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Friday, March 13, 2026

LO QUE DIOS NO DA...




El pobre y el usurero se encuentran; Jehová alumbra los ojos de ambos” (Pr 29:13).

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Los pobres y los prestamistas tienen algo en común: la Providencia los preserva a ambos. Otros los ven bastante diferentes, y a menudo los dos tipos de personas que se desprecian entre sí. Pero ambos dependen completamente de la provisión misericordiosa de Dios para esta vida, y de la gracia de la salvación para la próxima.

Hay otro proverbio muy similar: 

“El rico y el pobre se encuentran; A ambos los hizo Jehová” (Pr 22:2). 

Estos dos adjetivos son antónimos. Y el significado es bastante claro: Dios creó a ambos, al rico y al pobre.

Los proverbios son dichos profundos (Pr 1:6), así que fíjate bien en las palabras aquí. Cuando se contrasta al pobre con el usurero (prestamista), siendo adjetivos opuestos, Salomón nos está diciendo que el proverbio es enigmático y demanda interpretación. La comparación que hace es entre un hombre pobre honrado y un rico injusto.

¿Es correcto alguna vez agregar palabras al texto de la Biblia? Cuando hay una elipsis, sí. Una elipsis es una eliminación intencional de palabras en el texto inspirado para crear misterio, suspenso, para desafiar la inteligencia y comprensión del lector, para llamar su atención con poder. Este recurso gramatical requiere agregar palabras al texto para obtener el sentido completo del versículo.

Un buen ejemplo del uso de elipsis es Proverbios 18:22, donde no basta hallar una esposa; hay que añadirle el adjetivo “buena” para completar el sentido de la enseñanza. Sólo “el que halla una buena esposa halla el bien, y alcanza la benevolencia de Jehová”. Esto nos lo enseña tanto el sentido común como la experiencia vital.

Según este proverbio de Salomón, los dos hombres que se encuentran deben ser opuestos de alguna manera para darle significado a la lección. Dado que un hombre está marcado por la pobreza y el otro hombre está marcado por el dinero, la comparación completa es entre un hombre pobre honesto y un hombre rico injusto, porque la usura es injusticia (Lv 25:36-37; Sal 15:5; Ez 18:8).

En Proverbios y el resto de la Biblia, las riquezas a menudo se asocian, además, con el engaño; porque engañan a los hombres y muchas veces se obtienen mediante engaños (Pr 23:1-5; Mt 13:22). Una advertencia repetida en Proverbios es que los ricos deben tener mucho cuidado en cómo tratan a los pobres (Pr 22:16, 22-23).

Aquí tienes a un pobre honrado y a un rico injusto. Se encuentran en la vida y en los negocios, porque el mundo tiene un número considerable de ambos. Aunque diferentes en al menos estos dos aspectos, son similares en su dependencia del Dios Todopoderoso para alumbrarlos.

¿Cómo alumbra Dios los ojos de ambos? Salomón usa luz para vida (Pr 13:9; 16:15; 20:20; 24:20; Sal 13:3), para entendimiento (Pr 4:18; 6:23) y para bendiciones (Pr 15:30 ). Dios les da vida a ambos (Pr 22:2), hace que ambos vean (Pr 20:12), y hace salir su sol sobre ambos (Mt 5:45).

Es decir, Dios es totalmente soberano sobre todos los hombres, incluidos los pobres y sus opresores ricos: 

“Todas las cosas ha hecho Jehová para sí mismo, Y aun al impío para el día malo” (Pr 16:4). 

El hombre usurero no es una excepción, porque Job dice de los injustos: 

“Suyo es el que yerra, y el que hace errar” (Job 12:16). 

Dios gobierna soberanamente sobre ricos y pobres. Dios no hace acepción de personas, ya que las riquezas terrenales no significan nada para Él. Sin embargo, el temor de Dios y las obras de justicia, ya sea por parte de ricos o pobres, significan mucho (Hch 10:34-35).

Dios puede alumbrar a un pobre para que entienda más que un rico (Pr 28:11; 18:17; Ec 9:13-16). El conocimiento de Dios no se puede comprar en la Universidad de Salamanca. Un hombre pobre en las cosas de este mundo tiene más probabilidades de ser también pobre y humilde en espíritu, y, por lo tanto, tiene más probabilidades de ser hallado por el Señor (Is 57:15; 66:1-2).

Dios puede alumbrar a un pobre con sabiduría para que tenga más éxito que un rico (Pr 19:1; 16:19; 28:6). No dejes que el mundo invierta este orden. La sabiduría es mejor que las riquezas y que todo lo que el mundo tiene para ofrecer (Pr 3:13-17; 8:11; 15:16-17; 16:8,16; 17:1).

Los ricos gobiernan por ventaja económica sobre los pobres, y los prestatarios deben servir a los prestamistas, pero Dios protege a los unos y juzga a los otros (Pr 14:31; 17:5; 21:13; 22:7,9,16; 28:8). Fue Dios quien vengó la sangre de Nabot al matar tanto a Acab como a Jezabel (2 R 9:21-26).

Las circunstancias, como la pobreza o la riqueza, están en la mano de Dios (Ec 9:1). Los ricos de este mundo son generalmente réprobos (Sal 17:14; 73:12), y Dios ha escogido la mayor parte de Sus hijos de entre los pobres del mundo (1 Co 1:26-29; Stg 2:5).

Generalmente, la gracia de Dios alcanza a los más pobres, como en el caso del mendigo Lázaro. Generalmente, Dios deja que los ricos sigan su curso natural hasta que son sepultados y alzan sus ojos, estando en tormentos, y ven de lejos a Abraham, y a Lázaro en su seno (Lc 16:19-23). Es la gracia soberana de un Rey absoluto la que hace tan eternas distinciones entre los hombres (Ro 9:21-24).

Dios puede salvar a un rico ladrón como Zaqueo para que abandone su carrera de usura y devuelva lo robado a los pobres (Lc 19:1-10), y llamar a un recaudador de impuestos como Mateo para que sea apóstol (Mt 9:9), o dejar que la muerte se lleve a un rico orgulloso cuando planea hacer más grandes sus graneros (Lc 12:15-21).

Pero no debemos equivocarnos. Los pobres no tienen más ventaja para la gracia de Dios que los ricos. Ambos rechazarán el evangelio de Jesucristo a menos y hasta que el Señor les abra el corazón para que estén atentos a él (Hch 16:14; Jn 3:3; 6:44; 10:26; Ef 2:1-3; Tit 3:5).

Que nuestra consideración por la riqueza y la pobreza se centre en el Señor Jesucristo: 

“Porque ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos” (2 Co 8:9). 

Muchos de los elegidos de Dios son pobres ahora, pero serán infinitamente ricos para siempre.

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