“Donde no hay visión, el pueblo perece; Mas el que guarda la ley es bienaventurado” (Pr 29:18—Traducción de la KJV).
El evangelista contratado por el ambicioso pastor le dice a la iglesia: “Para ser una iglesia grande, deben pensar en grande. Si quieren crecer, entonces necesitan pensar en crecimiento. Si desean triplicar su asistencia en dos años, deben construir un edificio más grande. Si pueden soñarlo, pueden creerlo. Si pueden creerlo, pueden lograrlo”.
Pasa a su próxima diapositiva en PowerPoint y declara: “Dios está de acuerdo. La Biblia dice: Donde no hay visión, el pueblo perece. ¡Deben tener visión, pueblo de Dios! La visión de triplicar el tamaño de su pequeña iglesia. Firmen sus tarjetas de compromiso hoy y ayuden a su pastor a obtener esa hipoteca multimillonaria. Necesitan una visión, para que la iglesia crezca”.
¿Quién no ha escuchado una predicación así? “Donde no hay visión, el pueblo perece”. Las palabras son bien conocidas, pero el verdadero significado es desconocido. Este es uno de los versículos más mancillados de Proverbios. Esto es fascinarse por el sonido de las palabras sin tener en cuenta el sentido de ellas. Que Dios te salve de tal uso ignorante y frívolo de Sus Escrituras.
Este proverbio a menudo se corrompe para seducir a las iglesias a dar grandes sumas de dinero para financiar grandiosos proyectos de construcción innecesarios. La “visión”, es un plan para hacer crecer a la iglesia en tamaño; y “perecer”, es seguir el mismo curso con un edificio propio pero pequeño.
¡Qué parodia de interpretación bíblica! Que el Señor te bendiga para que leas y entiendas el sentido de este proverbio, como lo hizo Israel cuando Nehemías, Esdras y los levitas le leyeron las Escrituras y le dieron el correcto significado de ellas (Neh 8:1-3; 8-9).
Una sencilla pero fiel paráfrasis del texto es esta:
Los que no entienden la palabra de Dios perecerán; mas los que la entienden correctamente y la aplican, prosperarán.
No hay nada aquí sobre planos de construcción para una ampliación del edificio de la iglesia.
La lección es sencilla pero poderosa. La palabra de Dios es una gran bendición, y obedecerla es la base de la verdadera felicidad. Pero donde no se predica la palabra de Dios, la gente morirá en la ignorancia y la ceguera por el desconocimiento de ella. Ruega a Dios que te salve de tal ceguera. Esta es la enseñanza del proverbio, y no debes permitir que nadie vuelva a corromper su sentido.
Sin la palabra de Dios, los hombres se extravían del camino del entendimiento y permanecen en la congregación de los muertos, para perecer allí bajo el engaño de Satanás (Pr 21:16; Hch 26:16-18; Ef 2:1-3). Considera la historia moderna y donde ha existido siempre el mayor grado de libertad humana, vida próspera y gente feliz: Allí donde se ha entendido y se ha practicado la palabra de Dios.
Cuando Pablo predicó en Listra y Atenas, explicó que Dios había dejado que los gentiles anduvieran en sus propios ignorantes caminos sin Su palabra durante muchas generaciones, pero ahora les estaba ordenando a los hombres que se arrepintieran de su ignorancia y se volvieran a Él (Hch 14:11-18; 17: 22-31). Sin las Escrituras, las personas se dejarán arrastrar como ramas en un río por las tendencias más viles que se practiquen en su entorno (Ef 4:17-19).
En el mundo de hoy, hay grandes sectores de la sociedad están ciegos (sin visión) a la importancia de la palabra de Dios. Por ejemplo, la Biblia está totalmente prohibida en las naciones musulmanas, hindúes y budistas. Incluso en el Israel actual, aunque la predicación del evangelio no está totalmente prohibida, existen restricciones legales estrictas sobre la evangelización a menores de 18 años, y continuamente se proponen proyectos de ley para limitarla aún más.
El Señor advierte que uno de Sus juicios es quitar Su palabra (visión) y dejar al pueblo ciego a las Escrituras:
“Mi pueblo fue destruido, porque le faltó conocimiento” (Os 4:6).
La mayor parte del mundo occidental está en ésta condición. Es el cumplimiento de los tiempos peligrosos de los postreros días profetizados por Pablo en su advertencia a Timoteo (2 Ti 3:1-5). A pesar de gozar de una explosión de la información con un aumento geométrico del conocimiento en todas las áreas, no hay capacidad para identificar ni entender la Verdad (2 Ti 3:6-7). La mayoría de sus cristianos e iglesias piensan, se ven y actúan como paganos religiosos.
Los falsos maestros están por todas partes, engañando y siendo engañados (2I Ti 3:8-13). La mayoría de los cristianos se resienten contra la sana doctrina y la verdad, y pagan a animadores que se hacen pasar por predicadores para que les rasquen los oídos y los entretengan con fábulas (2 Ti 4:3-4). La predicación real es despreciada como una actividad obsoleta, aburrida y negativa. Impera el entretenimiento. ¡No hay visión! El mundo está ciego al verdadero entendimiento de la palabra de Dios.
Las personas de hoy en día viven vidas disfuncionales y pervertidas mientras perecen en la locura y la ignorancia. Unos cuantos cristianos sinceros aquí y allá entienden la palabra de Dios, pero no pueden encontrar en ninguna parte con quien compartirla. La confusión y el error campean en todos y cada uno de los temas bíblicos esenciales. En la “cristiandad” de hoy, el énfasis está en el crecimiento, la prosperidad, la entretención y la música. ¡No hay visión!
¿Cuál es la cura? Predicar la palabra de Dios fiel y doctrinalmente. La Escritura es completamente suficiente para que todo ministro fiel esté perfectamente preparado para instruir a su audiencia en toda la sabiduría de Dios (2 Ti 3:14-4:2; Jer 3:15). Con la Biblia como manual, un hombre fiel de Dios puede destruir los errores y las vanas imaginaciones de cualquier oyente, porque la palabra de Dios es también como fuego, y como martillo que quebranta la piedra (Jer 23:29).
Honra la predicación fiel de Su palabra con una mente dispuesta y receptiva, y no desprecies la enseñanza bíblica (Hch 17:11; 1 Ts 5:20; Jer 6:16; Jud 1:4). Rechaza cualquier movimiento hacia la adoración contemporánea y restaura un énfasis piadoso en los mensajes atronadores de la palabra de Dios por parte de predicadores por Él designados. Repasa el gran gozo y la celebración nacional de Israel cuando escuchó y comprendió la predicación de las Escrituras (Neh 8:1-12).
Atesora la palabra del Señor como tu mayor posesión terrenal y deléitate en Sus enseñanzas (Jer 15:16; Job 23:12; Sal 19:10; 119:72,103,111). Promueve la Biblia como la autoridad absoluta y final en todos los temas, en desafío consciente a esta generación digital obsesionada con las fábulas y el placer. Asegúrate de tener una versión de la Biblia confiable, que honre a Dios.
Obedece humildemente y con sinceridad lo que lees y entiendes en la Biblia, no meramente cumpliendo externamente con un ritual o hábito religioso (Ez 33:30-33; Lc 8:18). Deja que otros vean tu verdadera convicción acerca de las Escrituras por tu obediencia a ellas.
Exhibe el fruto del Espíritu en tu vida (Gl 5:21-23), lo que hará que otros te pidan razón de tu esperanza (Ro 10:9-13; 1 P 3:15). Los que estaban bajo la influencia del Espíritu en Pentecostés no tuvieron por liviana la visión (Hch 2:42-47). Al obedecer la Biblia y tener una vida bendecida, harás mucho para promoverla entre los demás.
Hay una gran recompensa en tener y obedecer la palabra de Dios (Sal 19:11). Moisés le dijo a Israel que la preciosa revelación que habían recibido de Dios era su sabiduría y honor entre las naciones (Dt 4:5-10), su justicia y medio para la bendición divina (Dt 6:20-25), e incluso su propia vida (Dt 32:46-67). Edificar sobre esta base sólida te preparará bien para las tormentas de la vida que seguramente te sobrevendrán (Lc 6:46-49).
El Señor Jesús dice con respecto a Su predicación:
“Si sabéis estas cosas, bienaventurados seréis si las hiciereis” (Jn 13:17).
Incluso le dijo a una mujer que escuchar y guardar la palabra de Dios era una bendición mayor que ser Su propia madre (Lc 8:21; 11:28). Y Santiago añadió que la bendición es para los que oyen la palabra y la ponen en práctica (Stg 1:25). ¡Asegúrate de ser un hacedor de la palabra del Señor!
Las Sagradas Escrituras y la fiel predicación de ellas proporcionan más valor a un pueblo que cualquier otra bendición. Porque obedecer la palabra de Dios salva del pecado y la muerte espiritual, y conduce a la mayor paz, prosperidad y placer posibles en este mundo, pues contiene toda la instrucción espiritual para prepararte para el venidero. Enseña a los hombres cómo caminar con Dios en la confianza de la vida eterna y la comunión personal con Él.
El Señor Jesucristo resucitó de entre los muertos y ascendió a la diestra de Dios. Allí recibió grandes dones por Su victoria sobre el pecado y la muerte, y Él a su vez ha dado estos dones de capacidad y autoridad ministerial para predicar las Escrituras a Su pueblo. Regocíjate y alégrate de haber visto los hermosos pies de los que anuncian la paz con Dios, de los que anuncian las buenas nuevas (Job 33:23-24; Ro 10:9-13,15).
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