOS VIENTRES QUE NO CONCIBIERON

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Wednesday, September 23, 2026

EL CRISTIANO CARNAL



“De manera que yo, hermanos, no pude hablaros como a espirituales, sino como a carnales, como a niños en Cristo. Os di a beber leche, y no vianda; porque aún no erais capaces, ni sois capaces todavía, porque aún sois carnales; pues habiendo entre vosotros celos, contiendas y disensiones, ¿no sois carnales, y andáis como hombres?” (1 Co 3:1-3).

¿Puede un verdadero cristiano ser carnal? Para responder a esta pregunta primeramente debemos definir el término carnal. 

La palabra carnal es la traducción de la palabra griega sarkikos, que literalmente significa mundano. 

Esta descriptiva palabra se ve en el contexto de los cristianos en 1 Corintios 3:1-3. En este pasaje, el apóstol Pablo se está dirigiendo a los corintios como “hermanos” (1 Co 3:1), un término que Pablo usa casi exclusivamente para referirse a los verdaderos cristianos; pero, a continuación, los describe como “carnales” (1 Co 3:1,3). 

Por tanto, podemos concluir que los cristianos pueden ser carnales. La Biblia es absolutamente clara en que nadie está libre de pecado (1 Jn 1:8). Cada vez que pecamos, actuamos carnalmente.

La clave para entender este fenómeno es que, mientras que un cristiano puede ser carnal por algún tiempo, un verdadero cristiano no permanecerá siéndolo de por vida. 

Algunos han abusado de la idea del “cristiano carnal”, diciendo que es posible que alguien venga a la fe en Cristo y luego prosiga viviendo su vida de una manera totalmente carnal, sin evidencia alguna de haber “nacido de nuevo” o de ser una “nueva criatura” (2 Co 5:17). 

Tal concepto es totalmente anti-bíblico. Santiago (Stg 2:14-26) es abundantemente claro al exponer que la fe genuina siempre se reflejará en las obras. También Pablo (Ef 2:8-10) dice que aunque somos salvos solo por gracia a través de la fe, la salvación resultará en buenas obras. 

¿Puede un cristiano espiritual, en un tiempo de debilidad o rebelión, comportarse como un creyente carnal? Sí, por supuesto. Repasa la caída de David (2 S 11:1-27) y el dilema de Pablo (Ro 7:19-25). 

Pero, ¿puede, un cristiano verdadero, permanecer por tiempo prolongado (o, toda la vida) actuando carnalmente? No.

Aún el cristiano carnal puede ser salvo, por un tiempo. La Parábola del Sembrador es clara a este respecto (Mt 13:18-23). En tres, de los cuatro tipos de suelo sobre los que cayó la semilla, esta germinó. Pero luego la semilla murió en dos de ellos, y finalmente sólo un suelo dio fruto. El cristiano carnal puede perder la salvación. Aunque esta es un regalo de Dios, Él retirará Su perdón a quien persista en el pecado (Mt 18:23-24; Jn 15:6; Ro 11:17-22; 2 P 2:20). 

Pero la pregunta no es si una persona que dice ser cristiana pero vive carnalmente ha perdido su salvación, sino más bien si esa persona ha sido verdaderamente salva en primer lugar (1 Jn 2:19).

Los cristianos que son carnales deben esperar que Dios los discipline (He 12:8-9) para que puedan ser restaurados a una estrecha comunión con Él, y para ser entrenados a obedecerle. El deseo de Dios al salvarnos es que crezcamos progresivamente hacia una semejanza a la imagen de Cristo (Ro 12:1-2), volviéndonos cada vez más espirituales y cada vez menos carnales: proceso conocido como santificación. 

Hasta que seamos totalmente liberados de nuestra carne de pecado—en la resurrección, o al arrebatamiento—existirán en nuestra vida brotes de carnalidad. Sin embargo, para el genuino creyente en Cristo, estos brotes de carnalidad serán la excepción, y no la regla.

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Tuesday, September 22, 2026

SPIRITUAL WARFARE—12 Tactics the Enemy Hopes You Never Recognize

 


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DEÍSMO MORALISTA TERAPÉUTICO (DMT)



El término Deísmo Moralista Terapéutico apareció por primera vez de la mano de los sociólogos Christian Smith y Melina Lundquist Denton en su libro de 2005 Búsqueda del Alma: La vida religiosa y espiritual de los adolescentes americanos [Soul Searching: The Religious and Spiritual Lives of American Teenagers]. 

Basándose en una amplia investigación, identificaron las creencias predominantes de los adolescentes americanos, incluso de los que se declaran cristianos. Denominaron a estas creencias fundamentales Deísmo Moralista Terapéutico o DMT. Las cinco creencias principales del DMT son las siguientes:

1. Existe un dios que creó y ordenó el mundo y vela por la vida humana en la tierra.

2. Dios quiere que las personas sean buenas, amables y justas entre sí, tal y como enseñan la Biblia y la mayoría de las religiones del mundo.

3. El objetivo central de la vida es ser feliz y sentirse bien con uno mismo.

4. Dios no necesita estar particularmente involucrado en la vida de uno, excepto cuando Dios es necesario para resolver un problema.

5. Las personas buenas van al cielo cuando mueren.

Las creencias del DMT son moralistas en el sentido de que otorgan un gran valor al ser bueno, como se indica en los puntos 2 y 5. En realidad, el bien lo define la cultura popular más que los imperativos morales de la Biblia. Así que tolerar comportamientos que la Biblia llama pecado es bueno mientras que llamar a esos comportamientos pecado es visto como intolerante u odioso, lo cual es malo.

Las creencias del DMT son terapéuticas en el sentido de que el valor principal es sentirse bien con uno mismo, (puntos 3 y 4). El trabajo de Dios es cuidar de nosotros.

Los autores utilizan la palabra deísmo porque, en el DMT, Dios existe como Creador, pero está relativamente poco implicado con Su creación (puntos 1 y 4). Los deístas se han opuesto a este uso del término porque, en el verdadero deísmo, Dios nunca interviene en los asuntos humanos. Nos creó, pero nos deja en paz. Por esta razón, algunos han sugerido que teísmo sería un término más adecuado. Los teístas creen que Dios existe y que puede intervenir y de hecho interviene de vez en cuando en caso de necesidad, en respuesta a la oración, etc.

Sin embargo, el punto más importante en relación con el DMT no es la diferencia entre teísmo y deísmo, sino lo alejados de la verdad bíblica que están las personas. Las creencias del DMT tampoco son exclusivas de los milenials. Parece que muchas personas simplemente ven a Dios como un terapeuta cósmico, o un mecánico de asistencia en carretera: no lo conoces ni necesitas conocerlo, pero puedes llamarlo cuando tu vehículo está averiado, entonces Él vendrá y pondrá tu vehículo de nuevo en marcha. Lo más importante, según el DMT, es ser bueno, simpático y tolerante, y Dios acabará recibiéndote en el cielo. 

Este punto de vista lo tienen la mayoría de los “cristianos” occidentales y parece que se está convirtiendo en la religión cívica dominante, que hace hincapié en las relaciones horizontales con otras personas, pero minimiza la relación con Dios. En resumen, el DMT pone a la humanidad en el centro y, en última instancia, a cada individuo en el centro de su propio sistema de creencias.

Los cristianos bíblicos tenemos problemas con los 5 puntos clave del DMT:

1. No solo existe un dios, sino que sólo existe el Dios de la Biblia, que se ha revelado como Padre, Hijo y Espíritu Santo. Y quien no honra al Señor Jesucristo como Dios, no honra a Dios (Jn 5:23).

2. Dios no solo quiere que la gente sea buena, sino que ordena que le obedezcan. Él es quien define lo bueno y lo agradable. Él llama al pecado pecado y promete castigarlo (Ro 1:18-32).

3. El objetivo central de la vida es dar gloria a Dios. Un subproducto puede ser que nos sintamos bien con nosotros mismos, pero ese no es el objetivo principal (Ro 11:36).

4. Nuestra meta principal como creyentes es estar constantemente en sintonía con Dios, siguiendo Su dirección y en comunión diaria con Él. Para esto, debemos orar sin cesar (1 Ts 5:17).

5. Nadie es lo suficientemente bueno para ir al cielo. Todos hemos pecado y estamos destituidos de la gloria de Dios (Ro 3:23). Nadie es lo suficientemente bueno, y por eso necesitamos a Jesús, Dios en la carne, el Mediador entre el Padre y los seres humanos. Sólo Jesús vivió la vida perfecta que nosotros no pudimos vivir, y murió para pagar por nuestros pecados, de modo que pudiéramos ser aceptados por el Padre. 

“[Jesús] llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados” (1 P 2:24).

El DMT no es una religión oficial. Probablemente nadie se identificaría como Deísta Moralista Terapéutico, pero el concepto se practica y es el que prevalece en el “cristianismo” actual. El DMT ha suplantado al cristianismo bíblico. 

El verdadero problema es que el moralismo (DMT) no es el cristianismo bíblico, pero aun así la mayoría de quienes sostienen estas creencias (DMT) se identifican como “cristianos”, ¡cuando en realidad viven para glorificarse a sí mismos!

El DMT es otro evangelio, que es condenado como maldición por las Escrituras inspiradas:

“Estoy maravillado de que tan pronto os hayáis alejado del que os llamó por la gracia de Cristo, para seguir un evangelio diferente. No que haya otro, sino que hay algunos que os perturban y quieren pervertir el evangelio de Cristo. Mas si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema [sea maldito]. Como antes hemos dicho, también ahora lo repito: Si alguno os predica diferente evangelio del que habéis recibido, sea anatema [sea maldito]” (Gl 1:6-9).

“Pero temo que como la serpiente con su astucia engañó a Eva, vuestros sentidos sean de alguna manera extraviados de la sincera fidelidad a Cristo. Porque si viene alguno predicando a otro Jesús que el que os hemos predicado, o si recibís otro espíritu que el que habéis recibido, u otro evangelio que el que habéis aceptado, bien lo toleráis” (2 Co 11:3-4).

“No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad” (Mt 7:21-23).

“¿Por qué me llamáis, Señor, Señor, y no hacéis lo que yo digo? Todo aquel que viene a mí, y oye mis palabras y las hace, os indicaré a quién es semejante. Semejante es al hombre que al edificar una casa, cavó y ahondó y puso el fundamento sobre la roca; y cuando vino una inundación, el río dio con ímpetu contra aquella casa, pero no la pudo mover, porque estaba fundada sobre la roca. Mas el que oyó y no hizo, semejante es al hombre que edificó su casa sobre tierra, sin fundamento; contra la cual el río dio con ímpetu, y luego cayó, y fue grande la ruina de aquella casa” (Lc 6:46-49).

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ADORACIÓN

 


En la Biblia, la palabra hebrea que se traduce como adorar es shachah y denota literalmente el acto de inclinarse. La palabra griega proskuneō , traducida a menudo como adorar, significa literalmente prosternarse, que se define como arrodillarse o inclinarse profundamente en señal de respeto, veneración, o sumisión. Ambos términos (shachah y proskuneō) describen la adoración como una actividad o una acción. Sin embargo, una descripción precisa de la adoración bíblica va más allá de la mera actividad: La adoración es la respuesta de reverencia de la creación a la magnificencia omnipresente de Dios.

La adoración es la respuesta del creyente con todo lo que es —mente, emociones, voluntad y cuerpo— a todo lo que Dios es, dice y hace. Es una respuesta amorosa equilibrada por el temor al Señor, y es una respuesta que se profundiza a medida que el creyente llega a conocer mejor a Dios.

La adoración es el propósito último y esto es para lo que fuimos creados los seres humanos. Dios dice: 

“todos los llamados de mi nombre; para gloria mía los he creado, los formé y los hice” (Is 43:7; cf. Sal 29:1-2; 1 Co 10:31; Ef 1:3-6; Fil 2:9-11). 

La adoración es la forma de vida del creyente (1 Co 10:31; Col 3:17). Todo lo que decimos y hacemos debe ser un acto de adoración ante Dios.

La adoración no puede definirse únicamente por las prácticas físicas, porque la verdadera adoración bíblica se centra en Dios y en Su grandeza incomparable. No se trata de asistir a un servicio religioso, cantar, tocar un instrumento, levantar las manos en alabanza o inclinarse. Todas estas acciones son elementos de la adoración (Sal 95:2-3; Hch 13:2; He 13:15; 1 Co 11-14; Ef 5:19-20; 1 Ti 4:13), pero no la constituyen en su totalidad. También pueden ser evidencia de adoración, pero la adoración auténtica va más allá de las manifestaciones externas o las actuaciones corporales, y se traduce en innumerables expresiones del corazón humano que responde a la revelación de Dios de Sí mismo, de Sus propósitos y de Su voluntad. 

La adoración se origina en una postura interior del corazón que siempre se inclina con humildad y reverencia ante el valor de Dios, honrándolo y venerándolo en todo momento como la Autoridad suprema sobre la vida (Sal 51:17; 95:6; Ap 4:11).

Jesús les dijo a los fariseos y a los escribas que eran como el pueblo de los días de Isaías, que honraban a Dios con los labios, pero su corazón estaba lejos de Él (Mt 15:7-9; cf. Is 29:13). Según Jesús, esa adoración era una farsa. La verdadera adoración solo puede provenir de un corazón que ha sido redimido y está en una relación correcta con Dios. 

Debemos nacer de nuevo y estar llenos del Espíritu Santo antes de poder conocer a Dios y responderle “en espíritu y en verdad” (Jn 4:23; cf. Is 59:2; Os 6:6; 1 Co 2:11; 2 Ti 3:5).

Adorar a Dios en espíritu y en verdad implica amarlo con todo nuestro corazón, alma, mente y fuerzas (Mr 12:30; Lc 10:27). La definición de adoración del apóstol Pablo refleja esta devoción total de la vida de uno a Dios: 

“Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional” (Ro 12:1).

La verdadera adoración se centra en Dios. Él es el único Objeto apropiado de nuestra adoración. Adorar cualquier otra cosa o persona es idolatría (Ex 20:3; Dt 5:7; 1 Cr 16:25; Is 2:8). La adoración genuina y centrada en Dios exalta solo al Señor; se ofrece únicamente para complacerlo a Él, porque solo Él es digno (Ex 34:14; 1 Cr 16:25-19; Sal 86:9-10).

Una definición simplificada de adoración puede expresarse como una actitud continua del corazón, de inclinarse con reverencia y humildad ante el Señor supremo y Creador del universo. 

La adoración es el latido del corazón de la existencia del creyente, una celebración de toda la vida de la dignidad de Dios. Adorar es responder con todo tu ser en contemplación, exaltación, sumisión humilde y obediencia a Dios (Jn 4:24; Mr 12:30).

“Venid, adoremos y postrémonos; Arrodillémonos delante de Jehová nuestro Hacedor. Porque él es nuestro Dios; Nosotros el pueblo de su prado, y ovejas de su mano” (Sal 95:6-7).

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EVERY LIE THE MODERN CHURCH HOPES YOU NEVER QUESTION

 


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Saturday, September 19, 2026

THEY'RE REALLY NOT CRAZY

 DISCLAIMER 

This is not a Christian YT Channel, nor is it run by a Christian. However, it contains many truths that all men should seriously evaluate before considering marriage. “Examine all things, hold fast to what is good” (1 Ts 5:21).

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Friday, September 18, 2026

EVIDENCIA DE QUE PABLO ES EL AUTOR DE HEBREOS

 


Cuando intentamos descubrir la fuente de un documento antiguo, lo primero que debemos examinar es el documento en sí. En el estilo del autor podemos deducir mucho sobre su personalidad. En el caso de la Epístola a los Hebreos, esta tarea es bastante sencilla. En el siglo I hubo dos eruditos hebreos preeminentes en Israel: Gamaliel y Pablo. 

Akiva ben Joseph fue uno de los principales autores de la Mishná y el Midrash Halajá. En el Talmud se le conoce como «Rosh la-Chachamim» (El Jefe de todos los Sabios).[ 1] El rabino Akiva desempeñó un papel fundamental como uno de los artífices del canon del Tanaj. Akiva se convirtió en un devoto seguidor y amigo del rabino Gamaliel, quien fue el principal maestro de Pablo en las Escrituras Hebreas.[ 2] 

Dado que Pablo recibió su formación en las Escrituras de Gamaliel, esperamos que también sea un experto en los textos hebreos que se refieren al Mesías.

Descripción que Pablo hace de sí mismo:

“Yo de cierto soy judío, nacido en Tarso de Cilicia, pero criado en esta ciudad, instruido a los pies de Gamaliel, estrictamente conforme a la ley de nuestros padres, celoso de Dios, como hoy lo sois todos vosotros” (Hch 22:3).

La expresión “a los pies de Gamaliel” era común en aquella época y se refería a una larga tradición de personas cuidadosamente instruidas en las Escrituras. Estos estudiantes se sentaban en sillas bajas, mientras que los rabinos que les enseñaban se sentaban en sillas más altas, lo que simbolizaba su autoridad en las Escrituras. 

Rabban Gamaliel fue un fariseo y experto en las Escrituras. Durante este período histórico, a estos maestros de las Escrituras se les conocía como Doctores de la Ley . Hoy diríamos que tenía un Doctorado en Derecho. A Gamaliel se le conocía como el “trigésimo quinto receptor de las tradiciones”. Gamaliel, tras recibir la Cábala [3] que provino de Moisés en el Monte Sinaí, murió 18 años antes de la destrucción de Jerusalén en el año 70 d. C. 

De las instrucciones que Pablo recibió de Gamaliel se desprende claramente que este también era un erudito experto en las Escrituras del Antiguo Testamento. Es posible que Pablo conociera las profecías del Antiguo Testamento sobre el Mesías venidero mejor que cualquier otra persona que viviera en aquella época. 

Pablo estaba convencido de que Jesús era el cumplimiento de las 400 profecías mesiánicas , incluyendo el Salmo 45:6. Cuando Pablo escribió las palabras en Hebreos 1:8 —“Mas del Hijo dice: Tu trono, oh Dios, por el siglo del siglo; Cetro de equidad es el cetro de tu reino”— estaba señalando el hecho de que Jesús no solo era el Mesías sino que era y es el Dios viviente. 

Esta es la Primera Prueba que Demuestra que Pablo es el Autor de Hebreos

El nivel de erudición necesario para escribir la Epístola a los Hebreos no podría haber sido alcanzado por ningún otro autor del siglo I. La idea de que Lucas fuera capaz de semejante proeza de erudición hebrea es absurda. Lucas era “un historiador de primer orden”, según el renombrado arqueólogo Sir William Ramsay, pero el amado Médico no poseía las habilidades necesarias para integrar los textos hebreos en una carta que demostrara que Jesús era el cumplimiento de estas 400 profecías. 

En la referencia más antigua sobre la autoría de Hebreos, Clemente de Alejandría (150-215 d.C.) afirma que Pablo escribió Hebreos en hebreo y Lucas tradujo sus palabras al griego.[7] 

El público al que se dirige la Epístola a los Hebreos es exclusivamente judío, con quien Pablo estaba indisolublemente ligado en su corazón y en su deseo de que toda la nación se salvara. 

Sabemos que Pablo también hablaba griego (Hch 21:37) y probablemente tenía la capacidad de escribir en griego, aunque parece que su vista se lo impedía. No veo ningún problema en que Pablo sea el autor y Lucas el escriba y traductor de Hebreos. Esto significa que las palabras son de Pablo, como lo refleja la erudición hebrea. 

También se afirma que el vocabulario y la estructura de las oraciones en Hebreos difieren de el vocabulario y la estructura de otras cartas de Pablo. Esto es algo común entre los escritores. Cuando comencé a escribir hace décadas, mi vocabulario, mi estilo y mi forma de estructurar las oraciones eran muy diferentes a los de ahora. Toda persona que ama a Jesús crece, cambia y aprende cosas nuevas. La forma de expresar esta evolución (voz, se le llama en literatura), se refleja en la increíble carta de Pablo a los cristianos hebreos. 

El hecho de que el nombre de Pablo no aparezca al principio de esta carta no prueba que no la haya escrito. Al copiar los primeros autógrafos del Nuevo Testamento, los nombres a menudo se añadían posteriormente y, en algunos casos, se omitían en copias posteriores.

La Habilidad de Pablo para Atribuir Características Mesiánicas a Jesús

En la carta a los Hebreos, la habilidad de Pablo como erudito nos permite comprender, por ejemplo, que en el Salmo 45:6, Dios tenía la intención desde la fundación del mundo que el Mesías sería Dios, y Jesús es la Persona que menciona esta profecía. 

A lo largo de todo el libro de Hebreos, encontramos una constante cita de profecías hebreas sobre el Mesías, atribuyéndolas a Jesús. Sostengo que ninguna otra persona en aquella época poseía la capacidad de lograr semejante proeza literaria. 

Pablo fue uno de los eruditos hebreos más respetados de su época, y según su criterio, Jesús es el objeto de todas las profecías hebreas sobre el Mesías.

“Y Pablo, como acostumbraba, fue a ellos, y por tres días de reposo discutió con ellos, declarando y exponiendo por medio de las Escrituras, que era necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos; y que Jesús, a quien yo os anuncio, decía él, es el Cristo” (Hch 17:2-3). 

Pablo fue el erudito singular del primer siglo, capaz de yuxtaponer las profecías del Antiguo Testamento sobre el Mesías con los relatos evangélicos de los hombres que vieron y oyeron a Jesús, y vincularlos para demostrar que Jesús es el verdadero Mesías. 

¿Cómo Pudo un Fariseo Prominente Convertirse en el Principal Escritor del Nuevo Testamento? 

Mientras aún era miembro de los fariseos, Saulo era muy respetado como maestro de la ley hebrea y poseía gran poder y riqueza en Jerusalén. El conocimiento de Pablo sobre las Escrituras del Antiguo Testamento no era superado por nadie, excepto por su maestro Gamaliel. Pablo cita a su maestro y su formación en las Escrituras hebreas de Gamaliel. A Gamaliel se le conocía como el “trigésimo quinto receptor de las tradiciones, habiendo recibido la Cábala” [4].  

Es evidente, a partir de los detalles específicos que Pablo escribió en el Nuevo Testamento, que también era un experto en las Escrituras del Antiguo Testamento. Probablemente, Pablo conocía mejor que nadie las profecías hebreas sobre el Mesías venidero. Gracias a su profundo conocimiento de lo escrito acerca del Mesías, Pablo, como erudito hebreo, estaba bien preparado para determinar si algún hombre reunía los requisitos para el oficio del Mesías. 

Con mucha frecuencia, al repasar las cientos de profecías mesiánicas del Antiguo Testamento y luego verlas citadas en el Nuevo Testamento, es a través de Pablo que aprendemos estos hechos en varias de sus cartas. 

El libro de Hebreos es la más magistral de estas cartas mesiánicas que demuestran que Jesús es el objeto de todas las profecías. Con frecuencia encontramos comentarios de Pablo en los que confirma que lo que Jesús hizo y dijo [según sería o estaba siendo registrado en los Evangelios] era el cumplimiento de una profecía específica de las Escrituras Hebreas. 

Cuando Pablo habló a los líderes de la sinagoga de Antioquía, usó el mismo término en Hechos 13:34, “las misericordias fieles de David”, para describir la resurrección de Jesucristo, término que Isaías también utilizó en su profecía (Is 53:3,35) al hablar del Mesías. Este ejemplo confirma que tanto Pablo como Lucas creían que Jesús era el objeto de la profecía de Isaías sobre el Mesías. 

Al hablar con estos hombres, Pablo testificó que Jesús es el cumplimiento de todas las Escrituras hebreas.

“Y nosotros también os anunciamos el evangelio de aquella promesa hecha a nuestros padres, la cual Dios ha cumplido a los hijos de ellos, a nosotros, resucitando a Jesús; como está escrito también en el salmo segundo: Mi hijo eres tú, yo te he engendrado hoy (Sal 2:7,34). Y en cuanto a que le levantó de los muertos para nunca más volver a corrupción, lo dijo así: Os daré las misericordias fieles de David (Is 55:3,35). Por eso dice también en otro salmo: No permitirás que tu Santo vea corrupción. Porque a la verdad David, habiendo servido a su propia generación según la voluntad de Dios, durmió, y fue reunido con sus padres, y vio corrupción. Mas aquel a quien Dios levantó, no vio corrupción (Sal 16:10). Sabed, pues, esto, varones hermanos: que por medio de él se os anuncia perdón de pecados, y que de todo aquello de que por la ley de Moisés no pudisteis ser justificados, en él es justificado todo aquel que cree” (Hch 13:32-39). 

Al demostrar, a partir de las Escrituras, que Jesús es el cumplimiento de las tres profecías que cita, Pablo nos confirma la razón por la que nos hemos propuesto estudiar estas profecías: identificar con precisión a Jesús de Nazaret como el único que se ha identificado perfectamente como el Mesías (o Cristo) que Dios envió para salvar al mundo. 

Nótese, en Hechos 13:32, que Pablo atribuye la resurrección de Jesús de entre los muertos como una confirmación de que Él es el sujeto de la profecía de Isaías 53:3, que David describe como las misericordias fieles de David. 

Mediante esta afirmación de que David describía la resurrección de su futuro descendiente, el Mesías, esta profecía confirma que el Antiguo Testamento predijo tanto la muerte del Mesías como su resurrección 1.000 años antes de la llegada de Jesús.

“Y en cuanto a que le levantó de los muertos para nunca más volver a corrupción, lo dijo así: Os daré las misericordias fieles de David” (Hch 13:34). 

Sabemos que esta profecía que describe la resurrección no fue escrita para David porque Pablo afirma que David murió, y su cuerpo se descompuso y permaneció en la tumba.

“Porque a la verdad David, habiendo servido a su propia generación según la voluntad de Dios, durmió, y fue reunido con sus padres, y vio corrupción” (Hch 13:36).

Jesús es el objeto de esta profecía porque solo Él resucitó de entre los muertos después de haber estado sepultado durante tres días, y sin embargo Su cuerpo no se descompuso.

“Mas aquel [Jesús] a quien Dios levantó, no vio corrupción” (Hch 13:37).

¿Cómo podía Saulo creer que el Jesús que fue crucificado era el verdadero Mesías, si sabía que cualquiera que fuera “colgado en un madero” estaba maldito por Dios? 

“…maldito por Dios es el colgado” (Dt 21:23).

Es seguro que Saulo se preguntaría por qué Dios tomaría a un hombre claramente maldito, un falso profeta nada menos, y lo convertiría en el Mesías. Esto habría sido un obstáculo insuperable para que Saulo creyera que Jesús era el Mesías, a menos que hubiera ocurrido algo extraordinario que alterara instantáneamente su visión de Jesús.

Leemos el relato de esta conversión repentina en Hechos 9:

“Saulo, respirando aún amenazas y muerte contra los discípulos del Señor, vino al sumo sacerdote, y le pidió cartas para las sinagogas de Damasco, a fin de que si hallase algunos hombres o mujeres de este Camino, los trajese presos a Jerusalén. Mas yendo por el camino, aconteció que al llegar cerca de Damasco, repentinamente le rodeó un resplandor de luz del cielo; y cayendo en tierra, oyó una voz que le decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Él dijo: ¿Quién eres, Señor? Y le dijo: Yo soy Jesús, a quien tú persigues; dura cosa te es dar coces contra el aguijón. Él, temblando y temeroso, dijo: Señor, ¿qué quieres que yo haga? Y el Señor le dijo: Levántate y entra en la ciudad, y se te dirá lo que debes hacer” (Hch 9:1-6).

Jesús se encontró personalmente con Saulo en el camino a Damasco y cambió radicalmente su percepción de quién era Jesús. A partir de ese momento, vemos a un hombre completamente diferente.

En su testimonio a los creyentes de Corinto, Pablo afirma haber visto a Jesús resucitado con sus propios ojos: 

“¿No soy apóstol? ¿No soy libre? ¿No he visto a Jesús el Señor nuestro? ¿No sois vosotros mi obra en el Señor?” (1 Co 9:1). 

Es interesante que la palabra en griego koiné utilizada aquí para describir este evento sea “opaw”, que significa ver con los ojos. Hay ocho pasajes en el Nuevo Testamento donde Pablo afirma haber visto a Jesús; y dos pasajes adicionales donde Ananías y Bernabé afirman que Jesús se le apareció a Pablo:
  1. Declaración de Pablo (arriba): 1 Corintios 9:1
  2. En el camino a Damasco: Hechos 9:3-6
  3. Ananías  dijo que Pablo vio a Jesús: Hechos 9:17
  4. Bernabé  dijo que Pablo vio a Jesús: Hechos 9:27
  5. En Corinto: 1 Corintios 15:8
  6. En Corinto: Hechos 18:9-10
  7. En Jerusalén: Hechos 22:6-10
  8. Mientras oraban en el Templo: Hechos 22:12-21
  9. En el cuartel romano: Hechos 23:11
  10. Ante el rey Agripa: Hechos 26:12-18
El encuentro personal que Pablo tuvo con Jesús en Hechos 9:1-6, la relata más tarde en Hechos 26:12-18 (arriba), como parte de su defensa legal ante el rey Agripa. No hay ambigüedad en lo que Pablo relata: Jesús se le apareció personalmente en el camino a Damasco, y Pablo lo vio con sus propios ojos.

Cuando Pablo relata este suceso al rey Agripa en Hechos 26:16, cita las palabras que Jesús le dijo en aquel momento. Pablo le dijo a Agripa que Jesús le había dicho lo siguiente: 

 “Pero levántate, y ponte sobre tus pies; porque para esto he aparecido a ti, para ponerte por ministro y testigo de las cosas que has visto, y de aquellas en que me apareceré a ti” (Hch 26:16). 

Jesús llamó a Pablo con el propósito expreso de ser un testigo ocular, que viera a Jesús resucitado con sus propios ojos, y un ministro que hablara a la gente acerca de Jesús. 

Si Pablo no hubiera visto a Jesús resucitado, no podría haber sido apóstol. 

Pablo fue aceptado como apóstol válido por los otros once a quienes Jesús eligió personalmente. Si Pablo no hubiera visto a Jesús resucitado, no habría podido ser apóstol, pues este era el primer y más importante requisito de los doce apóstoles.

“Es necesario, pues, que de estos hombres que han estado juntos con nosotros todo el tiempo que el Señor Jesús entraba y salía entre nosotros, comenzando desde el bautismo de Juan hasta el día en que de entre nosotros fue recibido arriba, uno sea hecho testigo con nosotros, de su resurrección” (Hch 4:33).

“Y con gran poder los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús, y abundante gracia era sobre todos ellos” (Hch 4:33).

Jesús también le dijo a Pablo que le daría más conocimiento en el futuro, una revelación continua. Pablo sabía más acerca de Jesús que cualquiera de los otros apóstoles. Hay 18 misterios que Jesús le reveló a Pablo, descritos como ocultos desde la fundación del mundo.[5 ] 

Más tarde, Pablo escribió que estas revelaciones de Dios, desconocidas antes de la llegada de Jesús, tuvieron un alto precio para él. Junto con este inmenso conocimiento sobre Jesús y los acontecimientos futuros, también recibió una enfermedad física (2 Co 12:7) para mantenerlo humilde.

“Ciertamente no me conviene gloriarme; pero vendré a las visiones y a las revelaciones del Señor... Conozco a un hombre en Cristo, que hace catorce años (si en el cuerpo, no lo sé; si fuera del cuerpo, no lo sé; Dios lo sabe) fue arrebatado hasta el tercer cielo. Y conozco al tal hombre (si en el cuerpo, o fuera del cuerpo, no lo sé; Dios lo sabe), que fue arrebatado al paraíso, donde oyó palabras inefables que no le es dado al hombre expresar. De tal hombre me gloriaré; pero de mí mismo en nada me gloriaré, sino en mis debilidades. Sin embargo, si quisiera gloriarme, no sería insensato, porque diría la verdad; pero lo dejo, para que nadie piense de mí más de lo que en mí ve, u oye de mí. Y para que la grandeza de las revelaciones no me exaltase desmedidamente, me fue dado un aguijón en mi carne, un mensajero de Satanás que me abofetee, para que no me enaltezca sobremanera” (2 Co 12:1-7).

El abandono por parte de Pablo de su condición de fariseo respetado no tiene sentido si no vio a Jesús resucitado. 

Pablo fue uno de los fariseos más importantes de Israel durante este período, solo superado por Gamaliel. Cuando se encontró con Jesús en el camino a Damasco (Hch 9:1-19), llevaba consigo cartas que le habían entregado los líderes de Israel, las cuales le otorgaban autoridad para arrestar a los cristianos que proclamaban que Jesús era el Mesías resucitado. Antes de este encuentro, Pablo no creía que Jesús hubiera resucitado ni que fuera el Mesías. 

Después de que Jesús se le apareció a Pablo, todo cambió. Pablo no dudó ni un instante. Inmediatamente comenzó a contarle a la gente que había visto a Jesús y que creía que era el Mesías resucitado.

“En seguida predicaba a Cristo en las sinagogas, diciendo que este era el Hijo de Dios” (Hch 9:20).

Si este encuentro con Jesús no fue más que una visión o una alucinación, ¿cómo es posible que justo después de que esto sucediera, Pablo comenzara a declarar que Jesús estaba vivo y que Él es el verdadero Mesías? 

Esta historia no tiene sentido, a menos que Pablo hubiera visto a Jesús con sus propios ojos. 

¿Acaso Pablo habría pasado de ser un acérrimo perseguidor de cristianos a convertirse en el principal artífice del Nuevo Testamento, proclamando la resurrección de Jesús mediante la escritura de 13 libros, si realmente no hubiera visto a Jesús con vida en el camino a Damasco? 

Desde ese día, Pablo se convirtió en un cristiano odiado y perdió todo lo que antes había considerado valioso. Dejó de ser un fariseo respetado. Perdió su riqueza, su hogar y fue condenado a muerte por sus antiguos compañeros. Pablo fue decapitado en el año 68 d. C. porque sostuvo hasta su último día en la tierra que había visto a Jesús resucitado con sus propios ojos.[5 ] 

Evidencia Forense de una Narración Veraz 

Esta evidencia interna del repentino cambio de Saulo es una prueba contundente de la veracidad de los relatos sobre la vida, muerte y resurrección de Jesús. Comenzando con Pablo y continuando con cada hombre que Jesús eligió para seguirlo, vemos profundos cambios en la vida de estos hombres. Ningún mito ni artificio literario podría contener la profundidad y minuciosidad que encontramos en las Escrituras del Nuevo Testamento. Solo un relato auténtico podría incluir tantos detalles. Estas son las características de los relatos honestos escritos por hombres que simplemente informan lo que vieron y oyeron. 

Los hombres que escribieron la narración de la vida y el ministerio de Jesús constituyen una de las pruebas más contundentes de la veracidad de toda la historia. A medida que continuamos examinando a cada uno de los hombres que registraron los detalles del Nuevo Testamento, queda meridianamente claro que se trata de hombres sinceros y testigos fidedignos.

Examen del Texto de Hebreos

Si examinamos tan solo el primer capítulo de Hebreos, vemos la habilidad de Pablo como erudito, una capacidad que ningún otro escritor del Nuevo Testamento alcanzó (aunque se podría argumentar que el apóstol Juan está a la par a este respecto). Nótese la cantidad de citas que Pablo hace de las Escrituras del Antiguo Testamento para probar que Jesús es el Mesías. Esta cualidad se repite a lo largo de todo el libro de Hebreos, evidencia de la autoría de Pablo.

Hebreos, Capítulo Uno: Jesús es el Hijo de Dios

Pablo cita Salmo 104:4

Esta precisión se mantiene a lo largo de toda la carta a los Hebreos.


Esta capacidad para citar cientos de pasajes del Antiguo Testamento que definen la obra y el ministerio del Mesías —atribuyéndolos a Jesús— demuestra que Pablo es el verdadero autor de Hebreos.

Pedro Cita Hebreos 6:11-15 y a Pablo Como Autor.

En su descripción de la paciencia de Dios al esperar a que las personas se arrepientan y crean en el Evangelio, Pedro describe la paciencia que Pablo describe en referencia a Abraham en el Génesis.

Estos versículos de las Escrituras están unidos para siempre, ya que Pedro cita las palabras de Pablo que se encuentran en el libro de Hebreos y se las atribuye a Pablo: 
 

“Y tened entendido que la paciencia de nuestro Señor es para salvación; como también nuestro amado hermano Pablo, según la sabiduría que le ha sido dada, os ha escrito” (2 P 3:15). 

“Porque cuando Dios hizo la promesa a Abraham, no pudiendo jurar por otro mayor, juró por sí mismo, diciendo: De cierto te bendeciré con abundancia y te multiplicaré grandemente. Y habiendo esperado con paciencia, alcanzó la promesa” (He 6:13-15). 

Esta cita de Pablo por parte de Pedro en sus propia carta es un patrón que se repite con frecuencia. En 2 Pedro 3:9-14, describe este tema recurrente de Pablo tanto en Romanos como en Hebreos: la gran paciencia de Dios con la humanidad, dándonos tiempo para arrepentirnos y volvernos a Jesús para nuestra salvación.

“El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento. Pero el día del Señor vendrá como ladrón en la noche; en el cual los cielos pasarán con grande estruendo, y los elementos ardiendo serán deshechos, y la tierra y las obras que en ella hay serán quemadas. Puesto que todas estas cosas han de ser deshechas, ¡cómo no debéis vosotros andar en santa y piadosa manera de vivir, esperando y apresurándoos para la venida del día de Dios, en el cual los cielos, encendiéndose, serán deshechos, y los elementos, siendo quemados, se fundirán! Pero nosotros esperamos, según sus promesas, cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales mora la justicia. Por lo cual, oh amados, estando en espera de estas cosas, procurad con diligencia ser hallados por él sin mancha e irreprensibles, en paz. Y tened entendido que la paciencia de nuestro Señor es para salvación; como también nuestro amado hermano Pablo, según la sabiduría que le ha sido dada, os ha escrito” (2 P 3:9-15).
  
Pedro suele citar las cartas de Pablo, tanto Romanos como Hebreos, para reforzar sus propias afirmaciones sobre Jesús y la paciencia de Dios al darnos tiempo para recapacitar, apartarnos de este mundo que pronto desaparecerá y confiar en Jesús como nuestro Salvador. Pedro sabía que Pablo era quien escribió la carta a los creyentes hebreos. 

La mención de Timoteo por parte de Pablo, costumbre en muchas de sus otras cartas.

En su bendición a los Hebreos, Pablo se despide citando a su compañero de trabajo y fiel discípulo, Timoteo:

“Os ruego, hermanos, que soportéis la palabra de exhortación, pues os he escrito brevemente. Sabed que está en libertad nuestro hermano Timoteo, con el cual, si viniere pronto, iré a veros. Saludad a todos vuestros pastores, y a todos los santos. Los de Italia os saludan. La gracia sea con todos vosotros. Amén” (He 13:22-25). 

Vemos a Timoteo mencionado por Pablo en doce de sus cartas. 

“Y el Dios de paz aplastará en breve a Satanás bajo vuestros pies. La gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con vosotros. Os saludan Timoteo mi colaborador, y Lucio, Jasón y Sosípater, mis parientes” (Ro 16:20-21). 

“Por esto mismo os he enviado a Timoteo, que es mi hijo amado y fiel en el Señor, el cual os recordará mi proceder en Cristo, de la manera que enseño en todas partes y en todas las iglesias” (1 Co 4:17). 

 “Y si llega Timoteo, mirad que esté con vosotros con tranquilidad, porque él hace la obra del Señor así como yo. Por tanto, nadie le tenga en poco, sino encaminadle en paz, para que venga a mí, porque le espero con los hermanos” (1 Co 16:10-11).

“Pablo, apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios, y el hermano Timoteo, a la iglesia de Dios que está en Corinto, con todos los santos que están en toda Acaya” (2 Co 1:1). 

“Pablo y Timoteo, siervos de Jesucristo, a todos los santos en Cristo Jesús que están en Filipos, con los obispos y diáconos” (Fil 1:1). 

“Pablo, apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios, y el hermano Timoteo” (Col 1:1). 

“Por lo cual, no pudiendo soportarlo más, acordamos quedarnos solos en Atenas, 2 y enviamos a Timoteo nuestro hermano, servidor de Dios y colaborador nuestro en el evangelio de Cristo, para confirmaros y exhortaros respecto a vuestra fe” (1 Ts 3:1-2).
 
“Pablo, Silvano y Timoteo, a la iglesia de los tesalonicenses en Dios nuestro Padre y en el Señor Jesucristo: Gracia y paz a vosotros, de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo” (2 Ts 1:1-2).
 
“Pablo, apóstol de Jesucristo por mandato de Dios nuestro Salvador, y del Señor Jesucristo nuestra esperanza, a Timoteo, verdadero hijo en la fe: Gracia, misericordia y paz, de Dios nuestro Padre y de Cristo Jesús nuestro Señor” (1 Ti 1:1-2). 

“Pablo, apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios, según la promesa de la vida que es en Cristo Jesús, a Timoteo, amado hijo: Gracia, misericordia y paz, de Dios Padre y de Jesucristo nuestro Señor” (2 Ti 1:1-2). 

“Pablo, prisionero de Jesucristo, y el hermano Timoteo, al amado Filemón, colaborador nuestro, y a la amada hermana Apia, y a Arquipo nuestro compañero de milicia, y a la iglesia que está en tu casa: Gracia y paz a vosotros, de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo” (Fil 1:1-3).
  
“Sabed que está en libertad nuestro hermano Timoteo, con el cual, si viniere pronto, iré a veros. Saludad a todos vuestros pastores, y a todos los santos. Los de Italia os saludan. La gracia sea con todos vosotros. Amén” (He 13:23-25).

Es como si Pablo no hubiera podido escribir sin mencionar a Timoteo: tal era el afecto y el orgullo que le producía su joven discípulo y fiel colaborador. [Sólo no lo menciona en la carta a Filemón.] 
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Desde antiguo la tradición le atribuye a Pablo la autoría de Hebreos.

Pablo, como autor de la Epístola a los Hebreos, tiene una larga y destacada trayectoria de mención en la iglesia cristiana primitiva. En un papiro conservado del año 200 d. C., se encuentra la primera colección de cartas griegas escritas por Pablo. En estos textos, la Epístola a los Hebreos sigue a la Epístola a los Romanos, lo que demuestra que, en los inicios de la Iglesia, Hebreos fue una carta importante que es atribuida a Pablo.

En sus Homilías sobre Hebreos, Orígenes escribe: 

“En cuanto a mí, si tuviera que expresar mi opinión, diría que las ideas son del apóstol [Pablo], pero que el estilo y la composición pertenecen a alguien que recordó las enseñanzas de los apóstoles y, por así decirlo, tomó breves notas de lo que su maestro decía. Por lo tanto, si alguna iglesia considera esta epístola como de Pablo, sea alabada también por ello. Pues no sin razón los hombres de antaño la transmitieron como suya. Pero quién escribió la epístola, en verdad solo Dios lo sabe”. [8]

También existen documentos de los primeros exégetas alejandrinos Panteno y Clemente, donde confirman que Pablo es el autor de Hebreos. Clemente escribe que las diferencias de estilo que encontramos en el texto se originan debido a la traducción que Lucas hizo de la Epístola a los Hebreos, escrita originalmente en hebreo, y luego traducida al griego koiné. Esta opinión se incluyó posteriormente en la glosa ordinaria y se consolidó como una tradición en la Iglesia cristiana occidental.

Teodoro de Mopsuestia registra la razón por la cual Pablo no incluyó su nombre en Hebreos: 

“Pablo no escribió a los incrédulos que habían adquirido un odio implacable contra él, sino a los creyentes que han compartido todo lo que es necesario compartir. No escribe a los que son ingenuos en su fe, sino a los que demuestran con sus obras la solidez de su fe y la agudeza de su virtud, como lo muestra el contenido de la epístola. Por consiguiente, la epístola debió haberles sido entregada como una de las epístolas de Pablo, pues de no ser así, lo escrito no les sería de provecho”. [9]

Teodoro de Mopsuestia describe a Pablo escribiendo a los gentiles: “con toda seguridad les da órdenes como su apóstol, pero cuando escribe a los hebreos, no lo hace”.[10]

En nuestra opinión, basándonos en la evidencia de los textos del Nuevo Testamento y en la habilidad necesaria para construir un tratado tan magnífico que prueba la identidad de Jesús como el Mesías de los judíos, solo Pablo califica como autor de la Epístola a los Hebreos.
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NOTAS


[1] Louis Finkelstein, “Akiba: Erudito, Santo y Mártir”. Nueva York: Covici, Friede, 1936.
[2] Tosef., Ber. iv. 12.
[3] Cábala: Una introducción muy breve , Joseph Dan, Oxford University Press, Capítulo 1 “El término y sus usos”
[4] Ibíd.
[5] 18 Misterios revelados a Pablo en el Nuevo Testamento:
  1. El reino de los cielos y el reino de Dios (Mt. 13:11; Mc. 4:11; Lc. 8:10)
  2. La ceguera de Israel (Romanos 11:25)
  3. La salvación en Cristo (Romanos 16:25)
  4. La sabiduría de Dios (1 Corintios 2:7)
  5. Las doctrinas de Dios (1 Corintios 4:1; Colosenses 2:2; 1 Timoteo 3:16)
  6. El evangelio (Efesios 6:19)
  7. Don de conocimiento (1 Corintios 13:2)
  8. Hablar en lenguas (1 Corintios 14:2)
  9. El rapto de la iglesia (1 Corintios 15:23, 51-58; Juan 14:1-3; 1 Tesalonicenses 4:13-16)
  10. La voluntad de Dios (Efesios 1:9)
  11. La iglesia (Efesios 3:1-9; 5:32)
  12. Cristo en las personas (Col. 1:26-27)
  13. Doctrinas de Cristo (Col. 4:3)
  14. Espíritu de iniquidad (2 Tesalonicenses 2:7)
  15. La fe del evangelio (1 Timoteo 3:9)
  16. Siete candelabros (Apocalipsis 1:20)*
  17. La demora de Dios en expulsar a Satanás (Apocalipsis 10:7; 12:7-17)*
  18. El misterio de Babilonia (Apocalipsis 17:5,7)*
* Estos tres últimos misterios son revelados a Juan en el Apocalipsis, pero esta lista ampliada incorpora todas las menciones explícitas del término griego mysterion presentes en el Nuevo Testamento. De alguna manera se cree que estos misterios también fueron revelados a Pablo (según la fuente consultada para este artículo) aunque él no los mencione explícitamente en ninguna de sus epístolas. Probablemente sea parte de alguna “tradición eclesiástica” debido a que Turquía (Asia Menor, el foco geográfico principal del Apocalipsis) fue también el principal campo misionero de Pablo.

Lista del Comentario de Dake sobre la Biblia

[6] Eusebio, Historia Eclesiástica lib. ii. cap. 25
[7] 1. Eusebio, Historia Eclesiástica 6.14.2 2. Los primeros exégetas alejandrinos Pantaeno y Clemente aceptaron la autoría paulina, aunque Clemente sugirió que las diferencias estilísticas en Hebreos se deben a que Lucas tradujo la carta de Pablo del hebreo original al griego, una tradición que se incorporó a la glosa ordinaria y se convirtió en la opinión tradicional de la iglesia occidental medieval.
[8] (Comentario cristiano antiguo sobre las Escrituras) Eusebio, Historia Eclesiástica 6.25.13–14.
[9] Teodoro de Mopsuestia (c. 350–428). Obispo de Mopsuestia, fundador de la escuela antioquena, o literalista, de exégesis. Un gran hombre en su época, más tarde fue condenado como precursor de Nestorio.
[10] Fragmentos sobre la Epístola a los Hebreos, NTA 15:200–201.
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