La iglesia local es un grupo de creyentes en Jesucristo que se reúnen en un lugar en particular regularmente. La iglesia universal está compuesta por todos los creyentes en Jesucristo en todo el mundo.
El término iglesia, proviene de al menos 2 palabras. Una de las palabras tiene que ver con una reunión o “asamblea” [griego, ekklesia] (1 Ts 2:14; 2 Ts 1:1). Esta palabra es una que concierne a la obra de Dios de salvar y santificar a los creyentes como “los apartados” [electos; elegidos].
La iglesia local normalmente se define como una asamblea local de creyentes que profesan la fe en Cristo Jesús. Con mayor frecuencia, la palabra griega, ekklesia, es usada en referencia a la asamblea local (1 Ts 1:1; 1 Co 4:17; 2 Co 11:8). No necesariamente hay una sola iglesia local en un área específica. En las grandes ciudades hay muchas iglesias locales.
La iglesia universal es el nombre dado a la iglesia en general, en todo el mundo. En este caso, la idea de iglesia no se refiere a ninguna asamblea en particular, sino a todos aquellos que la constituyen a lo largo y ancho del mundo. La iglesia universal es la iglesia de Cristo aún cuando no pueda llevar a cabo una reunión oficial, porque está esparcida y diseminada por toda la tierra—no se puede reunir a un número tan grande de creyentes en un solo lugar.
En Hechos 8:3, uno puede ver que la iglesia universal es la iglesia de Cristo, aún cuando no se habla de una reunión específica en una casa. Cuando se examina el texto de Hechos 9:31, se observa que en la versión Reina Valera, el uso de la palabra iglesias realmente debería ser la iglesia, en singular, ya que describe la iglesia universal y no sólo las iglesias locales.
Algunos pueden llaman a la iglesia universal la “iglesia invisible”—invisible en el sentido de no tener un domicilio conocido, coordenadas GPS, o edificio físico, y en el sentido de que sólo Dios puede saber quién es verdaderamente salvo y le pertenece.
Pero la iglesia universal nunca es descrita en las Escrituras como invisible y, como una ciudad situada sobre una colina, seguramente no fue creada para ser invisible (Mt 5:14). Estos son algunos otros versículos que hablan sobre la iglesia universal: 1 Corintios 12:28; 15:9; Mateo 16:18; Efesios 1:22-23; Colosenses 1:18.
Como se puede ver por estos pasajes, la iglesia universal está compuesta por todos los creyentes en Cristo Jesús que han nacido de nuevo, tanto los que están esparcidos y diseminados a lo largo y ancho del mundo ahora, como aquellos que han dormido en el Señor (1 Ts 4:13-14) y están ahora en el paraíso.
Los detractores del concepto de iglesia universal insisten en que se debería hablar de iglesias locales en vez de una sola iglesia. La idea, en su mente, es defender la existencia de la iglesia local como un lugar de reunión al que se debe asistir tal día y a tal hora para estar con tales hermanos y escuchar el sermón de tal pastor. Eso de que los creyentes puedan tener movilidad, libertad, y posibilidad de escoger dónde y cuándo reunirse (o no hacerlo), atenta contra la estabilidad financiera de la iglesia local (no admiten por supuesto, que esta sea la razón principal de su objeción). Sin embargo, por mucho que le moleste a los detractores, el concepto de la iglesia universal es bíblico (ver los pasajes citados).
El Señor Jesús, tuvo una conversación importante con la mujer samaritana junto al pozo de Jacob. Ella le dijo:
“Nuestros padres adoraron en este monte, y vosotros decís que en Jerusalén es el lugar donde se debe adorar” (Jn 4:20).
Nótese la semejanza en el razonamiento de la samaritana con el de aquellos que dicen que sólo se puede adorar al Señor en una iglesia local. Los samaritanos decían que era en su monte donde los samaritanos debían adorar a Dios; y los judíos decían que no, que era en Jerusalén donde se debía adorar al Dios. La intención detrás de ambas posturas era que ni los samaritanos fueran a Jerusalén a adorar a Dios, ni que los judíos fueran a Samaria a hacer lo mismo.
¿Qué le respondió el Señor Jesús a la mujer samaritana?
“Jesús le dijo: Mujer, créeme, que la hora viene cuando ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre... Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren. Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren” (Jn 4:21,23-24).
El Padre busca a verdaderos adoradores que le adoran en espíritu y en verdad. No importa dónde se reúnan, ni si son sólo dos o tres (Mt 18:20). Este tipo de adoración, “en espíritu y en verdad”, sólo la puede efectuar la iglesia universal, que no está sujeta a calendarios, horarios ni domicilios, y cuyo Pastor y Obispo (1 P 2:25) “puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos” (He 7:25).
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