Friday, January 30, 2026

EL MODO CORRECTO DEL BAUTISMO



El modo correcto del bautismo se describe en el significado de la palabra bautizar

Ésta palabra es una transliteración de la palabra griega baptizo que significa “sumergir en agua”

Por lo tanto, el bautismo por aspersión, o infusión, rociamiento (verter agua sobre la cabeza), es algo que contradice el significado de la palabra. 

El bautismo por aspersión significaría “sumergir a una persona en agua rociándole (o vertiéndole) agua”.  

El bautismo, por su definición más obvia y literal, debe ser un acto de inmersión en agua.

El bautismo ilustra la identificación del creyente con la muerte, sepultura y resurrección de Jesucristo. 

“¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en Su muerte? Porque somos sepultados juntamente con Él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva” (Ro 6:3-4). 

La acción de ser sumergido en agua, representa el morir y el ser sepultado con Cristo. La acción de emerger del agua ilustra el ser resucitado con Él. 

Por lo tanto, el bautismo por inmersión es el único método de bautismo que ilustra el ser sepultado con Cristo y ser resucitado con Él

El bautismo por aspersión, o rociamiento, o infusión, o el vertido de agua sobre la cabeza, se puso en práctica como resultado de la práctica católica anti-bíblica de bautizar a los infantes.

Pero el bautismo por inmersión, aunque es el único modo bíblico de identificarse con Cristo, no es (como algunos creen) un pre-requisito para la salvación. 

Es un acto de obediencia, una proclamación pública de la fe en Cristo e identificación con Él. El bautismo es una representación del nuevo nacimiento, un evento personal y subjetivo, que ilustra cómo dejamos nuestra vieja vida y llegamos a ser una nueva creación en Cristo Jesús (2 Co 5:17). El bautismo por inmersión es el único modo que ilustra plenamente este cambio radical.

Algunos creyentes que no forman parte de la iglesia organizada (conjunto de denominaciones cristianas con sus templos y denominaciones), sienten que si el bautismo no se realiza en una pila bautismal, en un templo, entonces está bien recurrir a la forma católica/protestante/tradicional, que es el bautismo por aspersión o rociamiento.

La pila bautismal es como una piscina para una persona, generalmente de piedra, metal o loza, utilizada en los templos de la liturgia cristiana para contener una gran cantidad de agua, la requerida para sumergir a una persona en el acto del bautismo. Si no se tiene acceso a esta estructura, dicen, entonces está bien bautizarse por aspersión.

Pero lo importante del bautismo está en su significado, no en el lugar en que se realiza. Un río, un lago, una piscina inflable en el patio, la bañera de la casa, son todos “recipientes” perfectamente aceptables donde se puede realizar un bautismo. 

Que la persona que se bautiza sepa a cabalidad qué significa lo que está haciendo, y que quien la ayuda a hacerlo sea también creyente, es todo lo que es necesario.

El relato de Felipe y el eunuco etíope ilustra esto más allá de toda sombra de duda:

Y yendo por el camino, llegaron a cierta agua, y dijo el eunuco: Aquí hay agua; ¿qué impide que yo sea bautizado? Felipe dijo: Si crees de todo corazón, bien puedes. Y respondiendo, dijo: Creo que Jesucristo es el Hijo de Dios. Y mandó parar el carro; y descendieron ambos al agua, Felipe y el eunuco, y le bautizó” (Hch 8:36.38).

Según este pasaje los requisitos bíblicos para un bautismo correcto y aceptable al Señor son:

1. Que haya cierta agua (no importa el lugar, pero la suficiente para sumergir a la persona que se bautiza).

2. Creer de todo corazón que Jesucristo es el Hijo de Dios que murió por nuestros pecados.

3. Y que otro creyente ayude a sumergirse a quien se bautiza.

La instrucción bíblica es sencilla, para gente sencilla, para creyentes sinceros. Las denominaciones han hecho del bautismo y de casi todo lo demás, algo complicado, rebuscado, falsamente solemne, que sólo puede realizar un eclesiástico debidamente ordenado por la denominación a la que pertenece. Nada de esto es bíblico. Cualquier creyente maduro en la fe puede ayudar a otro más joven en la fe a bautizarse donde haya agua suficiente para hacerlo.

“...y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres (Jn 8:32).


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Históricamente, el bautismo se ha utilizado como un rito de iniciación, que ilustra la entrada del iniciado en una nueva creencia o práctica religiosa. El bautismo en la iglesia es también un símbolo del perdón de los pecados que experimentamos en la salvación. De la misma manera que Pilato intentó demostrar su inocencia lavándose las manos con agua (Mt 27:24), los cristianos muestran que han sido purificados por Cristo cuando son bautizados con agua.

En la Biblia hay mencionados siete distintos bautismos. Los siete bautismos suelen enumerarse de la siguiente manera:

1) El bautismo de Moisés (1 Co 10:1-3). Cuando los israelitas fueron liberados de la esclavitud en Egipto fueron “en Moisés...bautizados en la nube y en el mar”. Es decir, se identificaron con Moisés y su liberación al atravesar el Mar Rojo y seguir la presencia de Dios en la nube (Ex 13:21). Pablo utiliza esto como ejemplo de la forma en que los cristianos nos identificamos con Cristo y Su salvación. Los que siguieron a Moisés atravesaron las aguas y así fueron iniciados en una nueva vida de libertad y cumplimiento de la Ley; los que seguimos a Jesucristo, que es más grande que Moisés, nos sumergimos en las aguas del bautismo y así somos iniciados en una nueva vida de libertad y gracia espirituales.

2) El bautismo de Juan (Mr 1:4). Mientras Juan el Bautista predicaba el arrepentimiento de los pecados en preparación para la venida del Mesías, bautizaba a la gente en el Jordán. Los que eran bautizados por Juan mostraban su fe en el mensaje de Juan y su necesidad de confesar sus pecados. En Hechos 18:24-25, un discípulo de Juan llamado Apolos predicó en Éfeso; sin embargo, como solo conocía el bautismo de Juan y la necesidad del arrepentimiento, necesitaba recibir más instrucción sobre la muerte y resurrección de Cristo. Más tarde, en la misma ciudad (Hch 19:1-7), Pablo se encuentra con algunos seguidores más de Juan. Estos discípulos habían sido bautizados para el arrepentimiento, pero no habían oído hablar del nuevo nacimiento ni del Espíritu Santo. Pablo les enseñó todo el mensaje de la salvación en Cristo, y ellos recibieron el mensaje y posteriormente fueron bautizados en el nombre de Jesús (Hch 19:2-5).

3) El bautismo de Jesús (Mt 3:13-17). Este fue el acto de Jesús para identificarse con la humanidad pecadora. Aunque Jesús no necesitaba arrepentirse de ningún pecado, acudió a Juan para ser bautizado. Juan se resistió a realizar el bautismo, diciendo que era Jesús quien debía bautizarlo a él (Mt 3:13-14). Pero Jesús le dijo a Juan que procediera con el bautismo: “Deja ahora, porque así conviene que cumplamos toda justicia” (Mt 3:15). En este bautismo, Jesús dio Su aprobación al ministerio de Juan y también comenzó el suyo propio. Cuando Jesús salió del agua, el Padre habló desde el cielo y el Espíritu Santo descendió en forma corporal sobre Jesús (Mt 3:16-17).

4) El bautismo de fuego (Mt 3:11-12). Juan profetizó que Jesús bautizaría a los hombres “con fuego”. Esto se refiere al juicio de Jesús sobre el mundo por su pecado (Jn 5:22). Inmediatamente después de mencionar el bautismo de fuego, Juan describe a Jesús como supervisor de una cosecha venidera: “Su aventador está en su mano, y limpiará su era; y recogerá su trigo en el granero, y quemará la paja en fuego que nunca se apagará” (Mt 3:12; cf. Mt 13:24-30,36-43). Los que sean juzgados por Cristo en el último día serán arrojados al lago de fuego (Ap 20:15).

5) El bautismo del Espíritu Santo (Ef 1:13-14; 1 Co 12:13). Juan también predijo que Jesús bautizaría a los hombres con el Espíritu Santo (Mt 3:11). Se trata de un bautismo espiritual, y es el bautismo que nos salva. En la salvación, somos “sumergidos” en el Espíritu Santo. El Espíritu nos cubre, mora en nosotros, nos llena y nos hace parte del cuerpo espiritual de Cristo. El bautismo del Espíritu es lo que nos inicia en la nueva vida en Cristo. Las primeras personas en experimentar el bautismo del Espíritu fueron los creyentes de Hechos 2 en el día de Pentecostés. La entidad espiritual conocida como el cuerpo de Cristo se forma mediante este bautismo: “Pues por un mismo Espíritu todos fuimos bautizados en un solo cuerpo” (1 Co 12:13).

6) El bautismo de la cruz (Mr 10:35-39). Jesús utilizó el lenguaje del bautismo para referirse a Sus sufrimientos (y a los de Sus discípulos). Santiago y Juan, los hijos del trueno, se acercaron al Señor para pedirle un lugar de honor en el reino. Jesús les preguntó: “¿Pueden...ser bautizados con el bautismo con que soy bautizado?” (Mr 10:38). Ellos respondieron que sí, y Jesús lo confirmó: “Serán bautizados con el bautismo con que Yo soy bautizado” (Mr 10:39). El “bautismo” del que habla Jesús aquí es el sufrimiento que Él iba a padecer. Santiago y Juan también sufrirían por la fe como Él.

7) El bautismo de los creyentes (Mt 28:19). Es un lavado con agua que simboliza la acción del Espíritu Santo en el corazón del creyente. El bautismo de los creyentes es una de las dos ordenanzas dadas a la iglesia. Las diferentes iglesias practican diferentes formas de bautismo, pero todos los que siguen a Cristo deben ser bautizados, ya que así lo manda nuestro Señor. El bautismo en agua representa algunas maravillosas verdades espirituales. Cuando somos salvos, somos “sepultados” con Cristo y “resucitamos” a una nueva vida; nuestros pecados son “lavados” y somos purificados. Es el bautismo en el Espíritu lo que nos salva, pero el bautismo en agua es nuestra expresión externa de ese acontecimiento interno. “¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte? Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva” (Ro 6:3-4).

De los siete bautismos que se encuentran en las Escrituras, solo dos tienen un significado personal para el cristiano de hoy: el bautismo en el Espíritu Santo (que nos salva) y el bautismo en agua (que nos identifica con la iglesia universal de Cristo). Los demás bautismos fueron exclusivos de otras épocas, limitados a ciertas personas o (en el caso del bautismo de fuego) aún futuros.

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LA POBREZA NO ES VIRTUD




“El hombre pobre y robador de los pobres es como lluvia torrencial que deja sin pan” (Pr 28:3).

Audio

La pobreza no hace a los hombres compasivos, nobles o virtuosos. Salomón observa lo que considera una práctica perversa: que los pobres a menudo son crueles y tacaños con otros pobres. Y también comenta sobre los pobres a los que se les otorga autoridad o riquezas sólo para verlos convirtiéndose en tiranos despiadados que abusan de su poder sobre sus antiguos compañeros de pobreza. Esto es impiedad y gran maldad. El que debería recordar su estado anterior de precariedad económica y mostrar tierna bondad hacia los que permanecen en ella, los desprecia y abusa de ellos en su codicia arrogante.

No hay virtud en la pobreza. De hecho, la pobreza generalmente indica una mente réproba, un corazón necio, un carácter perezoso; o las tres cosas juntas. 

En igualdad de condiciones, la razón por la que un hombre es más pobre que su prójimo se debe a la necedad. Aparte del juicio soberano de Dios, la diligencia y la sabiduría generalmente traerán éxito y prosperidad. De igual manera, aparte de algún propósito misterioso del Señor, la pereza y la necedad traerán pobreza (Pr 10:4; 11:24;12:24; 22:29). Considerando las salvedades mencionadas, creer lo contrario es hacer de la pobreza la recompensa por la sabiduría.

Parte del propósito y beneficio de la lluvia es nutrir la tierra para asegurar el crecimiento de las plantas, hortalizas y árboles frutales. Y lo logra maravillosamente, cuando cae suave y constantemente en la estación oportuna. Pero cuando la lluvia llega en forma de una tormenta violenta, puede arruinar fácilmente la capa superior del suelo y destruir las semillas contenidas en ella. También puede romper y ahogar las hortalizas y plantas en crecimiento, arruinándolas como productoras de alimento. En ambos casos, lo mismo que debería ser en beneficio de un predio agrícola y de su dueño, se convierte en una inundación cruel y destructiva.

Un hombre pobre, ya sea que todavía esté en la pobreza o se le haya dado alguna autoridad o éxito, debe mostrar misericordia hacia sus hermanos pobres. No debe olvidar que él es uno de ellos, o que lo fue. Debe recordar su condición. 

Pero es un hecho triste de la vida observar que los pobres que han dejado de serlo suelen ser muy crueles con los que todavía sufren pobreza. Si exaltas u honras a un pobre impío, probablemente crearás un monstruo que pisoteará a aquellos a los que más debiera mostrarles compasión, y a los que más debiera intentar proteger (Pr 30:21-22).

¿Tienes buena memoria? ¿O desprecias ahora a los que son lo que tú fuiste en el pasado? Padre, ¿te compadeces de tu hijo al recordar tu necedad y rebeldía a su edad? Hombre de negocios, ¿recuerdas los comienzos humildes de tu negocio lo suficiente como para consolar a quienes están ahí ahora? Supervisor, ¿eres compasivo con tus subalternos, recordando que hasta el año pasado tú eras uno de ellos? Estudiante, ¿te compadeces de tu hermano menor mientras lucha con el ramo que te confundió hace unos años? Abuelo, ¿recuerdas tus tiempos difíciles del pasado, y ayudas a tus nietos a enfrentar los suyos ahora?

Cristiano, eras el más pobre de los pobres. ¡Depravado, indigente y condenado! Eras un criminal destinado al infierno. Pero Jesús dio Su vida para redimirte del pecado y de la muerte y hacerte un hijo de Dios con una herencia eterna (1 S 2:8; Sal 113:7). ¿Puedes recordar tu vil historial y el gran perdón que se te dio gratuitamente, y perdonar a los que pecan contra ti? (Mt 18:21-35) ¿O eres como “El hombre pobre y robador de los pobres [que] es como lluvia torrencial que deja sin pan?”

El Señor Jesucristo pasó de la pobreza de ser el humilde hijo de un carpintero a ser el Soberano de los reyes de la tierra (Ap 1:5). ¿Crees que Él se acuerda y se compadece de ti en tu débil condición y duras pruebas? (Sal 103:13-14; He 2:17-18; 4:14-16). 

Él jamás se olvidará de Sus compañeros en la pobreza de la condición humana. Él será para ellos: 

“...como la luz de la mañana, como el resplandor del sol en una mañana sin nubes, como la lluvia que hace brotar la hierba de la tierra (2 S 23:4). 

¿Puedes decirle, junto con el salmista:

Has cambiado mi lamento en baile; desataste mi cilicio, y me ceñiste de alegría. Por tanto, a ti cantaré, gloria mía, y no estaré callado. Jehová Dios mío, te alabaré para siempre (Sal 30:11-12)?  

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Thursday, January 29, 2026

A RÍO REVUELTO, GANANCIA DE PESCADORES

 


“Por la rebelión de la tierra sus príncipes son muchos; mas por el hombre entendido y sabio permanece estable” (Pr 28:2).

Audio

La inestabilidad política es la consecuencia y el juicio de Dios traídos sobre una nación por sus pecados y rebelión contra Él. Rebelarse contra el Dios del cielo expone a una nación a la corrupción estatal y civil, a la decadencia y a la revolución. La mayor bendición para una nación es líderes que teman a Dios y guarden Su justicia. Tal gobierno preservará, prolongará, protegerá y prosperará a un país. Las historias contrastantes de Israel y Judá y sus reyes, registradas cuidadosamente en la Biblia para nuestra instrucción, dan testimonio de este hecho político.

Salomón enseña en otro proverbio: 

“La justicia engrandece a la nación; mas el pecado es afrenta de las naciones (Pr 14:34). 

Hay leyes naturales y sobrenaturales en acción tras cada gobierno y nación en el mundo. Las leyes naturales son las consecuencias obvias y lógicas del buen o mal carácter, y de la buena o mala conducta y legislación de una nación. Las leyes sobrenaturales son recompensas o castigos directos de Dios sobre un gobierno o nación por sus políticas y prácticas contra Él.

Cuando una nación se opone a la Fuente de la Autoridad, Dios mismo, y a la sabiduría de Su autoridad, la Palabra de Dios, entra en una situación en la que tanto las leyes naturales como las sobrenaturales la castigan. 

La corrupción engendra corrupción. El poder absoluto corrompe absolutamente. Una nación corrupta tendrá un gobierno corrupto, y un gobierno corrupto estará sujeto a la decadencia, la desconfianza, la agitación y el caos. El número de los políticos inescrupulosos, los príncipes de este proverbio, aumentan en estas situaciones de caos y confusión con el fin de aprovechar la oportunidad para sacar beneficio propio. Así como la pesca es más fácil en aguas agitadas, el desorden político aumenta el número de los saqueadores de cuello y corbata en el aparato estatal y gubernamental, permitiéndoles obtener ganancias deshonestas. Los príncipes, o principales protagonistas, se multiplican exponencialmente a medida que se perpetúa la inestabilidad en las altas esferas del país. Este es un juicio de Dios sobre tal nación, como lo enseñan, entre otros, los profetas Isaías y Oseas (Is 3:1-7; Os 13:11).

Un gobierno sólo prosperará mientras el pueblo y sus líderes sean justos. El “hombre entendido y sabio [que] permanece estable” es el hombre que teme a Dios y busca Su justicia, única base para el conocimiento y la inteligencia de verdad (Pr 1:7; 9:10; Job 28:28; Sal 111:10). Tanto las bendiciones naturales como las sobrenaturales recompensarán a los líderes justos y a la nación justa. ¡Bienaventurado y dichoso el pueblo cuyo Dios es el Señor! (Sal 33:12; 144:15).

Ninguna nación en la tierra hoy exalta a Dios y Su justicia; por lo tanto, el entorno político mundial es bastante volátil, ya se trate de naciones individuales o combinaciones de ellas. Las naciones que se han opuesto más abiertamente en contra de Dios y Su verdad son generalmente las más inestables. La frecuencia de golpes de estado, insurrecciones y revoluciones en las naciones a menudo son reflejo del grado de rebelión que existe en el mundo en contra de la Autoridad Divina y la santidad bíblica.

La Revolución Francesa no fue un accidente: resultó del ateísmo promovido años antes. Alemania, hogar de Hitler, Marx, Nietzsche, Freud y otros similares a estos viles hombres, era políticamente volátil y estaba madura para el juicio de Dios debido al abandono de la fe de sus padres, cuando fue reducida a escombros por Los Aliados. La Rusia atea ha tenido tres formas de gobierno opresor sucesivos durante toda su existencia como nación. Y los Estados Unidos, una nación relativamente joven en el concierto internacional, se dirige a un juicio de Dios similar al recibido por las naciones del Viejo Mundo debido a su falta de arrepentimiento—porque las transgresiones de América son muy grandes.

¿Qué puedes hacer? Vive tú la vida justa que Dios requiere en Su Palabra y ora por tu nación y sus líderes (Jer 29:4-7; 1 Ti 2:1-2). Tú podrías ser a quien el Señor busque como intercesor por la paz y la prolongación del estado (Ez 22:29-31). Es el deber de todo hombre temeroso de Dios buscar Su misericordia sobre una nación descarriada (2 Cr 7:14).

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ELLA FLORECE (Recomendación para Cristianas de Habla Hispana)


 

La imagen muestra el logotipo del ministerio internacional Ella Florece. Este ministerio cristiano tiene como objetivo alentar a las mujeres de habla hispana a profundizar en la Palabra de Dios para florecer en todas las áreas de sus vidas. 

Ofrecen recursos bíblicos como artículos, estudios y una revista. 

Tienen un podcast disponible en plataformas como Spotify, que aborda temas desde una perspectiva bíblica como el matrimonio y las relaciones. 

Están presentes en redes sociales como Instagram y Facebook. 

Su misión es ayudar a las mujeres a estar arraigadas en la fe para la gloria de Cristo. 

https://www.ellaflorece.org/recursos-gratuitos

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Wednesday, January 28, 2026

¿OSADO COMO LEÓN, O TEMEROSO COMO RATÓN?

   


Huye el impío sin que nadie lo persiga; Mas el justo está confiado como un león” (Pr 28:1).

Audio

Una buena conciencia es un don precioso. Su valor es inconmensurable. Sin una buena conciencia, miras nerviosamente a tu alrededor para ver quién está a tu acecho. Con una buena conciencia, no temes ningún mal. Puedes enfrentarte a cualquier persona. ¿Por qué tener miedo? Sabes que eres justo; sabes que el Señor está contigo.

¡Qué gran diferencia entre los hombres! El pecado hace cobarde al pecador. El impío teme hasta a su propia sombra y huye de ella. Teme el juicio en este mundo y en el venidero, al igual que los ángeles condenados (Mt 8:29). El Dios santo atormenta su alma con dudas y temor sin cesar (Job 15:20-25).

Imagina enemigos que se esconden en las sombras y escuchan tras las paredes. Su corazón teme que este sea el momento en que será atrapado y expuesto, castigado y juzgado. Trata de ahogar su conciencia con ruido, buenas obras, actividad, religión falsa, alcohol o drogas.

El justo no teme nada. La piedad hace valeroso a un hombre con buena conciencia. Es como un león intrépido, que no se aparta de nadie (Pr 30:30; Nm 23:24; Is 31:4). Es capaz de dormir a la intemperie con la misma facilidad que en un matorral, por su gran confianza y audacia en la protección de Dios sobre él.

El denuedo se te ofrece. ¿Lo quieres? No dejes este proverbio hasta que lo asimiles. Una buena conciencia te hará audaz, fuerte, valeroso. No le temerás a nada. El Señor será tu espada y tu escudo. Ningún enemigo se parará frente a ti. Ningún juicio te expondrá ni te condenará. ¡El denuedo es tuyo!

El Señor puso una vela en cada ser humano para que escudriñe y juzgue sus pensamientos y acciones (Pr 20:27). Se llama conciencia. Esta luz interna de Dios juzga las acciones de cada persona como malas, o las excusa como buenas (Ro 2:14-15; 1 Co 2:11). El Señor te perseguirá con este temible enemigo dentro de ti, si pecas contra Él (Lv 26:17,36; Sal 53:5).

Cuando los malvados fariseos tentaron al Señor Jesús, trayéndole una mujer sorprendida en adulterio, Él les dijo que el que estuviera libre de pecado arrojara la primera piedra (Jn 8:1-11). Desde el más viejo hasta el más joven, su conciencia los condenó hasta que dejaron solos al Señor y a la mujer.

¿Podría David haber enfrentado a Goliat con una conciencia culpable? ¿Cómo? Con el pecado en su conciencia, no habría tenido confianza en la liberación de Dios, sino una temerosa expectativa de juicio. Como tenía una buena conciencia ante el Señor y los hombres, no habría temido aunque todo el ejército filisteo lo hubiera combatido (Sal 3:6; 27:1-6; 46:1-5).

Los grandes santos de la Biblia, los grandes hombres de Dios, tuvieron todos una buena conciencia. Así fue como pudieron pararse audazmente en el poder de Dios ante cualquier enemigo o circunstancia (Sal 112:7). No temían a ningún hombre. Sabían que, si los juzgaban, no les podrían acusar de nada malo justamente. No había debilidad en su fe; sabían que el Señor estaba con ellos, no contra ellos (Is 26:3-4).

Pablo fue a juicio sin temor de que alguien pudiera acusarlo de ser un malhechor (Hch 23:1). Ninguna amenaza de peligro lo hizo titubear jamás (Hch 20:24). Daniel y sus tres amigos no temieron las amenazas de muerte contra ellos (Dn 3:16-18; 6:10). Y Moisés no temió la ira del rey (He 11:27). Estas son solo algunas de las hazañas realizadas por aquellos que tenían una buena conciencia y conocían a su Dios (Dn 11:32).

Pero Caín, el profano asesino de su hermano, se llenó de un terror mórbido ante el peligro invisible (Gn 4:13-15). Respondió como su padre, Adán, quien tembló de miedo entre los árboles del Jardín, cuando el Señor sólo lo llamó por su nombre (Gn 3:9-10). La conciencia de los hermanos de José todavía los atormentaba más de veinte años después de venderlo como esclavo (Gn 42:21). Pero José, aunque acusado falsamente y condenado por intento de violación, podía presentarse valientemente ante Faraón y su padre como salvador de Egipto y de su familia. ¡Gloria!

¿Escuchas el mensaje? ¡Aprovecha la oportunidad que se te da! Lava tu conciencia en la sangre del Cordero y mantenla limpia, pura, confiada y audaz. No la eches a perder jugando con el pecado, incluso con los pecados secretos, incluso con el pecado en tus pensamientos. La vela del Señor no pasa por alto los pecados secretos de pensamientos lujuriosos y fantasías impuras. Te condenará y robará tu confianza desde adentro hacia afuera, mientras tratas de poner una fachada de rectitud y audacia en el exterior.

Marido. Una conciencia contaminada arruinará tu matrimonio. Enfrentar a un cónyuge, hablar con un hermano o disciplinar a los hijos será diferente con el pecado en tu conciencia. Sofocará tu vida espiritual, porque le estás ocultando un secreto a tu Amigo más cercano. Los sermones se volverán temibles e irritantes en lugar de edificantes, porque estarás seguro de que el predicador está hablando acerca de ti y te está acosando. Un padre hipócrita o pecador tendrá dificultades para disciplinar a sus hijos, porque sabe que ellos son más justos que él.

Si no eres tan confiado y audaz como deberías ser, humíllate ante tu gran Dios ahora, y confiesa y repudia tus pecados. 

“Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad” (1 Jn 1:9).

Y por su Espíritu y gracia Dios puede restaurar tu conciencia y valor. Hazlo ahora. No dejes escapar esta oportunidad ante el Señor.

David escribió: 

Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; pruébame y conoce mis pensamientos; y ve si hay en mí camino de perversidad, y guíame en el camino eterno (Sal 139:23-24). 

Lee también el Salmo 19:12-14. 

Siguiendo el ejemplo de David y Pablo, ejercítate en tener siempre una conciencia sin ofensa ante Dios y ante los hombres (Hch 24:16). Comienza ahora a ejercitarte hacia esa meta, mediante la oración y el autoexamen ante el trono de Dios.

Esta gran posesión puede ser tuya. Tienes más conocimiento del Señor Jesucristo y del perdón de los pecados que cualquier santo del Antiguo Testamento. Puedes presentarte confiadamente ante Dios con plena certidumbre de fe (He 10:22), y mediante la fiel obediencia a Él por medio de Jesucristo, puedes tener una confianza gloriosa (I Jn 3:18-22). El bautismo en agua, dice Pedro, es la aspiración de una buena conciencia hacia Dios por la resurrección de Jesucristo (1 P 3:21). 

Durante los últimos dos mil años, los verdaderos discípulos del Señor Jesucristo han sido los hombres y mujeres más grandes de la tierra. Sus conciencias puras, buenas, y sus vidas santas, les han dado gran audacia y confianza para enfrentar el tormento, la persecución y la muerte a manos de los enemigos de Dios. Viendo estos el denuedo de los mártires, les reconocen como los que han estado con Jesús y han experimentado el poder de Su resurrección (Hch 4:13). Han visto en sus rostros inconmovibles la fe sobrenatural de los que responden:

“Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?” (Ro 8:31). 

Ningún hombre jamás habló y vivió como el Señor Jesús (Jn 7:46). Ningún hombre ha tenido jamás una conciencia más libre de mancha de pecado que Él. Es esta buena conciencia la que le dio el valor, cuando llegó el momento de Su muerte en Jerusalén, para afirmar Su rostro en esa dirección (Lc 9:51). Su valor en todo momento fue sorprendente: hizo que Pilato mismo se maravillara de Él (Mr 15:5). ¿Por qué hablar en un juicio injusto? Sabía que era inocente y sabía que Dios estaba con Él. 

¿Crees en el Hijo de Dios? Su sangre puede lavar tu conciencia y emblanquecerla de todos tus pecados porque Él es “el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” (Ap 7:14;12:11). Él dice: “al que a mí viene, no le echo fuera” (Jn 6:37).

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