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Thursday, April 16, 2026

VACÍO CON FORMA DE DIOS

 


El Seol, la matriz estéril, La tierra que no se sacia de aguas, Y el fuego que jamás dice: ¡Basta!” (Pr 30:16).

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El descontento es un pecado horrible. Es el sello distintivo de la sanguijuela (Pr 30:15). Las personas que nunca están satisfechas se comparan aquí con cuatro cosas que nunca se sacian. La muerte, la matriz estéril, la tierra y el fuego ilustran el pecado del descontento.

La persona necia nunca es feliz. Ama el dinero y lo consigue, pero no se contenta con lo obtenido, quiere más (Ec 5:10). Se casa con una mujer hermosa, pero codicia a las mujeres de otros (Jer 5:8). La codicia, el pecado que describe este proverbio, le niega a las personas el contentamiento, la paz y la satisfacción en la vida.

La codicia—que es lujuria, deseo insaciable—hace que las personas continúen con avidez anhelando lo que creen les otorgará placer, a pesar de ya tener lo que es estrictamente necesario. Sus deseos carnales pecaminosos nunca alcanzan la satisfacción para volverse a la piedad o a la justicia de Dios. Persisten insaciablemente en su búsqueda de una vana realización que nunca obtendrán.

La muerte (el Seol), nunca está satisfecha. No importa cuántas personas mueran hoy, los cementerios recibirán más mañana. Vendrá por ti cuando sea tu turno. No te preocupes por no haber hecho reservación en esta posada. Aunque la muerte mata a miles de personas todos los días, siempre está ansiosa por más. Nunca dice: ¡Basta! Tiene un deseo insaciable por las almas de los vivos.

La matriz estéril nunca está satisfecha tampoco. Las feministas no cuentan, son todas pervertidas. En tiempos bíblicos, las mujeres ansiaban tener hijos. Raquel le dijo a su marido: “Dame hijos, o si no, me muero” (Gn 30:1). La matriz estéril tiene un deseo insaciable de hijos. Dios puso una necesidad anhelante de hijos en las mujeres, y ellas los anhelan.

La tierra tampoco se sacia nunca de recibir agua: siempre quiere más. La tierra seca absorbe el agua y la lleva a las profundidades, y pronto lucirá seca en la superficie de nuevo. El agua desaparece, y la tierra exige más. No importa cuánta agua se le suministre a un terreno seco, todavía querrá más. La tierra tiene un deseo por agua que nunca dice: ¡Basta! Un año después del inicio del diluvio universal, la tierra estuvo seca de nuevo y lista para recibir lluvia estacional, y así permanece hasta hoy.

El fuego tampoco nunca dice: ¡Basta! Mientras pueda encontrar material combustible, seguirá ardiendo. Cuando se acerca a un bosque o a una casa nunca se detiene por falta de ganas de arder. Tiene un deseo furibundo por consumir todo lo que toca. No se contenta con un kilómetro cuadrado de bosque: rápidamente consumirá otros diez si no se lo detiene a tiempo.

Estas cuatro cosas, nunca satisfechas y con deseos insaciables, representan poderosamente las lujurias pecaminosas de todo ser humano. Las personas nunca están contentas con lo que tienen, siempre quieren más. Viven vidas frustradas y dolorosas, pero así como sus ojos nunca se sacian de mirar (Pr 27:20), sus almas nunca se satisfacen con lo que tienen.

Sólo el contentamiento da paz y satisfacción, y es fácil de conseguir, pero pocas personas lo buscarán, y aún menos, lo encontrarán. No tiene nada que ver con las circunstancias (Fil 4:12). Es una actitud mental, una conducta que se aprende (Fil 4:11). Al alma hambrienta, todo lo amargo le es dulce, pero la persona saciada desprecia el panal de miel (Pr 27:7). Esta saciedad sólo la puede dar Dios. 

El ser humano tiene en sí un “vacío con forma de Dios”. Los seres humanos hemos sido diseñados para tener una relación eterna con nuestro Creador, e intentar llenar este vacío con bienes materiales o placeres sólo perpetuará la insatisfacción crónica que nos es innata.

Haz al Señor tu porción en la vida (Gn 15:1; Sal 73:25-26; He 13:5-6). Gran ganancia es la piedad acompañada de contentamiento (1 Ti 6:6).

¿Estás contento con tu vida, o frustrado? Dios te ha dado mucho y te ha prometido más, pero de Él. Teniéndolo a Él como tu satisfacción y gozo en la vida, ¿qué más podrías desear? 

Serás como el Seol, la matriz estéril, la tierra seca y un incendio inextinguible, si no eliges el contentamiento que el Señor te ofrece. ¡Vuélvete a Él hoy!

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