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Wednesday, April 1, 2026

CAÍN Y ABEL, HASTA EL FINAL




“Abominación es a los justos el hombre inicuo; Y abominación es al impío el de caminos rectos” (Pr 29:27).

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Existe una antigua y fuerte enemistad entre los justos y el hombre inicuo; entre el impío y el de caminos rectos. Estaba allí en el principio; estará allí al final. Los justos odian a los impíos, y los impíos odian a los justos. Son completamente diferentes entre sí, y nunca harán las paces. No menor que la enemistad entre Dios y Satanás, es el odio entre los justos y los impíos.

Caín odió a su hermano Abel y lo mató nada más que por envidia y resentimiento, porque Abel era justo y no le había hecho ningún mal (1 Jn 3:12). Al igual que Caín, los impíos siguen a su padre el diablo al odiar a Dios y a Sus hijos (Jn 8:44). ¿Cómo podría alguien odiar a Jesús de Nazaret? ¡Pero lo torturaron y lo mataron sin piedad! Hay, en el mundo, una animosidad insalvable contra el Señor Jesucristo, y contra Sus discípulos (Jn 7:7; 15:18-19; 17:14).

Acéptalo, porque es en este horrible contexto de Caín matando a su propio hermano que se nos dice que el mundo también odiará a los cristianos (1 Jn 3:13). Este mundo no es amigo de los hijos de luz. Los odia y los exterminaría ahora mismo si la gracia Dios no lo restringiera (Mt 10:22; 24:9; Sal 76:10). Incluso los que se llaman cristianos pensarán que están sirviendo a Dios cuando maten a los verdaderos creyentes (Jn 16:2).

El conflicto es entre el bien y el mal, Dios y Satanás, la luz y las tinieblas, la santidad y la maldad, los santos y los pecadores.

La naturaleza de los antagonistas es totalmente diferente. El hombre natural está en enemistad contra Dios y sus leyes (Ro 8:7). Es un cautivo voluntario del príncipe de la potestad del aire, el espíritu que obra en los hijos de desobediencia (Ef 2:1-3). Esta guerra fue anunciada en el Jardín del Edén (Gn 3:15). Los inicuos odian a los rectos (Pr 29:10).

Dios odia al impío y está enojado con él todos los días (Sal 5:5; 7:11;11:5). Por supuesto, esta maravillosa verdad no se enseña en las iglesias. Esta generación prefiere la fábula de que Dios ama a todos. Les encanta el eslogan: “Dios odia el pecado, pero ama al pecador”—aunque no pueden encontrar un solo versículo en la Biblia que diga tal cosa. Si escuchas a esta generación, creerías que Noé puso una carita sonriente en el arca, con estas palabras: ¡Sonríe, Dios te ama! Pero no lo hizo, y el Señor Jesús pronto dirá a la misma clase de hombres que Él nunca los conoció antes de arrojarlos al infierno (Mt 7:23).

El Señor Jesús advierte a menudo del odio que los malvados tienen por los justos. Advirtió a Sus discípulos de cómo el mundo los odiaría (Mt 5:10-12; Jn 7:7; 15:18-19; 17:14). Y el relato histórico de la persecución en el libro de los Hechos es prueba de esta advertencia. La Edad Media está llena de horribles historias de mártires de Jesús que son difíciles de creer, debido a su crueldad y ensañamiento. No te sorprendas cuando el mismo espíritu diabólico impulse a los inicuos a odiar a los santos, a calumniarlos, a perseguirlos, y a matarlos.

Si vives una vida piadosa en este mundo a causa del Señor Jesucristo, sufrirás persecución (2 Ti 3:12). Vives en los tiempos peligrosos de los postreros días, cuando incluso la mayoría de los cristianos son engañadores y transigentes (2 Ti 3:1- 4:4). Aborrecen lo bueno (2 Ti 3:3), y se volverán contra ti, si te pones de parte de la santidad en esta generación profana. Tienen apariencia de piedad, pero le niegan al Señor cualquier derecho de gobernar sobre sus vidas (2 Ti 3:5).

Los justos debemos vivir separados del mundo (Stg 4:4). No podemos casarnos en yugo desigual (2 Co 6:14). Es el vínculo de la sangre de Cristo y la obediencia a Dios lo que constituye la base de la amistad entre los justos (Sal 119:63).

No debes preocuparte, santo amigo de Dios. El Señor Jesucristo ha vencido al mundo (Jn 16:33). Los mártires en el cielo claman por el día de la venganza, y está cerca (Ap 6:9-17). El Señor viene en llamas de fuego para destruir a todos Sus enemigos (2 Ts 1:7-10; Jud14-15). 

“El que no amare al Señor Jesucristo, sea anatema. El Señor viene” (1 Co 16:22). 

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