“Engañosa es la gracia, y vana la hermosura; La mujer que teme a Jehová, esa será alabada” (Pr 31:30).
Se pueden elegir tres clases diferentes de mujeres para el matrimonio. Dos de ellas dan resultados horribles, sólo es una buena elección. Joven, garantízate un gran matrimonio. Cásate con una mujer que tema al Señor. La “gracia” miente, y la “hermosura” vale y dura poco. El consejo de este proverbio es de gran valor. Considéralo. Entiéndelo. Recuérdalo. Aplícalo.
Este es claramente uno de los proverbios más preciados. En solo diecisiete palabras, el Dios de la sabiduría te advierte e instruye para que tomes sabiamente una de las decisiones más importantes de la vida. Los sabios se inclinarán y temblarán ante esta sola oración y sabrán que Dios escribió la Biblia. Hay más sabiduría aquí que en todos los manuales de matrimonio combinados.
La atracción y el matrimonio generalmente ocurren por dos razones equivocadas. Los hombres aman a las mujeres por su “gracia” o por su “hermosura”. Los matrimonios arreglados y los matrimonios políticos son excepciones. El hombre a menudo elige a su mujer por alguna de estas dos razones: “gracia” o “hermosura”. El hombre aprecia que una mujer este dispuesta a agradarlo en todo (“gracia”), y/o anhela que ella tenga un cuerpo y un rostro bonitos (“hermosura”).
La “gracia”, en este proverbio, es la manera en que una mujer trata a un hombre para obtenerlo. La “gracia” aquí es, hacer lo que el hombre quiere, es tratarlo amablemente, con afecto, sumisión y complaciendo todos sus deseos. Las mujeres le bailan el agua a su víctimas; son expertas en estar disponibles, ser agradables, amistosas, cariñosas, generosas con sus favores, y hasta sumisas, cuando quieren serlo. La “gracia” aquí a menudo incluye que la joven sacrifique su virginidad a su pretendiente antes del matrimonio para complacerlo. La “gracia” es cómo una mujer está dispuesta a seducir a un hombre. La “gracia” es hacer lo que él quiere para ganarlo.
La “gracia”, dice el proverbio, es engañosa. Es una mentira. Cualquiera puede tratar bien a otra persona durante un tiempo para obtener algo de ella. Esta mujer no tratará a su marido de la misma manera una vez que está casada con él, porque la necesidad de seducirlo a cambio de obtener lo que ella quiere ha desaparecido. Ya tiene un marido, y ahora mostrará su verdadero carácter. El descubrimiento de la engañosa “gracia” es un impacto para el hombre: no puede creer que lo que se le ofreció era una mentira. Ella ahora no es tan amable ni tan amorosa ni tan complaciente como lo era cuando lo estaba seduciendo.
El hombre que se casó con ella por sus favores mentirosos y su generosidad en la intimidad ahora debe mirar fijamente la verdad mientras ella le revela lo que fue todo el tiempo: una atormentadora quejumbrosa. Recuerda: una mujer odiosa solo se conoce después del matrimonio (Pr 30:23). Era increíble en las citas y los retozos, lo recuerdas claramente. Pero pensar en ello ahora es demasiado tarde. La trampa se ha cerrado sobre ti; las garras de hierro oxidado te han agarrado y han traspasado tu corazón; no te dejará ir. Te tiene hasta la muerte, o hasta que ella lo decida.
La “hermosura” es el atractivo físico de una mujer. El hombre desea una mujer atractiva porque Dios hizo a la mujer para ser un estímulo visual ambulante para el hombre. Dios diseñó cada parte de la mujer para atraer la vista del hombre, y una mujer “hermosa” tiene en abundancia y perfección todo lo que el hombre desea ver y tocar. En un instante, el rostro, los ojos, el cuerpo, el cabello, y hasta el aroma de una mujer pueden atrapar a un hombre. Está enamorado, cree. Su visión le dice que el cielo marital está debajo del velo y el vestido de novia.
Pero hasta la “hermosura” cansa; es vana y de muy corta duración. No hará un gran matrimonio, porque crea más problemas que paz. No indica carácter. Un cuerpo perfecto a menudo alberga un alma deforme. Solo lo sabrás demasiado tarde. Las mujeres hermosas suelen ser altivas, coquetas, egoístas, perezosas y derrochadoras. Sus maridos a menudo se vuelven celosos furibundos por todos los hombres que las tientan a la infidelidad. Además, están obligados a solventar la extravagancia de la vana criatura con la que se casaron, y se ven obligados a suplicar sus favores íntimos a un gran costo de sus cuentas bancarias.
La “hermosura” dura poco tiempo: desaparece con los hijos, la enfermedad, la edad, el sobrepeso, y con la falta de maquillaje efectivo que disimule el efecto decadente del pecado en la, una vez, deseada criatura. El hombre que zarpó con ella en el barco llamado “hermosura” hacia la isla paradisiaca del matrimonio eterno está ahora en una nave que hace agua. El jardín de flores que eligió para el disfrute de su vida pronto no es más que malas hierbas. ¿Qué mantendrá unido al matrimonio cuando la reina de belleza pese 100 kilos, tenga canas de dos pulgadas de largo y lunares del tamaño de una uva?
La mujer “hermosa” pero sin carácter espiritual, es como un zarcillo de oro en el hocico de un cerdo (Pr 11:22). La belleza de la minúscula joya no puede hacer bella a la puerca que lo lleva ni quitarle su mal olor (Pr 27:15-16). Recuerda, joven, cuando veas el brillo del zarcillo de oro en la nariz, no pases por alto al cerdo peludo que lo lleva puesto.
¡Pero la mujer que teme al Señor será alabada! Su marido y sus hijos la alabarán por la gran alegría, consuelo, paz, ayuda y placer que les brinda (Pr 31:28). La honrarán, porque ella llena sus vidas con las maravillosas bendiciones del servicio incansable, el cariño tierno, la atención desinteresada, el compañerismo devoto y la labor diligente. Lee atentamente el retrato detallado de esta reina marital descrito por la madre del rey Lemuel, y ve el carácter y la conducta que hacen de ella una mujer en extinción (Pr 31:10-31).
La vida de su marido está llena de alegría, porque su corazón puede confiar en ella con seguridad (Pr 31:11). Ella le hará bien y no mal todos los días de su vida (Pr 31:12). Él sabe que ella nunca lo traicionará; nunca tiene que rogarle o coaccionarla por nada; sabe que él y sus hijos siempre obtienen lo mejor de ella; está emocionado y orgulloso de ser visto con ella en público; sabe que tiene a la mujer más cariñosa y cálida del mundo; sabe que ella trabaja más duro que él; se regocija en su creatividad y frugalidad; él está generosamente recompensado por su capacidad empresarial y diligencia; su bondad es conocida por todos; la belleza y la calidez de su hogar brindan lo mejor en hospitalidad; y él además es la envidia de todos los demás hombres.
El temor del Señor es un deseo ferviente y reverente de agradar a Dios y odiar todo lo que a Él le desagrada (Pr 8:13; Ec 12:13). Es mucho más que asistir a la iglesia: la mayoría de los asistentes a los templos no temen a Dios en sus corazones. La mujer virtuosa cree en la Biblia absoluta y plenamente, y quiere obedecerla en todas las áreas de su vida (Sal 119:128). Dado que describe a la mujer virtuosa que es la esposa perfecta, ella tiene el motivo más elevado para mantener el estándar más alto jamás escrito para las esposas. Este criterio para elegir a una compañera de vida hace palidecer en comparación a todos los demás. ¡Presta atención, joven! Estas son palabras inspiradas por el cielo.
Considera cuidadosamente. Ella tiene la más alta motivación, pues sirve a su marido en todos los aspectos para ganarse la aprobación de su eterno Dios y Señor. Ella sigue la única guía perfecta para las esposas, escrita por el Creador del hombre, quien hizo a la mujer para el hombre. No hay que supere a casarse con una mujer que teme al Señor. Solo esta mujer tiene en su corazón al Espíritu Santo dando el maravilloso fruto del amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley (Gl 5:22-23).
Cuando las llamas de la atracción romántica se apagan, ¿qué motivo tienen la mayoría de las mujeres para sobresalir como esposa, amante y madre? Están perdidas sin la pasión interna que alguna vez las impulsó. Pero la mujer virtuosa busca diariamente agradar a su Señor, quien ha establecido claramente en las Escrituras cada rasgo piadoso que debe ella tener para agradarle a Él. Su amor por Dios y el amor de Él por ella nunca varían, por lo que la fluctuación del afecto conyugal no la afecta.
Cuando surgen dificultades conyugales, y su marido es necio, sólo una mujer que teme al Señor permanecerá sin cambios. Su desempeño continuo no depende del respeto o incluso del amor de su marido. Se basa entera y únicamente en su amor al Señor y en el temor del Él. Ella no cambiará solo porque su marido muestre su peor lado. Ella sabe que todavía hay un Dios en el cielo, quien espera que ella sea, espiritualmente hablando, una novia virgen y pura para Él en todo tiempo y bajo cualquier circunstancia. ¡Joven, por favor, te lo ruego, presta atención!
El hombre sabio requerirá sólo el temor del Señor en la candidata que considere para el matrimonio. Comprobará el amor por Dios que ella dice tener, su devoción a Cristo, su estima por las Escrituras y su disposición a recibir la enseñanza que le atañe como mujer virtuosa. Medirá cómo acepta ella la corrección, cómo responde a la instrucción, y cómo realiza cambios personales para complacer a su Señor. Buscará en ella esa extrema devoción al Señor que se convertirá en su mayor activo, cuando ella lo ame y sirva a él, su marido, a pesar de los problemas en el hogar o en la economía. Controlará su vida de oración, no su bronceado; su espiritualidad, no su cintura; su memorización de Proverbios 31 (Pr 31:10-31), no sus canas.
El hombre sabio buscará a la mujer virtuosa de sus sueños en una iglesia, no en los bares; y no en cualquier iglesia, si no en una sencilla donde sólo se sientan cómodos verdaderos creyentes. Buscará una mujer comprometida en una iglesia que enfatice la sana doctrina y la vida santa. La probará con la Palabra de Dios, y esperará de ella la obediencia que caracteriza a la mujer de espíritu afable y apacible, que es de gran estima delante de Dios, como dice Pedro (1 P 3:1-6).
El hombre sabio no se acercará a ninguna mujer que enfatice su “gracia” o su “hermosura” para atraerlo, porque estas son las marcas distintivas de la mujer extraña, la ramera que quiere destruirlo (Pr 2:16-19; 5:3-23; 6:24-35; 7:5-27; 9:13-18; 23:27-28; 30:20), como Dalila destruyó a Sansón (Jue 16:4-31). Esfuerzo y energía para complacerte y para lucir bella son los rasgos de la mujer mundana. Exige el temor del Señor. Rechaza todas las imitaciones. Rechaza en ella la “gracia” y/o la “hermosura”. Te arruinarán la vida, te romperán el corazón. Su fin es amargo como el ajenjo (Pr 5:4). Desearás la muerte. Terminarás diciendo como Sansón: “Muera yo con los filisteos” (Jue 16:30)
Joven mujer cristiana, ¿quieres ser la mujer virtuosa, digna de alabanza? Humíllate ante tu Creador y practica todo en este libro de Proverbios escrito directamente para ti (Pr 11:16; 12:4; 19:14; 31:10-29). Evita todo lo escrito como advertencia (Pr 11:22; 19:13; 21:9,19; 25:24; 27:15-16). Odia el mundo y su mensaje popular de liberación para las mujeres, porque destruirán el mismo género que buscan salvar al tragarse las mentiras pervertidas de Satanás.
La sabiduría de este proverbio funciona en ambos sentidos. Los padres deben instruir a sus hijas a casarse con hombres que teman a Dios. Tal hombre tiene la motivación más elevada: agradar a Su Salvador, y tiene el manual perfecto para los maridos: la Palabra de Dios. Joven mujer cristiana, ni siquiera consideres a un hombre que no tenga el temor de Dios en su corazón, amor por el Señor Jesucristo y un celo santo por cada palabra de la Biblia. Un hombre temeroso de Dios cuidará de ti y de tus hijos como ningún otro. Considera sabiamente porque las iglesias están plagadas de impostores.
Cristiano, si tienes una mujer temerosa de Dios, alábala y recompénsala, en privado y en público (Pr 31:28-31). Da gracias al Dios misericordioso de los cielos por ella (Pr 18:22; 19:4; 31:10). Él te ha bendecido grandemente. ¡Tu Salvador te ha traído una mujer mucho mejor que Eva, que mató a su marido por una mentira! Él te salvó del infierno en esta vida al impedir que te casaras con una mujer por mera “gracia” o “hermosura”. Para que ambos sigan temiendo al Señor, haz de la oración diaria el hábito más importante de tu vida, instrúyete en la Palabra de verdad, y enséñasela a tu mujer en todo momento (Dt 6:4-9).
La gran ramera busca las almas de los hombres ofreciéndoles la “gracia” de fornicación espiritual y la “hermosura” de la doctrina del hombre (Ap 17:1-6). Sé sabio, cristiano, para ver el engaño de su tradición y la mentira de sus pretensiones. Ella no tiene nada más que apariencia de piedad, pero niega la eficacia de ella (2 Ti 3:5): forma, sin sustancia. Busca el carácter puro de Cristo en una iglesia sencilla, donde los santos piadosos tiemblen de gozoso temor ante el trono del Señor Jesús, y no ante los hombres.
Tu bendito Novio, el Señor Jesucristo, busca una novia que tema al Señor. Abandona tu “gracia” engañosa (Ap 2:2-4; 3:15-16), y abandona tus vanas ideas de “hermosura” (Ap 3:17-18). Inclínate ante Él en arrepentimiento contrito, y Él entrará a ti, y cenará contigo, y tú con Él (Ap 3:19-22).
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