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Tuesday, June 30, 2026

LAS VISIONES DE DANIEL (3)




DANIEL 9

En Daniel 9 encontramos dos profecías muy importantes: la primera duró 70 años y la segunda comprende 70 semanas. La segunda profecía se aborda en la sección de este artículo titulada “Las 70 semanas de Daniel”. En la primera parte de este artículo nos centraremos en la primera profecía; en la segunda parte, en la segunda profecía.

Primera Parte: La Profecía de los 70 Años

Daniel escribió refiriéndose a la primera profecía de esta manera: 

“En el año primero de Darío hijo de Asuero, de la nación de los medos, que vino a ser rey sobre el reino de los caldeos, en el año primero de su reinado, yo Daniel miré atentamente en los libros el número de los años de que habló Jehová al profeta Jeremías, que habían de cumplirse las desolaciones de Jerusalén en setenta años” (Dn 9:1-2).

La referencia que Daniel hace a “los libros” es con relación a las profecías que Dios dio a través de Jeremías. La profecía de la cual habla Daniel era específicamente una que se dio en Jerusalén justo antes de la invasión de Babilonia y que luego se repetiría a través de una carta enviada desde Jerusalén a los cautivos en Babilonia (Jer 25:1-11; 29:1-10).

Esta profecía predijo que “esta tierra será puesta en ruinas y en espantos” y que los judíos “servirán estas naciones al rey de Babilonia setenta años” (Jer 25:11). Después de que se completaran los 70 años en Babilonia, Dios les dijo que Él iba “haceros volver a este lugar (Jerusalén) (Jer 29:10).

Esta profecía tenía dos componentes: la “desolación” de la Tierra y el hecho de que los judíos tendrían que servirle “al rey de Babilonia setenta años” (Jer 25:11). Cada componente parece haberse cumplido con muy poca diferencia, incluso superponiéndose, en períodos de 70 años.

Los 70 años de desolación de la Tierra se pueden calcular como el tiempo entre la destrucción del templo por parte de los babilonios —que de hecho sí fue una desolación para la ciudad de Jerusalén— y la reconstrucción del templo. La cautividad del pueblo judío, que duró 70 años, comenzó antes de la destrucción del templo con la primera deportación de judíos hacia Babilonia y terminó con el decreto de Ciro que le permitía a los judíos volver a Jerusalén.

Fechas Para los 70 Años

La primera deportación de judíos hacia Babilonia (en la que estaban incluidos Daniel y sus amigos Sadrac, Mesac y Abed-Nego) empezó los 70 años de cautividad. Los comentarios bíblicos indican que esto ocurrió entre 607 y 605 a.C. Varias fuentes dicen que el regreso de los judíos a Jerusalén ocurrió entre 539 y 536 a.C.

Con relación al periodo de la destrucción del templo y su reconstrucción, las fechas más citadas son de 586 o 585 a 516 o 515 a.C. Aunque citar años exactos es difícil, los que comúnmente se citan si se ajustan a los 70 años profetizados.

El Comentario del Expositor Bíblico dice lo siguiente: “Nótese que es importante mantener en mente estas etapas de la cautividad, cuando se calculan los 70 años de exilio anunciados por Jeremías 29:10. El intervalo entre la primera deportación en 605 a.C, en la que el mismo Daniel estuvo involucrado, a 536 a.C, cuando los primeros repatriados bajo el mando de Zorobabel construyeron de nuevo un altar en Jerusalén, suma 70 años. Así mismo, el periodo de tiempo desde la primera destrucción del templo a manos de Nabucodonosor en 586 y la finalización del segundo templo por parte de Zorobabel en 516 a.C, es de 70 años aproximadamente” (comentario de Daniel 1:1-2).

¿Por Qué 70 Años de Castigo?

Esta profecía de castigo vino sobre el pueblo de Judá por no obedecer las leyes de Dios. Jeremías le explicó al pueblo de Judá: 

“Desde el año trece de Josías hijo de Amón, rey de Judá, hasta este día, que son veintitrés años, ha venido a mí palabra de Jehová, y he hablado desde temprano y sin cesar; pero no oísteis. Y envió Jehová a vosotros todos sus siervos los profetas, enviándoles desde temprano y sin cesar; pero no oísteis, ni inclinasteis vuestro oído para escuchar” (Jer 25:3-4).

Los pecados de Judá incluían actos malvados e idolatría (Jer 25:5-7). Con respecto a los 70 años de castigo, Dios pudo haber escogido este periodo de tiempo ya que coincidía aparentemente con el número de veces que el pueblo de Judá quebrantó el mandamiento de Dios de dejar descansar la tierra cada siete años (Lv 25:1-7; Lv 20:22; Lv 26:33-:35; 2 Cr 36:20-21).

Esta profecía de castigo vino sobre el pueblo de Judá por no obedecer las leyes de Dios. Según el Comentario de Jamieson, Fausset y Brown los 70 años eran “el número exacto de sábados de 490 años, el período de tiempo desde Saúl hasta la cautividad en Babilonia… Los 70 años probablemente comienzan a partir del cuarto año de Joaquim, cuando Jerusalén fue capturada por primera vez, y fueron tomados muchos prisioneros así como los tesoros del templo. Terminaron en el primer año del rey Ciro, quién, en consideración de Babilonia, emitió un decreto para la restauración de los judíos (Esd 1:1)” (comentario de Jeremías 25:11).

El Papel de Daniel en el Castigo de los 70 años

En Daniel 1:21 se explica que: “Y continuó Daniel hasta el año primero del rey Ciro” —y ese fue el año en el que el rey Ciro proclamó que los judíos podían volver a Jerusalén y reconstruir el templo. El año de este anuncio marcó el fin de los 70 años de cautividad para los judíos, así como Dios lo profetizó a través de Jeremías.

Esta escritura nos cuenta que Daniel vivió en Babilonia durante los 70 años de cautividad de los judíos. Él vivió para ver la caída del imperio babilónico y el surgimiento repentino del imperio Medo-Persa con Ciro, su primer gobernante.

El Rey Ciro

Uno de los primeros actos de Ciro fue emitir un decreto permitiéndoles a los judíos que se fueran de Babilonia. Esdras registra este alegre acontecimiento para los judíos de la siguiente manera: 

“En el primer año de Ciro rey de Persia, para que se cumpliese la palabra de Jehová por boca de Jeremías, despertó Jehová el espíritu de Ciro rey de Persia, el cual hizo pregonar de palabra y también por escrito por todo su reino, diciendo: Así ha dicho Ciro rey de Persia: Jehová el Dios de los cielos me ha dado todos los reinos de la tierra, y me ha mandado que le edifique casa en Jerusalén, que está en Judá. Quien haya entre vosotros de su pueblo, sea Dios con él, y suba a Jerusalén que está en Judá, y edifique la casa a Jehová Dios de Israel (él es el Dios), la cual está en Jerusalén” (Esd 1:1-3).

Es interesante saber que Dios anunció el nacimiento de Ciro y lo que haría, con 150 años de antelación. Dios, dijo a través del profeta Isaías: 

“Así dice Jehová a su ungido, a Ciro, al cual tomé yo por su mano derecha, para sujetar naciones delante de él y desatar lomos de reyes; para abrir delante de él puertas, y las puertas no se cerrarán: Yo iré delante de ti, y enderezaré los lugares torcidos; quebrantaré puertas de bronce, y cerrojos de hierro haré pedazos; y te daré los tesoros escondidos, y los secretos muy guardados, para que sepas que yo soy Jehová, el Dios de Israel, que te pongo nombre. Por amor de mi siervo Jacob, y de Israel mi escogido, te llamé por tu nombre; te puse sobrenombre, aunque no me conociste” (Is 45:1-4).

Antes del castigo que traería sobre los descendientes de Jacob —el pueblo de Judá— Dios había previsto la persona que llegaría al poder y liberaría de la cautividad a los judíos.

Lecciones Para Nosotros

Una de las primeras lecciones que debemos aprender de esta profecía contra Judá, es la expectativa que Dios tiene de la obediencia de Sus mandamientos. Él requería especialmente la obediencia de los descendientes de Abraham, que más adelante fueron llamados israelitas, y más tarde los reinos de Judá e Israel (después de que la nación se dividiera en estos dos reinos). Las bendiciones por la obediencia y los castigos por la desobediencia que se encuentran en Levítico 26 y Deuteronomio 28, regían para este pueblo.

Tristemente, los descendientes de los antiguos israelitas han continuado desobedeciendo las leyes de Dios. Y tal como ocurrió con el reino de Judá durante la profecía de los 70 años, este pueblo va a ser castigado nuevamente por rehusarse a seguir los mandamientos perpetuos de Dios. Para aprender más acerca de la identidad de este pueblo y lo que les va a ocurrir según lo que está profetizado ver: El Medio Oriente en Perspectiva en este mismo blog.

Otra importante lección para nosotros la encontramos en la reacción de Daniel frente a la profecía de los 70 años de Jeremías. Así como Daniel, a través del estudio de la Palabra de Dios, reconoció en qué lugar de la línea de tiempo de la profecía bíblica se encontraba, Cristo nos exhorta a que percibamos “las señales de los tiempos” en los que vivimos (Mt 16:1-3).

¿Sabes en qué momento estamos en la profecía? ¿Sabes lo que debe ocurrir antes del regreso del Señor Jesucristo a esta tierra? Y más importante aun, ¿sabes que espera el Señor de ti?

Segunda Parte: Las 70 Semanas de Daniel

En Daniel 9:24-27 encontramos una detallada y compleja profecía acerca de la fecha en que vendría el Mesías (Jesucristo) a la tierra, el establecimiento del Nuevo Pacto y las consecuencias de algunos de los eventos que precederán a Su segunda venida.

Pero antes de analizar esta profecía conocida como las 70 semanas de Daniel, leamos lo que escribió el profeta:

“Setenta semanas están determinadas sobre tu pueblo y sobre tu santa ciudad, para terminar la prevaricación, y poner fin al pecado, y expiar la iniquidad, para traer la justicia perdurable, y sellar la visión y la profecía, y ungir al Santo de los santos. Sabe, pues, y entiende, que desde la salida de la orden para restaurar y edificar a Jerusalén hasta el Mesías Príncipe, habrá siete semanas, y sesenta y dos semanas; se volverá a edificar la plaza y el muro en tiempos angustiosos. Y después de las sesenta y dos semanas se quitará la vida al Mesías, mas no por sí; y el pueblo de un príncipe que ha de venir destruirá la ciudad y el santuario; y su fin será con inundación, y hasta el fin de la guerra durarán las devastaciones. Y por otra semana confirmará el pacto con muchos; a la mitad de la semana hará cesar el sacrificio y la ofrenda. Después con la muchedumbre de las abominaciones vendrá el desolador, hasta que venga la consumación, y lo que está determinado se derrame sobre el desolador” (Dn 9:24-27).

¿Qué Sucedería y Cuándo?

Como vemos, el versículo 24 de Daniel 9 nos habla de seis cosas que el Mesías haría al cumplirse las 70 semanas anunciadas por el profeta:

  1. Terminar la prevaricación
  2. Poner fin al pecado
  3. Expiar la iniquidad
  4. Traer la justicia perdurable
  5. Sellar la visión y la profecía
  6. Ungir al Santo de los santos

Al terminar su ministerio, el Señor Jesucristo había cumplido al menos una parte de las tres primeras profecías. Por medio de Su sacrificio, Cristo se convirtió en la expiación de nuestra iniquidad, hizo posible el perdón de pecados y nos reconcilió con Dios (Col 1:19-20). Y eventualmente, cuando regrese a la tierra, cumplirá éstas y las tres profecías siguientes en su totalidad.

Más adelante, en el versículo 25, encontramos el cuándo, pues Daniel especifica el tiempo en que se cumplirían estas profecías. Siguiendo el principio de otras profecías bíblicas, donde a menudo un día representa un año, las 70 semanas de las que habla el profeta simbolizan 490 años (Ez 4:4-6; Nm 14:33-34). Por lo tanto, la división de las 70 semanas que Daniel hace en los versículos 25 y 27 es de: siete semanas (49 años), 62 semanas (434 años) y una semana (siete años).

Como también leemos en el versículo 25, el inicio de las 70 semanas de Daniel estaría marcado por “la salida de la orden para restaurar y edificar a Jerusalén”. Esto sucedió cuando, en el cuarto año de su reinado (457 a.C.), el rey Artajerjes publicó un decreto permitiendo a Esdras regresar a Jerusalén y terminar de reconstruir la ciudad (Esd 7:6-10; 9:9).

Si tomamos el año 457 a.C. como punto de referencia, veremos que, a pesar de los obstáculos puestos por sus enemigos, los judíos que habían regresado a Jerusalén para reconstruir la ciudad y sus murallas lograron completar la tarea dentro de las primeras siete semanas—49 años—de la profecía (457-408 a.C.). Y según el profeta, el Mesías habría de venir a la tierra 62 semanas (434 años) después de esta fecha, lo cual coincide con el año 27 d.C.—año en que Cristo fue bautizado y comenzó su ministerio como Mesías (para realizar el cálculo, se debe restar 408 de 434 y sumar 1, ya que no existe el año 0).

Luego, en la primera parte del versículo 26, Daniel profetizó que “se quitaría la vida al Mesías” una vez que se hubiesen cumplido las siguientes 62 semanas—que, contando las primeras siete, suman un total de 69 semanas proféticas.

Ordenando la Profecía de las 70 Semanas de Daniel

El versículo 26 nos habla también de un príncipe malvado que destruiría la ciudad (Jerusalén) y el santuario donde se ofrecen los sacrificios.

Y más adelante, en el versículo 27, leemos: “por otra semana confirmará el pacto con muchos”. Pero el verbo “confirmar” de este pasaje no se refiere al príncipe mencionado en el versículo anterior, sino al Mesías—Jesucristo. En otras palabras, la frase “por otra semana confirmará el pacto con muchos” es una profecía acerca del Mesías.

Otra frase del versículo 27 que requiere explicación es: “vendrá el desolador”. ¿Quién es este “desolador”?

En el Tanak, la versión judía de la Biblia, el “desolador” del versículo 27 no es una persona, sino la causa de la desolación que habría de ocurrir en el lugar santo: “El concertará con muchos una firme alianza una semana; y en media semana hará cesar el sacrificio y la oblación, y en el ala del Templo estará la abominación de la desolación…”.

Y obviamente, el responsable de esta “desolación” es el príncipe malvado que se menciona en el versículo 26. Sin embargo, como vemos en el texto judío, la palabra hebrea traducida como “desolador” en la versión popular en realidad no se refiere a este príncipe específicamente, sino a la “desolación” en sí—que al parecer será causada por algo dentro o alrededor del templo donde se realizan los sacrificios.

Es importante tener en cuenta que los versículos 26-27 fueron escritos siguiendo un patrón de alternancia que es común en el idioma hebreo. Mientras la primera parte del versículo 26 se refiere al Mesías, la segunda habla del príncipe malvado, y lo mismo sucede en el versículo 27, donde primero se habla del Mesías y luego de la desolación que el príncipe malvado causaría en el templo.

En resumen, según la profecía de Daniel, la confirmación del pacto mencionado en el versículo 27 sería realizada por el Mesías. Y, por otro lado, la destrucción de la ciudad y la desolación del santuario serían causadas por el príncipe malvado.

El Mesías “confirmará el pacto con muchos”

Como hemos visto, Daniel 9:27 nos dice que el Mesías confirmaría el pacto con muchos por una semana y luego, a la mitad de la semana, haría cesar el sacrificio y la ofrenda.

En el texto judío, la frase “confirmará el pacto” es traducida como “concertará con muchos una firme alianza” y la palabra hebrea traducida allí como “concertar” es gabar, que significa “ser sólido, prevalecer,…enmendar algo roto, afirmar…fortalecer, reforzar, fortificar” (Wilhelm Gesenius, Diccionario hebreo y caldeo del Antiguo Testamento).

En otras palabras, “confirmar el pacto” significa reafirmar y fortalecer un pacto que existía desde antes. Como dice Isaías 42:21, “Jehová se complació por amor de su justicia en magnificar la ley y engrandecerla”—“magnificar” quiere decir reafirmar o extender.

El pacto que fue fortalecido o reafirmado es el Nuevo Pacto, en el cual la ley de Dios ya había sido confirmada y reforzada. Recordemos que, en el Sermón del Monte (Mateo 5-7), el Señor Jesús profundizó el significado de los mandamientos y además enfatizó esta “nueva” y “fortalecida” (“firme”) ley durante los tres años y medio de Su ministerio, antes de ser crucificado.

El Mesías “hará cesar el sacrificio y la ofrenda”

Además, el Señor Jesús “hizo cesar el sacrificio y la ofrenda” al invalidar la necesidad de los sacrificios levíticos con Su muerte, pues estos eran sólo una representación de Su propio sacrificio por el perdón de pecados. Si bien los judíos siguieron ofreciendo sacrificios hasta que el templo fue destruido en el año 70 d.C., esta práctica fue innecesaria desde que Cristo murió. De hecho, una de las razones por las que fue escrito el libro de Hebreos era convencer a los judíos de que el sacrificio de Jesús y el establecimiento del Nuevo Pacto habían invalidado el antiguo sistema expiatorio (He 10:14-18).

Otra de las profecías que encontramos en Daniel 9:26-27 es que el Mesías moriría luego de que fueran cumplidas 69 semanas (las primeras siete semanas más 62 semanas posteriores).

Como hemos visto, la última semana profética (los últimos siete años) comenzó con el inicio del ministerio de Cristo. Y, tal como profetizó Daniel, Jesucristo murió “a la mitad de la semana”, al pasar tres años y medio de Su ministerio. Pero no solo murió a la mitad de la semana profética de siete años, sino que además murió a la mitad de la semana según el calendario (un miércoles por la tarde), como lo demostrará un análisis cuidadoso de las Escrituras. (Leer el artículo Tres Días y Tres Noches.)

Pero, claramente, el ministerio que el Mesías debía realizar durante la última semana de la profecía según Daniel aún no ha sido terminado. Como dijimos, sólo se cumplió parte de las tres primeras profecías del versículo 24 al terminar las 70 semanas, y además faltan por cumplirse las otras tres. Sin embargo, todas ellas serán completadas en el futuro, cuando el Mesías regrese para cumplir con la totalidad de su tarea durante la segunda mitad de la semana profética número 70.

¿Cuándo sucederá esto? La profecía de las 70 semanas de Daniel no nos da la respuesta, pero sí nos las da Juan en el Apocalipsis.

Apéndice

Hoy en día es común escuchar a supuestos “expertos en profecía” decir que la gran tribulación (Mt 24:9,21) será de una duración de siete años, y que estos siete años son el cumplimiento de la Semana Septuagésima de Daniel, la cual comenzará cuando el Anticristo confirme un pacto de paz con Israel por siete años. Nada de esto es bíblico. Es una teoría popular, y nada más. El libro de Apocalipsis nos dice claramente que el tiempo asignado para el Anticristo será de “un tiempo, y tiempos, y la mitad de un tiempo” (Ap 12:14), que son 1.260 días (Ap 11:3; 12:6), que son 42 meses (Ap 11:2;13:5). Es decir, tres años y medio. La cantidad exacta de tiempo para completar la “semana” cuya mitad el Señor cumplió en Su primera venida. Incluso Daniel termina su profecía con el tiempo que completa la  “semana”, más 75 días adicionales para la purificación de la tierra (Dn 12:11-12), todo lo cual ocurrirá tras la Segunda Venida del Señor.

El  “pacto” no es entre el Anticristo e Israel, fue entre el Señor Jesús y Sus redimidos. No hay “siete” años de tribulación, sino tres años y medio que completarán la “semana” cuando el Señor regrese. No hay arrebatamiento pre-tribulacional, los creyentes (el pueblo del Señor) pasarán por la tribulación y serán arrebatados por el Señor tal y como lo describen Mateo 24:29-31 y Apocalipsis 6:12-17. 

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LAS VISIONES DE DANIEL (2)

  



DANIEL 8

La visión registrada en Daniel 8 vino al profeta en el tercer año del reinado del rey Belsasar de Babilonia (553-554 a.C.). Esto fue sólo dos años después de la visión de Daniel de cuatro bestias y un cuerno pequeño que se menciona en Daniel 7. Como en el caso de la visión anterior, Daniel no entendió completamente el significado de lo que estaba viendo (Dn 7:19, 28). Esta visión concluye con Daniel diciendo: “pero estaba espantado a causa de la visión, y no la entendía” (Dn 8:27).

Si Daniel no la entendió en el siglo VI a.C., ¿podremos entenderla hoy?

En realidad el significado de una parte de esta visión le fue revelado a Daniel (Dn 8:20), pero algo de esto aparentemente no le quedó claro. Los detalles precisos del futuro que la visión predijo no parecían tener sentido para él en su generación.

Hoy podemos entender la visión perfectamente, ya que Dios nos la ha revelado de tres maneras: (1) a través del arcángel Gabriel hablando a Daniel, (2) a través del libro del Apocalipsis que habla del mismo tema y (3) a través del cumplimiento histórico.

Como veremos, esta visión es similar en algunos aspectos a la visión registrada en Daniel 7. Pero esta visión proporciona detalles adicionales, especialmente con respecto al segundo y tercer reino de los cuatro descritos en Daniel 7.

El Carnero Con Dos Cuernos

Daniel 8:3-4 describe un carnero con dos cuernos. Curiosamente, un cuerno creció más alto que el otro. En el versículo 20 el arcángel Gabriel le dice a Daniel que el carnero con dos cuernos representa a los “reyes de Media y Persia”. Históricamente, Persia representaba el cuerno “superior”, ya que era el poder dominante del Imperio Medo-Persa.

Este aspecto de la visión es una reafirmación de lo que se había revelado acerca de la segunda bestia en el capítulo anterior. Hablando de esta segunda potencia que domina el mundo, Daniel 7:5 dice: “la cual se alzaba de un costado más que del otro”. El lado persa era más alto que el lado que representaba a Media. La visión de la segunda bestia en Daniel 7:5 y el carnero en Daniel 8:3, 20 describen el liderazgo persa como el más fuerte del Imperio Medo-Persa.

En Daniel 8:4 este imperio es descrito como extendiéndose y conquistando en tres direcciones desde su capital de Susa en Persia. Su primer rey, Ciro el Grande, fue profetizado por su nombre en el libro de Isaías, y se nos dice lo que cumpliría 150 años antes de su nacimiento (Is 44:28; 45:1-4). El cuarto rey de Persia fue Jerjes I, cuya reina, como se revela en la Biblia, fue Ester (Dn 11:2; Est 2:16-18).

El Macho Cabrío Conquista al Carnero

En Daniel 8:5-7 un macho cabrío con un cuerno grande entre sus ojos se levanta repentinamente del oeste y rompe ambos cuernos del carnero. El ángel Gabriel le dice a Daniel que este macho cabrío representa el reino de Grecia y que su cuerno grande es su primer rey, que la historia mostraría posteriormente era Alejandro Magno (Dn 8:21). Después de más de 200 años de gobierno, el Imperio Medo-Persa llegó a su fin en el año 331 a.C.

Esta profecía de un macho cabrío, que representa el mismo reino que la tercera bestia de Daniel 7, da un giro inusual en el versículo 8. El gran cuerno que se quiebra representa la muerte prematura de Alejandro a la temprana edad de 33 años. Poco después de conquistar todas las tierras desde Grecia hasta la India, Alejandro murió. Su reino fue dividido en cuatro reinos muy débiles (Dn 8:8, 22).

Históricamente, las cuatro divisiones fueron (1) Grecia y Macedonia, gobernadas por Casandro; (2) Asia Menor, gobernada por Lisímaco; (3) Egipto y Palestina, gobernada por Tolomeo Soter; y (4) Siria, Babilonia y el este de la India, gobernada por Seleuco Nicador. El resto de la profecía se centra en un evento que se cumplió una vez antes de la primera venida del Señor Jesucristo, y que se repetirá en una escala mucho mayor antes de Su segunda venida, también descrita en nuestro artículo sobre la Abominación desoladora.

El Doble Significado de la Abominación Desoladora

La única referencia del Señor Jesús al libro de Daniel es a una futura abominación desoladora (Mt 24:15; Mr 13:14). Pero comenzando en Daniel 8:9 tenemos una profecía de una abominación desoladora que fue históricamente cumplida en el 160 a.C. Claramente, debía haber más de una abominación desoladora y las descripciones proféticas dadas en Daniel tenían un doble significado.

En Daniel 8:9 la primera abominación vendría de un “cuerno pequeño” que surgiría de la división del “cuerno grande” que fue quebrado (Dn 8:8). El “cuerno grande” representaba a Grecia y a Alejandro Magno (Dn 8: 21-22). En contraste con el “cuerno pequeño” de Daniel 7:8, que surge de entre los 10 cuernos del cuarto reino (el futuro Imperio del Anticristo), el “cuerno pequeño” de Daniel 8:9 representa un líder que saldría de una de las divisiones del Imperio de Alejandro (compárese con Dn 11:15, 21). Aunque estos pequeños cuernos de Daniel 7 y 8 son individuos o líderes diferentes, tienen una cosa en común: persiguen al pueblo de Dios.

Este “cuerno pequeño” de Daniel 8:9 haría cosas increíblemente malas al pueblo judío y al sitio del templo en Jerusalén (Dn 11:29-31). Este “cuerno pequeño” resultaría ser Antíoco IV Epífanes del Imperio Seléucida, también llamado “el rey del Norte”.

Los versículos que describen esta abominación (Dn 8:9-14) tienen un significado doble. Por ejemplo, el versículo 11 dice: “Aun se engrandeció contra el príncipe de los ejércitos, y por él fue quitado el continuo sacrificio, y el lugar de su santuario fue echado por tierra”. El versículo 25 añade: “y se levantará contra el Príncipe de los príncipes, pero será quebrantado, aunque no por mano humana”. El “Príncipe” en ambos versículos es el Señor Jesucristo. Antiguamente, Antíoco IV cumplió la primera abominación. En el tiempo del fin uno que también será un “cuerno pequeño” (el Anticristo) seguirá los pasos de Antíoco (2 Ts 2:4). Esto último será en realidad el cumplimiento del “cuerno pequeño” de Daniel 7:8.

El Comentario del Expositor Bíblico explica la gravedad de las hazañas de Antíoco: “Debe observarse que el título ‘Epífanes’ (‘el Ilustre’) también tiene el significado de ‘muy evidente’ o ‘manifiesto’ (de ahí la palabra epifanía). Por sus monedas sabemos que Antíoco vinculó su epifanía con el título añadido Theos (‘Dios’). Así que los dos términos juntos significaban ‘Dios Ilustre’, o bien ‘Dios Manifestado’”.

Daniel estaba orando y buscando el significado de la visión en Daniel 8 cuando el ángel Gabriel fue enviado para explicársela (Dn 8: 15-17). Gabriel dijo que había venido a hacerle saber a Daniel lo que sucedería en el “tiempo del fin” (Dn 8:19).El apóstol Pablo entendió de Daniel 8, 11 y 12 que tal individuo también vendría antes del regreso de Cristo (2 Ts 2:4-12).

Él Quitará los Sacrificios Diarios

En la visión Daniel vio que los sacrificios diarios serían prohibidos por parte del “cuerno pequeño”, y se le dijo que esta oposición duraría “2.300 tardes y mañanas” antes de que el santuario fuese purificado (Dn 8:12-14). Las tardes y las mañanas representan los sacrificios de la tarde y la mañana, un total de 1.150 días antes de que el templo fuese purificado.

El historiador judío Josefo escribe: “El día veinticinco del mes de Casleu [Kislev], que los macedonios llaman Apeleo, encendieron las lámparas que estaban en el candelero y ofrecieron incienso sobre el altar [de incienso]... Y así fue que estas cosas se hicieron en el mismo día en que su culto divino había caído, y fue reducido a un uso profano y común, después de tres años; porque así fue como el templo fue desolado por Antíoco, y así continuó por tres años” (Antigüedades de los judíos, 12:7:6).

Josefo continúa diciendo: “Y esta desolación se cumplió según la profecía de Daniel, que había sido dada cuatrocientos ocho años antes” (Antigüedades de los judíos, 12,7,7). Judas Macabeo, que guio a los judíos en la toma de Jerusalén, celebró una fiesta durante ocho días y “desde entonces celebramos esta fiesta, y la llamamos Luces” (Antigüedades de los judío). Este festival se llama hoy en día Jánuca (Heb. Hanukkah).

Los 1.150 días son 70 días más que tres años proféticos (360 x 3 = 1.080). Determinar el comienzo y la conclusión precisos de este lapso de tiempo ha resultado difícil. Los 1.150 días no se aplican sólo a la primera abominación, sino que también tendrán un cumplimiento en la abominación del tiempo del fin (Dn 12:11-13).

La Visión es Interpretada para Daniel

Daniel estaba orando y buscando el significado de la visión en Daniel 8 cuando el ángel Gabriel fue enviado para explicársela (Dn 8:15-17). Gabriel dijo que había venido a hacerle saber a Daniel lo que sucedería en el “tiempo del fin” (Dn 8:19). Luego explicó el significado del carnero y del macho cabrío, identificándolos como los “reyes de Media y Persia” y “el reino de Grecia” (Dn 8:20-21).

Los versículos de Daniel 8:23-26 son una repetición de Daniel 8:9-14, pero con más énfasis en la abominación desoladora final. Hay otra vez un dualismo en Daniel 8:23-25 que en el pasado se aplicó a Antíoco, pero que ahora apuntan al cumplimiento final del cual habló Cristo en Mateo 24:15.

Hablando de este perseguidor del tiempo del fin, Daniel 8:25 añade: 

“y se levantará contra el Príncipe de los príncipes, pero será quebrantado, aunque no por mano humana” (Dn 8:25).

Esto es muy similar a la interpretación del sueño de Nabucodonosor, donde Cristo, “la piedra [que] fue cortada del monte sin manos”, destruye el último reino y la abominación que habrá causado (Dn 2:44-45).

Aunque parte de la visión de Daniel 8 se ha cumplido históricamente, a Daniel se le dijo: 

“tú guarda la visión, porque es para muchos días (Dn 8:26). 

Se le dijo que hiciera lo mismo con respecto a la visión de la Gran Tribulación y el tiempo del fin (Dn 12:1-4, 9). El mismo mandamiento dado en ambos capítulos de “guardar la visión” y de que estas palabras están “cerradas y selladas las palabras” indica que las secciones de estos capítulos son para el mismo período de los tiempos del fin. ¿Tiene ahora más sentido la visión dada a Juan de la bestia/imperio que en su tiempo surgirá en el escenario mundial? La describe con los mismos símbolos dados a Daniel (capítulo 7) para describir a Grecia (leopardo), Medo-Persia (oso) y Babilonia (león):

“... semejante a un leopardo, y sus pies como de oso, y su boca como boca de león. Y el dragón le dio su poder y su trono, y grande autoridad” (Ap 13:2).

“Cuando veáis en el lugar santo la abominación desoladora de que habló el profeta Daniel” (Mt 24:15).

Una de las advertencias más importantes de Cristo a Sus discípulos, y a nosotros hoy, es tomada directamente del libro de Daniel. Esta advertencia es la de prestar mucha atención a la “abominación desoladora” cuando esté en el lugar santo (Mt 24:15; Mr 13:14). Es decir, estas profecías tuvieron sólo un cumplimiento parcial en el pasado, el cumplimiento completo está aún por venir.

Hoy nos encontramos viviendo en los tiempos del fin cuando muchas de estas profecías comenzarán a cumplirse. ¿Hay algo en tu vida que debas hacer ahora, antes de que estos eventos proféticos ocurran?

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Monday, June 29, 2026

LAS VISIONES DE DANIEL (1)




LA ESTATUA DE DANIEL 2

En ciertos momentos, Dios ha utilizado los sueños para comunicarse con la gente. Una de esas personas fue el rey Nabucodonosor de Babilonia. Daniel 2 cuenta cómo Daniel interpretó el sueño de Nabucodonosor, en el que Dios le proporcionaba una visión general de los acontecimientos mundiales en los milenios venideros.

Los Personajes

El rey Nabucodonosor reinó entre los años 605 y 562 a.C., expandiendo enormemente el Imperio Babilónico, conquistando Jerusalén y deportando a los judíos en el proceso. Daniel fue uno de los deportados de Israel a Babilonia, y se le concedió una educación en el palacio del rey. Cuando Dios le concedió a Daniel la sabiduría necesaria para interpretar el sueño del rey, se inició la larga carrera de Daniel como dirigente político, consejero de confianza y profeta reconocido.

La Amenaza de Nabucodonosor

Una noche, Nabucodonosor se despertó asustado por un sueño. El rey llamó a sus magos para que interpretaran la pesadilla. Este era el procedimiento habitual en una cultura que concedía gran importancia a los sueños y a su significado. Sin embargo, añadió un requisito sin precedentes: 

El asunto lo olvidé; si no me mostráis el sueño y su interpretación, seréis hechos pedazos, y vuestras casas serán convertidas en muladares” (Dn 2:5). 

Así pues, los sabios reales no solo tenían que proporcionar la interpretación del sueño, sino que debían relatar el sueño mismo. La pena por el fracaso era la muerte: todos los magos, encantadores, hechiceros y astrólogos del reino serían ejecutados. Los magos, preocupados, respondieron: 

“...  el asunto que el rey demanda es difícil, y no hay quien lo pueda declarar al rey, salvo los dioses cuya morada no es con la carne (Dn 2:11). 

Cuando Daniel se enteró de esto, estaba decidido a demostrar al rey el poder de Dios (Dn 2:18).

El Sueño

Daniel le pidió al rey algún tiempo para conocer el sueño, y luego procedió a orar toda la noche con tres de sus compañeros de exilio. Dios le reveló el sueño, y Daniel y sus amigos alabaron a Dios (Dn 2:19-23). A la mañana siguiente, fue a ver al rey y le contó el sueño.

En el sueño aparecía una enorme y gloriosa estatua de un hombre. 

 “La cabeza de esta imagen era de oro fino; su pecho y sus brazos, de plata; su vientre y sus muslos, de bronce; sus piernas, de hierro; sus pies, en parte de hierro y en parte de barro cocido  (Dn 2:32-33). 

 Estabas mirando, hasta que una piedra fue cortada, no con mano, e hirió a la imagen en sus pies de hierro y de barro cocido, y los desmenuzó  (Dn 2:34).

“Entonces fueron desmenuzados también el hierro, el barro cocido, el bronce, la plata y el oro, y fueron como tamo de las eras del verano, y se los llevó el viento sin que de ellos quedara rastro alguno. Mas la piedra que hirió a la imagen fue hecha un gran monte que llenó toda la tierra”  (Dn 2:35).

Esta visión, por cierto, nos da nuestro modismo popular ídolo con pies de barro, que significa una falta o debilidad insalvable.

La Interpretación

La interpretación de Daniel, que le fue dada por Dios, explica que la estatua representa una serie de reinos, cada uno menos glorioso que el anterior, como indica el valor decreciente de los metales. Daniel identifica a Nabucodonosor como la cabeza de oro, afirmando que Dios le había dado a Nabucodonosor mucho poder (Dn 2:37-38). El siguiente reino que surja será inferior a Babilonia, al igual que el siguiente. 

“Y el cuarto reino será fuerte como hierro; y como el hierro desmenuza y rompe todas las cosas, desmenuzará y quebrantará todo” (Dn 2:40).

Finalmente, los pies de barro mezclado con hierro será un reino dividido (Dnl 2:41). Durante la época de este último imperio mundial, la piedra los hará pedazos a todos, una predicción de que Dios . . . levantará un reino que no será jamás destruido (Dn 2:44). Todos los reinos terrenales anteriores llegarán a su fin.

El Sueño Más de 2.500 Años Después

Los cuatro primeros reinos han sido identificados tanto por la historia secular como la eclesiástica como los imperios babilónico, persa, griego y romano. Esta identificación ha surgido del desarrollo de la historia, y de la interpretación a otras profecías a la luz de la historia. Daniel ya dijo que Babilonia, concretamente Nabucodonosor, era la cabeza de oro (Dn 2:38). Babilonia cayó ante el reino de los medos y los persas (Dn 5:26-31). Grecia se convirtió en la sucesora del imperio medo-persa (Dn 8:20-21; 10:20 - 11:14). El imperio de hierro ha sido identificado tradicionalmente como Roma.

Las opiniones difieren sobre el quinto imperio. Algunos han intentado identificar diversos periodos de la historia de Europa como los pies de barro y de hierro; otros afirman que los pies representan los restos divididos de Roma antes de ser supuestamente conquistada por el cristianismo. Otros creen que el imperio de barro y de hierro está aún por llegar: el reino del Anticristo será un Imperio Romano resucitado. Esta última teoría convence a muchos. Según Apocalipsis 17:12-13, que el Anticristo dirigirá una coalición de diez naciones (¿los diez dedos de la estatua?). Y sabemos que Cristo derrotará a las fuerzas del Anticristo (Ap 17:14). Después de esto, el Señor Jesús establecerá Su reinola roca destruye a la imageny los reinos de este mundo “han venido a ser de nuestro Señor y de su Cristo; y él reinará por los siglos de los siglos (Ap 11:15).

Muchos eruditos han contrastado el sueño de Nabucodonosor en Daniel 2 con la visión de Daniel en el capítulo 7. Ambos pasajes revelan la llegada del reino mundial. Ambos pasajes revelan los reinos mundiales venideros, pero el simbolismo es sorprendentemente diferente en cada uno. El rey pagano ve los reinos de este mundo como una imponente obra de orfebrería, impresionante en tamaño, valor y grandeza (aunque con pies de barro). El profeta de Dios ve los mismos reinos como bestias extrañas y antinaturales, aterradoras en su aspecto y comportamiento. Es una diferencia de perspectiva: donde el hombre ve un majestuoso y reluciente tributo a sí mismo, Dios sólo ve una abominación (Lc 16:15).

El Problema

El cuarto imperio (Dn 2:40), no es Roma.

Aclarar este punto es importante porque demasiados enseñan que debe haber una restauración del Imperio Romano para que esta profecía tenga cumplimiento. Hay varias razones por las que el Imperio Romano no se ajusta a la descripción de los reinos mencionados en Daniel 2 y 7.

1. La extensión de este cuarto reino no se ajusta a la extensión del Imperio Romano:

 La cuarta bestia será un cuarto reino en la tierra, el cual será diferente de todos los otros reinos, y a toda la tierra devorará, trillará y despedazará (Dn 7:23).

El Imperio Romano ni fue “diferente de todos los otros reinos” ni devoró, trilló ni despedazó “a toda la tierra” (Dn 7:23). El Imperio Romano fue idéntico a los reinos previos e, incluso, se caracterizó por la Pax Romana, que fue un extenso periodo de relativa estabilidad y esplendor en el imperio que duró aproximadamente 200 años, desde el ascenso del emperador Augusto en el 27 a. C. hasta la muerte de Marco Aurelio en el 180 d. C. Aunque no estuvo exento de conflictos en las fronteras, se caracterizó por la ausencia de grandes guerras civiles y el apogeo del poder romano. Esta fue una constante en la historia de Roma.

2. La imagen de “los pies, en parte de hierro y en parte de barro cocido (Dn 2:33) representa a un reino que estará en el poder cuando el Señor Jesús regrese a la tierra para inaugurar Su reino de mil años (Dn 2:34; Ap 20:4-6). La profecía es clara en cuanto a que en los días de estos reyes el Dios del cielo levantará un reino que no será jamás destruido, ni será el reino dejado a otro pueblo; desmenuzará y consumirá a todos estos reinos, pero él permanecerá para siempre (Dn 2:44). El Imperio Romano no fue destruido por el Señor, como es descrito por Daniel, en Su primera venida. Y la Unión Europea actual tiene principalmente un propósito económico con poco o ningún poder político. Además, un reino (imperio) es una organización política, económica y militar en la que un estado central dominante, con un jerarca a la cabeza, ejerce control sobre múltiples territorios, pueblos o naciones. Europa no tiene ese poder. Existe una razón por la cual se le llama hoy en día Eurabia, y es porque el Medio Oriente musulmán la ha conquistado por completo con la inmigración definitiva.

3. En los años 90 d. C., cuando Juan escribió el libro de Apocalipsis, el cuarto reino de Daniel 2 aún no estaba en poder: Y los diez cuernos que has visto, son diez reyes, que aún no han recibido reino; pero por una hora recibirán autoridad como reyes juntamente con la bestia (Ap 17:12). Sin embargo, todo estudiante tanto de la historia secular como de la profecía bíblica sabe que cuando Juan escribió el Apocalipsis el Imperio Romano regía el mundo. Juan mismo había sido enviado al exilio en Patmos por el Imperio Romano. Sin embargo, tres veces Juan escribe que la bestia/imperio de su visión “era, y no es” (Ap 17:8,11). Es decir, fue un imperio en el pasado de Juan: “era” (o, fue), pero no es” al momento que Juan escribe la visión (Ap 17:8,11). 

Esto es prueba de que Daniel 2 no está describiendo al Imperio Romano. Históricamente, el Imperio Romano vino después del tercer imperio (Grecia). Pero ni Daniel ni Juan están viendo la historia, ellos están recibiendo visiones proféticas. Y tanto la profecía de Daniel 2 como el Apocalipsis de Juan pasan por alto el registro histórico para describir lo que está por venir, no lo que cualquier persona puede ver en los libros de historia universal. 

A medida que avancemos a través de las visiones de Daniel, esta verdad se hará más clara y nos permitirá ver cuál es el cuarto imperio mencionado en la profecía.

LAS CUATRO BESTIAS DE DANIEL 7



En Daniel 7, el profeta relata una visión nocturna que Dios le dio acerca de cuatro imperios mundiales, simbolizados como cuatro bestias (Dn 7:1-14). Los cuatro imperios son los mismos que vio Nabucodonosor en su sueño de Daniel 2, aunque en ese sueño se los representa como diversos metales en una estatua. La visión de Daniel nos asegura que los imperios del mundo tienen cierta autoridad durante cierto tiempo, pero todos pasarán, y recibirán el reino los santos del Altísimo, y poseerán el reino hasta el siglo, eternamente y para siempre” (Dn 7:18).

La visión de las cuatro bestias inquieta a Daniel, y se pregunta qué significa hasta que un ángel se la explica (Dn 7:15-27). Incluso en ese momento, la visión y su interpretación siguen causando angustia a Daniel: 

“En cuanto a mí, Daniel, mis pensamientos me turbaron y mi rostro se demudó; pero guardé el asunto en mi corazón” (Dn 7:28).

La visión de Daniel de las cuatro bestias comienza con una noche de mucho viento y un mar agitado: 

Miraba yo en mi visión de noche, y he aquí que los cuatro vientos del cielo combatían en el gran mar (Dn 7:2).

Mientras Daniel contempla: 

 Y cuatro bestias grandes, diferentes la una de la otra, subían del mar (Dn 7:3).

La primera de las cuatro bestias de Daniel era como león y tenía alas de águila (Dn 7:4). Mientras Daniel continúa contemplando, las alas son arrancadas de la bestia, y la criatura se yergue como un hombre y se le da una mente humana. Más tarde, el ángel que interpreta el sueño le dice a Daniel: Estas cuatro grandes bestias son cuatro reyes que se levantarán en la tierra (Dn 7:17). La primera bestia representa al rey Nabucodonosor de Babilonia. Su elevación a la categoría humana refleja la liberación de Nabucodonosor de una existencia bestial y su comprensión de la verdadera naturaleza de Dios (Dn 4:34-35).
La segunda bestia de la visión de Daniel es semejante a un oso, la cual se alzaba de un costado más que del otro, y tenía en su boca tres costillas entre los dientes; y le fue dicho así: Levántate, devora mucha carne” (Dn 7:5). 

Una voz le dice a la segunda bestia que devore carne hasta quedar satisfecha. Esta bestia representa al Imperio Medo-Persa; la elevación de un costado del oso indica que una de las partes del reino (Persia) sería la dominante. Las tres costillas de la boca de la criatura simbolizan las naciones que fueron devoradas por los medos y los persas. Se sabe que estas tres naciones conquistadas son Babilonia, Lidia y Egipto.

La tercera de las cuatro bestias es semejante a un leopardo, salvo que tiene cuatro alas parecidas a las de un ave en el lomo y cuatro cabezas (Dn 7:6). A esta bestia se le da autoridad para gobernar. Esta tercera bestia representa a Grecia, un imperio conocido por la rapidez de sus conquistas. Las cuatro cabezas predicen la división en cuatro del imperio griego tras la muerte de Alejandro Magno. La visión de Daniel 8, del carnero y el macho cabrío, proporciona más detalles sobre el segundo y el tercer reino.

La última bestia que Daniel ve surgir del mar es:

...espantosa y terrible y en gran manera fuerte, la cual tenía unos dientes grandes de hierro; devoraba y desmenuzaba, y las sobras hollaba con sus pies, y era muy diferente de todas las bestias que vi antes de ella, y tenía diez cuernos (Dn 7:7). 

Esta cuarta bestia tiene “dientes de hierro y uñas de bronce (Dn 7:19) y “devoraba y desmenuzaba, y las sobras hollaba con sus pies”. Además tiene diez cuernos (Dn 7:7)

Esta criatura NO representa al Imperio Romano, porque jamás hubo en tal imperio diez reyes reinando simultáneamente.

Así pues, la visión de Daniel de las cuatro bestias proporciona una visión profética de los futuros acontecimientos mundiales. Mirando hacia atrás desde nuestra perspectiva, vemos estos acontecimientos como historia mundial y podemos ver fácilmente la correlación entre cada bestia y un imperio mundial. Sin embargo, había algo más en la visión de Daniel, y parte de ello es aún futuro, incluso para nosotros.

La atención de Daniel se centra en la destructiva cuarta bestia, y reflexiona sobre el significado de sus diez cuernos. Entonces, un cuerno más pequeño empieza a crecer de en medio de los diez. Cuando el cuerno pequeño emerge de la bestia, tres de los cuernos originales son arrancados de raíz. Daniel ve que “este cuerno tenía ojos como de hombre, y una boca que hablaba grandes cosas” (Dn 7:8). Ojos como los ojos de un hombre, lo que denota inteligencia, y una boca que habla con mucha arrogancia. Las palabras orgullosas y jactanciosas del cuerno pequeño continúan hasta que el Anciano de Días establece un día de juicio (Dn 7: 9-10). En ese momento, “mataron a la bestia, y su cuerpo fue destrozado y entregado para ser quemado en el fuego” (Dn 7:11). Esto contrasta con el destino de las otras tres bestias, que pierden su autoridad, pero no fueron destruidas inmediatamente (Dn 7:12).

Después de matar a la cuarta bestia:

“ ...he aquí con las nubes del cielo venía uno como un hijo de hombre, que vino hasta el Anciano de días, y le hicieron acercarse delante de él. Y le fue dado dominio, gloria y reino, para que todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieran; su dominio es dominio eterno, que nunca pasará, y su reino uno que no será destruido” (Dn 7:13-14).

Cuando se da a Daniel la interpretación de la visión, el profeta pregunta específicamente por la cuarta bestia y sus cuernos (Dn 7:19). El ángel le explica: los diez cuernos de la bestia son diez reyes que se levantarán de ese reino (Dn 7:24). El cuerno pequeño e imponente, con ojos y boca de humano, representa a un rey que surgirá de ella; ante él serán sometidos tres de los reyes originales. Este rey malvado “hablará palabras contra el Altísimo, y a los santos del Altísimo quebrantará, y pensará en cambiar los tiempos y la ley; y serán entregados en su mano hasta tiempo, y tiempos, y medio tiempo” (Dn 7:25). Tratará de cambiar los tiempos y las leyes, y ejercerá un poder opresivo sobre el pueblo de Dios durante tres años y medio. Este líder mundial que vio Daniel es el Anticristo, a quien el Señor llama la abominación desoladora (Dn 11:31; 12:11; Mt 24:15).

El hecho de que el Anticristo surja de la cuarta bestia nos lleva a conjeturar que, al final de los tiempos, se producirá un “renacimiento” NO del Imperio Romano (Ap 17:8,11), sino de uno que surgiría después de la visión dada a Juan (Ap 17:8,11), con una coalición de diez líderes (pies/cuernos) mundiales. El Anticristo asumirá su posición de liderazgo tras derrocar a tres de esos líderes, y acabará ejerciendo la autoridad mundial. Verdadero tirano, el Anticristo exigirá adoración y tratará de controlar todos los aspectos de la vida sobre la tierra (Ap 13:16-17).

La cuarta bestia de Daniel 7 es la primera bestia de Apocalipsis 13. Observa que la bestia del Apocalipsis también tiene diez cuernos, y Juan la describe como “semejante a un leopardo, y sus pies como de oso, y su boca como boca de león. Y el dragón le dio su poder y su trono, y grande autoridad” (Ap 13:2). En otras palabras, la bestia del Apocalipsis contiene los mismos elementos de todas las bestias de Daniel 7. Al igual que la cuarta bestia de Daniel, la bestia de Juan habla con orgullo y oprime al pueblo de Dios durante tres años y medio (Ap 13:5-7).

La buena noticia es que el reinado del Anticristo es limitado: cuarenta y dos meses, tres años y medio, 1.260 días; nada más. Entonces, Dios promete juzgar al cuerno pequeño. 

“Pero se sentará el Juez, y le quitarán su dominio para que sea destruido y arruinado hasta el fin” (Dn 7:26). 

O, como lo vio Juan, 

“Y la bestia fue apresada, y con ella el falso profeta que había hecho delante de ella las señales con las cuales había engañado a los que recibieron la marca de la bestia, y habían adorado su imagen. Estos dos fueron lanzados vivos dentro de un lago de fuego que arde con azufre” (Ap 19:20). 

El Hijo del Hombre reinará para siempre.

Es interesante comparar la visión de Daniel de las cuatro bestias con el sueño del rey Nabucodonosor de una gran estatua. Ambas visiones simbolizan los mismos reinos del mundo. En Daniel 2, el rey sueña con los reinos terrenales como “una gran imagen. Esta imagen, que era muy grande, y cuya gloria era muy sublime, estaba en pie delante de ti, y su aspecto era terrible” (Dn 2:31). Sin embargo, Daniel ve los mismos reinos como bestias horribles (Daniel 7). Así pues, tenemos dos perspectivas muy distintas de los reinos que construye la humanidad. Los gobernantes del mundo ven sus reinos como imponentes monumentos artísticos construidos con metales valiosos. Sin embargo, los profetas de Dios ven esos mismos reinos como bestias abominables (Lc 6:15).

La visión de Daniel de las cuatro bestias nos advierte que habrá una procesión de enemigos y gobernantes del mundo que tendrán autoridad sobre el pueblo de Dios; sin embargo, no debemos abatirnos. Al final, Dios tiene el control, y el Mesías venidero derrotará a los reinos de este mundo y establecerá Su trono para siempre (Dn 2:44; 7:13-14; Ap 11:15).
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Sunday, June 28, 2026

LA HORA DE LAS BRUJAS




La “hora de las brujas” o la “hora del diablo” es un término que se hizo popular en 1835 para definir el momento avanzado de la noche en que se cree que los poderes de las tinieblas son más fuertes. Según la tradición, es en esta hora cuando un mago, un demonio, o una bruja, alcanza el punto máximo de sus poderes y los poderes sobrenaturales están más activos. Aunque el origen exacto de esta idea no está claro, Shakespeare aludió al concepto en su obra Hamlet

“Es ahora la hora misma de las brujas de la noche, cuando los cementerios bostezan y el mismo infierno exhala su contagio a este mundo” (Acto III, Escena 2). 

Mientras que la mayoría considera que la “hora de las brujas” ocurre entre las 2:00 y las 4:00 AM, Shakespeare la situó a la medianoche.

La literatura parasicológica registra que entre la medianoche y las 4:00 AM es cuando hay más informes de actividad sobrenatural (o, paranormal), y que la hora más fuerte es entre las 3:00 y las 4:00 AM. 

Hubo un tiempo en que la Iglesia Católica prohibió que las mujeres anduvieran fuera de casa entre las 3:00 y las 4:00 AM, ya que quienes lo hacían eran vistas con sospecha. Una creencia antigua sobre la “hora de las brujas” sugería que en entre estas horas se ofrecía la menor cantidad de oraciones, lo que permitía a los espíritus de las tinieblas actuar sin intervención divina. Más recientemente, se considera que la “ hora de las brujas” ocurre entre la medianoche y las 2:00 AM.

A pesar de la especulación popular sobre la “hora de las brujas”, o la “hora del diablo”, no hay nada en la Biblia que respalde esta idea. Cuando arrestaron a Jesús, él le dijo a la multitud: 

“Esta es vuestra hora, y la potestad de las tinieblas” (Lc 22:53).

Pero esto no tiene relación con la idea de una “hora de las brujas”. El Señor Jesús no hablaba de un hora específica del reloj, sino que se refería a que se les había permitido, por voluntad divina, arrestarlo. De no haber sido así, los líderes religiosos no habrían tenido poder sobre el Hijo de Dios.

Para los cristianos, la existencia o no de una “hora de las brujas” no debiera ser motivo de preocupación. Cuando rendimos nuestras vidas al señorío de Cristo, vencemos cualquier poder de las tinieblas que pudiera tenerlos cautivos. El poder de la sangre de Cristo rompe todas las cadenas con las que Satanás intentó (e intenta) atarnos. No importa si el reloj marca las 3:00 AM o las 3:00 PM, las fuerzas del mal no tienen dominio sobre nosotros. Tenemos el mismo acceso a Dios en medio de la noche que en pleno día. El Salmo 139:12 es un buen recordatorio para quienes se despiertan con temor en medio de la noche: 

“Aun las tinieblas no encubren de ti, Y la noche resplandece como el día; Lo mismo te son las tinieblas que la luz (Sal 139:12).

También debemos recordar que mientras en nuestra zona horaria es la “hora de las brujas”, en otra parte del mundo es pleno día. Dios no duerme ni se distrae simplemente porque en nuestro lugar del mundo sea de madrugada (Sal 121:3-4; Dn 2:22). Incluso cuando estamos dormidos, el Señor está despierto y velando por nosotros (Is 27:3).

Una razón por la que la gente cree en la “hora de las brujas” es porque muchos actos malvados ocurren en la oscuridad de la noche. Al despertar, nos enteramos de violaciones, robos, tráfico de drogas y asesinatos que ocurrieron mientras dormíamos. Esto nos da la impresión de que Satanás y sus espíritus estuvieron más activos durante la noche. Pero la realidad es que cada acto malvado tiene una elección humana detrás. El Señor Jesús dijo: 

“Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. Porque todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz y no viene a la luz, para que sus obras no sean reprendidas” (Jn 3:19-20). 

Aunque a muchos les gustaría culpar al “diablo”  y a las brujas por todos los males que ocurren en el mundo, la verdad es que los seres humanos eligen sus propios caminos de maldad

Gran parte de lo que sucede en la “hora de las brujas” es el resultado de corazones humanos alineados con los propósitos de Satanás (Mt 15:18-19; Jn 8:44).

En ocasiones, el Señor puede despertarnos en medio de la noche para que intercedamos por algo o alguien. En lugar de permanecer en la cama atemorizados por una “hora de las brujas” imaginaria, podemos aprovechar el tiempo de desvelo para orar al Señor. Podemos orar por las personas que vienen a nuestra mente, sabiendo que el Señor del universo está tan activo en la noche como en cualquier otro momento. En lugar de ver la madrugada como una “hora de las brujas”, podemos verla como una “hora de vigilia”, como cuando el Señor le pidió a Sus discípulos que lo hicieran que velaran y orarán con Él (Mt 26:41). La noche antes de ir a la cruz, Jesús les dijo: 

“Velad  y orad” (Mr 14:37-38). 

Y el Señor nos dice a nosotros que hagamos lo mismo. Si despertamos en medio de la noche, podemos usar ese tiempo para purificar nuestro corazón ante Dios y orar por el día que viene, para que no entremos en tentación (Mr 14:37). De esta manera, podemos destruir lo que Satanás pudo haber planeado para mal contra nosotros, y permitir que Dios lo use para bien (Gn 50:20). 

Hoy en día nos encontramos en el Getsemaní de la historia de la cristiandad. Los enemigos vienen por el camino: con antorchas, espadas y palos. Vienen en busca del Cuerpo de Cristo. Es tiempo que desechemos las fábulas profanas y de viejas, comencemos a ejercitarnos para la piedad” (1 Ti 4:7). Cuando te despiertes en medio de la noche, vela y ora:

“... para que no entréis en tentación (Mr 14:38).

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