“Saldrá la grama, aparecerá la hierba, y se segarán las hierbas de los montes” (Pr 27:25).
¿Crece el dinero en los árboles? Esta conocida pregunta se usa para reprender a los derrochadores por lo obvio que es la respuesta negativa. Pero la respuesta sabia es positiva. Sí, el dinero crece en los árboles, en los campos y en las montañas. ¡Sí, de hecho! Bendito sea el Dios del cielo por su maravillosa bondad para con los hombres. Por medio de la providencia agrícola, Él ofrece un buen sustento para aquellos dispuestos a recogerlo. La tierra produce bienes que están ahí para ser tomados.
El rey Salomón enseñó a su pueblo a trabajar inteligentemente para tener éxito (Pr 27:23-27). Para motivarlos en esta tarea y privilegio, les recordó que las riquezas y la influencia social o política no están aseguradas. Escribió:
“Porque las riquezas no duran para siempre; ¿y será la corona para perpetuas generaciones?” (Pr 27:24).
Las riquezas y las coronas a menudo crían alas, y se van volando; solo los hombres fuertes son capaces de retenerlas (Pr 11:16; 23:4-5).
Trabajar inteligentemente es considerar con cuidado tu fuente de ingresos para mejorar tu potencial y protegerte contra las pérdidas.
“Sé diligente en conocer el estado de tus ovejas, y mira con cuidado por tus rebaños” (Pr 27:23).
Un hombre no puede conformarse con ir a trabajar todos los días, porque el día menos pensado su fuente de ingresos puede desaparecer. Debe analizar diligentemente su industria, su papel en esa área y qué ajustes o mejoras necesita hacer, o que precauciones necesita tomar.
Para motivar aún más a su audiencia, Salomón les recordó la bendición de Dios sobre la agricultura, de ahí este proverbio. Aparece la hierba de la nada. La tierra no necesita ser arada, sembrada o cultivada. El pasto aparece providencialmente. Puede cortarse hasta el suelo, curarse al sol, juntarse en fardos y almacenarse para el invierno. Dios hace Su parte, así que es una gran necedad y pereza que el hombre no haga la suya. ¡Qué alma tan ingrata la del que no usa con alegría y diligencia Su bondadoso don!
La hierba tierna brota. Después de cortarla o hacer pastar a los animales con ella, la hierba reaparece por orden del cielo. Se reproduce automáticamente. Crece espontáneamente. No hay necesidad de arar, sembrar o cultivar. El bendito Dios da, y da un poco más, y llama a los hombres a usar diligentemente lo que Él provee. Así, cualquier hombre diligente, que administra sabiamente su predio agrícola, puede mantener a sus rebaños y manadas de animales en una constante fiesta de reproducción, rentable para ellos y para él.
Lo mismo ocurre con la hierba de las montañas. Incluso en los lugares menos fértiles, Dios bendice la tierra, y hasta las rocas, para que produzca una gran variedad de vida vegetal útil y beneficiosa tanto para el hombre como para los animales. ¿Qué debe hacer el hombre para obtener ganancia con esto? ¡Segar! ¿Por qué dormir hasta tarde en la cama cuando el dinero crece en las montañas?
El bendito Dios proporciona todos estos bienes naturales para dar un testimonio positivo de Su bondad a los hombres, quienes puede tener el corazón lleno de alegría en las estaciones fructíferas (Hch 14:16-17).
“Sale el hombre a su labor, y a su labranza hasta la tarde. ¡Cuán innumerables son tus obras, oh Jehová! Hiciste todas ellas con sabiduría; la tierra está llena de tus beneficios” (Sal 104:23-24).
La agricultura es un regalo de Dios. Él creó la tierra seca y toda la vida vegetal en el tercer día: “Y vio Dios que era bueno” (Gn 1:9-13). Luego asignó las plantas para que fueran el alimento tanto del hombre como de las bestias (Gn 1:29-30).
¿Descubrió el hombre la agricultura y los tratamientos de varios granos por ensayo y error? ¡No! Podría haberse muerto de hambre en el proceso. Dios le dio la sabiduría para cultivar, cosechar y procesar cada una de las plantas (Is 28:23-29).
Las bendiciones de Dios también ayudan a obtener ingresos en otros oficios y ocupaciones. El químico se beneficia de las leyes divinas de la sinergia; el banquero facilita el uso productivo del capital (Pr 14:4); el médico descubre curas y terapias por bendición del cielo (Pr 8:12); el ingeniero usa las leyes de la física de Dios y las propiedades de la materia en beneficio del hombre. Dios ha bendecido y bendecirá todos los nobles llamamientos (Pr 8:12-21).
¿Cuál es la lección? Dios, providencialmente bendice el fruto de la labor sabia y diligente. Un motivo para trabajar es esta bendición divina, que multiplica tus esfuerzos. Si desaprovechas esta bondad, serás castigado con la pobreza. Por tanto, ten cuidado de conocer bien el estado de tus rebaños y tu ganado, porque las riquezas no son para siempre. Identifica la bendición de Dios sobre tu profesión u oficio, y explótala con provecho y placer, dando gracias a Dios por Su gran bondad.
- - - - - - -
RELACIONADOS
¿UNA CAÑA SACUDIDA POR EL VIENTO?
SAL DE LA TIERRA, LUZ DEL MUNDO
EL OJO ES LA LÁMPARA DEL CUERPO
EL REINO DE LOS CIELOS SUFRE VIOLENCIA
SANSÓN Y LOS CRISTIANOS DE HOY
EL ALCOHOL—LA DROGA MÁS LETAL DEL MUNDO
EL SEÑOR JESÚS—NUESTRO DÍA DE REPOSO
