Un profesor que odiaba a Dios se burló de Él en la clase de filosofía: “Nadie aquí puede probar que una sola declaración de la Biblia sea cierta”. Un joven habló desde el fondo de la sala: “Yo puedo”. El profesor replicó: “Bueno, esta es tu oportunidad”. El joven se acercó al profesor, tomó su nariz con la mano y la retorció con fuerza. La sangre corrió libremente. Entonces el joven citó este proverbio, y volvió a su asiento.
El bendito Creador puso leyes en Su creación y las reveló a los hombres. Si la nata de la leche se agita en una batidora, se convertirá en crema y luego en mantequilla. El proceso ha sido conocido desde el principio del mundo, y es tan seguro y cierto como la gravedad.
Los vasos sanguíneos de la nariz son finos y muy delicados, y están cerca de la superficie. Si la nariz se golpea o se aprieta con fuerza, los vasos se romperán y la sangre saldrá por la nariz. Las hemorragias nasales son muy comunes; si sonarse la nariz con demasiada fuerza hace que salga sangre, ni hablar de cuánta sangre saldrá si a una persona le retuercen la nariz como el proverbio dice, y el ejemplo citado demuestra.
Con la misma certeza, las respuestas ásperas para forzar o defender una causa crearán conflictos. La ira es enojo vengativo, y la contienda es pelea y discusión. La forma en que lidias con la ira depende de si causas o no conflictos y problemas.
“El hombre iracundo promueve contiendas; Mas el que tarda en airarse apacigua la rencilla” (Pr 15:18).
La ira lleva a la confrontación y a toda mala obra; los sabios son en cambio pacificadores (Stg 3:13-18).
Todos se enojan (Mr 3:5), pero el justo aplaca el enojo y pasa por alto las ofensas (Pr 19:11). El justo no deja que la ira lo haga pecar, y se deshace de ella rápidamente (Ef 4:26). Los sabios son lentos para la ira (Pr 14:17,29; Stg 1:19). Gobiernan sus espíritus y no permiten que la ira los controle (Pr 16:32). Saben que la ira los hace vulnerables a todo tipo de maldad (Pr 25:28).
Las personas iracundas son necias. Siempre están involucradas en peleas, conflictos y malos entendidos. ¡Evítalas! Si te asocias con personas iracundas adquirirás sus hábitos pecaminosos y te involucrarás en peleas y problemas (Pr 22:24; 29:22). La ira no agrada a Dios y es contraria a Su justicia (Stg 1:20). Es mejor escoger amigos entre los creyentes fieles y piadosos (Sal 101: 6). La vida es demasiado corta para desperdiciar incluso un día contendiendo con tu prójimo.
La fuerza de la ira puede conducir al asesinato. El Señor Jesús enseña que la ira descontrolada es una violación del sexto mandamiento: “No matarás” (Mt 5:21-22). La ira es un rasgo del mismo diablo, y le das un lugar a él en tu vida para que te destruya si no la controlas y te deshaces de ella (Ef 4:26-27; Stg 3:14-16).
La ira es el sello distintivo de la persona necia:
“No te apresures en tu espíritu a enojarte; porque el enojo reposa en el seno de los necios” (Ec 7:9).
Tal emoción sólo engendra peleas y problemas (Pr 27:4). Acepta la ofensa sin replicar; acepta incluso ser defraudado, en lugar de enojarte (1 Co 6:7). Ama a tus enemigos y trátalos bien (Mt 5:43-48). No necesitas defenderte; Dios te defenderá (Ro 12: 19-21). Ama la paz y la mansedumbre (Stg 3:17-18). Sé un ejemplo e influencia de paz, serenidad y templanza para todos los que te rodean.
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