¿Cuál es el verdadero éxito en la vida? ¿Eres exitoso? Si confías en este proverbio inspirado, aprenderás que el éxito es vivir con integridad, independientemente de tus activos; y el fracaso es vivir impíamente, sin importar la cantidad de los bienes que tengas. Acepta esta sabiduría piadosa y rechaza las ideas mentirosas del mundo acerca del éxito.
¿Crees estas palabras? El Dios Creador las inspiró, y el hombre más exitoso del mundo antiguo las escribió—el rey con la mayor sabiduría y riquezas mundanas que ha existido. ¿Qué te impide creer estas palabras de verdad? ¿Crees que eres más sabio que Salomón?
“Mejor”, indica una prioridad para la vida de parte de Dios, que, en este libro de Proverbios, es una forma comparativa típica para enseñar sabiduría. ¿Temes a Dios y anhelas la obtención de la sabiduría lo suficiente para creer el proverbio? ¿Puedes fácilmente poner más énfasis en caminar erguido, con la frente en alto, mirando a cara descubierta (2 Co 3:18), que en acumular dinero?
¿Puedes vivir con contentamiento en la pobreza? ¿O debes alcanzar la distinción de “clase media” para contentarte con la rectitud? Ten en cuenta que Salomón exalta a un hombre pobre en este proverbio. David y Salomón enseñan que lo poco con piedad es mejor que las grandes riquezas sin ella (Sal 27:4; 37:16; 84:10; Pr 15:16; 16:8,19; 19:1,22). Acepta esta verdad.
Caminar en integridad es elegir un estilo de vida que mantenga tu conciencia limpia ante Dios y los hombres, porque haces siempre lo que es santo, justo y noble. ¿Es esta tu pasión? Que Dios esté complacido contigo y que los justos se regocijen en ti debe ser tu ambición en la vida.
La mayoría de los hombres viven vidas perversas, eligiendo un estilo de vida que ignora y viola tanto sus propias conciencias como la Palabra de Dios y sus preceptos. Sus elecciones en la vida son egoístas y malvadas, no justas. Esto es lo que elige la gran mayoría de los hombres, y por eso hacen de Dios su peor enemigo (Stg 4:4).
Esta elección entre una vida recta y una vida perversa te llevará a tu bendición o a tu caída, dependiendo de tu elección (Mt 7:13-14,21-27; 1 Ti 6:17-19). Ninguna cantidad de dinero puede salvar tu alma de problemas aquí o en el más allá, por lo que es de poco valor para el verdadero éxito—el éxito ante Dios.
El mundo mide el éxito incitándote a satisfacer el deseo de tu carne, el deseo de tus ojos, y la vanagloria de la vida (1 Jn 2:15-17). Y el diablo te lanza dardos de fuego para promover su agenda (Lc 4:5-8). ¿Puedes rechazar ambas influencias por fe en la Palabra de Dios? Eliges diariamente qué influencia te llevará a tomar tus decisiones.
Pablo confirma este proverbio al escribir:
“Pero gran ganancia es la piedad acompañada de contentamiento” (1 Ti 6:6).
Además condena codiciar bienes materiales, advirtiéndonos:
“Porque los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo, y en muchas codicias necias y dañosas, que hunden a los hombres en destrucción y perdición; porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores” (1 Ti 6:9-10).
La verdadera sabiduría conlleva vivir con integridad, procurando la posesión de una buena conciencia y la guía divina por encima de los bienes materiales.
Preferible a la plata y el oro, es invertir en la vida eterna, buscando conocimiento y principios rectos que te beneficien espiritualmente a ti y a los que te rodean.
Un hombre pobre, que vive una vida piadosa y elige contentarse con su posición e ingresos, es la verdadera medida del éxito, porque esto es lo que Dios aprueba.
¿Estás agradecido por el verdadero éxito que Dios te ha dado? Si deseas vivir una vida piadosa en rectitud y estás contento con tu vida, Dios te ha bendecido con Su gracia para tener estos deseos, porque Él es el que en ti produce tanto el querer como el hacer, por Su buena voluntad (Fil 2:12-13). Y si tienes una comunidad cristiana para practicar con ella el camino de la justicia del Señor, tienes todo lo que necesitas en esta vida.
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