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Thursday, March 19, 2026

DEL ESPINAL SALE LA ROSA




“Corrige a tu hijo, y te dará descanso, Y dará alegría a tu alma” (Pr 29:17).

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Disciplinar a tu hijo tiene, entre otros, dos grandes beneficios. Primero, salvas a tu hijo de la necedad y lo preparas para una vida productiva. Segundo, disfrutarás en el futuro de tranquilad y gozo viendo a tu hijo sabio tener éxito en la vida. Este segundo beneficio es la lección aquí. Si corriges a tu hijo, él prospera y tú descansas. Esta es una propuesta en la que todos ganan. Pero los padres que no disciplinan a sus hijos defraudan tanto a sus hijos como a sus propias almas.

Los padres necios a menudo dicen: “Dejémoslo pasar esta vez. Si lo vuelve a hacer, entonces lo castigaremos”. ¡Qué idea más mala! Ignorar una falta no hace que desaparezca. Ignorar la conducta negativa en tu hijo la refuerza. Será aún más difícil de corregir más adelante. También te será más fácil procrastinar nuevamente la próxima vez. Y antes de que te des cuenta, habrás establecido el nefasto hábito de pasar por alto el comportamiento pecaminoso de tu hijo.

Muchos padres pasan por alto la mala conducta de sus hijos para preservar la tranquilidad doméstica. Anhelan la paz en el hogar. Esperan que al darle a sus hijos un poco de libertad la atmósfera hogareña será más placentera. ¡Están terriblemente equivocados! El proverbio enseña que el futuro descanso y la alegría hogareña dependen de corregir a tu hijo ahora, no de consentirlo. La pérdida de la paz ahora para corregir a tu hijo es un precio bajo por la paz permanente en el futuro.

El rey Salomón advierte en Proverbios continuamente en contra de descuidar la disciplina de tu hijo: 

“La vara y la corrección dan sabiduría; Mas el muchacho consentido avergonzará a su madre” (Pr 29:15). 

“Instruye al niño en su camino, Y aun cuando fuere viejo no se apartará de él” (Pr 22:6). 

“La necedad está ligada en el corazón del muchacho; Mas la vara de la corrección la alejará de él” (Pr 22:15).

“El que detiene el castigo, a su hijo aborrece; Mas el que lo ama, desde temprano lo corrige” (Pr 13:24). 

“Castiga a tu hijo en tanto que hay esperanza; Mas no se apresure tu alma para destruirlo” (Pr 19:18). 

La regla es simple; las consecuencias por descuidarla son terribles. El dolor y la vergüenza que han sufrido muchas madres son enormes. ¿Por qué? Porque eligieron tomar el camino de la transigencia y no corregir a sus hijos con amor firme oportunamente.

La vara y la reprensión corregirán y prepararán a los hijos para dar un gozo maravilloso a los padres en el futuro. La promesa es certera. ¡No descuides la disciplina de tu hijo! Cada vez que pospones lo inevitable, dañas a tu hijo y sacrificas tu propia futura tranquilidad.

Si amas a tu hijo, harás todo lo posible por salvarlo de una vida disfuncional (Pr 23:13-14). No te demores en este asunto de suma importancia. Debes hacerlo temprano en la vida, antes que sea demasiado tarde. 

Sólo la falta de amor, la pereza o la ignorancia hacen que pases por alto el corregir firmemente a tu hijo cuando es necesario. Estos y otros pecados paternos y maternos han producido la generación más egoísta de la historia.

Los padres más felices son aquellos con hijos nobles que llevan vidas exitosas y beneficiosas. Salomón, que tenía los medios para la felicidad en cualquier aspecto de la vida, menciona este hecho varias veces (Pr 10:1; 15:20; 23:15-16,24-25; 29:3). Tales padres pueden vivir y morir en paz, sabiendo que dejaron un legado en la tierra de piedad y virtud en sus hijos.

Una gran fuente de infelicidad en los padres son los hijos necios con vidas disfuncionales. Salomón también menciona esto varias veces (Pr 10:1; 15:20; 17:21,25; 19:13). Los hijos rebeldes les cuestan a sus padres la paz y el descanso durante sus últimos años de vida y luego los envían a sus tumbas sabiendo que han fallado como padres, y han dejado púas de metal en el camino para que otros las pisen.

La decisión es tuya. La cura es sencilla. ¡Corrige a tu hijo! No dejes que se salga con la suya haciendo algo malo en ningún asunto. Dile que está equivocado. Enséñale el camino correcto (Pr 6:23; 10:17; 12:28; 15:24; 16:17). Su futuro y el tuyo dependen de ti. Repréndelo, corrígelo, instrúyelo y amonéstalo.

El deísmo es una herejía. El Dios de la Biblia no creó y luego abandonó Su creación. Él adoptó hijos de la raza humana, convirtiéndose en su Padre de manera eterna. Él nunca viola este proverbio al ignorar la necedad de Sus hijos. Sabiamente los corrige para hacerlos volver al buen camino. Si estás agradecido por la corrección de tu padre terrenal, da gracias al cielo también por la corrección de tu Padre celestial (Pr 3:11-12; Sal 119:67,71,75; He 12:5-11).

El Padre que está en los cielos no corrige a los que no considera Sus hijos (He 12:6-8; 1 Co 11:32). Esta es la prueba de Su amor; es para tu provecho; deléitate en Él (Ap 3:19; Ro 5:3-5; Stg 1:2-4).

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