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Thursday, March 26, 2026

EL TEMOR DEL HOMBRE



“El temor del hombre pondrá lazo; Mas el que confía en Jehová será exaltado” (Pr 29:25).

¿Te importa lo que los demás piensen de ti? ¿Buscas validación de los demás? La necesidad de obtener reconocimiento, aprobación o aceptación de los demás para sentirte seguro, valioso o satisfecho contigo mismo es una trampa peligrosa. Salomón llama a esta necesidad: “El temor del hombre”, y te dice que te “pondrá lazo”. 

Puedes ser empujado al pecado por temer a los demás. Si dejas que el temor a lo que los demás piensan de ti influya en tus decisiones, te verás tentado a transigir y a pecar. Pon tu confianza en Dios y en Su palabra solamente, y estarás a salvo (Pr 18:10; Sal 119:128).

Temer al hombre es lo contrario de temer a Dios. Es preocuparse por agradar a los demás y obtener su aprobación más que la de Dios. Tienes miedo del disgusto o rechazo de la “mayoría”, por lo que haces lo que puedes para mantener su aprobación y seguir siendo parte de ella. En lugar de medir tu vida por las Escrituras, te preocupa la opinión popular.

A menudo se le llama a este temor del hombre “presión de grupo. Este “grupo”, son tus pares en posiciones similares en la vida, o aquellos a los que admiras y quieres agradar tomando las mismas decisiones que ellos toman para que te aprueben y te consideren parte de ellos. Es presión, porque la aprobación que dan o retienen te obliga a modificar tus creencias o acciones para mantener o ganar tu posición con ellos. La presión de grupo te empuja a vivir como el mundo (Ro 12:1-2).

El temor del hombre puede manifestarse de muchas maneras. Los empleados pueden temer a sus jefes hasta el extremo de imitarlos en todo lo que hacen, esté bien o mal. Los pastores pueden temer que los miembros de la iglesia desaprueben un sermón y reduzcan su apoyo económico, así que modifican su mensaje para agradar a sus oyentes (2 Ti 4:3). Una persona puede temer a su cónyuge y la tensión doméstica que él o ella pueda crear, así que se abstiene de decir lo que sabe es correcto. Los medios de comunicación pueden intimidar a un comunicador para que comprometa la verdad, a riesgo de ser “cancelado” si no lo hace.

Aarón temió al pueblo en ausencia de Moisés, y les hizo el becerro de oro que ellos querían (Ex 32:22-24). El rey Saúl perdió el reino por temer al pueblo y consentir a la voz de ellos en lo referente a Agag rey de Amalec (1 S 15:24). Herodes temió a su mujer y a sus amigos, así que mandó a matar a Juan el Bautista (Mt 6:6-11). Pilato temió al pueblo y su relación política con César, así que igual hizo crucificar al Señor (Jn 19:11-16). Pedro temió a los que lo cuestionaban así que negó al Señor ante ellos (Mt 26:69-75). Más tarde también temió la opinión de los creyentes judíos así que comprometió el evangelio (Gl 2:11-13).

Pero David no temió a su hermano mayor cuando este procuró hacer que se fuera del campo de batalla (1 S 17:28). Daniel no temió a quienes conspiraron para matarlo y mantuvo su hábito diario de oración a pesar de la nueva ley (Dn 6:10). Sus tres amigos no temieron a Nabucodonosor así que no se inclinaron ante su imagen para adorarla (Dn 3:16-18). José de Arimatea no temió a los judíos y entró osadamente ante Pilato para pedir el cuerpo del Señor para enterrarlo en un sepulcro de su propiedad (Mr 15:43). Tras recibir el poder del Espíritu Santo, Pedro y los demás apóstoles no temieron a las autoridades de los judíos y les dijeron que era necesario obedecer a Dios antes que a los hombres (Hch 5:29).

La mayoría de los cristianos de hoy temen más a los hombres que a Dios. Son como los débiles y cobardes gobernantes de los judíos de los que habla Juan: 

“Con todo eso, aun de los gobernantes, muchos creyeron en él; pero a causa de los fariseos no lo confesaban, para no ser expulsados de la sinagoga. Porque amaban más la gloria de los hombres que la gloria de Dios” (Jn 12:42-43).

Es imposible ser un verdadero creyente y tener miedo o miedosa consideración por la aprobación de los hombres. Jesús advierte a sus oyentes:

 “¿Cómo podéis vosotros creer, pues recibís gloria los unos de los otros, y no buscáis la gloria que viene del Dios único?” (Jn 5:44) 

Habían muchos como esos, que se sintieron intimidados por las opiniones o la persecución de otros (Jn 7:13; 9:22).

¿Cuál es el remedio contra el temor del hombre? Ten más confianza en la Escritura que en los hombres (Job 32:6-14; Sal 119:98-100; Is 8:20). Evita a los amigos corruptos o pecadores (Pr 9:6; 22:24-25; Sal 101:3; 1 Co 15:33). Confía en el Señor para que te proteja (Dn 3:16-18; He 13:6). Considera la ignorancia e incompetencia del hombre natural (Sal 39:5; 62:9; 1 Ti 6:20). No entres en asociaciones, como individuo o iglesia, que te traerán presión para transigir (2 Cr 18:1; 2 Co 6:14-18).

Recuerda que Dios y la verdad nunca serán populares. De hecho, todo lo que el mundo acepta y aprecia es una abominación a los ojos de Dios (Lc 6:26; 16:15). ¡Piensa en Noé! ¿Prefieres ser popular o estar sobrevivir al diluvio universal? ¡Piensa en Daniel! ¿Estarías dispuesto a comer legumbres y beber agua mientras tus pares se atiborran con la carne y el vino del rey?

Reconoce y acepta la persecución. Es evidencia de que estás siguiendo al Señor Jesucristo, y es el medio de Su gran aprobación (Is 51:7-8; 66:5; Mt 5:10-12; Jn 16:2; Hch 5:41; 2 Ti 3:12; 1 P 4:12-16). Si odiaron al Señor, seguramente te odiarán a ti si le eres fiel (Jn 15:18-25). Pero ninguna arma forjada contra ti tendrá éxito (Is 54:17). ¡Créelo!

¡Joven! Eres el más vulnerable. ¿Entiendes y desprecias la presión de grupo? Son los jóvenes tontos de este mundo los que te empujan a alejarte de Dios y de la santidad para perseguir su locura y pecado. ¿Puedes burlarte de su forma de hablar, de sus hábitos, de su forma de vestir y de sus modas? ¿Odias su fornicación, rebelión y redes sociales? ¡Teme al Señor!

¿Te avergüenzas de ser conocido como cristiano? ¿Puedes llevar audazmente una Biblia a la escuela? ¿Al trabajo? ¿Das gracias por la comida delante de los paganos? ¿Puedes rechazar fácilmente las invitaciones para unirte a ellos en las diversiones mundanas? ¿Usas con confianza ropa modesta?

Padre, ¿tienes miedo de tus hijos? ¿Temes sus rostros, sus estados de ánimo o su rechazo? Defiende la verdad de Dios y confía en el Señor. Elí transigió ante sus hijos y lo perdió todo (1 S 2:30; 3:13). Josué declaró su fidelidad al Señor a nombre de toda su casa, y ha sido citado durante 4,000 años por su valiente celo como padre. Haz tu parte (Pr 29:15,17).

Marido, ¿le temes a tu mujer? ¿La interrupción de la tranquilidad doméstica te lleva a transigir? Abraham fue amigo de Dios por ordenar a su casa que siguiera el camino del Señor (Gn 18:19). Debes gobernar a tu mujer (Gn 3:16). Ella no tiene ni tu oficio ni la capacidad de conocer la voluntad de Dios si no por ti (1 Co 14:34-35). ¿No te hacen temblar las consecuencias de que Adán escuchara a su mujer, o Abraham a la suya? ¡Deberían!

¡Mujer cristiana! ¿Buscas la validación de las mujeres divorciadas que comparten sus fracasadas vidas por las redes sociales? ¿Sigues el ritmo del feminismo promovido por internet? ¿Qué es lo que te impide valorar un espíritu afable y apacibleque es de gran estima delante de Dios? (1 P 3:3-4) ¿Es la presión de grupo lo que te impide que te santifiques para el Señor?

¡Predicador, predica la palabra! (2 Ti 4:2) No mires los rostros de tus oyentes en busca de su aprobación (Jer 1:17). Sé insistente, apremiante y urgente, tanto a tiempo como a destiempo (2 Ti 4:2). Muchos predicadores, que no temieron ni al potro ni a la estaca, tuvieron la misma Biblia que tienes tú. ¿Eres digno de su noble compañía? Que sean ellos la influencia que moldeen tu ministerio (He 12:1-4).

Pastor, rechaza a los transgresores sensibles al mundo. Ha llegado el tiempo en que los hombres ya no soportan la sana doctrina, así que de todos modos debes predicar la palabra con insistencia (2 Ti 4:1-5). Dios no te ha llamado a hacer crecer tu iglesia cuantitativamente sino cualitativamente. No hagas nada para aumentar tu membresía que incluso se acerque a la transigencia. Debes agradar a Dios, no a los hombres (Gl 1:10).

¿Temes a los enemigos, a los maestros o a los ancianos? ¿O a los tres grupos? Al meditar y guardar los preceptos de Dios, el salmista se mostró confiado contra las tres clases de hombres (Sal 119:98-100). Estos versículos deben ser de memorización obligatoria para los jóvenes y los ministros. ¿O es la opinión de los amigos la que temes? Asegúrate de que todos tus amigos amen la verdad, o deshazte de ellos (Sal 119:63).

Confía en el Señor estimando cada palabra de Dios como verdadera (Sal 119:128), y sabiendo que nadie puede hacerte daño (Pr 16:7; 1 P 3:13). Un día darás cuenta de tu vida al Señor, no al hombre (Ec 12:13-14; 2 Co 5:10-11). 

“Y no temáis a los que matan el cuerpo, mas el alma no pueden matar; temed más bien a aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno” (Mt 10:28; Lc 12:4-5).

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