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Tuesday, June 2, 2026

LAS PUERTAS DEL HADES



La frase “las puertas del infierno” o las “puertas del Hades” se encuentra una sola vez en toda la Biblia, en Mateo 16:18. 

En este pasaje, el Señor Jesús se está refiriendo a Su iglesia: 

“Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella” (Mt 16:18).

Esta es la primera mención de la palabra iglesia en el Nuevo Testamento. La palabra iglesia utilizada por Jesús, se deriva del griego ekklesia, que significa los “llamados”, o los “escogidos” (eklektos). En otras palabras, la iglesia a la que el Señor Jesús hace referencia, es el conjunto de los creyentes que han salido del mundo gracias a aceptar el evangelio de Cristo.

Estudiosos de la Biblia debaten el significado exacto de la frase “y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella”. Una de las mejores interpretaciones del significado de esta frase es la siguiente. 

En tiempos antiguos, las ciudades estaban rodeadas de murallas con grandes puertas, y en las batallas las puertas de estas ciudades era lo primero que los enemigos atacaban. Esto era porque la protección de la ciudad se determinaba por la fortaleza o la resistencia de sus puertas.

Por lo tanto, la frase “las puertas del infierno” o las “puertas del Hades” significa el poder del Hades. El nombre “Hades” originalmente fue el nombre del dios que presidía el reino de los muertos y generalmente los antiguos se referían a ella como la “casa del Hades”. Denominaba el lugar a donde todos los que partían de esta vida descendían independientemente de su carácter moral. En el Nuevo Testamento, el Hades es el reino de los muertos, y en este versículo el Hades (o infierno) se representa como una ciudad muy fuerte, con sus puertas impenetrables.

El Señor Jesús se refiere aquí a Su muerte inminente. Aunque Él sería crucificado y sepultado, iba a resucitar de entre los muertos y edificaría a Sus “escogidos” (eklektos). El Señor Jesús está haciendo hincapié en el hecho de que los poderes de la muerte no podrían retenerlos a ellos tampoco. No sólo los “escogidos” (eklektos) serán edificados a pesar de los poderes del Hades o del infierno, sino que resucitarán como Él resucitó a pesar de estas potestades. Los “escogidos” (eklektos) no serán vencidos por la muerte. Y aunque generación tras generación sucumba ante el poder de la muerte física, otras generaciones surgirán para que la obra del Señor continúe. Y va a continuar hasta que el Señor haya cumplido Su misión en la tierra, tal como Jesús lo dijo:

Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén (Mt 28:18-20).

Es claro que el Señor Jesús está declarando que la muerte no tiene poder para mantener cautivos a los “escogidos” (eklektos). Sus puertas no son lo suficientemente fuertes como para mantener a los “escogidos” (eklektos). El Señor ha vencido la muerte (Ro 8:2; Hch 2:24). Y ya que “la muerte no se enseñorea más de él” (Ro 6:9), no enseñorea tampoco sobre aquellos que pertenecen a Cristo.

Satanás tiene el poder de la muerte, y él siempre va a utilizar ese poder para tratar de destruir a los “escogidos” de Cristo. La promesa del Señor Jesús respecto a los “escogidos” es que prevalecerán: 

Todavía un poco, y el mundo no me verá más; pero vosotros me veréis; porque yo vivo, vosotros también viviréis (Jn 14:19).

Lo mismo se aplica en cuanto al evangelismo. Cuando el Señor Jesús comisionó a Pablo como apóstol a los gentiles, lo hizo con estas palabras:

Pero levántate, y ponte sobre tus pies; porque para esto he aparecido a ti, para ponerte por ministro y testigo de las cosas que has visto, y de aquellas en que me apareceré a ti, librándote de tu pueblo, y de los gentiles, a quienes ahora te envío, para que abras sus ojos, para que se conviertan de las tinieblas a la luz, y de la potestad de Satanás a Dios; para que reciban, por la fe que es en mí, perdón de pecados y herencia entre los santificados (Hch 26:16-18).

Los que están cautivos en incredulidad (tinieblas y la potestad de Satanás) serán librados por el evangelio que les es llevado por quien atraviesa las puertas del hades con el mensaje de la salvación por fe en Cristo Jesús.

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Monday, June 1, 2026

EL PRÍNCIPE DEL EJÉRCITO DE JEHOVÁ

 



Estando Josué cerca de Jericó, alzó sus ojos y vio un varón que estaba delante de él, el cual tenía una espada desenvainada en su mano. Y Josué, yendo hacia él, le dijo: ¿Eres de los nuestros, o de nuestros enemigos? Él respondió: No; mas como Príncipe del ejército de Jehová he venido ahora. Entonces Josué, postrándose sobre su rostro en tierra, le adoró; y le dijo: ¿Qué dice mi Señor a su siervo? Y el Príncipe del ejército de Jehová respondió a Josué: Quita el calzado de tus pies, porque el lugar donde estás es santo. Y Josué así lo hizo (Jos 5:13-15).

En Josué 5:13-15, el líder de Israel, Josué, tiene una conversación con el “Príncipe del ejército de Jehová” (Jos 5: 14). 

Este Príncipe (o líder) se le apareció a Josué cerca de Jericó, antes de la fatídica primera batalla en la conquista de Canaán. Este Príncipe sostenía una espada desenvainada en la mano.

Josué se acercó a él y le preguntó: 

“¿Eres de los nuestros, o de nuestros enemigos?” (Jos 5:13). 

La respuesta de este Príncipe fue críptica, destinada a despertar la curiosidad de Josué con el fin de que aprendiera (y no olvidara) una valiosa lección: 

“No; mas como Príncipe del ejército de Jehová he venido ahora” (Jos 5:14).

La pregunta de Josué era bastante natural. Al encontrarse con un hombre armado en vísperas de una batalla, le pregunta: “¿Eres de los nuestros o de nuestros enemigos?”. La respuesta del Príncipe es que él no es ni israelita ni cananeo. Es el Príncipe del ejército del Señor

Cuando el hombre se identificó como el Príncipe del ejército del Señor:

“Josué, postrándose sobre su rostro en tierra, le adoró; y le dijo: ¿Qué dice mi Señor a su siervo?” (Jos 5:14)

Abram tuvo la misma reacción al encontrarse en presencia del Señor (Gn 17:1-3). Es significativo que el Príncipe no le diga a Josué que no lo adore, sino que le diga que se quite el calzado: 

“porque el lugar donde estás es santo” (Jos 5:15). 

Esto es exactamente lo que el Señor Dios le dijo a Moisés en el encuentro con la zarza ardiente (Ex 3:5). Josué se dirige al hombre utilizando una palabra hebrea que significa “amo” (señor), lo que indica la reverencia que Josué tuvo por el Varón con el que hablaba.

Solo hay una identidad posible para este Príncipe. El Príncipe del ejército de Jehová es una teofanía, una aparición visible del mismo del Señor Jesús antes de Su encarnación. Dos versículos más adelante, es claramente el Señor quien le dice a Josué: 

“Mira, yo he entregado en tu mano a Jericó y a su rey, con sus varones de guerra” (Jos 6:2).

El Príncipe del ejército de Jehová no es otro que Dios Todopoderoso en la persona del Señor Jesús.

No es la primera vez en las Escrituras que Dios da a conocer Su presencia de forma física. El Señor Dios se aparece a Abram en Génesis 17:1 y de nuevo en Génesis 18:1. El “ángel del Señor” se le aparece a Agar en Génesis 16:7, tras lo cual ella afirma haber visto a Dios (Gn 16:13). El “varón” que luchó con Jacob en Génesis 32 y que hizo que Jacob concluyera el relato diciendo: “Vi a Dios cara a cara” (Gn 16:30) no es otro que el Señor Jesús antes de Su encarnación.. 

En cada caso, tenemos una interacción humana con Dios Hijo, el Logos, a través del cual Dios se comunica con los hombres.

Josué, entonces, se encuentra con una aparición pre-encarnada de Jesucristo. El hecho de que Jesús se identifique a Sí mismo como el Príncipe del ejército de Jehová le enseña a Josué quién está realmente al mando. Josué puede ser el capitán humano de Israel, pero el verdadero líder es el Príncipe que está delante de él con la espada desenvainada. Josué lo entendió así, respondió con adoración e hizo la única pregunta apropiada: “¿Qué quieres que haga tu siervo?” (Jos 5:14).

Jesús es el Príncipe y Señor de los ejércitos de Dios, y es Él quien debe librar la batalla si queremos ganar. Tenemos muchos enemigos contra los que luchar: Satanás, el mundo, el pecado y la carne. Necesitamos que Cristo vaya delante de nosotros, con la espada en la mano, a la batalla. Él es el comandante del ejército del Señor, el Príncipe de nuestra salvación (He 2:10) y aquel por quien se nos concede la victoria (1 Co 15:57). Solo el Príncipe del ejército de Jehová tiene la sabiduría, el armamento y los medios para salir victorioso sobre nuestros verdaderos enemigos.

El nombre Jehová de los Ejércitos aparece más de 200 veces en las Escrituras del Antiguo Testamento. El Señor Jesús pre-encarnado es llamado por primera vez “Jehová de los ejércitos” en 1 Samuel 1:3. El término Jehová representa el nombre divino Yavé (YHWH), Yo Soy El Que Soy, el Dios autoexistente y redentor. La palabra “ejércitos” se traduce del hebreo ṣebaʾōt, que significa ejércitos refiriéndose tanto a fuerzas espirituales como terrenales. El título Jehová de los ejércitos destaca el control soberano de Dios sobre todo poder, dominio, fuerza y reino.

Este nombre de Dios aparece por primera vez al final del período de los jueces. En la misma frase donde se menciona a “Jehová de los ejércitos” en (1 S 1:3), también se hace referencia a Silo, donde se guardaba el arca del pacto. El arca representaba, entre otras cosas, el gobierno de Jehová, quien está entronizado sobre los querubines (1 S 4:4; Sal 99:1). Algunos sugieren que el título enfatiza que Dios es el verdadero Líder de los ejércitos de Israel, incluso en un periodo de decadencia espiritual. En 1 Samuel 17:45, David invoca este nombre antes de enfrentarse a Goliat, declarando que Jehová gobierna sobre todas las fuerzas del cielo y de la tierra. Goliat no era rival para Jehová de los ejércitos.

Poco después de la victoria de David sobre Goliat, Israel comenzó a tener protagonismo internacional. La nación necesitaba recordar que “Jehová de los ejércitos” era Rey sobre todos los pueblos y naciones. Esta realeza de “Jehová de los ejércitos” queda plasmada claramente en el Salmo 24:10: 

“¿Quién es este Rey de gloria? Jehová de los ejércitos, Él es el Rey de la gloria (Sal 24:10). 

Él es el Rey glorioso de Israel, y Zacarías 14:9 afirma que será Rey sobre toda la tierra (Is 37:16).

Finalmente, Jehová de los ejércitos pondrá fin a toda rebelión (Is 24:21-23) y establecerá Su reino sobre toda la tierra desde el monte Sión (Is 31:4-5; 34:12). Como Jehová de los ejércitos, Jesús es el Gobernante todopoderoso del universo. Toda autoridad le pertenece, y Él avanza con Sus ejércitos. Sólo Él interviene para dar victoria a Su pueblo y es el único que puede traer verdadera paz. Al mismo tiempo, está atento a las oraciones de los Suyos (Sal 80:19). No hay otro Dios como Él.

El soberano Jehová de los ejércitos tiene la gracia de estar siempre disponible para quien acude a Él. El Rey de gloria, quien comanda los ejércitos del cielo y que derrotará definitivamente a todos Sus enemigos, es Jesucristo mismo. Jesús es Jehová de los ejércitos (Ap 19:11-20).

La mejor pregunta que Josué podría haberle hecho a este Varón con la espada desenvainada era: “¿Estamos nosotros de tu lado?”.

La lección que nos enseña el pasaje es que el Señor Jesús no está ni de tu lado ni del lado de tus enemigos en las batallas que tú estás librando. Él es el Señor Dios. Eres quien tiene que ponerse de Su lado. Él lo dice así en los Evangelios:

“El que no es conmigo, contra mí es; y el que conmigo no recoge, desparrama” (Mt 12:30; Lc 11:23).

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Thursday, May 28, 2026

CRISTO ES REY

 


(Mr 15:32)

Una de las tragedias de vivir en un mundo caído es que, en ocasiones, las personas utilizan palabras y frases sagradas con fines malvados. La expresión “Cristo es Rey” es un ejemplo de ello. 

Aunque su significado bíblico destaca y glorifica el dominio de Jesús sobre todas las autoridades terrenales, algunos han tergiversado la frase para promover el antisemitismo, una forma de racismo que consiste en el odio, los prejuicios y la discriminación contra el pueblo judío.

Concretamente, algunas personas utilizan “Cristo es Rey” como eslogan en el contexto de negar el Holocausto, promover la teoría de una conspiración judía global y hablar de forma similar contra el pueblo judío.

La Biblia advierte a las personas sobre el uso indebido de los nombres de Dios, como en el tercer mandamiento: 

“No tomarás el nombre del Señor tu Dios en vano (Ex 20:7). 

Del mismo modo, a veces las personas utilizan los nombres y títulos de Jesús con fines impíos. Los hijos de un tal Esceva lo usaron cuando intentaron realizar un exorcismo. Incluso los demonios reconocieron que su invocación del Nombre era impotente y, por lo tanto, no les afectó (Hch 19:13-16; 2 Co 11:4). Del mismo modo, esgrimir la frase “Cristo es Rey” como arma antisemita es utilizar el nombre de Jesús en vano, profanando un título sagrado y deshonrando su verdadero significado.

Como todas las formas de racismo, el antisemitismo es pecado, porque las personas de todas las etnias están hechas a imagen de Dios y, por lo tanto, tienen el mismo valor (Gn 1:26-28). La creencia de que algunas razas son inferiores a otras socava la verdad de que Dios creó “todas las naciones del mundo para que habitaran sobre toda la superficie de la tierra” (Hch 17:26; Jer 27:5) y que Su plan incluye bendecir a “todas las familias de la tierra” (Gn 12:3). 

Además, el racismo se opone a las instrucciones de Jesús de “hacer discípulos de todas las naciones” a través del evangelio (Mt 28:19-20). Tampoco reconoce la diversidad étnica del cielo, tal y como la describe Juan: 

“Después de esto miré, y he aquí una gran multitud, la cual nadie podía contar, de todas naciones y tribus y pueblos y lenguas, que estaban delante del trono y en la presencia del Cordero, vestidos de ropas blancas, y con palmas en las manos” (Ap 7:9).

Aunque la ignorancia impregna todo racismo, el antisemitismo en particular pone de manifiesto una falta de comprensión de la Biblia. El Antiguo Testamento revela el amor de Dios por el pueblo judío (Dt 7:6-8; Jer 31:3), y el Nuevo Testamento lo reitera (Ro 11:1-2). Además, el antisemitismo descuida el papel de los judíos en el plan de Dios para salvar a personas de todas las razas (Gn 12:3; Sal 22:27; Hch 3:25). El racismo hacia los judíos también pasa por alto de manera flagrante el hecho histórico de que Jesús, Su familia y la mayoría de Sus primeros seguidores eran judíos. En consecuencia, utilizar la Biblia para justificar el antisemitismo deshonra el plan de salvación de Dios y distorsiona el significado directo de Su Palabra (2 Ti 2:15).

En contraste con las enseñanzas de la Biblia, algunas ideologías racistas utilizan términos y símbolos cristianos para promover el antisemitismo. Por ejemplo, la llamada “identidad cristiana”, una cosmovisión asociada con el grupo supremacista blanco Ku Klux Klan, sostiene que los anglosajones, los nórdicos y la inventada “raza aria” son los verdaderos israelitas. Según esta herejía, los judíos hoy en día son impostores ilegítimos que se identifican engañosamente como el pueblo elegido de Dios. Las afirmaciones erróneas de las enseñanzas de la Identidad Cristiana no son históricamente ciertas ni bíblicamente correctas, sino que son mentiras satánicas (Jn 8:44).

Algunas enseñanzas sobre la marca de Caín son un ejemplo de cómo se tergiversa la Biblia para promover el racismo. Según una interpretación prejuiciosa, Dios maldijo a Caín con una piel oscura. Esta explicación contradice la enseñanza del Génesis, que dice que la marca significa la protección de Dios, no su castigo: 

“Cualquiera que mate a Caín, siete veces sufrirá venganza. Y el Señor puso una señal sobre Caín, para que cualquiera que lo hallara no lo matara (Gn 4:15). 

Como muestra este ejemplo, una lectura directa de la Biblia destruye las interpretaciones racistas.

A pesar del mal uso que algunos hacen de “Cristo es Rey”, los cristianos debemos creer y defender lo que dice la Biblia sobre la realeza de Jesús. Es importante destacar que el Nuevo Testamento comienza con el anuncio de que Jesús es Rey y termina con la proclamación de lo mismo. Al principio de Mateo, Jesús es llamado Rey de los judíos, una identidad que Él mismo confirma más adelante (Mt 2:2; 27:11). Posteriormente, al final del Apocalipsis, la descripción del regreso de Jesús lo muestra con una escritura en su muslo en la que se lee: “Rey de reyes y Señor de señores” (Ap 19:16), lo que declara Su dominio sobre todos los gobernantes mundanos (Ap 19:16). 

Por consiguiente, la solución al uso indebido del nombre de Jesús no es dejar de pronunciarlo o suavizar su significado, sino proclamar su verdad en voz alta y con valentía.

La frase Cristo es Rey es absolutamente cierta cuando se entiende en su contexto bíblico adecuado. Jesucristo es el Mesías de Israel, el Hijo de David, el legítimo heredero al trono de Israel y Aquel que regresará para gobernar este mundo con vara de hierro. Los reinos de este mundo le pertenecerán, Jerusalén será la ciudad del gran Rey, y las naciones un día se postrarán ante Él, lo quieran o no. Pero para quienes hemos nacido de nuevo, ya hemos sido incorporados al cuerpo de Cristo, nuestro Salvador, Redentor y Señor. Estaremos con Él en aquel díacuando se convierta en Rey de Reyes y herede el reino preparado para Él desde la creación del mundo.

Y él es la cabeza del cuerpo, que es la iglesia; él es el principio, el primogénito de entre los muertos, para que en todo tenga la preeminencia (Col 1:18).

El movimiento moderno Cristo es Rey, cuando se vincula con el nacionalismo cristiano, no es simplemente un grupo de personas que afirman algo bíblicamente cierto. A menudo opera desde un marco doctrinal mal mezclado que combina la teología del reino ahora, el dominio político, el orden social católico romano, el reconstruccionismo protestante y la política de identidad nacionalista en un confuso licuado religioso-político. 

El problema es simple: intentan apropiarse del lenguaje del programa profético del reino de Israel e imponerlo a la era de la Iglesia, para luego usarlo para santificar el poder político terrenal. Cristo es Rey, sí; ningún creyente bíblico lo discute. Él es el Rey prometido de Israel, el Hijo de David, el León de la tribu de Judá, y Aquel que regresará a esta tierra para sentarse en el trono de su padre David. Pero ese reino no será establecido ahora a través de Estados Unidos, Roma, Washington, movimientos políticos, activismo conservador o nacionalismo religioso. El error del movimiento Cristo es Rey radica en que toma el verdadero título profético de Cristo y lo convierte en un arma política del presente. Deja de centrarse en el evangelio de la gracia de Dios y se convierte en una forma de afirmar la identidad religiosa, recuperar el poder nacional, confrontar a los percibidos como enemigos y construir una civilización cristiana

Esta no es la doctrina de Cristo ni la de Pablo para el Cuerpo de Cristo. Pablo no le presenta al Señor Jesucristo a la Iglesia principalmente como nuestro Rey político, sino como nuestro Salvador, nuestra Cabeza, nuestro Redentor, nuestra Vida y nuestra Bendita Esperanza. Debemos rechazar la herejía de los movimientos corruptos del Nacionalismo Cristiano y la Teología del Dominio, que buscan un reino terrenal ahora, sin un Rey celestial que los gobierne físicamente. Los que promueven estas falsas enseñanzas se ven a sí mismos como el rey, y eso es un problema porque los pone en el lugar de los muchos anticristos de los que habla el Señor: 

Hijitos, ya es el último tiempo; y según vosotros oísteis que el anticristo viene, así ahora han surgido muchos anticristos; por esto conocemos que es el último tiempo (1 Jn 2.18)

Porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo: Yo soy el Cristo; y a muchos engañarán (Mt 24:5).

¡Habéis sido advertidos! (Ez 3:18).

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Tuesday, May 26, 2026

CRISLAM Y MAGNIFICA HUMANITAS



Porque cuando digan: Paz y seguridad, entonces les sobrevendrá destrucción repentina, como los dolores de parto a la mujer encinta; y no escaparán” (1 Ts 5:3).

El Crislam es un intento de mezclar el cristianismo con el islam. Se inició en Nigeria en los años mil novecientos ochenta, y las ideas crislámicas se han extendido por todo el mundo. El concepto esencial del crislam es que el cristianismo y el islam son compatibles, que uno puede ser un cristiano y un musulmán al mismo tiempo. 

Crislam no es una religión en sí, sino que es un intento de borrar las diferencias y distinciones entre el cristianismo y el islam.

Los defensores del crislam señalan hechos como que Jesucristo es mencionado 25 veces en el Corán, o que el cristianismo y el islam tienen enseñanzas similares sobre la moral y la ética o la necesidad de que las dos religiones monoteístas más grandes se unan para luchar contra el surgimiento del ateísmo y la espiritualidad alternativa. 

El crislam es considerado por algunos como la solución para el conflicto entre el mundo occidental, que es predominantemente cristiano, y el Medio Oriente, que es predominantemente musulmán.

Mientras que es innegable que existen muchas similitudes entre el cristianismo y el islam (y el judaísmo), el crislam en última instancia falla porque el cristianismo y el islam son diametralmente opuestos en el más importante de los temas – la identidad de Jesucristo

El verdadero cristianismo declara que Jesucristo es el Señor Dios encarnado en forma humana. Para los cristianos, la deidad de Jesucristo no es negociable, porque sin Su deidad, la muerte del Señor Jesucristo en la cruz no hubiera sido suficiente para ser el sacrificio expiatorio por los pecados del mundo entero (1 Jn 2:2).

El islam rechaza categóricamente la deidad de Jesucristo. El Corán declara que la idea de que Jesucristo es Dios es una blasfemia (sura 5:17). La creencia en la deidad de Jesucristo es considerada shirk (inmundicia) para los musulmanes. Además, el islam niega la muerte del Señor Jesús en la cruz (sura 4:157-158). 

Como la doctrina crucial de la fe cristiana es rechazada en el islam, las dos religiones son absolutamente incompatibles, haciendo del crislam un concepto que tanto cristianos como musulmanes deben rechazar.

Magnifica Humanitas

En la misma línea de noticias, vemos al Papa León XIV irrumpiendo en la escena mundial con una encíclica sobre inteligencia artificial, al cofundador de Anthropic, Christopher Olah, sentado a la mesa del Vaticano, y al presidente Donald Trump pidiendo a Arabia Saudita, Qatar, Pakistán, Turquía, Egipto, Jordania, Bahréin y los Emiratos Árabes Unidos que firmen los Acuerdos de Abraham, incluso mencionando a Irán como posible participante futuro si se llega a un acuerdo. Prensa Asociada (Associated Press) informa que Trump quiere que cualquier nuevo acuerdo con Irán esté vinculado a la adhesión de otros países a los Acuerdos de Abraham, y que mencionó a Arabia Saudita, Qatar, Turquía, Pakistán, Egipto y Jordania entre los que quiere que firmen “inmediatamente. Cristiano, presta mucha atención a lo que suceda a partir de ahora.

Porque cuando digan: Paz y seguridad, entonces les sobrevendrá destrucción repentina, como los dolores de parto a la mujer encinta; y no escaparán” (1 Ts 5:3).

El Vaticano busca ejercer supervisión moral sobre la era de la inteligencia artificial (IA). Las grandes tecnológicas se están integrando en un marco de ética religiosa. Trump impulsa los Acuerdos de Abraham hacia una solución integral para Oriente Medio. Israel se encuentra en el centro. Irán participa en las negociaciones. El Crislam es el pegamento religioso. Se está convocando a las naciones musulmanas a un marco regional de paz y prosperidad. Y la IA se está convirtiendo rápidamente en el sistema nervioso invisible que puede administrar la identidad, el comercio, la vigilancia, la guerra, la libertad de expresión, la movilidad, la religión y el cumplimiento de las normas. La encíclica sobre IA del Papa León XIV, Magnifica Humanitas, se presenta como un manifiesto fundamental para la “salvaguarda de la humanidad” en la era de la IA. 

Prensa Asociada informa que el Papa pidió una regulación rigurosa de la IA y advirtió que los desarrolladores deben servir al bien común en lugar de al lucro, abarcando áreas que van desde el trabajo hasta la guerra. 

Según National Catholic Reporter, el evento en el Vaticano fue histórico no solo porque León XIV presentó personalmente la encíclica, sino también porque el cofundador de Anthropic, Christopher Olah, estuvo presente junto a teólogos católicos y líderes vaticanos. Ahora comparemos esto con el impulso de Trump a los Acuerdos de Abraham

Los Acuerdos de Abraham originales ya eran históricos porque normalizaban las relaciones entre Israel y varios estados árabes o de mayoría musulmana (gracias, entre otras cosas, al Crislam). Pero esta nueva declaración es mucho más amplia. Trump ahora habla de Arabia Saudita, Qatar, Pakistán, Turquía, Egipto, Jordania, Bahréin, los Emiratos Árabes Unidos e incluso la posibilidad de que Irán entre en la misma órbita si se llega a un acuerdo más amplio. Trump ha presentado la expansión de los Acuerdos de Abraham como una condición para un posible acuerdo con Irán. Esto significa que los Acuerdos de Abraham ya no son simplemente un “éxito diplomático” de 2020. Ahora son la plataforma del fin de los tiempos, un marco y un mecanismo de pacto regional (téngase presente la palabra pacto) entre todo el Medio Oriente y el Occidente (representado por Estados Unidos).  

Marco bíblico sobre el tema en nuestro artículo:

LOS ÚLTIMOS TIEMPOS EN ORDEN CRONOLÓGICO: UN COMPLETO BOSQUEJO PARA ENTENDER LA PROFECÍA BÍBLICA

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SOLO UNA COSA EN NECESARIA


Aconteció que yendo de camino, entró en una aldea; y una mujer llamada Marta le recibió en su casa. Esta tenía una hermana que se llamaba María, la cual, sentándose a los pies de Jesús, oía su palabra. Pero Marta se preocupaba con muchos quehaceres, y acercándose, dijo: Señor, ¿no te da cuidado que mi hermana me deje servir sola? Dile, pues, que me ayude. Respondiendo Jesús, le dijo: Marta, Marta, afanada y turbada estás con muchas cosas. Pero solo una cosa es necesaria; y María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada”  (Lc 10:38-42).

Betania

Betania era una aldea de Judea situada a unos tres kilómetros al este de Jerusalén (Jn 11:18), una distancia considerada como “camino de un día de reposo” (Hch 1:12). Betania estaba ubicada en el muy transitado camino que conducía a Jericó. Algunos estudiosos piensan que Betania era más bien como una conurbación moderna o un vecindario de Jerusalén, más que una ciudad completa. Los límites de Betania llegaban hasta el Monte de los Olivos y también colindaban con Betfagé, un suburbio de Jerusalén.

Betania es conocida por ser el pueblo natal de los buenos amigos del Señor Jesús: María, Marta y Lázaro. Betania fue el lugar donde el Señor resucitó a Lázaro de entre los muertos (Jn 11:1, 41-44); también era el hogar de Simón el leproso (Mr 14:3-10), y el lugar donde María ungió al Señor Jesús con perfume (Mt 26:6-13; Mr 14:3-9; Jn 12:1-8). 

Otras referencias a Betania se encuentran en Marcos 11:1 y Lucas 19:29, que describen los preparativos para la entrada triunfal del Señor en Jerusalén; la maldición de la higuera (Mr 11:11-13), y el lugar donde Jesús se hospedó durante Su última semana de ministerio terrenal, entre Su entrada triunfal y Su crucifixión (Mt 21:17).

El nombre Betania ha sido traducido por algunos como “casa de higos”, ya que hay muchas higueras y palmeras en la zona; otros lo traducen como “casa de aflicción”, especulando que Betania era un lugar designado para los enfermos y aquellos con enfermedades contagiosas.

Betania también es significativa por ser el lugar cercano desde donde Cristo ascendió al cielo (Lc 24:50). Cuarenta días después de Su resurrección, el Señor Jesús reunió a Sus once discípulos para darles las instrucciones finales antes de dejar la tierra (Lc 24:50-51):

“Y los sacó fuera hasta Betania, y alzando sus manos, los bendijo. Y aconteció que bendiciéndolos, se separó de ellos, y fue llevado arriba al cielo” (Lc 24:50-51; Hch 1:9).

Mientras los discípulos miraban hacia arriba, dos ángeles se les aparecieron y dijeron: 

“Varones galileos, ¿por qué estáis mirando al cielo? Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo” (Hch 1:11).

Betania tiene también un futuro emocionante profetizado. Zacarías 14:4 dice: 

“Y se afirmarán sus pies en aquel día sobre el monte de los Olivos, que está en frente de Jerusalén al oriente” (Zac 14:4).

Cuando el Señor Jesús regrese para establecer Su reino de mil años, lo hará en el mismo lugar de donde partió: el Monte de los Olivos, cerca de Betania. Aunque la antigua aldea de Betania haya sido pequeña y aparentemente insignificante, será escenario de un acontecimiento que cambiará al mundo: el glorioso regreso de Jesucristo como Rey de reyes y Señor de señores.

Marta 

Marta es un personaje importante del Nuevo Testamento, una amiga personal de Jesús, y alguien con quien se identifican muchas mujeres hoy en día. Vivía en Betania con su hermana, María, y su hermano, Lázaro, a quien Jesús resucitó de entre los muertos (Jn 11:1-15, 43-44). Nos encontramos con Marta tres veces en la Biblia (Lc 10:38, 40-41; Jn 11:1,5,19-21,24,30,39; Jn 12:2) y cada evento ayuda a construir un perfil de esta mujer.

La Biblia menciona por primera vez a Marta en Lucas 10 (Lc 10:38, 40-41). Está en su casa en Betania donde está recibiendo a Jesús y a los discípulos. Jesús era bien conocido por Marta y sus hermanos; de hecho, Jesús amaba a esta pequeña familia (Jn 11:5). El día que Jesús la visitó, el deseo de Marta era ser una buena anfitriona, servir la mejor comida con la mejor presentación posible, por amor al Señor Jesús. Sin embargo, su hermana María, sentada a los pies del Señor, “oía su palabra” (Lc 10:39). Como Marta “se preocupaba con muchos quehaceres” (Lc 10:40), se enfadó con María y se quejó por ella: “Señor, ¿no te da cuidado que mi hermana me deje servir sola? Dile, pues, que me ayude” (Lc 10:40). Con esta acusación y reproche, Marta dio a entender que Jesús no se preocupaba por ella, y le dio al Señor una orden, exigiéndole que obligara a María a ayudarla en el servicio. En su ocupación, Marta había quitado sus ojos del Salvador. El Señor Jesús, que podía ver en su alma, diagnosticó su problema: estaba preocupada por el servicio y no tenía paz en su corazón. Con delicadeza le dijo a Marta que una simple cena era más que suficiente, y le recordó que la decisión de María de sentarse a Sus pies y escuchar Su palabra era la mejor decisión (Lc 10: 41-42).

Vemos a Marta nuevamente justo después de que su hermano, Lázaro, había muerto (Jn 11:1,5,19-21,24,30,39). Las hermanas habían mandado llamar a Jesús cuando Lázaro cayó enfermo (Jn 11:3), pero Él no llegó a tiempo para sanarlo. Cuando el Señor Jesús finalmente llegó a Betania, cuatro días después de la muerte de Lázaro, Marta salió corriendo a Su encuentro y declaró: “Señor, si hubieses estado aquí, mi hermano no habría muerto. Mas también sé ahora que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo dará” (Jn 11:21-22). 

Parece que Marta era la hermana mayor y estaba acostumbrada a dar órdenes en casa y a que se la obedeciera en los asuntos relacionados con la familia. También estaba acostumbrada a reprochar que las cosas no se hicieran de la manera y en el tiempo que ella quería. Aunque trató de mitigar sus reproches al Señor destacando que creía firmemente que Él podría haber sanado a Lázaro de su enfermedad, un reproche es un reproche. El Señor Jesús la anima con una de Sus declaraciones más notables: 

Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto? (Jn 11: 25-26). 

La respuesta de Marta es de gran fe y comprensión de la naturaleza divina de Jesús: 

Sí, Señor; yo he creído que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, que has venido al mundo (Jn 11: 27). 

La fe de Marta fue recompensada ese mismo día cuando presenció la milagrosa resurrección de su hermano de entre los muertos (Jn 11:43-44).

La tercera vez que encontramos a Marta en la Biblia, está haciendo lo que Marta era conocida por hacer: servir (Jn 12:2). El Señor nuevamente asiste a una cena en Su honor en Betania, y Marta nuevamente está sirviendo. Es en esta ocasión que la hermana de Marta, María, unge los pies de Jesús con un perfume caro (Jn 12:3). Es evidente que Marta era probablemente una mujer de recursos, como lo demuestran el tamaño de su casa, la frecuencia con que ofrecía cenas y el costoso perfume que tenía su hermana.

En los encuentros de Marta con Jesús que cambian su vida, vemos la importancia de equilibrar el servicio con la adoración, el confiar en el Señor, incluso cuando todo parece perdido, y el usar nuestros recursos materiales para la gloria de Dios.

María

María de Betania es uno de los personajes más hermosos en toda la Escritura, y podemos aprender valiosas lecciones al estudiar su vida. Vemos a María tres veces en la Biblia, comenzando con el incidente en la casa de su hermana, Marta (Lc 10:38-42), donde Jesús, y presumiblemente los discípulos que viajaban con Él, estaban como invitados. Marta estaba “preocupada con muchos quehaceres”, y frustrada por el hecho de que su hermana no la estaba ayudando, y esto se lo reprochó al Señor Jesús, acusándolo de que no le importaba de que María se sentara a Sus pies mientras ella hacía todo el trabajo. La respuesta de Jesús nos da la primera idea de María de Betania. Jesús la felicitó por haber escogido “la buena parte” (Lc 10:42), o “la mejor parte”, como diríamos en castellano. Con esta declaración el Señor Jesús dio a entender que el deseo de María de estar cerca de Él y de aferrarse a cada una de Sus palabras, era mucho más importante que estar en el ajetreo con los preparativos para una comida. Jesús dijo además que a María no se le quitaría el haber elegido la mejor parte (Lc 10:42).

Al exaltar “la mejor parte”, el Señor Jesús enseña que aquellos cuya prioridad en la vida es Cristo, el conocerle y el estar cerca de Él, han elegido lo que durará hasta la eternidad, como “el oro, la plata y las piedras preciosas” que Pablo menciona en 1 Corintios 3:11-12. A partir de este incidente, aprendemos que quienes están distraídos con lo mundano y lo terrenal, están construyendo sobre el fundamento que es Cristo, con “madera, heno y hojarasca”, materiales que no podrán resistir el fuego que vendrá en el momento de la prueba, ni serán recordados en la eternidad. 

La reprensión de Marta hacia Jesús nos permite ver su corazón y mente: mientras intentaba hacer todo lo correcto, estaba tan distraída que perdió de vista con Quién era que estaba hablando. El silencio de María, que veremos de nuevo en otro acontecimiento, indica una falta de preocupación por ella misma, especialmente por defenderse. Cuando nos centramos en Cristo, Él se convierte en nuestra mayor pasión y nuestra tendencia al egoísmo se atenúa y desvanece.

El segundo incidente en el que María y Marta aparecen, ocurre cuando su hermano Lázaro es resucitado de entre los muertos (Jn 11:17-44). Cuando María escucha que Jesús ha venido y la está llamando, ella sale inmediatamente y deja a aquellos que estaban llorando en su casa y se apresura para encontrarse con el Señor. Tan grande es su amor por Él y su deseo de agradarle y obedecerle, que deja a quienes habían llegado a consolarla y se pone en los brazos del más Grande Consolador que el mundo jamás haya conocido. El Señor Jesús ve su gran tristeza y llora junto con ella, a pesar de que Él sabe que su tristeza va a ser de corta duración y que Lázaro le sería restaurado momentáneamente. De la misma manera, cuando nos afligimos y lloramos, nuestro mayor consuelo se encuentra en Jesús, cuya compasión es ilimitada. Cuando ponemos nuestra mano en la mano traspasada por los clavos, encontramos consuelo, paz y seguridad, y aprendemos la verdad del Salmo: 

“Por la noche durará el lloro, y a la mañana vendrá la alegría” (Sal 30:5b).

La tercera y última vez que vemos a María de Betania, es justo unos días antes de la crucifixión de Cristo (Mt 26:6-13; Mr 14:3-9; Jn 12:1-8). Se había preparado una comida en casa de Simón el leproso, probablemente un leproso que había sido sanado por Jesús y se había convertido en uno de Sus discípulos. Marta nuevamente estaba sirviendo mientras Lázaro estaba a la mesa con Jesús y Sus discípulos. En un momento, María abre vaso de un alabastro, derrama una parte de ese costoso perfume sobre la cabeza y los pies del Señor Jesús, y los enjuga con sus cabellos. A pesar de las críticas de algunos de los discípulos por desperdiciar ese perfume tan costoso, María no dijo nada. Al igual que en el primer incidente, María dejó que Jesús la defendiera. Jesús la defendió diciendo que ella había guardado este perfume para Su sepultura y había hecho un gran acto de servicio para Él, que sería recordado a través de los tiempos.

Vemos aquí dos cosas acerca de María de donde podemos recibir una enseñanza. En primer lugar, parece que ella sabía que el momento de la muerte de Jesús en la cruz estaba cerca, un hecho que se le había escapado incluso a los discípulos más cercanos de Jesús, a pesar de la clara declaración que Él había hecho de esta verdad. Parece que María se contentó con escuchar a su Señor y meditar en Sus palabras, mientras que los discípulos discutían sobre quién sería el mayor de ellos en el reino. Con ello, perdieron las importantes verdades que Jesús les estaba enseñando acerca de su inminente muerte y resurrección (Mr 9:30-35). ¿Con qué frecuencia dejamos pasar verdades espirituales porque estamos enfocados en nosotros mismos y excesivamente preocupados por nuestras recompensas, nuestro estatus y nuestra reputación entre los hombres?

En segundo lugar, vemos en María una decidida convicción y confianza en su Señor, tanto que ella no está obligada a defenderse frente a las críticas. ¿Con qué frecuencia aceptamos con entusiasmo una oportunidad para justificarnos ante los ojos de los demás que nos critican y se burlan de nosotros, especialmente cuando a nuestra fe se refiere? Pero si nosotros, como María, hacemos que el sentarnos a los pies de Jesús y escucharle a Él sea nuestra prioridad, tendremos su profundo entendimiento, su pasión por Cristo, y su fe absoluta en Su plan para nuestras vidas. Puede que no tengamos a Jesús personalmente sentado en nuestra habitación, pero tenemos Su palabra, la Biblia, y a partir de aquí tenemos todo el conocimiento y la comprensión que necesitamos para vivir una vida de fe segura y confiada como la de María de Betania.

Lecciones

En el evento de la resurrección de Lázaro vemos que María ha pasado a ocupar el primer lugar al momento de la mención de su familia (Jn 11:1-2), después de que el Señor dijera que ella había escogido “la buena parte” (Lc 10:42). Antes de este evento, Marta es mencionada primero en el relato bíblico (Lc 10:38, 40-41). Esto nos muestra cómo el Señor galardonó a María por sus buenas decisiones por encima de Marta, quien, como dijimos, parece haber sido la hermana mayor que tomaba las decisiones por todos en casa. Vemos lo mismo en el caso de Pablo, quien se identificó a sí mismo como “el último de todos” (1 Co 15:8), por haber sido el último de los apóstoles al que el Señor se le apareció. “Muchos primeros serán postreros, y los postreros, primeros” (Mt 20:16; Mr 10:31), había declarado el Señor. Lo fue en el caso de María, de Juan y de Pablo; y, con toda seguridad, lo sigue siendo en el caso de muchos discípulos del Señor en la actualidad. Si consideras que tus circunstancias personales te han dejado rezagado en comparación con otros que parecen estar “floreciendo” en sus ministerios, estudia la vida de María, Juan y Pablo, y aprende de las decisiones que ellos tomaron. 

El Señor no se deja impresionar por el “trabajo” en Su nombre. En Su tiempo los más fervorosos “obreros” en la viña del Señor parecían ser los fariseos, los mismos que conspiraron para matarlo por “envidia” (Mt 28:17), como claramente lo pudo ver hasta Pilato. También hoy en día la “obra” del Señor sigue estando en manos de los fariseos y saduceos que controlan los grandes centros de la palabra: ellos siguen a cargo de la obra “visible”. Pero la obra “invisible” la sigue realizando el Señor por medio de los “postreros” (Mt 20:16; Mr 10:31) que a su debido tiempo serán puestos en el lugar correspondiente por el “Señor de la mies” (Mt 9:38). 

Juan 15:1-11 es un pasaje clave para explicar lo que hizo María cuando se sentó a los pies del Señor (Lc 10: 41-42). Nueve veces aparece en este pasaje (Jn 15:1-11) el verbo “permanecer”, en diferentes conjugaciones. El Señor Jesús es “la vid verdadera” y nosotros somos los pámpanos. Todo pámpano que “permanece” en la Vid, llevará fruto. 

La palabra griega original que se traduce como “permanecer” (o “mantenerse”) en nuestras Biblias significa quedarse donde se está. ¿Dónde está el cristiano? El cristiano está en Cristo (Ef 2:13). ¿Dónde debe quedarse? Donde está. ¿Qué debe hacer? La Vid se lo indicará.

Un pámpano, que es un pequeño vástago de la vid, no decide por sí mismo qué hacer, ni cómo, ni cuándo hacerlo. Su única función es “permanecer”. Es esta permanencia en la vid la que le permitirá nutrirse con la savia de la misma y producir fruto de manera natural, orgánica. Eso fue lo que hizo María. Esa fue la sabia decisión que ella tomó. Eso es lo mismo que debemos hacer nosotros para agradar al Señor y llevar el fruto que Él quiera producir a través de nosotros. Esto es lo único que Él requiere de nosotros. Lo único que es necesario.

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Sunday, May 24, 2026

RESUMEN DEL EVANGELIO DE CRISTO




La palabra evangelio significa literalmente buenas noticias y aparece 93 veces en la Biblia, exclusivamente en el Nuevo Testamento. En griego, es la palabra euaggelion, de la cual obtenemos nuestras palabras evangelista, evangelio y evangélico. El evangelio es, en términos generales, toda la Escritura. Pero de manera más específica, el evangelio es la buena noticia acerca de Cristo como el camino de la salvación.

La clave para entender el evangelio es conocer por qué es una buena noticia. Para hacer eso, debemos comenzar con la mala noticia. La Ley del Antiguo Testamento fue dada a Israel durante el tiempo de Moisés (Dt 5:1). La Ley puede ser definida como una regla de medición, y el pecado es cualquier acción u omisión que no alcance la perfección según ese estándar. El requerimiento justo de la Ley es tan riguroso que ningún ser humano podría seguirlo a la perfección, ni en letra ni en espíritu. A pesar de la “bondad” o “maldad” relativa entre nosotros, todos estamos en el mismo barco espiritual: hemos pecado, y el castigo por el pecado es la muerte, es decir, la separación de Dios, la fuente de vida eterna (Ro 3:23). 

Para que podamos entrar al paraíso, el cielo, la morada eterna de Dios, el reino eterno de la vida y la luz, nuestro pecado debe ser de alguna manera eliminado. La Ley establece el hecho de que el perdón por el pecado solo puede ocurrir a través del sacrificio sangriento de una vida inocente (He 9:22). Como la paga por pecar es la muerte, el Señor ordenó que un sustituto muriera en nuestro lugar: un animal puro e inocente (un cordero, un macho cabrío, un becerro, etc). Esto es lo que nos enseñan los sacrificios de animales en la Ley de Moisés.

Pero el evangelio nos enseña que la muerte del Señor Jesús (el Cordero de Dios) en la cruz fue la ofrenda perfecta y definitiva por el pecado para cumplir el requerimiento justo de la Ley (Ro 8:3-4; He 10:5-10). Bajo la Ley, se ofrecían sacrificios de animales año tras año como un recordatorio del pecado y un símbolo del sacrificio venidero de Cristo (He 10:3-4). Cuando Cristo se ofreció a Sí mismo en el Calvario, ese símbolo se convirtió en una realidad para todos los que creemos (He 10:11-18). La obra de la expiación está terminada ahora, y esto es una buena noticia. [En la Biblia, la expiación es el acto de cubrir o eliminar el pecado, restaurando la relación entre el ser humano y Dios. Significa reparar la ofensa o pagar la culpa.]

El evangelio también implica la resurrección de Jesús al tercer día. 

“El cual fue entregado por nuestras transgresiones, y resucitado para nuestra justificación” (Ro 4:25). 

El hecho de que el Señor Jesús venció al pecado y a la muerte (la pena del pecado) es, de hecho, una buena noticia. El hecho de que Él ofrece compartir esa victoria con nosotros es la mejor noticia de todas (Jn 14:19). 

Los elementos del evangelio se declaran claramente en 1 Corintios 15:3-6, un pasaje clave acerca de las buenas noticias de Dios: 

“Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras; y que apareció a Cefas, y después a los doce. Después apareció a más de quinientos hermanos a la vez, de los cuales muchos viven aún, y otros ya duermen” (1 Co 15:3-6). 

Nótese, que Pablo recibió el evangelio y luego lo enseñó; este es un mensaje divino, no una invención humana. Segundo, el evangelio es de suma importancia. Dondequiera que los apóstoles iban, predicaban la crucifixión y resurrección de Cristo. Tercero, el mensaje del evangelio viene acompañado de pruebas: Cristo murió por nuestros pecados (demostrado por su sepultura), y resucitó al tercer día (demostrado por testigos oculares). Cuarto, todo esto fue hecho según las Escrituras; el tema de toda la Biblia es la salvación de la humanidad a través de Cristo (el protoevangelio). Toda la Biblia es el evangelio.

“Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego” (Ro 1:16). 

El evangelio es un mensaje audaz, y no nos avergonzamos de proclamarlo. Es un mensaje poderoso, porque es la buena noticia de Dios. Es un mensaje salvador, lo único que puede reformar verdaderamente el corazón humano. Es un mensaje universal, tanto para judíos como para gentiles. Y el evangelio se recibe por fe; la salvación es el don de Dios (Ef 2:8-9).

El evangelio es la buena noticia de que Dios ama tanto al mundo que dio a su Hijo unigénito para morir como sustituto por nuestro pecado (Jn 3:16). El evangelio es una buena noticia porque nuestra salvación y vida eterna y el hogar eterno están garantizados a través de Cristo (Jn 14:1-4). 

“Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos, para una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en los cielos para vosotros” (1 P 1:3-4).

El evangelio es una buena noticia cuando entendemos que no nos ganamos (y no podemos ganarnos) nuestra salvación: la obra de redención y justificación está completa, habiéndola terminado el Señor Jesús en la cruz (Jn 19:30). Él es la propiciación por nuestros pecados (1 Jn 2:2). [La propiciación es el acto por el cual el Señor Jesucristo, a través de su sacrificio en la cruz, satisface la justicia de Dios y aplaca su ira contra el pecador. Esto permite que Dios muestre misericordia, perdón y gracia a quienes tienen fe en Él.]

El evangelio es la buena noticia de que nosotros, que una vez fuimos enemigos de Dios, hemos sido reconciliados por la sangre de Cristo y adoptados en la familia de Dios (Ro 5:10; Jn 1:12). 

“Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios; por esto el mundo no nos conoce, porque no le conoció a él” (1 Jn 3:1). 

El evangelio es la buena noticia de que: 

“Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús” (Ro 8:1).

Rechazar el evangelio es aceptar la mala noticia. La condenación delante de Dios es el resultado de la falta de fe en el Hijo de Dios, la única provisión de Dios para la salvación. 

“Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él. El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios” (Jn 3:17-18). 

¡Dios ha dado buenas noticias a un mundo condenado: el Evangelio de Jesucristo!

Aunque hay muchos pasajes en la Biblia—tanto en el Nuevo Testamento como en el Antiguo—que contienen las buenas nuevas de salvación en Cristo Jesús, el creyente haría bien en estar familiarizado con algunos de los siguientes si quiere estar preparado para compartir el evangelio cuando se le presente la ocasión:

Génesis 3:15

Juan 1:12; 3:16-18, 36; 5:24; 6:28-29; 7:38-39; 8:24; 9:35-38; 11:25-26; 12:36-37; 20:31

Hechos 10:43; 11:16-18; 14:27; 15:9-11; 16:30-31

Romanos 1:15-17; 3:21-24; 4:4-6;10:8-13;11:6

1 Corintios 15:1-4

Efesios 2:8-10

Tito 3:4-8

Hebreos 4:15-16, 8:6 9:12;10:10

Apocalipsis 1:3; 3:20; 14:6-7; 22:17-18;

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