Aquí hay una regla para tu éxito financiero. La usura es interés, o el valor del dinero en el tiempo. Los impíos cobran intereses de más y se aprovechan de los pobres. Dios tomará los bienes de los acreedores injustos y se los dará a quienes ayudan a los pobres (Pr 22:16,22-23).
El interés bancario tiene que ver con el valor del dinero en el tiempo. Es el precio de tener dinero o activos hoy, y pagarlos en el futuro. Es la recompensa por prestar tu dinero y recibirlo tiempo después. No hay nada intrínsecamente malo o inmoral en cobrar interés (Dt 23:20; Mt 25:27). Es el costo del capital. Es el precio del dinero.
Pero “El que aumenta sus riquezas con usura y crecido interés” es un acreedor injusto que, por ejemplo, aprovechándose del desconocimiento legal del pobre deudor, realiza cobros abusivos o lo mantiene esclavizado a deudas interminables.
El Señor le dio leyes financieras a Su pueblo que cuidaban a los más pobres entre ellos. Condenó cobrar intereses a los pobres de la misma nación (Ex 22:25; Lv 25:35-37), porque esto podría aumentar su pobreza y fomentar un espíritu de codicia o crueldad en los acreedores (Dt 23:19). Los connacionales debían ayudarse unos a otros, no enriquecerse a costa de sus hermanos. Israel sólo podía cobrarle intereses a los extranjeros que vivieran en la nación (Dt 23:20), lo que indica que el interés en sí mismo no es una cosa inmoral u opresiva.
Cuando tratas con una persona pobre, ¿eres consciente de pagarle voluntariamente el precio del mercado? ¿Eres generoso y cuidadoso de no acercarte a pagarle menos? ¿Revelas claramente todo lo que sabes sobre cualquier artículo que le vendes? ¿Evitas todos y cada uno de los aspectos de intimidación o extorsión para influir en su decisión? Estas son preguntas que los hombres honestos, con integridad piadosa, pueden responder fácilmente; y salen adelante financieramente por ello.
El estudio de Proverbios debería darte como resultado un sentido común santificado. Si un vecino pobre viene pidiendo un préstamo hasta que le paguen en dos semanas, un buen hombre le prestará el dinero sin intereses. Él haría lo mismo si necesitara reparar su único medio de transporte. Sin embargo, si un vecino pobre quisiera financiar los juguetes de su hijo o comenzar un negocio de pasatiempos a través de ti, cobrarle interés es perfectamente apropiado. Los ricos no necesitan préstamos sin intereses, especialmente para sus negocios, o eres tan culpable como robar a los pobres (Pr 22:16).
Dios cuida de los pobres y juzgará con severidad a los que traten de aprovecharse de ellos. Cuando ves opresión en alguna parte, especialmente contra los pobres, recuerda que hay Uno superior a ellos (Ec 5:8). Es el Padre de los huérfanos y Juez de las viudas (Sal 68:5). Él escucha su clamor cuando los has lastimado económicamente (Ex 22:25-27). ¡Ten cuidado!
El Señor considera tu trato a los pobres como un trato a Él (Pr 14:31; 17:5). Si te compadeces de los pobres y les prestas, ciertamente Él te lo pagará (Pr 19:17). Si descuidas a los pobres, Él te descuidará en tu momento de necesidad (Pr 21:13; 28:27). Los hombres buenos cuidan de los pobres (Pr 29:7,14; 31:9,20); los impíos abusan de los pobres (Pr 28:3; 30:14). El que es generoso con los pobres será bienaventurado (Pr 11:24; 22:9; 28:27; Hch 20:35).
Como advierte el proverbio, el hombre que se aprovecha de los pobres puede salir adelante económicamente por un momento. Pero el Señor le quitará su ganancia y se la dará al hombre que tiene misericordia de los pobres. El Señor Jesús nos enseña, en la parábola del hombre que no usó sabiamente su único talento:
“Quitadle, pues, el talento, y dadlo al que tiene diez talentos” (Mt 25:28).
Los ricos se hacen más ricos, cuando temen al Señor y le obedecen. Y los pobres se hacen más pobres, cuando usan su pobreza como excusa para actuar mal.
Salomón te acaba de dar otra regla para tu éxito financiero. Está atento a los verdaderamente pobres y se generoso con ellos. Dad, y se os dará (Lc 6:38). Da generosamente, y Dios te abrirá las ventanas de los cielos (Dt 28:12; Is 32:8; Mal 3:8-10). Da sin miedo, y Él cuidará providencialmente de ti (Ec 11:1-6). Esparce tu dinero entre los verdaderamente necesitados, y recibirás aumento financiero.
El amor al dinero es la raíz de todos los males (1 Ti 6: 6-10), y amarlo hará que te aproveches de los pobres. El hombre que teme al Señor, en cambio, está dispuesto a compartir sus bienes y ayudar a los pobres (1 Ti 6:17-19). Y esta es la evidencia de la vida eterna (Mt 25:31-46; He 6:10).
El Dios grande y glorioso del cielo, que posee el ganado de mil colinas y cuyas riquezas nunca pueden agotarse, ha elegido a algunos de los pobres de este mundo como el objeto de Su amor y generosidad al salvarlos (1 Co 1:26-31; Stg 2:5). Imítalo cuidadosamente y muestra el mismo espíritu generoso, para que “seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma” (Mt 5:43-48; Stg 2:1-10; 1 Jn 3:16-19; 3 Jn 2).
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