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Thursday, April 16, 2026

LOS CUERVOS DE LA CAÑADA LO SAQUEN, Y LO DEVOREN LOS HIJOS DEL ÁGUILA

 


“El ojo que escarnece a su padre y menosprecia la enseñanza de la madre, los cuervos de la cañada lo saquen, y lo devoren los hijos del águila” (Pr 30:17).

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Agur usa el “ojo” como sinécdoque para toda la persona y sus expresiones faciales. Ningún globo ocular muestra desdén por la autoridad sin que el corazón se lo indique. Si los ojos son las ventanas del alma, es mejor que no muestres con ellos irreverencia hacia ninguno de tus padres porque estás revelando tu corazón.

“Escarnecer”, es faltar el respeto por medio del ridículo o el desprecio. Ahora es común, y la mayoría rechazó hace años cualquier idea de castigar las malas actitudes de los niños. Y todos sufren las consecuencias a manos de esta generación arrogante y rebelde. 

No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará (Gl 6:7).

Dios presenta al mocoso rebelde de este proverbio como cebo para aves rapaces, con los picos ganchudos y las garras filudas de estas aves arrancándoles los ojos y comiéndoselos. Aunque es políticamente incorrecto en esta sociedad de mimos y arrullos hacia los hijos, la imagen muestra gráficamente la opinión que Dios tiene acerca de los hijos irrespetuosos. Tales necios morirán bajo el duro juicio de un Dios santo, quien defiende Su oficio delegado en la persona de los padres.

Ambos padres están incluidos. La madre debe ser estimada y reverenciada de manera comparable al padre, y un marido sabio exigirá e impondrá tal respeto a su mujer. Se necesitan dos para concebir a un hijo, y son los dos padres los que aportan todo para que su hijo alcance la madurez, si es que al carácter de un treintañero de hoy se le puede llamar madurez.

El santo Dios del cielo decretó la pena capital por hablar a la ligera de los padres (Ex 21:17; Lv 20:9). ¿Estás de acuerdo con Dios al respecto? ¿O crees que preceptos tan duros de la Ley de Moisés son obsoletos, extremos y sin valor? Moisés escribió: 

“Maldito el que deshonrare a su padre o a su madre. Y dirá todo el pueblo: Amén” (Dt 27:16).

Este pasaje bíblico sería una gran lectura para una conferencia de jóvenes. O mejor aún, debería musicalizarse para ser cantado como una ronda infantil. Los “psicólogos cristianos” deberían ponerlo junto con el proverbio anterior al principio y al final de su afeminado programa de radio “Enfoque a la Familia”. ¡Le daría un tono real y útil para la formación de una familia piadosa!

Los verdaderos creyentes estarán de acuerdo con el Señor en este tema. Él decretó la pena de muerte para los hijos rebeldes (Dt 21:18-21). Los hogares serían felices y la crianza fácil, si los niños profanos fueran ejecutados en público para que todos sus compañeros lo vieran y temieran. Dios también decretó la pena de muerte del hijo por maldecir a sus padres (Ex 21:17; Lv 20:9) y por golpearlos (Ex 21:15).

Por supuesto, Dios le dio estos mandamientos a Israel hace 3,500 años, cuando la iglesia y el gobierno civil conformaban una teocracia. Los padres que viven en la sociedad actual no pueden ni deben tomar la Ley de Moisés en sus propias manos; pero pueden aprender acerca del odio de Dios por la falta de respeto hacia los padres y hacer lo que puedan para educar en su hogar hijos piadosos, obedientes y respetuosos.

Cuando Absalón se atrevió a alzarse contra su padre David, el Señor lo colgó del cabello entre las ramas de un árbol para que Joab y sus amigos practicaran el tiro al blanco con él (2 S 18:9-18). Cuando unos  muchachos se burlaron de Eliseo por ser calvo, él los maldijo en el nombre de Jehová, y dos osos despedazaron a cuarenta y dos de los insolentes muchachos por haberse burlado del profeta del Señor (2 R 2:23-24).

Vives en los tiempos peligrosos de los postreros días, los tiempos de una generación entregada al amor propio, la rebeldía y la obsesión por el placer (2 Ti 3:1-5). Y esta acusación se dirige principalmente a los cristianos, no al mundo incrédulo en general, donde también es cierta (Ro 1:29-31). La raza en extinción de los verdaderos ministros del Señor debe usar el martillo y el fuego de la Palabra de Dios contra el pensamiento permisivo y satánico que reina hoy en día (Jer 23:28-29; 2 Ti 4:1-4).

Estimado padre, desde la más tierna infancia debes educar a tu hijo a la manera de Dios. Desde los primeros días de la comprensión consciente, debes enseñarle a tu hijo a reverenciar a sus padres. Incluso los indicios más leves de un espíritu rebelde, que se muestran en miradas, gestos o actitudes, debes castigarlos de inmediato y con severidad. No hay lugar para la transigencia en este punto.

Habla irrespetuosa, ojos en blanco, muecas, mirar hacia otro lado, portazos, bufidos, narices arrugadas, ojos llenos de desdén, respuestas descaradas, negarse a hablar o miradas vacuas tratando de ocultar su falta de respeto no pueden ser toleradas. Corrígelo temprano en la vida, y tu hijo te dará descanso y paz en el futuro (Pr 19:18; 29:15,17).

Si transiges, ofendes al Creador y Juez de los padres, y Él traerá Su juicio sobre ti por descuidar tu deber y burlarte de Sus leyes. Cumple tu asignación divina: prepara a tu hijo para servir noblemente bajo toda autoridad. Será mucho más feliz él mismo, al descubrir que las relaciones seguras, pacíficas y respetuosas son muy superiores a la ira, la amargura y la rebelión. Tú serás más feliz también (Pr 23:24-25).

Si crees en este proverbio, humíllate ante su sabiduría y usa los medios permitidos para imponer el honor de los padres en tu hogar. Dios te bendecirá por hacerlo (Sal 112:1-3; Pr 20:7). Recuérdale a tu hijo que frente a este proverbio está la increíble y misericordiosa promesa de Dios de una vida larga y bienaventurada por honrar a los padres (Ex 20:12; Ef 6:1-3).

Si aún eres solo hijo, asegúrate de arrepentirte ante Dios y ante tus padres por cualquier falta de respeto en el pasado. Proponte en tu corazón que te opondrás a esta generación profana al tratar a tus padres como Dios lo ordena. Proponte en tu corazón que cuando Dios te dé hijos, los criarás según Su palabra.

El Señor Jesús enseñó el honor a los padres y repitió la advertencia de la pena de muerte (Mt 15:4). Pablo enseñó dos veces (Ef 6:1-3; Col 3:20) el deber de honrar a los padres, y asumió la reverencia a los padres cuando discutió teología (He 12:9). Este tema no es un aspecto revocado de la religión ceremonial de Israel, es la ley moral perpetua de Dios para los hijos y los padres.

Ya que este proverbio te ha recordado el honor que le debes a tus padres, asegúrate de honrar a tu Padre que está en los cielos, porque Él se ofende si haces lo primero y descuidas lo segundo (Mal 1:6). Él es infinitamente superior a cualquier padre terrenal, y merece aun más respeto y reverencia. Que todo el honor se dirija en última instancia a Dios mismo, por medio del Señor Jesucristo:

Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre (1 Ti 2:5).

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