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Wednesday, March 25, 2026

BAJO LA PODEROSA MANO DE DIOS




“La soberbia del hombre le abate; Pero al humilde de espíritu sustenta la honra” (Pr 29:23).

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¿Estás abatido o animado? Un simple factor te alentará o te deprimirá: tu orgullo. La soberbia te abatirá, dice el proverbio; pero la humildad te animará. Es tu elección, pero no puedes detener el certero castigo por la soberbia.

¿Eres un príncipe o un mendigo? ¿Eres vigoroso o abúlico? Toda persona quiere una vida exitosa, y este simple proverbio te dice cómo conseguirla. Una de las mayores influencias en tu progreso espiritual es tu actitud sobre ti mismo. Si eres altivo, engreído y orgulloso, vas hacia el abatimiento. Si eres sencillo, humilde y sereno, serás exaltado cuando fuere tiempo (Stg 4:10;1 P 5:6).

El rey Salomón a menudo advierte contra el orgullo en Proverbios, y él tenía muchas razones para estar orgulloso. Tenía la mayor sabiduría, riqueza y poder que un rey jamás ha tenido. Pero condenó el orgullo como un mal que destruye la vida del hombre. Le advirtió contra él a su hijo, y a todos sus lectores a lo largo de las épocas. La constante repetición del tema en un libro de sabiduría como Proverbios declara inequívocamente su importancia.

Antes del quebrantamiento es la soberbia, y antes de la caída la altivez de espíritu(Pr 16:18). 

Cuando viene la soberbia, viene también la deshonra; mas con los humildes está la sabiduría (Pr 11:2). 

Antes del quebrantamiento se eleva el corazón del hombre, y antes de la honra es el abatimiento (Pr 18:12). 

¿Has visto hombre sabio en su propia opinión? Más esperanza hay del necio que de él (Pr 26:12).

¿Cómo te destruirá el orgullo y cómo te honrará la humildad? Los hombres aborrecen la arrogancia y aman la sencillez (Pr 9:6-9; 11:2; 14:3; 21:24; 22:10-11). Si eres engreído y altivo, no ganarás el favor de los hombres; harán lo que puedan para aislarte de amistades y oportunidades. Si eres humilde y sencillo, los hombres te apreciarán y querrán estar contigo.

La vanidad y la altanería conducen a malas decisiones, porque eres demasiado arrogante para escuchar a los demás, y demasiado confiado en tu propia opinión como para examinar tus ideas (Pr 11:2; 12:15; 14:16; 16:25; 22:3; 26: 12,16; 29:20). ¡Estás condenado! Un hombre humilde, que confía en el Señor, duda de sus opiniones y está ansioso por escuchar la opinión de los demás (Pr 3:5-7; 6:6; 11:14; 12:15; 15:32; 19:20). ¡Él prosperará!

Si los primeros dos resultados no te abaten (aunque eventualmente lo harán), este último seguramente lo hará. Dios odia a los soberbios, y no importa cuánto esfuerzo hagan para protegerse, los destruirá (Pr 3:34; 6:16-17; 15:25; 16:2,5; 21:2; Job 40:9-14; Dn 4:37; Hch 12:21-23). Él sólo bendice y exalta a los humildes de espíritu (Pr 3:34; Is 57:15; 66:2; Stg 4:6).

Contrariamente a esta sabiduría inspirada, el mundo considera el orgullo una virtud y lo defiende. Desde atletas hasta actores y políticos, los egos inflados y las palabras altivas son la norma. A los niños se les enseña autoestima y amor propio hasta que se convencen de que el universo gira alrededor de ellos. Cada uno de los habitantes de la tierra ahora anuncia audazmente: “Estoy orgulloso de mí mismo, aunque todo lo que son y tienen es solo un don de Dios (1 Co 4:7). 

A los niños se les debe enseñar a amar y a servir a los demás, porque este es el segundo mandamiento de los dos únicos que resumen toda la fe en Cristo Jesús (Mr 12:28-33). La herejía de amarse a sí mismo es una de las señales de los tiempos peligrosos de los postreros días (2 Ti 3:1-2). La sabiduría radica en aprender que los demás son más importantes que uno mismo, especialmente en lo referente a la fe (Fil 2:3-5).

Cada persona tiene una enemiga interna que promueve el orgullo, se llama: la vanagloria de la vida (1 Jn 2:15-17). El diablo constantemente está buscando pulsar esta tecla del corazón humano. Le dijo a Eva que podía ser como Dios si comía el fruto prohibido (Gn 3:4-6). Retó al Señor Jesucristo a demostrar que era el Hijo de Dios arrojándose desde el pináculo del templo a ver si los ángeles lo salvaban, pero no logró nada con Él, con sus tentaciones (Mt 4:5-7).

¿Cómo puedes saber qué tan orgulloso eres? ¿Con qué actitud recibes la corrección? ¿Puedes admitir rápidamente que estás equivocado y disculparte? ¿Con qué facilidad perdonas a los demás? ¿Menosprecias a los demás para exaltarte a ti mismo como el fariseo con el publicano? (Lc 18:9-14 ) ¿Te es fácil servir a los demás, especialmente a los que están por debajo de ti? 

¿Qué hay en tu corazón? ¿Pensamientos pecaminosos de ambición y vanagloria que condenaron al diablo? (1 Ti 3:6) ¿O la sencilla humildad que le granjeó la grandeza a Salomón? (1 R 3:6-9) 

El reino más grande es el del Señor Jesucristo, pero en Su reino el que es mayor debe ser siervo del menor. Porque el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido (Mt 23:10-12). Si te humillas iobajo la poderosa mano de Ds, Él te exaltará cuando fuere tiempo (1 P 5:6-7).

Si deseas continuar con este tema, y debes hacerlo, lee atentamente las Escrituras, que tienen mucho que decir al respecto, por lo que los predicadores fieles deberían tronar contra el orgullo periódicamente. Recuerda, tu futuro depende de que aprendas esta lección. El orgullo te destruirá, sólo la humildad te honrará.

El Hombre y Rey con más derecho al orgullo es el Señor Jesucristo, pero Él fue conocido por su humildad y mansedumbre (Mt 11:29; Fil 2:5-8; 2 Co 10:1). Nunca se promocionó a Sí mismo, aunque tenía la mayor razón para hacerlo (Is 42:1-2; Mt 12:18-20). 

“Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre” (Fil 2:9-11).

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