En una desafiante enseñanza sobre la vida santa (Ef 4:17-5:21), el apóstol Pablo hace hincapié en la importancia de la perspectiva mental del creyente. Nos enseña lo que los cristianos de Éfeso habían aprendido de él (Pablo) acerca de su relación con Cristo:
La palabra renovaos procede del verbo griego ananeousthai, que significa “ser o restablecerse de una manera nueva y mejorada”.
Al entrar en relación con el Señor Jesús, el creyente es restablecido en una nueva posición como “nueva criatura” en Cristo (2 Co 5:17). Al mismo tiempo, los cristianos podemos ser renovados diaria y continuamente por el Espíritu de Dios que mora en nosotros:
“Por tanto, no desmayamos; antes aunque este nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior no obstante se renueva de día en día” (2 Co 4:16).
La frase “el espíritu de vuestra mente” (Ef 4:23) se refiere a los pensamientos y actitudes del creyente. Una buena paráfrasis de esta idea dice:
“Colaboren con el Espíritu para que sus pensamientos y las actitudes les sean renovadas”.
La mente es el ámbito en el que el Espíritu Santo obra constantemente la renovación, si colaboramos activamente con Él. Pablo exhorta a los romanos:
“No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta” (Ro 12:2).
Pasar tiempo diariamente en oración y leer y meditar constantemente en la Palabra es vital para seamos renovados en “el espíritu de nuestra mente”. Somos renovados en nuestra naturaleza interna a medida que nos revestimos del “nuevo hombre” [o nueva creación] “el cual conforme a la imagen del que lo creó se va renovando hasta el conocimiento pleno” [nos parezcamos más al Señor Jesús] (Col 3:10). De hecho, este es el destino del creyente:
“Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos” (Ro 8:29; ver también Jn 13:15; Fil 2:5).
Cuanto más conozcamos a nuestro Señor y Salvador Jesús, que refleja la naturaleza misma de Dios (Fil 2:6), mejor podremos ver y comprender al Padre celestial (Col 1:15). El Señor Jesús “el cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia, y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder” (He 1:3) es quien puede hacer esta obra en nosotros si colaboramos con Él.
Al seguir al Señor y cultivar la misma actitud que Él tiene, nuestra vida se convierte en un “sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional” (Ro 12:1; Fil 4:18; P 2:21; 1 P 4:1).
Dos cosas son esenciales para lograr esta renovación en el espíritu de nuestra mente.
La primera es la Palabra de Dios. El Señor Jesús rogó al Padre por todos los creyentes:
“Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad” (Jn 17:17).
A medida que desarrollamos el entendimiento y la comprensión de la verdad de las Escrituras, nuestra mente se llena del conocimiento necesario que el Espíritu de Dios necesita para transformarnos, para que nuestras vidas comiencen a reflejar este cambio. Si físicamente eres lo que comes, espiritualmente eres lo que piensas.
“Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, Ni estuvo en camino de pecadores, Ni en silla de escarnecedores se ha sentado; Sino que en la ley de Jehová está su delicia, Y en su ley medita de día y de noche. Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas, Que da su fruto en su tiempo, Y su hoja no cae; Y todo lo que hace, prosperará” (Sal 1:1-3).
La segunda cosa esencial para ser renovados en el espíritu de nuestra mente es la oración diaria. Debemos hacer nuestra la oración que Pablo oró por los colosenses:
“...que seáis llenos del conocimiento de su voluntad en toda sabiduría e inteligencia espiritual, para que andéis como es digno del Señor, agradándole en todo, llevando fruto en toda buena obra, y creciendo en el conocimiento de Dios” (Col 1:9-10).
Después de confesar sus pecados, David oró:
“Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí” (Sal 51:10).
Cuando buscas al Señor en tu relación con Él, en la verdad de Su Palabra y en la oración incesante, eres renovado poco a poco en el espíritu de tu mente.
Así experimentarás la paz de Dios que supera todo entendimiento. La paz de Dios cuidará de tu corazón y de tu mente mientras vivas en comunión con Cristo Jesús (Fil 4:7).
La renovación del espíritu de tu mente te traerá una nueva actitud de confianza espiritual, y te dará la capacidad para obedecer al Señor en humildad (Is 26:3; Ro 8:5; Fil 4:8-9; Col 3:1-2). Esta es la nueva creación que ha efectuado el Señor en tu interior.
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