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Monday, June 29, 2026

LAS VISIONES DE DANIEL (1)




LA ESTATUA DE DANIEL 2

En ciertos momentos, Dios ha utilizado los sueños para comunicarse con la gente. Una de esas personas fue el rey Nabucodonosor de Babilonia. Daniel 2 cuenta cómo Daniel interpretó el sueño de Nabucodonosor, en el que Dios le proporcionaba una visión general de los acontecimientos mundiales en los milenios venideros.

Los Personajes

El rey Nabucodonosor reinó entre los años 605 y 562 a.C., expandiendo enormemente el Imperio Babilónico, conquistando Jerusalén y deportando a los judíos en el proceso. Daniel fue uno de los deportados de Israel a Babilonia, y se le concedió una educación en el palacio del rey. Cuando Dios le concedió a Daniel la sabiduría necesaria para interpretar el sueño del rey, se inició la larga carrera de Daniel como dirigente político, consejero de confianza y profeta reconocido.

La Amenaza de Nabucodonosor

Una noche, Nabucodonosor se despertó asustado por un sueño. El rey llamó a sus magos para que interpretaran la pesadilla. Este era el procedimiento habitual en una cultura que concedía gran importancia a los sueños y a su significado. Sin embargo, añadió un requisito sin precedentes: 

El asunto lo olvidé; si no me mostráis el sueño y su interpretación, seréis hechos pedazos, y vuestras casas serán convertidas en muladares” (Dn 2:5). 

Así pues, los sabios reales no solo tenían que proporcionar la interpretación del sueño, sino que debían relatar el sueño mismo. La pena por el fracaso era la muerte: todos los magos, encantadores, hechiceros y astrólogos del reino serían ejecutados. Los magos, preocupados, respondieron: 

“...  el asunto que el rey demanda es difícil, y no hay quien lo pueda declarar al rey, salvo los dioses cuya morada no es con la carne (Dn 2:11). 

Cuando Daniel se enteró de esto, estaba decidido a demostrar al rey el poder de Dios (Dn 2:18).

El Sueño

Daniel le pidió al rey algún tiempo para conocer el sueño, y luego procedió a orar toda la noche con tres de sus compañeros de exilio. Dios le reveló el sueño, y Daniel y sus amigos alabaron a Dios (Dn 2:19-23). A la mañana siguiente, fue a ver al rey y le contó el sueño.

En el sueño aparecía una enorme y gloriosa estatua de un hombre. 

 “La cabeza de esta imagen era de oro fino; su pecho y sus brazos, de plata; su vientre y sus muslos, de bronce; sus piernas, de hierro; sus pies, en parte de hierro y en parte de barro cocido  (Dn 2:32-33). 

 Estabas mirando, hasta que una piedra fue cortada, no con mano, e hirió a la imagen en sus pies de hierro y de barro cocido, y los desmenuzó  (Dn 2:34).

“Entonces fueron desmenuzados también el hierro, el barro cocido, el bronce, la plata y el oro, y fueron como tamo de las eras del verano, y se los llevó el viento sin que de ellos quedara rastro alguno. Mas la piedra que hirió a la imagen fue hecha un gran monte que llenó toda la tierra”  (Dn 2:35).

Esta visión, por cierto, nos da nuestro modismo popular ídolo con pies de barro, que significa una falta o debilidad insalvable.

La Interpretación

La interpretación de Daniel, que le fue dada por Dios, explica que la estatua representa una serie de reinos, cada uno menos glorioso que el anterior, como indica el valor decreciente de los metales. Daniel identifica a Nabucodonosor como la cabeza de oro, afirmando que Dios le había dado a Nabucodonosor mucho poder (Dn 2:37-38). El siguiente reino que surja será inferior a Babilonia, al igual que el siguiente. 

“Y el cuarto reino será fuerte como hierro; y como el hierro desmenuza y rompe todas las cosas, desmenuzará y quebrantará todo” (Dn 2:40).

Finalmente, los pies de barro mezclado con hierro será un reino dividido (Dnl 2:41). Durante la época de este último imperio mundial, la piedra los hará pedazos a todos, una predicción de que Dios . . . levantará un reino que no será jamás destruido (Dn 2:44). Todos los reinos terrenales anteriores llegarán a su fin.

El Sueño Más de 2.500 Años Después

Los cuatro primeros reinos han sido identificados tanto por la historia secular como la eclesiástica como los imperios babilónico, persa, griego y romano. Esta identificación ha surgido del desarrollo de la historia, y de la interpretación a otras profecías a la luz de la historia. Daniel ya dijo que Babilonia, concretamente Nabucodonosor, era la cabeza de oro (Dn 2:38). Babilonia cayó ante el reino de los medos y los persas (Dn 5:26-31). Grecia se convirtió en la sucesora del imperio medo-persa (Dn 8:20-21; 10:20 - 11:14). El imperio de hierro ha sido identificado tradicionalmente como Roma.

Las opiniones difieren sobre el quinto imperio. Algunos han intentado identificar diversos periodos de la historia de Europa como los pies de barro y de hierro; otros afirman que los pies representan los restos divididos de Roma antes de ser supuestamente conquistada por el cristianismo. Otros creen que el imperio de barro y de hierro está aún por llegar: el reino del Anticristo será un Imperio Romano resucitado. Esta última teoría convence a muchos. Según Apocalipsis 17:12-13, que el Anticristo dirigirá una coalición de diez naciones (¿los diez dedos de la estatua?). Y sabemos que Cristo derrotará a las fuerzas del Anticristo (Ap 17:14). Después de esto, el Señor Jesús establecerá Su reinola roca destruye a la imageny los reinos de este mundo “han venido a ser de nuestro Señor y de su Cristo; y él reinará por los siglos de los siglos (Ap 11:15).

Muchos eruditos han contrastado el sueño de Nabucodonosor en Daniel 2 con la visión de Daniel en el capítulo 7. Ambos pasajes revelan la llegada del reino mundial. Ambos pasajes revelan los reinos mundiales venideros, pero el simbolismo es sorprendentemente diferente en cada uno. El rey pagano ve los reinos de este mundo como una imponente obra de orfebrería, impresionante en tamaño, valor y grandeza (aunque con pies de barro). El profeta de Dios ve los mismos reinos como bestias extrañas y antinaturales, aterradoras en su aspecto y comportamiento. Es una diferencia de perspectiva: donde el hombre ve un majestuoso y reluciente tributo a sí mismo, Dios sólo ve una abominación (Lc 16:15).

El Problema

El cuarto imperio (Dn 2:40), no es Roma.

Aclarar este punto es importante porque demasiados enseñan que debe haber una restauración del Imperio Romano para que esta profecía tenga cumplimiento. Hay varias razones por las que el Imperio Romano no se ajusta a la descripción de los reinos mencionados en Daniel 2 y 7.

1. La extensión de este cuarto reino no se ajusta a la extensión del Imperio Romano:

 La cuarta bestia será un cuarto reino en la tierra, el cual será diferente de todos los otros reinos, y a toda la tierra devorará, trillará y despedazará (Dn 7:23).

El Imperio Romano ni fue “diferente de todos los otros reinos” ni devoró, trilló ni despedazó “a toda la tierra” (Dn 7:23). El Imperio Romano fue idéntico a los reinos previos e, incluso, se caracterizó por la Pax Romana, que fue un extenso periodo de relativa estabilidad y esplendor en el imperio que duró aproximadamente 200 años, desde el ascenso del emperador Augusto en el 27 a. C. hasta la muerte de Marco Aurelio en el 180 d. C. Aunque no estuvo exento de conflictos en las fronteras, se caracterizó por la ausencia de grandes guerras civiles y el apogeo del poder romano. Esta fue una constante en la historia de Roma.

2. La imagen de “los pies, en parte de hierro y en parte de barro cocido (Dn 2:33) representa a un reino que estará en el poder cuando el Señor Jesús regrese a la tierra para inaugurar Su reino de mil años (Dn 2:34; Ap 20:4-6). La profecía es clara en cuanto a que en los días de estos reyes el Dios del cielo levantará un reino que no será jamás destruido, ni será el reino dejado a otro pueblo; desmenuzará y consumirá a todos estos reinos, pero él permanecerá para siempre (Dn 2:44). El Imperio Romano no fue destruido por el Señor, como es descrito por Daniel, en Su primera venida. Y la Unión Europea actual tiene principalmente un propósito económico con poco o ningún poder político. Además, un reino (imperio) es una organización política, económica y militar en la que un estado central dominante, con un jerarca a la cabeza, ejerce control sobre múltiples territorios, pueblos o naciones. Europa no tiene ese poder. Existe una razón por la cual se le llama hoy en día Eurabia, y es porque el Medio Oriente musulmán la ha conquistado por completo.

3. En los años 90 d. de C., cuando Juan escribió el libro de Apocalipsis, el cuarto reino de Daniel 2 aún no estaba en poder: Y los diez cuernos que has visto, son diez reyes, que aún no han recibido reino; pero por una hora recibirán autoridad como reyes juntamente con la bestia (Ap 17:12). Sin embargo, todo estudiante tanto de la historia secular como de la profecía bíblica sabe que cuando Juan escribió el Apocalipsis el Imperio Romano regía el mundo. Juan mismo había sido exiliado en Patmos por el Imperio Romano. Sin embargo, tres veces Juan escribe que la bestia/imperio de su visión “era, y no es” (Ap 17:8,11). Es decir, fue un imperio en el pasado de Juan: “era” (o, fue), pero no es” al momento que Juan escribe la visión (Ap 17:8,11). 

Esto es prueba de que Daniel 2 no está describiendo al Imperio Romano. Históricamente, el Imperio Romano vino después del tercer imperio (Grecia). Pero ni Daniel ni Juan están viendo la historia, ellos están recibiendo visiones proféticas. Y tanto la profecía de Daniel 2 como el Apocalipsis de Juan pasan por alto el registro histórico para describir lo que está por venir, no lo que cualquier persona puede ver en los libros de historia universal. 

A medida que avancemos a través de las visiones de Daniel, esta verdad se hará más clara y no permitirá ver cuál es el cuarto imperio mencionado en la profecía.

LAS CUATRO BESTIAS DE DANIEL 7



En Daniel 7, el profeta relata una visión nocturna que Dios le dio acerca de cuatro imperios mundiales, simbolizados como cuatro bestias (Dn 7:1-14). Los cuatro imperios son los mismos que vio Nabucodonosor en su sueño de Daniel 2, aunque en ese sueño se los representa como diversos metales en una estatua. La visión de Daniel nos asegura que los imperios del mundo tienen cierta autoridad durante cierto tiempo, pero todos pasarán, y recibirán el reino los santos del Altísimo, y poseerán el reino hasta el siglo, eternamente y para siempre” (Dn 7:18).

La visión de las cuatro bestias inquieta a Daniel, y se pregunta qué significa hasta que un ángel se la explica (Dn 7:15-27). Incluso en ese momento, la visión y su interpretación siguen causando angustia a Daniel: 

“En cuanto a mí, Daniel, mis pensamientos me turbaron y mi rostro se demudó; pero guardé el asunto en mi corazón” (Dn 7:28).

La visión de Daniel de las cuatro bestias comienza con una noche de mucho viento y un mar agitado: 

Miraba yo en mi visión de noche, y he aquí que los cuatro vientos del cielo combatían en el gran mar (Dn 7:2).

Mientras Daniel contempla: 

 Y cuatro bestias grandes, diferentes la una de la otra, subían del mar (Dn 7:3).

La primera de las cuatro bestias de Daniel era como león y tenía alas de águila (Dn 7:4). Mientras Daniel continúa contemplando, las alas son arrancadas de la bestia, y la criatura se yergue como un hombre y se le da una mente humana. Más tarde, el ángel que interpreta el sueño le dice a Daniel: Estas cuatro grandes bestias son cuatro reyes que se levantarán en la tierra (Dn 7:17). La primera bestia representa al rey Nabucodonosor de Babilonia. Su elevación a la categoría humana refleja la liberación de Nabucodonosor de una existencia bestial y su comprensión de la verdadera naturaleza de Dios (Dn 4:34-35).
La segunda bestia de la visión de Daniel es semejante a un oso, la cual se alzaba de un costado más que del otro, y tenía en su boca tres costillas entre los dientes; y le fue dicho así: Levántate, devora mucha carne” (Dn 7:5). 

Una voz le dice a la segunda bestia que devore carne hasta quedar satisfecha. Esta bestia representa al Imperio Medo-Persa; la elevación de un costado del oso indica que una de las partes del reino (Persia) sería la dominante. Las tres costillas de la boca de la criatura simbolizan las naciones que fueron devoradas por los medos y los persas. Se sabe que estas tres naciones conquistadas son Babilonia, Lidia y Egipto.

La tercera de las cuatro bestias es semejante a un leopardo, salvo que tiene cuatro alas parecidas a las de un ave en el lomo y cuatro cabezas (Dn 7:6). A esta bestia se le da autoridad para gobernar. Esta tercera bestia representa a Grecia, un imperio conocido por la rapidez de sus conquistas. Las cuatro cabezas predicen la división en cuatro del imperio griego tras la muerte de Alejandro Magno. La visión de Daniel 8, del carnero y el macho cabrío, proporciona más detalles sobre el segundo y el tercer reino.

La última bestia que Daniel ve surgir del mar es:

...espantosa y terrible y en gran manera fuerte, la cual tenía unos dientes grandes de hierro; devoraba y desmenuzaba, y las sobras hollaba con sus pies, y era muy diferente de todas las bestias que vi antes de ella, y tenía diez cuernos (Dn 7:7). 

Esta cuarta bestia tiene “dientes de hierro y uñas de bronce (Dn 7:19) y “devoraba y desmenuzaba, y las sobras hollaba con sus pies”. Además tiene diez cuernos (Dn 7:7)

Esta criatura NO representa al Imperio Romano, porque jamás hubo en tal imperio diez reyes reinando simultáneamente.

Así pues, la visión de Daniel de las cuatro bestias proporciona una visión profética de los futuros acontecimientos mundiales. Mirando hacia atrás desde nuestra perspectiva, vemos estos acontecimientos como historia mundial y podemos ver fácilmente la correlación entre cada bestia y un imperio mundial. Sin embargo, había algo más en la visión de Daniel, y parte de ello es aún futuro, incluso para nosotros.

La atención de Daniel se centra en la destructiva cuarta bestia, y reflexiona sobre el significado de sus diez cuernos. Entonces, un cuerno más pequeño empieza a crecer de en medio de los diez. Cuando el cuerno pequeño emerge de la bestia, tres de los cuernos originales son arrancados de raíz. Daniel ve que “este cuerno tenía ojos como de hombre, y una boca que hablaba grandes cosas” (Dn 7:8). Ojos como los ojos de un hombre, lo que denota inteligencia, y una boca que habla con mucha arrogancia. Las palabras orgullosas y jactanciosas del cuerno pequeño continúan hasta que el Anciano de Días establece un día de juicio (Dn 7: 9-10). En ese momento, “mataron a la bestia, y su cuerpo fue destrozado y entregado para ser quemado en el fuego” (Dn 7:11). Esto contrasta con el destino de las otras tres bestias, que pierden su autoridad, pero no fueron destruidas inmediatamente (Dn 7:12).

Después de matar a la cuarta bestia:

“ ...he aquí con las nubes del cielo venía uno como un hijo de hombre, que vino hasta el Anciano de días, y le hicieron acercarse delante de él. Y le fue dado dominio, gloria y reino, para que todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieran; su dominio es dominio eterno, que nunca pasará, y su reino uno que no será destruido” (Dn 7:13-14).

Cuando se da a Daniel la interpretación de la visión, el profeta pregunta específicamente por la cuarta bestia y sus cuernos (Dn 7:19). El ángel le explica: los diez cuernos de la bestia son diez reyes que se levantarán de ese reino (Dn 7:24). El cuerno pequeño e imponente, con ojos y boca de humano, representa a un rey que surgirá de ella; ante él serán sometidos tres de los reyes originales. Este rey malvado “hablará palabras contra el Altísimo, y a los santos del Altísimo quebrantará, y pensará en cambiar los tiempos y la ley; y serán entregados en su mano hasta tiempo, y tiempos, y medio tiempo” (Dn 7:25). Tratará de cambiar los tiempos y las leyes, y ejercerá un poder opresivo sobre el pueblo de Dios durante tres años y medio. Este líder mundial que vio Daniel es el Anticristo, a quien el Señor llama la abominación desoladora (Dn 11:31; 12:11; Mt 24:15).

El hecho de que el Anticristo surja de la cuarta bestia nos lleva a conjeturar que, al final de los tiempos, se producirá un “renacimiento” NO del Imperio Romano (Ap 17:8,11), sino de uno que surgiría después de la visión dada a Juan (Ap 17:8,11), con una coalición de diez líderes (pies/cuernos) mundiales. El Anticristo asumirá su posición de liderazgo tras derrocar a tres de esos líderes, y acabará ejerciendo la autoridad mundial. Verdadero tirano, el Anticristo exigirá adoración y tratará de controlar todos los aspectos de la vida sobre la tierra (Ap 13:16-17).

La cuarta bestia de Daniel 7 es la primera bestia de Apocalipsis 13. Observa que la bestia del Apocalipsis también tiene diez cuernos, y Juan la describe como “semejante a un leopardo, y sus pies como de oso, y su boca como boca de león. Y el dragón le dio su poder y su trono, y grande autoridad” (Ap 13:2). En otras palabras, la bestia del Apocalipsis contiene los mismos elementos de todas las bestias de Daniel 7. Al igual que la cuarta bestia de Daniel, la bestia de Juan habla con orgullo y oprime al pueblo de Dios durante tres años y medio (Ap 13:5-7).

La buena noticia es que el reinado del Anticristo es limitado: cuarenta y dos meses, tres años y medio, 1.260 días; nada más. Entonces, Dios promete juzgar al cuerno pequeño. 

“Pero se sentará el Juez, y le quitarán su dominio para que sea destruido y arruinado hasta el fin” (Dn 7:26). 

O, como lo vio Juan, 

“Y la bestia fue apresada, y con ella el falso profeta que había hecho delante de ella las señales con las cuales había engañado a los que recibieron la marca de la bestia, y habían adorado su imagen. Estos dos fueron lanzados vivos dentro de un lago de fuego que arde con azufre” (Ap 19:20). 

El Hijo del Hombre reinará para siempre.

Es interesante comparar la visión de Daniel de las cuatro bestias con el sueño del rey Nabucodonosor de una gran estatua. Ambas visiones simbolizan los mismos reinos del mundo. En Daniel 2, el rey sueña con los reinos terrenales como “una gran imagen. Esta imagen, que era muy grande, y cuya gloria era muy sublime, estaba en pie delante de ti, y su aspecto era terrible” (Dn 2:31). Sin embargo, Daniel ve los mismos reinos como bestias horribles (Daniel 7). Así pues, tenemos dos perspectivas muy distintas de los reinos que construye la humanidad. Los gobernantes del mundo ven sus reinos como imponentes monumentos artísticos construidos con metales valiosos. Sin embargo, los profetas de Dios ven esos mismos reinos como bestias abominables (Lc 6:15).

La visión de Daniel de las cuatro bestias nos advierte que habría una procesión de enemigos y gobernantes del mundo que tendrán autoridad sobre el pueblo de Dios; sin embargo, no debemos abatirno. Al final, Dios tiene el control, y el Mesías venidero derrotará a los reinos de este mundo y establecerá Su trono para siempre (Dn 2:44; 7:13-14; Ap 11:15).
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