“Quien cuida la higuera comerá su fruto, Y el que mira por los intereses de su señor, tendrá honra” (Pr 27:18).
El éxito es fácil, en esta vida y la venidera, para el hombre fiel. Todo lo que debes hacer es servir a tu Señor fielmente, y él cuidará bien de ti a cambio. El hombre que cuida la higuera come de su fruto, por lo que el siervo fiel será recompensado por su Amo. Este proverbio es para animar al justo a la diligencia y la fidelidad en su puesto de trabajo.
Puedes confiar en esta regla general. Dios solo hace excepciones en casos excepcionales. Si quieres salir adelante, haz que tu jefe o patrón esté tan feliz contigo que no quiera dejarte ir por nada del mundo. Ha sucedido muchas veces antes, y sucederá de nuevo. Un empleado diligente puede ser promovido por encima, incluso, de un hijo necio (Pr 17:2).
Los hombres fieles son raros hoy en día (2 Ti 3:1-5; Pr 20:6; Sal 12:1), lo que hace que este proverbio sea aún más cierto ahora que nunca antes. El contraste entre tu diligencia y la pereza de los demás será más claro y evidente; lo mismo es cierto para tu gozo y su amargura, tu puntualidad y su tardanza, tu cuidado y su descuido, tu obediencia y su obstinación. ¡Créelo! Encuentra una higuera, y cuídala mejor que como otros cuidan las suyas. El éxito es así de fácil.
José comenzó con menos del salario mínimo: Esclavitud en tierra extraña. Tras trece años de fidelidad al Señor en medio de penurias y tribulaciones, se convirtió en virrey de la nación más rica de la tierra en su tiempo. El Señor le dio tres higueras sucesivas, y fue el mejor administrador de las tres: Potifar, el carcelero y Faraón. ¡Sea Dios veraz! (Ro 3:4)
¿Demasiado bueno para ser cierto? Su padre Jacob se fue de casa con solo un bastón y un morral. Veinte años después, tenía cuatro mujeres, doce hijos, muchos rebaños y mucho ganado. El Señor le había dado una higuera para cuidar, un árbol viejo y retorcido pero con mucho potencial—Labán—, y lo cuidó fielmente a pesar de los muchos contratiempos y sinsabores. ¡Sea Dios veraz! (Ro 3:4)
¿Demasiado bueno para ser verdad? Eliseo era un campesino que trabajaba la tierra arando con doce pares de bueyes cuando fue llamado por el profeta Elías para ser su sucesor, simbolizando que dejaba su vida de arado para servir a Dios. Tan fielmente cuidó de esta higuera que el Señor le dio una doble porción del espíritu de Elías (1 R 19:19-21; 2 R 2:1-15). ¡Sea Dios veraz! (Ro 3:4) Que todo hombre de Dios cumpla fielmente con su llamado como siervo del Rey de reyes.
¿Cómo cuidas de tu higuera? La diligencia fiel trae honor. Servir a tu Amo trae ascenso. No te quejes; ponte a trabajar. Necesitas santificación más de lo que necesitas educación. No necesitas brillantez intelectual; necesitas diligencia moral. No necesitas un patrocinador; necesitas una visión. No necesitas una oportunidad; necesitas humildad. El requisito más importante que debes cumplir es el de ser fiel a tu Señor. La fidelidad siempre triunfará sobre el talento o la habilidad.
Primero debes encontrar una higuera. Necesitas una higuera real que produzca fruto real, que puedas ver y tocar. Por ejemplo, un negocio exitoso en una industria necesaria y con potencial. Salomón sugirió la agricultura (Pr 12:11; 27:23-27; 28:19). La industria de la comida rápida funciona (Ec 5:9). La venta de ropa usada es buen negocio (Pr 31:24). También lo es el negocio de bienes raíces (Pr 31:16). El servicio de trámites bancarios y administrativos puede ser tan bueno como el de entregas a domicilio (Mt 9:9). El negocio de la impresión sigue siendo necesario (Ecl 12:12). El negocio de la construcción nunca está a la baja (1 R 11:26-28). El servicio de encomiendas y de transporte privado está a la alza. Casi cualquier negocio funciona si existe demanda, si las personas necesitan su existencia.
En segundo lugar, mantén tu higuera con cuidado. La Biblia te dice cómo. No robes ni un centavo (Tit 2:10), no respondas a tu jefe (Tit 2:9), no avergüences a tu patrón (Pr 17:2), no te despistes ni una sola vez (Ec 10:1). Trabaja más duro que nadie (Pr 22:29), habla sólo lo imprescindible y cuando se te pregunte (Pr 29:19), complace bien a tu jefe en todas las cosas (Tit 2:9), reverencia a la autoridad (Ec 10:7), trabaja inteligentemente (Pr 14:35), y muéstrate cordial (Pr 18:24). ¡El éxito así es fácil! Coge la fruta de tu higuera y cómetela.
¿Suena demasiado degradante para ti servir a otro hombre con la fidelidad y pasión de un esclavo devoto? Entonces eres demasiado orgulloso para el éxito, así que acostúmbrate a pasar tu tiempo viendo infomerciales en la televisión (Pr 21:25-26). Si eres hombre, ¿puedes servir a un jefe o dueño de un negocio tan diligentemente que te llamen su esposa de trabajo? ¿Demasiado humillante para ti? ¡Bien! Otro más sabio que tú ocupará tu lugar y prosperará.
¿Suena poco probable que un enfoque tan simplista y anticuado pueda funcionar hoy en día? Los activistas sociales, que nunca le han trabajado un día a nadie, te han mentido con eso de que la discriminación impedirá que tu jefe te honre o que la higuera de fruto. ¡Recuerda a José en Egipto! ¡A Daniel en Babilonia! ¡A Ester en Persia! La discriminación suele ser la excusa mentirosa de un holgazán que quiere limosna gratis (Pr 17:2; 22:13; 26:13; 20:4). Dios hizo reglas económicas incluso sobre los siervos que ejemplifican este proverbio de la higuera (Ex 21:20-21).
Tercero, haz todo, dentro y fuera del trabajo, como para el Señor Jesucristo, con un corazón ferviente, enfocado y comprometido con Su gloria (Ef 6:5-7; Col 3:22-23). Si pones Su reino primero en tu vida, Él añadirá todo lo demás que necesites o desees (Mt 6:33; 1 R 3:10-13). Si te deleitas en Él, Él te concederá los deseos de tu corazón (Sal 37:4). Si andas en integridad, no te negará ningún bien (Sal 84:11). Dios favorecerá al justo en todo momento, así que entrégale tu corazón, tu mente y tu vida (Sal 112:1-3).
No digas que has hecho todo esto y todavía estás en el último peldaño, porque la regla es tan cierta como cualquier versículo de la Biblia. Es tan cierta como la gravedad. Si no has prosperado es porque has estado haciendo trampa en alguna parte, porque la regla funciona. ¿Tienes una higuera? ¿La estás cuidando bien? ¿Está el Señor en primer lugar en tu vida? ¿Hay espacio para que mejores en una o más áreas de tu vida? ¡Entonces arrepiéntete y ponte a trabajar!
¿Qué pasa si te equivocas de árbol? En el plano natural, imposible que no te de fruto también, si haces un esfuerzo razonable y no elegiste un poste telefónico en vez. Tu Amo en el cielo verá tu cuidado incluso del árbol equivocado y te recompensará en consecuencia (Ef 6:8; Col 3:25). ¡Créelo! El árbol es lo menos de lo que tienes que preocuparte, lo que importa tiene que ver con el trabajo diligente y tu amor por tu Maestro en el cielo. Él resolverá el problema del árbol equivocado cuando tú limpies tu problema de la intención y el enfoque de tu corazón.
Saulo de Tarso, cuando era joven e ignorante, escogió el fariseísmo: un árbol horrible, que daba fruto venenoso, pero aún así lo cuidó fielmente. No sabía de nada mejor entonces, pero fue totalmente fiel con lo que se le había encomendado. Por su fidelidad y fervor, el Señor Jesús lo promovió a apóstol de los gentiles (1 Ti 1:12-14). ¡Sea Dios veraz! ¿Qué tan bien estás cuidando de la higuera espiritual que se te encomendó? ¿Con todo tu corazón? ¿O con tibieza? ¿Puede Dios considerarte fiel?
Hay una higuera gloriosa e incomparable. Es el Señor Jesucristo y Su reino. Él ha dicho:
“Si alguno me sirve, mi Padre le honrará” (Jn 12:26).
¿Con cuánto honor? El Señor dice:
“Bienaventurados aquellos siervos, a quienes el señor, cuando venga, halle velando; de cierto os digo, que se ceñirá, y hará que se sienten a la mesa, y saliendo, les servirá” ( Lc 12:37).
¿Puede ser verdad? Lo es, ¡hay galardón para el justo! (Sal 58:11).
¿Oyes al Bendito y Único Maestro decir:
“Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré: entra en el gozo de tu señor” (Mt 25:21,23)?
Esta es la higuera que verdaderamente importa: el Señor Jesucristo. ¿Qué tan bien cuidas de ella? La corona de justicia será el fruto que comerá el que le es fiel (2 Ti 4:7-8).
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