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Thursday, March 12, 2026

DIOS LOS CRÍA, Y EL DIABLO LOS JUNTA

 



“Si un gobernante atiende la palabra mentirosa, Todos sus servidores serán impíos” (Pr 29:12).

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Los líderes promueven el bien o el mal con su ejemplo. La autoridad conlleva responsabilidad, porque el pecado de uno en el poder llevará a muchos más a pecar también debido a la influencia que él tiene sobre ellos. Cual el líder, tal el pueblo. Así como una bandada de grullas sigue a la que primero emprende el vuelo, así las personas imitan al que los gobierna.

Cuando un gobernante acepta o permite mentiras o algún otro tipo de corrupción en su gabinete, todo su gobierno, y luego toda la nación, lo seguirán. El que pecó una vez, ahora es culpable de muchos pecados, y de muchos pecadores. Poco importa lo que se diga oficial o extraoficialmentelas personas siguen el ejemplo.

Salomón le enseña a su hijo sobre ciencias políticas aquí. Para proporcionar un gobierno piadoso en el futuro, le advierte sobre el poder de la influencia sobre los demás. Dos factores multiplican los pecados de un gobernante, el escándalo y el ejemplo.

La mentira es el pecado escogido para este proverbio, aunque la regla se aplica a cualquier corrupción permitida por aquél en autoridad. Los líderes deben ser “varones de virtud” (Ex 18:21; Pr 29:4ver comentario). Si no exigen honestidad y verdad en sus tratos, la deshonestidad y la mentira se extenderán por doquier. 

Los gobernantes extienden la maldad por delegación. Eligen y asignan a hombres en su gobierno que tienen una moral y agenda similares a las suyas, lo que influye en gran medida en el carácter de esa administración y, por lo tanto, de la nación. Un gobernante mentiroso no tendrá escrúpulos en seleccionar hombres mentirosos como subalternos.

Los líderes deben saber que su autoridad requiere un gran cuidado en la precisión y la veracidad de sus dichos. Pero cuando un gobernante acepta la deshonestidad, invita a hombres inescrupulosos y con ambiciones corruptas a presentarse ante él. Alienta a hombres con agendas retorcidas y perversas a promover sus programas mediante el engaño y el fraude.

Los gobernantes diseminan la maldad por imitación. Así como los niños aprenden observando a sus padres o hermanos mayores, los subordinados aprenden la importancia de la honestidad con el ejemplo de su líder. Si este acepta o dice mentiras, seguirán su ejemplo. Sobre esta base, el rey Asuero de Persia se divorció de la reina Vasti para preservar el orden marital en su imperio (Est 1:10-20).

Los gobernantes extienden la maldad por la aceptación de halagos. Si un gobernante permite a lambiscones en su gabinete, aquellos que busquen su favor se sentirán libres de decir cualquier cosa para impresionarlo o acariciarle el ego. El deseo de agradar a un gobernante corrompe tanto al emisor como al receptor de las lisonjas. Como el rey Acab era un mentiroso, sus profetas le mintieron descaradamente para complacerlo (1 R 22:2-12). Doeg se ganó el favor de Saúl también con halagos.

Los gobernantes extienden la maldad por asociación. Dios los cría y el diablo los junta. Una vez que el líder corrupto tolera la mentira, los mentirosos se congregarán alrededor de él como los buitres alrededor de un cadáver, para alimentarse de él. Los “varones de virtud” odian a los mentirosos, y los mentirosos odian a los “varones de virtud”, por lo que la separación se produce rápidamente en este caso.

Los gobernantes extienden la maldad por eliminación. Cuando el líder acepta y usa mentiras para promover su agenda, tal movimiento hacia la maldad hace que los “varones de virtud” se retraigan, se escondan o dejen sus cargos (Pr 28:12,28; 29:2). Así, sin necesidad de un ataque frontal, los hombres honestos son apartados de los puestos de influencia. La oscuridad de Daniel durante el reinado de Belsasar se debió al proceder pecaminoso de dicho rey (Dn 5:10-16).

Todos los funcionarios en altos cargos de autoridad deben ser “varones de virtud” que escudriñen diligentemente todos los asuntos (Ex 18:21; Pr 25:2). Nunca deben tolerar la mentira (Pr 12:22). David era tal rey, que no permitió que se le acercaran hombres deshonestos (Sal 101:3-8). Un amalecita insensato le mintió a David diciéndole que había encontrado al rey Saúl herido y lo había matado. Dijo esa mentira con la esperanza de congraciarse con David y obtener una posición o recompensa. ¿Qué hizo David? Lo mandó matar por haber tocado al ungido del Señor (2 S 1:1-16). Es este cuidado escrupuloso por la justicia y la verdad lo que preserva a los gobernantes (Pr 16:12; 20:28).

Esta regla de la sabiduría política también es cierta a la inversa. Un líder con malos consejeros corromperá su propia integridad y su administración (Pr 25:4-5; 1 Co 15:33). Debido a las limitaciones humanas, quienes están en autoridad necesitan que las personas que los rodean los protejan de los intentos de engañarlos. Sobre esta base, Salomón, al comienzo de su reinado, mandó a matar al sacerdote Abiatar, a Joab, a Simei y a Adonías.

Esta lección también es para los padres. Cualquier transigencia tuya en tu hogar, se extenderá. Los grandes hipócritas engendran pequeños hipócritas. Si honras o proteges a un hijo que peca, promoverás el pecado en toda tu casa. Los hijos aprenden más por imitación que por educación. Cual la madre, tal la hija (Ez 16:44) era un refrán conocido en Israel. Madres, tengan cuidado.

Para salvar a las iglesias de Dios con esta sabia regla sobre la influencia corruptora, Pablo le encargó a Timoteo que cuidara su vida personal, no fuera que al no hacerlo corrompiera a los que estaban bajo su influencia (2 Ti 4:16). Y cuando ordenara a sobreveedores sobre la grey, Timoteo debía tener mucho cuidado en solo ordenar a “varones de virtud” (Ex 18:21;1 Ti 3:1-13;1 Ti 5:22).

El Señor Jesucristo también es llamado el Testigo fiel y verdadero (Ap 3:14; 19:11). Es un Gobernante que odia a los mentirosos y las mentiras. Arrojará a todo los mentirosos al lago de fuego (Ap 21:8,27). Porque ama la justicia, Dios exaltó el cetro y el trono de Su reino para siempre (Sal 45:6-7; He 1:8-9). Pon toda tu confianza en Él para la salvación de tu alma. La hora se acerca cuando Él destruirá a todos los mentirosos que hoy gobiernan en el mundo (Ec 5:8; Ap 2:26-27).

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