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Monday, October 12, 2026

EL SEÑORÍO DE CRISTO (LORDSHIP SALVATION)



La doctrina del señorío de Cristo enseña que el someterse a Cristo nuestro Señor, va de la mano con el confiar en Él como Salvador. El señorío de Cristo es lo opuesto de lo que se denomina creencia fácil, o la enseñanza de que la salvación viene simplemente a través de aceptar, confesar o reconocer un cierto conjunto de verdades acerca de Cristo.

La enseñanza del señorío de Cristo se puede resumir de esta manera: 

El llamado evangélico a la fe, supone que los pecadores deben arrepentirse de su pecado y someterse a la autoridad de Cristo. 

En otras palabras, un pecador que se niega a arrepentirse no es salvo, porque él no puede aferrarse a su pecado y al Salvador al mismo tiempo. Y un pecador que rechaza la autoridad de Cristo en su vida, no tiene la fe salvadora, ya que la fe verdadera incluye una entrega absoluta al Señor. 

El evangelio requiere algo más que hacer una decisión intelectual o pronunciar una oración; el mensaje del evangelio es un llamado al discipulado. Las ovejas siguen a su Pastor en obediencia. “Oír” (Jn 10:27) la voz del Pastor, es obedecer la Palabra del Pastor.

Los defensores del señorío de Cristo apuntan a las reiteradas advertencias que Jesús hace a los hipócritas religiosos de Su época, como prueba de que simplemente estar de acuerdo con las verdades bíblicas, no salva a una persona. Debe haber un cambio de corazón. Jesús hace hincapié en el elevado costo del discipulado: 

“Y el que no lleva su cruz y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo” (Lc 14:27). 

“Así, pues, cualquiera de vosotros que no renuncia a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo” (Lc 14:33). 

En el mismo pasaje, el Señor Jesús habla de contar el costo; en otro lugar, enfatiza una lealtad total: 

“Ninguno que poniendo su mano en el arado mira hacia atrás, es apto para el reino de Dios” (Lc 9:62).

En el Sermón del Monte, el Señor dice que la vida eterna es una puerta estrecha y un camino angosto, y que pocos son los que la hallan (Mt 7:14). 

La creencia fácil, que dice que sólo “creer” en Cristo hace salvo a alguien, busca ensanchar el camino para que cualquiera que haga una confesión de fe, puede entrar al reino eterno. Esto No es lo que el Señor Jesús enseña.

Jesús dice que 

“todo buen árbol da buenos frutos” (Mt 7:17). 

La creencia fácil (o sólo “creer” en Cristo) dice que un árbol aún puede ser bueno y no producir nada, excepto un fruto malo. Jesús dice que muchos de los que le dicen Señor, Señor no entrarán en el reino (Mt 7:21-23). En oposición a esto, la creencia fácil enseña que decir Señor, Señor es suficiente.

El señorío de Cristo nos enseña que una verdadera fe será respaldada por la evidencia de la fe: obras. 

Si una persona está realmente siguiendo al Señor, entonces él o ella obedecerá los mandamientos del Señor (Jn 15:14). Una persona que está viviendo intencionalmente en pecado y sin arrepentirse, obviamente no ha decidido seguir a Cristo, porque Cristo nos llama del pecado a la santidad. De hecho, la Biblia claramente enseña que la verdadera fe en Cristo resultará en una vida cambiada (2 Co 5:17; Gl 5:22-23; Stg 2:14-26).

El señorío de Cristo no es una doctrina de salvación basada en las obras. Los defensores del señorío de Cristo son cuidadosos en declarar que la salvación es solamente por gracia, que los creyentes son salvos incluso antes de que su fe produzca alguna buena obra, y que los cristianos pueden pecar y de hecho lo hacen. Sin embargo, la verdadera salvación conducirá inevitablemente a una vida cambiada. Los salvos estarán consagrados a su Salvador. Un verdadero cristiano no se sentirá cómodo viviendo en pecado que no ha confesado y no ha abandonado.

Aquí hay nueve enseñanzas que establecen el señorío de Cristo como la enseñanza correcta sobre el tema:

1. El arrepentimiento no es un mero sinónimo de la fe. La Biblia enseña que los pecadores deben ejercer su fe junto con el arrepentimiento (Hch 2:38; 17:30; 20:21; 2 P 3:9). El arrepentimiento es un apartarse del pecado (Hch 3:19; Lc 24:47), e incluso esto es un don de Dios (2 Ti 2:25). El genuino arrepentimiento, que surge cuando una persona se somete al señorío de Cristo, no puede resultar sino en un cambio de comportamiento (Lc 3:8; Hch 26:18-20).

2. Un cristiano es una nueva creación. La fe misma es un don de Dios (Ef 2:1-5, 8), y la verdadera fe permanece para siempre (Fil 1:6). La salvación es solo la obra de Dios, no del hombre. Aquellos que creen en Cristo como Señor, son salvos aparte de cualquier esfuerzo inicial que hagan por su propia cuenta (Tit 3:5).

3. El objeto de la fe es Cristo mismo, no es una promesa, una oración o un credo (Jn 3:16). La fe debe implicar un compromiso de lealtad personal con Cristo (2 Co 5:15). Es mucho más que estar convencidos de la verdad del evangelio; es un renunciar a este mundo y seguir al Maestro. El Señor Jesús dice: 

“Mis ovejas oyen mi voz [me obedecen], y yo las conozco, y me siguen” (Jn 10:27).

4. La fe verdadera siempre produce un cambio de vida (2 Co 5:17). La persona en su interior es transformada por el Espíritu Santo (Gls 2:20), y el cristiano tiene una nueva naturaleza (Ro 6:6). Aquellos con una fe genuina, los que están sometidos al señorío de Cristo, siguen al Señor Jesús (Jn 10:27), aman a sus hermanos (1 Jn 3:14), obedecen los mandamientos de Dios (1 Jn 2:3; Jn 15:14), hacen la voluntad de Dios (Mt 12:50), permanecen en la Palabra de Dios (Jn 8:31), guardan la Palabra de Dios (Jn 17:6), hacen buenas obras (Ef 2:10), y continúan en la fe (Col 1:21-23; He 3:14). La salvación no es añadir a Jesús al panteón de los ídolos personales; es una total destrucción de los ídolos con el reinado del Señor Jesús en el centro del corazón.

5. Dios por medio de Su divino poder nos ha dado todo lo que necesitamos para una vida piadosa (2 P 1:3; Ro 8:32). La salvación no es simplemente un boleto para ir al cielo. Es el medio por el cual somos santificados (prácticamente) en esta vida y por medio de la cual vamos creciendo en gracia.

6. La Biblia enseña que Jesús es el Señor de todos. Cristo exige entrega incondicional a Su voluntad (Ro 6:17-18;10:9-10). Aquellos que viven en rebeldía a la voluntad de Dios, no tienen la vida eterna, porque Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes (Stg 4:6).

7. Aquellos que verdaderamente creen en Cristo, lo amarán (1 P 1:8-9; Ro 8:28-30; 1 Co 16:22). Aquellos a quienes amamos, anhelamos amar aun mas (Jn 14:15,23).

8. La Biblia enseña que el comportamiento es una prueba importante de la fe. La obediencia es la evidencia de que nuestra fe es genuina (1 Jn 2:3). Si una persona sigue negándose a obedecer a Cristo, está evidenciando que su fe es sólo de nombre (1 Jn 2:4). Una persona puede afirmar que Jesús es su Salvador y fingir obedecer por un tiempo, pero si no hay un cambio de corazón, su verdadera naturaleza acabará manifestándose. 

9. Los creyentes genuinos pueden tropezar y caer, pero se levantan y perseveran en la fe (1 Co 1:8). Este fue el caso de Pedro. Para empezar, un “creyente” que se aleja completamente del Señor, demuestra claramente que ha apostatado de la fe (Mt 26:24; 2 P 2:20-22), o que nunca fue salvo (1 Jn 2:19).

Una persona que ha sido liberada de su pecado por medio de la fe en Cristo, no deseará permanecer viviendo una vida de pecado (Ro 6:2). Por supuesto, el crecimiento espiritual puede ocurrir rápida o lentamente, dependiendo de la persona y de sus circunstancias. Y los cambios pueden no ser evidentes para todos al principio. En última instancia, Dios conoce quiénes son Sus ovejas, y Él nos madurará de acuerdo a Su tiempo perfecto. Pero el obedecer Su palabra, será la evidencia de que la fe es genuina.

¿Es posible ser cristiano y vivir en la carne toda la vida, disfrutando los placeres del pecado, y nunca buscar glorificar al Señor quién lo compró? ¿Puede un pecador despreciar el señorío de Cristo y aun así decir que Él es su Salvador? ¿Puede alguien decir la “oración del pecador” y seguir con su vida como si nada hubiera ocurrido y continuar llamándose “cristiano”? 

El señorío de Cristo dice: No. 

No demos una falsa esperanza a los pecadores que no se arrepienten; más bien, declaremos todo el consejo de Dios: “Os es necesario nacer de nuevo” (Jn 3:7) y hacer frutos dignos de arrepentimiento (Mt 3:6), porque hasta los demonios “creen” (Stg 2:19) y no por eso son salvos.

Un árbol es conocido por su fruto (Mt 7:16-17; 7:19-20;12:33).

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