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Monday, March 23, 2026

DE LA ABUNDANCIA DEL CORAZÓN HABLA LA BOCA




“¿Has visto hombre ligero en sus palabras? Más esperanza hay del necio que de él” (Pr 29:20).

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¡No te apresures a hablar! Piensa antes de decir algo. Asegúrate de saber de lo que estás hablando antes de quedar mal. Una persona que habla mucho, rápido, que habla seguido y que responde apresuradamente es peor que un necio. Un necio se meterá en problemas por su ignorancia, pero un hombre que responde o habla antes de pensar bien está más allá de toda esperanza, según el proverbio. Es peor que un necio.

La sabiduría de Dios es sencilla: 

“Por esto, mis amados hermanos, todo hombre sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para airarse” (Stg 1:19). 

La sabiduría de Dios es sencilla, por eso los orgullosos, que son necios, la desprecian. 

Tienes dos oídos y una boca: aprende la lección que Dios te da por medio de la anatomía, y deja que esta proporción física moldee tu manera de ser. Muchos abren la boca antes de que sus mentes estén en marcha, y son un peligro para ellos mismos y un hedor para los demás.

El justo reflexiona antes de responder; los hombres perdidos derraman tonterías verbales sin meditar (Pr 15:28). El hombre justo habla con cautela, porque quiere asegurarse de sólo hablar palabras de verdad (Pr 22:20-21). Al necio arrogante le gusta oírse hablar a sí mismo, por lo que está muy ocupado hablando siempre que puede, sin importarle la verdad (Ec 10:12-13).

¿Alguna vez has conocido a una persona que responde antes de que la pregunta esté completamente formulada? ¿Alguna vez has hecho eso? Es necedad y vergüenza responder a una pregunta que aún no has escuchado del todo (Pr 18:13). ¿Qué hace que un hombre responda con tanta premura? ¡Arrogancia, presunción, y falta de autocontrol! Está tan seguro de sí mismo que habla sin pensar; hay más esperanza para el necio que para él (Pr 26:12).

Los parlanchines son estúpidos, pero los que responden apresurada e impulsivamente son orgullosos e incontinentes verbales. Hay alguna esperanza de ayudar a un necio a superar su estupidez y terquedad, pero hay muy poca esperanza de ayudar a un hombre orgulloso a ver sus deficiencias de carácter y conducta para cambiarlas. Su confianza farisaica, el mayor de los pecados, no le permitirá ser corregido. No buscará multitud de consejeros para obtener sabiduría, porque supone que ya tiene la razón (Pr 11:14; 15:22).

Los necios dicen todo lo que tienen en mente sin ninguna necesidad ni petición, pero el sabio escuchará atentamente para ver si debe decir lo que sabe o no (Pr 29:11). Esto es sabiduría. Nadie quiere saber tu opinión sino te la preguntan; nadie quiere conocer tus pensamientos si no te piden que los compartas. Y si lo hacen, quieren que te limites al tema y nada más.

En una ocasión le fue traído al Señor un endemoniado, ciego y mudo; y Él lo sanó, de tal manera que el ciego y mudo veía y hablaba. Toda la gente estaba atónita, y se preguntaba si Él sería el Hijo de David que anunciaban los profetas. Pero los fariseos, al oír esto, dijeron que el Señor echaba fuera los demonios por el poder de Beelzebú, príncipe de los demonios. Sabiendo el Señor los pensamientos de ellos, les habló de la imposibilidad de que Satanás eche fuera a Satanás, de ellos mismos (los fariseos) exorcizando, de cómo puede alguno entrar en la casa del hombre fuerte y saquear sus bienes si primero no le ata, y culminó Su discurso advirtiéndoles contra la blasfemia contra el Espíritu Santo. En este contexto fue que el Señor Jesús remata a los fariseos con estas palabras:   

¡Generación de víboras! ¿Cómo podéis hablar lo bueno, siendo malos? Porque de la abundancia del corazón habla la boca. El hombre bueno, del buen tesoro del corazón saca buenas cosas; y el hombre malo, del mal tesoro saca malas cosas. Mas yo os digo que de toda palabra ociosa que hablen los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio. Porque por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado (Mt 12: 34-37).

Los fariseos que neciamente disputaron con el Señor trajeron sobre sí mismos el juicio de Dios por sus apresuradas e irreflexivas palabras. ¿Cuántos han traído el juicio de Dios sobre ellos por hablar ligeramente sobre cosas santas de las que nada conocen? (Ec 5:1-7) Esto también puede ocurrir por escrito, así que ten cuidado antes de responder alocadamente un correo electrónico o un mensaje de texto (Pr 14:29; 21:5).

Si quieres agradar a Dios y a los hombres buenos con tu vida, entonces habla menos y mejor. Ten cuidado de cada palabra que pronuncies, porque muchas palabras a menudo llevan al pecado (Pr 10:19). Que tu palabra sea siempre con gracia y sazonada sólo un poco con crítica o reprensión (Col 4:6). Si amas la pureza de corazón, tus palabras serán amables y tendrás la amistad del Rey (Pr 22:11). Este resultado es totalmente opuesto a la destrucción sin esperanza del necio que se apresura a hablar sin reflexionar.

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