Monday, February 9, 2026

HABLA, PORQUE TU SIERVO OYE



 

“El que aparta su oído para no oír la ley, su oración también es abominable” (Pr 28:9).

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¿Qué tan bien oyes, con tu oído espiritual, la palabra del Señor? Si descuidas o rechazas la clara instrucción de las Escrituras, el Padre celestial rechazará tus oraciones. Esta es una advertencia seria. Si Dios está en contra de ti, ningún esfuerzo tuyo por tener éxito funcionará.

Este es uno de los proverbios más importantes. Es una lección que afecta a todas las personas que oran. Las consecuencias son graves y el remedio es sencillo. Puedes distinguirte a los ojos de Dios más rápidamente en esta área de tu vida que en cualquier otra.

¿Estudias la Biblia o ni siquiera la lees? ¿Oras y te preparas mentalmente para retener la instrucción y ponerla por obra? ¿Te mantienes enfocado y absorbes tanto como te sea posible? ¿Revisas y repasas de tiempo en tiempo lo aprendido para no olvidarlo? ¿Meditas de día y de noche en las Escrituras? (Jos 1:8; Sal 1:2) ¿Te examinas a ti mismo en busca de los cambios que te demanda lo que has aprendido?

Los bereanos son elogiados en las Escrituras como “más nobles” por recibir la enseñanza de Pablo con toda solicitud, pero escudriñando “cada día” las Escrituras para ver si lo que él les enseñaba era así (Hch 17:10-11). Los judíos de Jerusalén, sin embargo, se taparon los oídos y apedrearon al mensajero (Hch 7:51-60). ¿Dónde te encuentras tú entre estos dos extremos?

Una forma en que Dios se revela a Sí mismo y Su voluntad es por la predicación de la palabra (Mal 2:7; 1 Co 1:21). Él escoge a ciertos hombres y les da la capacidad de entender correctamente las Escrituras para enseñarlas (2 Ti 3:16-17; 4:2).

Los predicadores, expositores e instructores de la Biblia son los mensajeros de Dios (2 Co 5:20). Él los envía a tu vida con Su mensaje para tu beneficio: Si oyes, entiendes y obedeces. Si desprecias al mensajero del Señor y al mensaje que te trae, desprecias a Dios mismo, y lo pagarás caro (Ex 16:8; Sal 105:14-15; 1 S 8:7).

Si decides hacer caso omiso de la palabra que el Señor te comunica, Él rechazará tu oración en tu momento de mayor necesidad (Pr 1:24-30). El asunto es muy importante, porque necesitas Su sabiduría para tu éxito en la vida: Necesitas que Él responda tus oraciones.

El Señor advierte en este proverbio que Él rechazará las oraciones de aquellos que no oigan con sumisión Su mensaje. De hecho, ¡Él considerará sus oraciones como abominación! Aquí hay una advertencia muy seria sobre tu actitud hacia la exposición de la palabra de Dios. Les dice a los judíos que esta fue la razón del terrible castigo que sufrieron por parte de los babilonios, primero (Zac 7:7-14); y por parte de los romanos, después (Lc 21:20-24).

¡Imagina lo terrible que es que tu oración sea una abominación para Dios! Mientras le ruegas por bendición y favor en tu vida, Él desprecia, odia y aborrece intensamente tus peticiones. Tus oraciones le dan náuseas. 

¿Cómo fueron “más nobles” los bereanos? Considera Hechos 17:11 de más cerca. 

Primero, oyeron a Pablo con mentes muy receptivas. No escucharon con desprecio, planteando sus propias opiniones, objeciones o preguntas tontas contra su predicación (2 Ti 2:23; Tit 3:9). Ellos querían saber; querían creer; asumieron que él tenía razón; estaban agradecidos de tener un hombre de Dios que les declarara la verdad. Sus mentes no divagaron ni se preguntaron si quizás Pablo estaba equivocado.

Segundo, escudriñaron las Escrituras diariamente para confirmar sus palabras. No recibieron su mensaje como verídico sin primero consultar las Escrituras para ver si concordaba con lo que estas dicen. No menospreciaron la profecía (1 Ts 5:20). No despreciaron la instrucción bíblica, sino que la consideraron lo suficientemente importante como para examinarla a la luz de la palabra del Señor.

El Señor advierte en ambos testamentos acerca de la necesidad de oír Su palabra con atención y sumisión. Concluyó sobriamente Su parábola del sembrador diciendo: 

“Mirad, pues, cómo oís” (Lc 8:18). 

Su juicio es severo: Le quitará al oyente obstinado el poco conocimiento que cree tener.

Cornelio da otro de los mejores ejemplos de oyentes receptivos. Reunió a su familia y amigos para oír “todo lo que Dios te ha mandado” (Hch 10:33). Y los tesalonicenses recibieron la palabra de Dios que oyeron de Pablo como si estas fueran las mismas palabras de Dios (1 Ts 2:13).

El Señor no aprecia en lo más mínimo a quienes rechazan el mensaje de sus enviados (Dt 1:41-44). Pablo despreciaba a tales hombres (1 Co 14:36-38), y no permitía contiendas necias, ni siquiera sobre cosas tan insignificantes como el largo del cabello (1 Co 11:16).

Pero no todos los predicadores son genuinos mensajeros del Señor. Hoy en día la mayoría de los pastores no predican la Palabra de Dios, tal como advierte la Biblia (Am 8:11-12). Esto es también porque la mayoría de los cristianos prefieren escuchar fábulas en lugar de la verdad (2 Ti 4:3-4). Como juicio, Dios les envía predicadores inescrupulosos que se aprovechan de las mujeres vulnerables con su falso cristianismo (2 Ti 3:1-7). La cura es simple: Predicar la palabra a tiempo y fuera de tiempo; redarguyendo, reprendiendo, exhortando con toda paciencia y doctrina (2 Ti 4:2).

Es difícil hoy en día encontrar una iglesia donde la palabra de Dios se declare fielmente, pero debes esforzarte por encontrarla, porque conformarse con un impostor contemporáneo es solo otra forma de ignorar este proverbio. No puedes decir que oyes esta advertencia de Salomón si continúas perdiendo el tiempo con hombres que simplemente hablan desde el púlpito, y cuentan chistes, y relatan anécdotas, y pretenden tener visiones, o tocan la guitarra, o sonríen mucho a su público, o usan un  traje caro.

Rechaza el culto a la personalidad, los falsos milagros, la mezcla de la fe y los negocios, y a las mujeres predicadoras. Mide al predicador por sus frutos (Mt 7:15-20). ¿Cómo vive? ¿Sufre penalidades como buen soldado de Jesucristo? (2 Ti 2:3)  ¿Redirige las vidas de los oyentes para que se alineen con la palabra del Señor? Debes medir al predicador según lo que enseñan las Escrituras (Sal 119:98-100,128; Is 8:20; Ro 16:17-18; Gl 1:16-17; 1 Ti 6:3-5). ¡Sé un bereano!

Encontrar un verdadero mensajero del Señor es una gran bendición de Dios, como le dijo Eliú a Job (Job 33:23-26). Es la manera más directa de conocer la voluntad del Señor (Pr 29:18; 1 S 3:1; 2 Cr 15:3). 

“¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian la paz, de los que anuncian buenas nuevas!” (Is 52:7; Ro 10:15). 

La advertencia del proverbio es severa, como debe ser, porque la rebelión contra la palabra de Dios es como hechicería, y la desobediencia contra ella es como idolatría (1 S 15:22-23). Si el Señor del cielo discierne que estás protegiendo un ídolo en tu corazón y rechazando Su mensaje, te enviará un poder engañoso para que creas la mentira, tal como lo hizo con Acab (Ez 14:1-11; 1 R 22:8; 2 Ts 2:9-12).

Considera el consejo que Elí le dio a Samuel, cuando el Señor lo llamó por la noche. Elí le dijo a Samuel que le respondiera al Señor: 

“Habla, porque tu siervo oye” (1 S 3:10). 

Esta es la actitud que el Señor bendecirá. El que tiene oídos para oír; oiga. Entonces su oración subirá como olor grato ante el Padre que está en el cielo.

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