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Wednesday, February 25, 2026

LA CARNE CONTRA EL ESPÍRITU




“El altivo de ánimo suscita contiendas; Mas el que confía en Jehová prosperará” (Pr 28:25).

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El orgullo provoca peleas, pero la fe trae prosperidad. Aquí hay dos leyes de la sabiduría: Una trae conflictos y desacuerdos, y la otra trae bendición y éxito. Estas dos leyes se oponen entre sí, como se opone el deseo de la carne al del Espíritu (Gl 5:17). Los orgullosos no confían en el Señor, y los que tienen fe en el Señor no son orgullosos. No puedes ser ambos. ¿Eres un orgulloso, o un hombre de fe?

La persona con un corazón orgulloso siempre estará en conflicto con muchas otras personas en diferentes momentos de la vida. El orgullo no dejará que las cosas se olviden, ya que debe vengarse. Hasta que sienta que tiene la última palabra o decisión en un desacuerdo, la persona orgullosa continuará presionando, luchando y en conflicto. El orgullo no le permitirá pasar por alto las ofensas menores; el orgullo tampoco le permitirá admitir que está equivocada o que pecó.

El orgullo no perdona fácilmente a quien quiera razonar con él. El orgullo no dice fácilmente: “Lo siento”. El orgullo no quiere ser corregido, y se resiente contra aquellos que intentan hacerlo. El orgullo se resiente por las ventajas de los demás y busca apoderarse de cualquier honor o posición que esté en juego. El orgullo no tiene consideración por el dolor o los problemas de otros.

Cuando una persona tiene orgullo en su corazón, no tendrá relaciones placidas con los demás. Un marido orgulloso no perdonará a su mujer por sus faltas menores. Una mujer orgullosa no se someterá ni obedecerá al marido que ella misma eligió para que fuera su líder. El hijo orgulloso no honrará ni obedecerá a su padre cuando las reglas interfieran con su libertad o placer o pensamiento. Los empleados orgullosos se resistirán a cumplir las asignaciones difíciles; los miembros orgullosos de la iglesia se resentirán por las reprensiones pastorales.

La humildad puede acabar con cualquier conflicto cediendo y buscando la paz. Cuando una persona está en paz con Dios y consigo misma, puede pasar por alto las ofensas de los demás, puede perdonar fácilmente y aceptar la corrección. La humildad sabe que lo más importante es negarse a sí misma, que hacerse a un lado del peatón apurado, como una mansa paloma, la hará una receptora de la bendición del Señor. Someterse y buscar la paz es más importante que ganar el día.

Hay otra manera de vivir que por orgullo. El sabio, el piadoso, confía en el Señor. No tiene que protegerse a sí mismo, el Señor lo protegerá. No tiene que resentirse por la corrección, oponerse a los demás ni luchar para salir adelante. Al único al que tiene que demostrarle algo es al Señor. La única personalidad a la que tiene que vencer es la suya propia. Y el Señor recompensa su fe bendiciéndolo con Su gracia. 

El hombre humilde que confía en el Señor vencerá al hombre orgulloso que pone su confianza en sí mismo. 

La prosperidad sólo es buena cuando es señal de la bendición de Dios. Y el hombre que cree que el Señor lo cuidará, sin ninguna lucha de su parte, prosperará. Tendrá la bendición y protección del Señor en todo quehacer. Gozará de paz y seguridad, mientras el Señor lo recompensa por aplastar su orgullo y confiar solo en Él.

Señor, abre mis labios, Y publicará mi boca tu alabanza. Porque no quieres sacrificio, que yo lo daría; No quieres holocausto. Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; Al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios (Sal 51:15-17).

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