Tuesday, January 27, 2026

CLAMA A MÍ, Y YO TE RESPONDERÉ




LA IMPORTANCIA DE LA ORACIÓN DIARIA

Para el creyente, no existe otra manera de comunicarse con el Padre que por medio de la oración en el nombre del Señor Jesús, el único mediador entre Dios y los hombres, y nuestro intercesor (1 Ti 2:5; He 8:1; 8:6; 9:15; 7:15; 12:14). 

La oración es el medio para la comunicación diaria con Aquel que nos creó y redimió. La importancia de la comunicación diaria a través de la oración no se puede sobreestimar. Es tan importante que se menciona más de 250 veces en las Escrituras. 

En primer lugar, la oración diaria nos da la oportunidad de compartir todos los aspectos de nuestra vida con Dios. En segundo lugar, la oración diaria nos da la oportunidad de expresar nuestra gratitud por las cosas que Dios provee para nosotros. Tercero, la oración diaria nos proporciona la oportunidad para confesar nuestros pecados y pedir ayuda para vencerlos. Cuarto, la oración diaria es un acto de adoración y obediencia. Y finalmente, la oración diaria es una forma de reconocer quién está realmente en control de nuestras vidas.

Echémosle un vistazo a cada una de estas razones importantes en más detalle.

La oración diaria nos da la oportunidad de compartir todos los aspectos de nuestra vida con Dios. Las circunstancias de la vida cambian diariamente. De hecho, las cosas pueden ir de mal en peor en un tiempo muy corto. Dios nos llama a que le presentemos nuestras preocupaciones para que Él haga en nuestras vidas según Su voluntad, y para nuestra eventual bendición. Él también nos llama a que compartamos todo nuestro corazón con Él. Jeremías 33:3 dice: 

“Clama a mí, y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces” (Jer 33:3). 

Dios quiere que le clamemos para que Él pueda responder nuestras oraciones. Él también quiere compartir con nosotros las bendiciones increíbles que podríamos haber perdido si no hubiéramos venido a Él a través de la oración. Y por último, Santiago 4:8 nos dice: 

“Acercaos a Dios, y él se acercará a vosotros” (Stg 4:8). 

Dios quiere bendecirnos con Su presencia todos los días y a cada momento; pero la condición es que nosotros nos acerquemos a Él. Cada uno de nosotros tiene tanto de Dios como quiere. Si no venimos a Él en oración, los únicos que perdemos somos nosotros.

La oración diaria nos da la oportunidad de expresar gratitud por las cosas que Él nos provee. No es ningún secreto que debemos dar gracias al Señor por todas las cosas que Él provee y por todas las cosas que Él hace por nosotros. Su bondad y misericordia para nosotros debería ser el centro de nuestra gratitud a Él todos los días. En 1 Crónicas 16:34, se nos ordena: 

“Aclamar a Jehová, porque él es bueno; porque su misericordia es eterna” (1 Cr 16:34). “ ”

El salmista nos dice en el Salmo 9:1: 

“Te alabaré, oh Jehová, con todo mi corazón; contaré todas tus maravillas” (Sal 9:1). 

Oramos diariamente para reconocer Su fidelidad y Su abundante provisión en nuestra vida diaria.

La oración diaria nos proporciona la oportunidad para confesar nuestros pecados y pedir ayuda para arrepentirnos de ese pecado. Seamos sinceros, todos pecamos diariamente, ya sea que lo sepamos o no. Así que como discípulos del Señor Jesús, ¿qué debemos hacer? La Biblia es muy clara: 

“Mi pecado te declaré, y no encubrí mi iniquidad. Dije: Confesaré mis transgresiones a Jehová; Y tú perdonaste la maldad de mi pecado” (Sal 32:5). 

Confesarle a Dios lo que Él ya sabe es nuestro pecado, y hacerlo diariamente, es otra de las condiciones para mantener una buena vida de oración. El tiempo de oración diario es un gran momento para desahogarnos de los efectos debilitantes del pecado. Muy a menudo los cristianos vivimos con pecados que no hemos confesado, y eso impide nuestra relación personal con el Señor, cuando lo que deberíamos hacer es someternos humildemente ante Él y pedirle perdón en oración. Otro elemento importante de la oración diaria es pedirle a Dios la fortaleza para arrepentirnos de nuestros pecados. Sólo Dios puede ayudarnos a apartarnos de nuestros pecados, y para que esto sea así, Él necesita oír nuestra súplica de arrepentimiento.

La oración diaria es un acto de adoración y obediencia. Quizás ningún otro versículo aparte de 1 Tesalonicenses 5:16-18 resume mejor por qué deberíamos orar diariamente: 

“Estad siempre gozosos. Orad sin cesar. Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús” (1 Ts 5:16-18). 

Es la voluntad de Dios que nos regocijemos en Él, que le oremos y que le demos gracias. Orar sin cesar significa simplemente que debemos hacer de la oración un hábito diario y nunca pasarlo por alto. La oración es el acto de adoración por excelencia, porque cuando le oramos le estamos demostrando cuánto lo necesitamos. La oración diaria también es un acto de obediencia que trae gozo al Señor al vernos obedecer Sus mandamientos.

La oración diaria es una forma de reconocer Quién está realmente en control de nuestras vidas. Como cristianos, sabemos Quién está realmente en control. Dios es soberano. Nada sucede sin que Dios sepa (Is 46:9-10; Dn 4:17). Ya que Él es soberano sobre todo, merece nuestra adoración y alabanza permanente. 

“Tuya es, oh Jehová, la magnificencia y el poder, la gloria, la victoria y el honor; porque todas las cosas que están en los cielos y en la tierra son tuyas. Tuyo, oh Jehová, es el reino, y tú eres excelso sobre todos” (1 Cr 29:11). 

Dios es nuestro gran Rey, y como tal controla cada aspecto de nuestras vidas. Cada día debemos reconocer el lugar que le corresponde en nuestra vida, haciéndolo humildemente y con la reverencia reservada para un gran y bondadoso rey.

Por todo esto, la oración es algo que todos los genuinos creyentes deberíamos querer hacer diariamente. Sin embargo, para muchos “cristianos” puede ser un desafío humillarse diariamente en oración. Para aquellos que han estado caminando con el señor durante muchos años, la oración diaria puede llegar a ser carente de la debida convicción o reverencia. Pero, tanto si uno es un creyente nuevo o uno ya maduro en los caminos del Señor, la oración debe ser siempre considerada como LA mejor manera de comunicarnos con Dios. Imagínate el no hablarle a un a tu amigo más cercano. ¿Cuánto tiempo duraría la relación? La oración diaria a Dios es una comunión con nuestro Padre celestial y con el Señor Jesús. Es realmente sorprendente que Dios quiera tener comunión con nosotros. Tanto así que el salmista pregunta: 

“¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria, y el hijo del hombre, para que lo visites?” (Sal 8:4). 

La oración diaria es única manera de comprender esta increíble verdad y el maravilloso privilegio que Dios nos ha dado.

Resulta sorprendente darse cuenta que hoy en día la mayor parte de las personas que se llaman a sí mismas “cristianas” no tienen el hábito de oración diaria. La principal excusa es siempre que no tienen “tiempo”. Todos sabemos, sin embargo, que uno siempre tiene tiempo para aquello que le importa. La persona que quiere hacer algo se las arreglará para hacerlo sin importar los sacrificios. 

La solución para los afanados y ajetreados por las muchas responsabilidades y obligaciones de la vida, sigue siendo seguir el ejemplo del Maestro:

“Levantándose muy de mañana, siendo aún muy oscuro, salió y se fue a un lugar desierto, y allí oraba” (Mr 1:35).

Nadie estuvo, está, ni estará jamás más ocupado que el Señor Jesús cuando estuvo entre los hombres, y, sin embargo, podemos estar seguros de que no dejó pasar ni un sólo día sin derramar Su corazón en oración ante el Padre celestial.

La verdadera vida cristiana no se puede vivir sin ayuda de lo Alto (Sal 121:1-8). Una vida de oración es el medio por el cual recibimos esta ayuda. La oración es el aliento vital del cristiano y la consecuencia natural del nuevo nacimiento. Es por medio de la oración que la fuerza y el vigor espiritual nos son restaurados: “Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza” (Ef 6:10). Es por medio de la oración que nos vestimos “de toda la armadura de Dios”, para que podamos “estar firmes contra las asechanzas del diablo”, y así poder retener “…lo que tienes, para que ninguno tome tu corona” (Ap 3:11).

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