La “hora de las brujas” o la “hora del diablo” es un término que se hizo popular en 1835 para definir el momento avanzado de la noche en que se cree que los poderes de las tinieblas son más fuertes. Según la tradición, es en esta hora cuando un mago, un demonio, o una bruja, alcanza el punto máximo de sus poderes y los poderes sobrenaturales están más activos. Aunque el origen exacto de esta idea no está claro, Shakespeare aludió al concepto en su obra Hamlet:
La literatura parasicológica registra que entre la medianoche y las 4:00 am es cuando hay más informes de actividad sobrenatural (o, paranormal), y que la hora más fuerte es entre las 3:00 y las 4:00 am.
Hubo un tiempo en que la Iglesia Católica prohibió que las mujeres anduvieran fuera de casa entre las 3:00 y las 4:00 am, ya que quienes lo hacían eran vistas con sospecha. Una creencia antigua sobre la “hora de las brujas” sugería que en entre estas horas se ofrecía la menor cantidad de oraciones, lo que permitía a los espíritus de las tinieblas actuar sin intervención divina. Más recientemente, se considera que la “ hora de las brujas” ocurre entre la medianoche y las 2:00 am.
A pesar de la especulación popular sobre la “hora de las brujas”, o la “hora del diablo”, no hay nada en la Biblia que respalde esta idea. Cuando arrestaron a Jesús, él le dijo a la multitud:
“Esta es vuestra hora, y la potestad de las tinieblas” (Lc 22:53).
Pero esto no tiene relación con la idea de una “hora de las brujas”. El Señor Jesús no hablaba de un hora específica del reloj, sino que se refería a que se les había permitido, por voluntad divina, arrestarlo. De no haber sido así, los líderes religiosos no habrían tenido poder sobre el Hijo de Dios.
Para los cristianos, la existencia o no de una “hora de las brujas” no debiera ser motivo de preocupación. Cuando rendimos nuestras vidas al señorío de Cristo, vencemos cualquier poder de las tinieblas que pudiera tenerlos cautivos. El poder de la sangre de Cristo rompe todas las cadenas con las que Satanás intentó (e intenta) atarnos. No importa si el reloj marca las 3:00 am o las 3:00 pm, las fuerzas del mal no tienen dominio sobre nosotros. Tenemos el mismo acceso a Dios en medio de la noche que en pleno día. El Salmo 139:12 es un buen recordatorio para quienes se despiertan con temor en medio de la noche:
“Aun las tinieblas no encubren de ti, Y la noche resplandece como el día; Lo mismo te son las tinieblas que la luz” (Sal 139:12).
También debemos recordar que mientras en nuestra zona horaria es la “hora de las brujas”, en otra parte del mundo es pleno día. Dios no duerme ni se distrae simplemente porque en nuestro lugar del mundo sea de madrugada (Sal 121:3-4; Dn 2:22). Incluso cuando estamos dormidos, el Señor está despierto y velando por nosotros (Is 27:3).
Una razón por la que la gente cree en la “hora de las brujas” es porque muchos actos malvados ocurren en la oscuridad de la noche. Al despertar, nos enteramos de violaciones, robos, tráfico de drogas y asesinatos que ocurrieron mientras dormíamos. Esto nos da la impresión de que Satanás y sus espíritus estuvieron más activos durante la noche. Pero la realidad es que cada acto malvado tiene una elección humana detrás. El Señor Jesús dijo:
“Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. Porque todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz y no viene a la luz, para que sus obras no sean reprendidas” (Jn 3:19-20).
Aunque a muchos les gustaría culpar al “diablo” y a las brujas por todos los males que ocurren en el mundo, la verdad es que los seres humanos eligen sus propios caminos de maldad.
Gran parte de lo que sucede en la “hora de las brujas” es el resultado de corazones humanos alineados con los propósitos de Satanás (Mt 15:18-19; Jn 8:44).
En ocasiones, el Señor puede despertarnos en medio de la noche para que intercedamos por algo o alguien. En lugar de permanecer en la cama atemorizados por una “hora de las brujas” imaginaria, podemos aprovechar el tiempo de desvelo para orar al Señor. Podemos orar por las personas que vienen a nuestra mente, sabiendo que el Señor del universo está tan activo en la noche como en cualquier otro momento. En lugar de ver la madrugada como una “hora de las brujas”, podemos verla como una “hora de vigilia”, como cuando el Señor le pidió a Sus discípulos que lo hicieran que velaran y orarán con Él (Mt 26:41). La noche antes de ir a la cruz, Jesús les dijo:
“Velad y orad” (Mr 14:37-38).
Y el Señor nos dice a nosotros que hagamos lo mismo. Si despertamos en medio de la noche, podemos usar ese tiempo para purificar nuestro corazón ante Dios y orar por el día que viene, para que no entremos en tentación (Mr 14:37). De esta manera, podemos destruir lo que Satanás pudo haber planeado para mal contra nosotros, y permitir que Dios lo use para bien (Gn 50:20).