Saturday, January 24, 2026

SI EL SEÑOR NO EDIFICARE LA CASA




“Sé diligente en conocer el estado de tus ovejas, Y mira con cuidado por tus rebaños” (Pr 27:23).

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Todo hombre debe tener una profesión o negocio rentable, porque el trabajo productivo es la voluntad de Dios. Pero cada hombre debe cuidar con precaución su profesión o negocio, porque cualquiera de los dos puede desaparecer fácilmente por muchas causas. La buena administración de tu negocio u ocupación es parte importante de la sabiduría enseñada en Proverbios.

¿Por qué es importante? Porque la vida en un mundo pecaminoso está llena de cambios, y un buen negocio u oficio puede declinar y terminar en un abrir y cerrar de ojos. El rey Salomón usó dos ejemplos para demostrar su punto: los ricos se empobrecen y los reyes son depuestos (Pr 27:24).

Los ricos de generaciones anteriores no son los ricos de esta generación. Las riquezas no son para siempre, se desvanecen por muchas causas. El éxito económico es temporal. De igual manera, los reyes que alguna vez rigieron poderosos imperios, han desaparecido. 

Salomón vio tal cambio político de primera mano. El rey Saúl, el primer rey de Israel, y su familia, fueron aniquilados; sólo quedó Mefiboset, un hijo de Jonatán. David, el padre de Salomón, reemplazó a Saúl, y ni siquiera era de la misma tribu de Israel. Y el hijo de Salomón, Roboam, perdió diez de las doce tribus debido a una sola decisión estúpida. La corona no perdura cada generación. El éxito político es temporal.

Asimismo, el mundo laboral y el de los negocios puede cambiar de forma drástica y rápida. Se han perdido negocios y empleos por cambios en las leyes, depresiones económicas, expansión excesiva, negligencia y pereza, nuevos inventos, competencia insuperable, cambios en los impuestos, guerras, revoluciones políticas, desastres naturales, robos, cambios culturales, muertes, tendencias de consumo, etc.. Las arenas movedizas de la economía global pueden tragarse a aquellos que no son diligentes en proveer para el futuro.

Un trabajo, negocio, ocupación, u oficio, es una bendición de Dios. Y Él espera que el sabio la cuide bien. La diligencia es necesaria y demandada (Pr 22:29; Gn 3:17-19; Ro 12:11; 1 Ts 4:11-12). La previsión también es necesaria y demandada (Pr 6:8; 22:3; 27:12; 30:25). David nombró a confiables administradores para que cuidaran de sus bienes (1 Cr 27:25-31). Y Ezequías, que amaba la agricultura, hizo esfuerzos costosos para mantenerla productiva (2 Cr 26:10).

El sabio observa cambios y tendencias en su área de trabajo. No se sorprende cuando su trabajo o negocio ya no es rentable. ¿Tu trabajo todavía está en demanda? ¿O tu profesión está en declive? ¿Estás al tanto de los cambios técnicos? ¿Tienes un plan para lo que harás dentro de diez años? ¿Es una expectativa válida o necesitarás capacitación o un nuevo trabajo? ¿Te has tomado el tiempo sabiamente para mantenerte valioso? ¿Tienes una habilidad transferible, capital líquido, contactos profesionales, o los tres, para ayudarte en el futuro?

Todos estos asuntos requieren diligencia, y Salomón te exhorta a que seas diligente en considerarlos cuidadosamente. No es suficiente seguir yendo al mismo trabajo u operando el mismo negocio todos los días. También necesitas medir la viabilidad futura de tu trabajo o negocio y hacer los cambios necesarios ahora para evitar pérdidas mañana.

El proverbio llama a la diligencia en tu ocupación, no al miedo. Ya que no puedes prever el mañana con seguridad, debes confiar en el Dios que tiene tu futuro en Sus manos. Haz lo mejor que puedas ahora para proveer para el futuro, y confía en el Señor para el resto. Porque sin Su bendición, “en vano trabajan los que edifican” y “en vano vela la guardia” (Sal 127:1). 

Por demás es que os levantéis de madrugada, y vayáis tarde a reposar, Y que comáis pan de dolores; Pues que a su amado dará Dios el sueño (Sal 127:2).

El ministro del evangelio, que es un pastor de un  rebaño, debe ser diligente en la supervisión de la grey de Dios asignada a su cuidado (1 P 5:1-4). Un gran día de juicio viene también para él, y mucho más severo (1 Co 3:11-17; Stg 3:1).

El proverbio enseña una lección obvia, que no requiere mayor interpretación sino que demanda una aplicación literal: 

Sé diligente en conocer el estado de tu ocupación o negocio, y mira con cuidado por tu trabajo.

El Señor Jesús, quien es el Buen Pastor, cumple este proverbio a cabalidad: 

“Y las ovejas oyen su voz; y a sus ovejas llama por nombre, y las saca. Y cuando ha sacado fuera todas las propias, va delante de ellas; y las ovejas le siguen, porque conocen su voz” (Jn 10:2-4). 

Él es diligente en conocer el estado de Sus ovejas, y mirar con cuidado por Sus rebaños. ¿Eres tú una de Sus ovejas?

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