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Monday, April 27, 2026

LA ARAÑA QUE ATRAPAS CON LA MANO




“La araña que atrapas con la mano, Y está en palacios de rey” (Pr 30:28).

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La araña es una criatura muy pequeña, pero sabia (Pr 30:24). Es la cuarta criatura pequeña que proporciona una lección objetiva de sabiduría. La araña posee una cualidad que tú debes cultivar para tener éxito en la vida. En lugar de solo temer o despreciar a la araña, aprende su sabiduría.

Muchos piensan que las arañas son peligrosas, venenosas o que pueden atacar en cualquier momento. Esto no es verdad. Las arañas son guardianas silenciosas que ayudan a mantener el equilibrio ecológico a nivel mundial, consumiendo cada año millones de toneladas de insectos, moscas y mosquitos minúsculos, incluyendo plagas que afectan cultivos como el arroz y el maíz, impidiendo así que se multipliquen sin control y pongan en peligro la salud humana. 

Las arañas son conocidas principalmente por las intrincadas telarañas que tejen para atrapar a sus presas. Sus telarañas están hechas de finos hilos de seda producidos por glándulas que tienen en su abdomen. La seda la secretan en forma líquida, y se endurece cuando se expone al aire. Algunas especies pueden usar sus telas como paracaídas para viajar grandes distancias. El diseño, el patrón y la estructura de las telarañas revelan el delicado ingenio con que Dios creo esta obra de arte de la naturaleza que el ser humano no ha podido jamás apreciar adecuadamente.

El sabio profeta Agur, por inspiración de nuestro Creador, quiere que sepas dos cosas sobre las arañas. 

La primera. Aunque se hagan grandes esfuerzos para mantener incluso a los palacios libres de arañas, todavía se encontrarán allí. Esto se debe a que muchas especies han evolucionado para adaptarse a vivir en entornos cerrados y resistir los aracnicidas creados por el hombre. Segundo, destruye una telaraña hoy y habrá otra ahí mismo mañana. La seda que secretan en forma líquida sólo se extingue con la muerte, y el instinto con que el Creador las ha dotado asegura que siempre estén tejiendo una telaraña. Una nueva telaraña ocupará el espacio dejado por otra que ha sido destruida.

En lugar de intentar eliminarlas por completo—lo cual es prácticamente imposible y ecológicamente desfavorable—los expertos recomiendan que las personas aprendan a convivir con las arañas (o sacarlas fuera del hogar cuando sea necesario).

¿La lección? Adaptación al medio ambiente, y perseverancia fiel y diligente en la tarea asignada, incluso contra mucha oposición y dificultad.

Cuando tengas un tarea por hacer, hazla. Llámala como quieras: asignación, visión, vocación, obsesión, llamado, carga, etc. Pon manos a la obra y no pares. Haz lo que puedas con los medios que tienes. ¿Has escuchado la expresión “humildes comienzos”? Se refiere a iniciar un proyecto, carrera o empresa desde una posición insignificante, con pocos recursos económicos, escasa influencia y en un entorno modesto. No digas que no tienes las cualidades necesarias y que la oposición será demasiado para ti, como Moisés (Ex 4:1,10,13). 

El ser humano no asiste ni ayuda a las arañas en absoluto; por el contrario, hace casi todo lo que puede para obstaculizar su trabajo y acabar con sus vidas: destruye sus telarañas y fumiga los rincones para deshacerse de ellas. Las arañas tendrían toda la razón para estar desanimadas y dejar su labor. Pero no se quejan, deprimen o renuncian. Simplemente siguen aferrándose con sus patas a los techos y a las paredes verticales de los palacios, y no se dan por vencidas debido a la dificultad, la resistencia o los problemas: tejen sus telarañas sin cesar.

La enseñanza de Agur a través de la araña es: Si eres persistente y diligente en tu trabajo, tú también puedes terminar en los palacios del Rey un día, porque Él recompensa a los diligentes (Pr 10:4; 12:14,24; Pr 22:29; Ec 9:10; 1 R 11:28). Esta simple regla es la única ley de la araña. Ocúpate en lo tuyo como la araña lo hace en lo suyo.

¿Puedes igualar a la araña hoy? ¿Qué tarea te ha asignado tu Creador? Hazla. Comiénzala y termínala. Si tu primer intento falla, inténtalo de nuevo. 

“Porque Dios no es injusto para olvidar vuestra obra y el trabajo de amor que habéis mostrado hacia su nombre, habiendo servido a los santos y sirviéndoles aún” (He 6:10).

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