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Wednesday, June 17, 2026

153 GRANDES PECES

 


¿Por qué Juan menciona la pesca de exactamente 153 grandes peces (Jn 21:11)? No aproximadamente. No muchos. Ciento cincuenta y tres grandes peces, contados y registrados por Juan, uno de los testigos oculares que estaba en la playa esa mañana. 

El número ha fascinado a eruditos, numerólogos, matemáticos y teólogos durante dos mil años, y continúa haciéndolo.

La estructura matemática que Agustín de Hipona descubrió en el número en el siglo V, el registro de historia natural antigua que Jerónimo relacionó con el Mar de Galilea, y la visión profética de Ezequiel 47 escrita seiscientos años antes de aquella mañana en la playa, no han dejado de intrigar a quienes se detienen a reflexionar en el número. Y luego está el detalle que la mayoría de los lectores pasan por alto: el fuego encendido (Jn 18:18; 21:9). 

La misma palabra [antrakia] traducida en la Reina-Valera 1960 primero como fuego (Jn 18:18) y luego como brasas (Jn 21:9) mencionada dos veces por el mismo escritor del Evangelio. La misma luz anaranjada ante la cual Pedro primero negó al Señor tres veces, y donde Jesús en la mañana de la resurrección le preguntó tres veces si lo amaba. Si Juan escribió dos veces antrakia por casualidad, es una casualidad muy precisa para ser tan solo eso.

¿Qué Hay Aquí? 

Después de que Jesús resucitó de entre los muertos, se apareció a los discípulos en varias ocasiones. Juan 21 registra la tercera de esas instancias e incluye la notable mención de 153 grandes peces (Jn 21:11). Pedro y los demás acababan de presenciar otro milagro de Jesús que involucraba una gran captura de grandes peces: 

“Subió Simón Pedro, y sacó la red a tierra, llena de grandes peces, ciento cincuenta y tres; y aun siendo tantos, la red no se rompió (Jn 21:11).

En esta ocasión, el Señor Jesús se apareció a Sus discípulos en la orilla del mar de Tiberias, mientras estaban regresando de una noche infructuosa de pesca en su barca (Jn 21:1-3). Jesús, a quien aún no habían reconocido, los llamó desde la orilla, preguntándoles si habían pescado algo (Jn 21:4-5). Después de que los discípulos respondieron que no, Jesús les dijo que lanzaran la red al lado derecho (estribor) de la barca. Así lo hicieron, y pescaron tantos peces en la red que no podían sacarla (Jn 21:6). Juan rápidamente se dio cuenta de que el hombre en la orilla era Jesús, y se lo dijo a Pedro. Pedro se lanzó al agua para nadar hasta la orilla y llegar a Jesús (Jn 21:7). Mientras tanto, los otros discípulos llegaron en la barca, estando apenas a unos 200 codos (o casi 100 metros) de la orilla (Jn 21:8). Cuando llegaron a la orilla, Pedro volvió al barco para ayudarles a recoger los peces, y contaron 153 peces grandes. Aunque los peces eran muchos, la red no se rompió (Jn 21:11). Esto es lo que destaca Juan en su relato.

El significado de los 153 peces en Juan 21:11 es evidente por el contexto. Como pescadores profesionales, los discípulos no habrían sido ajenos al proceso de contar sus pescas. Eran peces lo bastante grandes como para poner a prueba a los pescadores y a la red (aunque, milagrosamente, esta no se rompió). Que Juan mencione el número de 153 peces enfatiza el hecho de que algo extraordinario ha sucedido, porque Alguien extraordinario estaba allí. Los 153 peces proporcionaron a los discípulos una prueba más de que Jesús resucitado tenía poder sobre la naturaleza, tal como había demostrado antes de Su crucifixión. Anteriormente, Juan había relatado que Jesús convirtió el agua en vino (Jn 2:1-11), sanó al hijo de un un oficial del rey (Jn 4:48-54), sanó a un paralítico (Jn 5:1-18), alimentó a 5.000 personas con cinco panes y dos peces (Jn 6:1-14), caminó sobre el agua (Jn 6:16-21), sanó a un ciego de nacimiento (Jn 9:1-41), resucitó a Lázaro (Jn 11:1-44) y resucitó Él mismo (Jn 20:1-29). 

Los 153 peces de Juan 21:11 podrían parecer insignificantes comparados con los ocho milagros mencionados, pero para un grupo de pescadores que no habían conseguido pescar ni un solo pez en toda una noche de trabajo, esta extraordinaria pesca constituía una prueba más de que su fe en Jesús estaba bien fundada.

Justo unos versículos antes de que Juan registre la captura de los 153 peces, Juan explica cuál es su propósito al escribir su Evangelio:

Hizo además Jesús muchas otras señales en presencia de sus discípulos, las cuales no están escritas en este libro. Pero estas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo, tengáis vida en su nombre (Jn 20:30-31).

El propósito al escribir su Evangelio es que la gente crea en Jesús y tenga vida en Su nombre (Jn 20:30-31). Juan podría haber registrado muchos otros milagros y muchas otras obras del Señor Jesús, pero eligió registrar las que se incluyen en su Evangelio para que sus lectores puedan tener confianza en que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios (Jn 20:31), y que Él es realmente igual a Dios (Jn 5:18).

No hay ninguna razón para entender el número de peces pescados aquella mañana como otra cosa que 153 peces literales. Pero, ¿tienen algún significado oculto o simbólico como lo han propuesto los eruditos, numerólogos, matemáticos y teólogos durante dos mil años? Podría ser, como también puede que no. Todo aquello es pura especulación sin valor espiritual para el cristiano de fe sencilla. 

La pesca de los 153 peces en Juan 21:11 fue importante para los apóstoles—que además, en su mayoría, eran pescadores de oficio—por la misma razón que lo es para todo lector del Evangelio de Juan, ya que tenemos 153 razones más para creer en Jesús el Cristo, el Hijo del Dios viviente (Mt 16:16; Jn 6:69). En esta fe descansamos.

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