“La sanguijuela tiene dos hijas que dicen: ¡Dame! ¡dame! Tres cosas hay que nunca se sacian; Aun la cuarta nunca dice: ¡Basta!” (Pr 30:15).
La sanguijuela, que puede absorber hasta once veces su propio peso en sangre, puede enseñarte sabiduría.
Es famosa por ser hematófaga, y utiliza una sustancia que su propio organismo produce (la hirudina) para evitar la coagulación mientras se alimenta de su víctima durante horas. Por eso el proverbio dice que nunca está satisfecha.
Muchos proverbios son dichos profundos, oscuros (Pr 1:6; Jn 16:25,29). Son para hacerte pensar, para que disfrutes interpretándolos correctamente y para hacerte sabio si recuerdas la lección. El profeta Agur usa esta creativa metáfora para enseñarte una lección importante. Dios creó a la sanguijuela, y Él puede aplicar perfectamente su rasgo más singular a tu vida.
¿Por qué es común llamar sanguijuela a la persona descontenta o codiciosa? ¡Porque así la llama Dios en la Biblia! Agur escribió estas palabras hace al menos 3,000 años, y la Biblia ha llevado esta lección a la mayoría de los idiomas y naciones. La oferta de sabiduría está disponible para todas las personas (Pr 1:20-21; 8:1-5; 9:1-6). ¿Le prestarás atención?
El proverbio menciona cuatro cosas en la vida que nunca dicen basta: la tumba, una matriz estéril, la tierra y el fuego (Pr 30:16).
La sanguijuela es una gran imagen para introducir el tema, ya que la pequeña criatura todavía se usa para describir a una persona insaciable.
¿Cuáles son las dos hijas de la sanguijuela? La codicia (Gn 3:6; Ex 20:17) y la avaricia (Col 3:5).
Aquí hay sabiduría de Dios. Si aprendes esta lección, puedes ser feliz y estar agradecido de hoy en adelante; puedes evitar las trampas publicitarias del mundo; puedes evitar muchos pecados; puedes elevarte por encima de los ricos y famosos del mundo; y puedes estar satisfecho con la vida, día y noche.
El contentamiento es un mandato (1 Ti 6:6; He 13:5). Es una elección confiar en que tienes lo que Dios quiere que tengas y estar agradecido por eso. Él te lo ordena porque te quiere feliz con Su plan para ti. Nadie puede quitarte el contentamiento una vez que lo eliges. No tiene nada que ver con las circunstancias, porque es una actitud, un estado mental.
Escucha la instrucción de Pablo a Timoteo:
“Gran ganancia es la piedad acompañada de contentamiento” (1 Ti 6:6).
¿Quieres “gran ganancia” en tu vida? Puedes obtenerla ahora mismo, en este mismo minuto. Elige estar contento con tu estatura, tus padres, tu trabajo, tu cónyuge, tu apariencia, tu país natal, tus hijos, lo que hay en tu refrigerador, en tu closet, etc.
El contentamiento es una actitud adquirida. Es un comportamiento no innato que desarrollas a lo largo de la vida, mediante la experiencia, el aprendizaje y el ejercicio de la voluntad. Lo eliges, y luego lo cultivas para convertirlo en un hábito que se haga parte de tu carácter. Pablo aprendió a contentarse incluso cuando tenía hambre (Fil 4:11-13). En lugar de desear tener una casa diferente, haz que la casa que tienes sea el hogar más feliz y agradable que puedas. En lugar de desear un cónyuge diferente, ama al que tienes.
La codicia es lo opuesto al contentamiento. Es desear tanto lo que no tienes, que tu corazón y mente se trastornan y te llevan a considerar el pecado para conseguir lo que deseas. Los pecados de la codicia y la avaricia nunca te dejarán ser feliz porque te harán considerar sólo lo que no tienes, lo que falta.
Un hombre que se permite fantasías con mujeres hermosas es un tonto masoquista, por lo que estará perpetuamente frustrado. Menospreciará a la mujer que Dios le dio, quien es más que suficiente para satisfacerlo, si tan solo decidiera amarla. Lo mismo se aplica a la inversa, porque las hijas de Eva tienen la misma tendencia pecaminosa.
Tu naturaleza adánica te hace codiciar todo lo que no tienes para que pierdas el placer de disfrutar lo que tienes. El niño rompe la envoltura de un regalo tras otro sin apreciar lo que ha recibido, solo quiere ver si el siguiente es mejor que el anterior. La publicidad se creó para inflamar este deseo destructivo, y la presión de grupo lo alimenta.
Tu carne tiene dos hijas insaciables (lujuriosas): la codicia y la avaricia, a las cuales debes hacer morir (Job 15:16; Ef 4:17-19; Col 3:5-7). Las riquezas no satisfarán a la persona que las desea, porque su deseo la llevará querer siempre más y más, hasta su destrucción (Ec 5:10; 1 Ti 6:7-10). Las mujeres no satisfarán al Salomón que las ansía, lo destruirán (Jue 16:16-17; 1 R 11:1-11; Ec 7:26-28). Los hijos no satisfarán a la mujer que los quiere, la destruirán (Gn 30:1; 35:16-18). Odia toda queja (que es murmuración contra Dios) en ti y en los demás, y aprende a contentarte con lo que tienes porque es lo que el Señor te ha dado.
El único apetito insaciable que debes tener es por la gloria de Dios y las bendiciones espirituales (Gn 32:26; Mt 5:6; Ro 9:1-3; 10:1; 1 Co 12:31). Si Dios mismo es tu deseo y porción en la vida, Él te librará de codicia y avaricia, y te dará en cambio un contentamiento y una satisfacción como no puedes ni imaginar que existan (Sal 73:25-26; Pr 3:13-18; Fil 3:8; He 11:24-26). La elección es tuya.
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