Thursday, February 5, 2026

EL QUE PIENSA ESTAR FIRME, MIRE QUE NO CAIGA



El apóstol Pablo enfatiza el valor de aprender del pasado. En 1 Corintios 10, destacó acontecimientos de la historia de Israel para proporcionar ejemplos de realidades espirituales y advertir contra el pecado. Pablo quería que sus lectores aprendieran, tal como Israel había descubierto, que el orgullo espiritual es un poderoso engañador y que la confianza en uno mismo es un solapado destructor: 

“Así que, el que piensa estar firme, mire que no caiga” (1 Co 10:12).

¡Qué diferente es está advertencia inspirada del popular y falso mantra protestante: Una vez salvo siempre salvo!

¡Así de diferente es la verdad de las Escrituras Sagradas de la tradición de los hombres!

“Así que”, significa ten cuidado. Es una expresión en griego que significa “vigila cuidadosamente; se cauteloso; está alerta; está atento”. 

La palabra “firme” se refiere a “mantener tu posición; permanecer incomovible en tu postura”. 

Pablo transmite la idea de una persona que cree que se mantiene firme en la fe, pero que en realidad está siendo demasiado confiada sin base alguna; se engaña a sí misma. 

Pedro alardeó de su dedicación a Cristo, desafiando incluso a la muerte. Dijo: 

“ Señor, dispuesto estoy a ir contigo no solo a la cárcel, sino también a la muerte” (Lc 22:33). 

La respuesta del Señor fue: 

“Pedro, te digo que el gallo no cantará hoy antes que tú niegues tres veces que me conoces” (Lc 22: 34). 

En otras palabras: Ten cuidado, Pedro, no sea que caigas

Unos minutos más tarde, el Señor Jesús les dice a Pedro, Santiago y Juan: 

“Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil” (Mt 26:41).

En otras palabras: Tengan cuidado, y oren, no sea que caigan

Está una advertencia para aquellos en la iglesia que están convencidos de su propia justicia y la seguridad incondicional de su salvación. Estas personas deben tener cuidado, ya que pueden estar a punto de caer, al igual que los israelitas que pecaron en el desierto. Dios estaba descontento con el pueblo hebreo por su exceso de confianza, su falta de dependencia de Él y los malos deseos de sus corazones. Por lo tanto, sus cuerpos “quedaron postrados en el desierto” (1 Co 10:5-10).

El autor de Hebreos dio una advertencia similar:

“Mirad, hermanos, que no haya en ninguno de vosotros corazón malo de incredulidad para apartarse del Dios vivo; 13 antes exhortaos los unos a los otros cada día, entre tanto que se dice: Hoy; para que ninguno de vosotros se endurezca por el engaño del pecado” (He 3:12-13).

Estas Escrituras además de entenderse como textos que prueban la idea de que la seguridad de nuestra salvación es condicional, también hablan de aquellos que podrían pensar que son salvos, pero que en realidad podrían no serlo. El Señor Jesús mismo advierte: 

“No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad”  (Mt 7:21-23).

Pablo también nos advierte que, al igual que los israelitas enfrentaron pruebas en el desierto, los creyentes del Nuevo Testamento también enfrentaremos dificultades y pruebas en este mundo: 

“No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar”  (1 Co 10:13).

A veces sentimos que nuestras luchas individuales son únicas o que nadie más puede comprenderlas, pero las Escrituras dicen que nuestras pruebas son “comunes a todas las personas” (1 Co 10:13). 

Podemos confiar en que el Señor nos proporcionará una vía de escape o la fortaleza para soportar la prueba. Él sabe lo que podemos y no podemos soportar.

A menudo, la “salida” consiste simplemente en resistir la prueba mientras Dios obra para fortalecer y madurar nuestra fe: 

“Tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia. Mas tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna” (Stg 1:2-4).

Una diferencia entre los creyentes verdaderos y los falsos es que Dios guarda a los Suyos para que no se aparten. Él los llevará con gran gozo a Su gloriosa presencia eterna (Jud 1:24). El Señor Jesús es la vid verdadera en la que debemos permanecer (Jn 15:1-17). Gracias a Su muerte en la cruz y a Su resurrección, nuestra posición es segura (1 P 1:3-12), si perseveramos hasta el fin, “porque  el que persevere hasta el fin, este será salvo” (Mt 10:22;24:13; Mr 13:13). Solo permaneciendo en el Señor Jesucristo podremos estar firmes (Ro 4:25; 5:1-2). 

Cuenta cuántas veces menciona el Señor el verbo permanecer en este conocido pasaje, y presta atención a las oraciones con el si condicional:

Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador. Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto. Ya vosotros estáis limpios por la palabra que os he hablado. Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, este lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer. El que en mí no permanece, será echado fuera como pámpano, y se secará; y los recogen, y los echan en el fuego, y arden. Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho. En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos. Como el Padre me ha amado, así también yo os he amado; permaneced en mi amor. Si guardareis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor” (Jn 15:1-10).

Al igual que los corintios, podemos aprender del pasado. La advertencia de Pablo nos exhorta a los creyentes de todas las generaciones a evitar caer en la confianza excesiva de nuestros méritos espirituales. La única manera de permanecer firmes en la fe después es nacer de nuevo del Espíritu de Dios (Jn 3:1-8), es mantenernos en cercana y diaria relación con nuestro Salvador, y depender completamente de Su gracia salvadora para no caer (Ro 6:23; Ef 2:8-9).

“Así que, el que piensa estar firme, mire que no caiga” (1 Co 10:12).

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