“El que en integridad camina será salvo; Mas el de perversos caminos caerá en alguno” (Pr 28:18).
¿Quién puede evitar que caigas? ¡Dios! Pero Él lo hace por medio de tus decisiones hoy. Si vives una vida piadosa y justa, Él te protegerá y prosperará. Pero si eliges seguir este mundo perverso y vivir como él, Dios justamente te dejará caer en una destrucción segura. Él escribió un manual perfecto para tu vida, pero si vives en contra de él, sin duda alguna caerás.
Hoy tomarás decisiones que determinarán qué tan pronto caerás y arruinarás tu vida. Si caminas sabiamente de acuerdo con las palabras de verdad en la Biblia, serás salvo de caer y destruir tu vida. Pero si eliges lo contrario y te rebelas, tú serás el primero en salir lastimado. Dios y Salomón ya han garantizado tu ruina venidera, si no caminas a diario con el Señor.
Caminar en integridad es cultivar un estilo de vida caracterizado por la piedad, la verdad y la sabiduría. Los que viven así son los verdaderos creyentes, y son bendecidos y favorecidos por Dios y por los hombres (Pr 11:5-6; 28:6; Sal 84:11). Aprende y obedece las claras instrucciones de la Biblia, que te enseñan sobre todos los aspectos de la vida (Sal 119:105,128).
Dios salvará a tales creyentes porque tienen integridad y virtud en todas sus acciones. La bendición de Dios está sobre los justos. Él escucha su clamor por ayuda. Él los libra de la angustia. Él hace prosperar su camino (Pr 12:2; Sal 34:11-17; 37:23). Los jueces y los justos favorecen también las causas de los creyentes que andan en integridad (Pr 22:11; Ro 5:7).
Pero si vives rebeldemente, haciendo las cosas a tu manera, en contra de la Palabra, vas a caer. ¡Garantizado! Puede ser que ya estés deprimido, pero eres demasiado ignorante para reconocer por qué tu vida es un fracaso. Un enfoque necio de la vida, no importa cuánto te guste, no importa cuánto lo apruebe el mundo, te condenará al fracaso con Dios (Pr 14:12; 16:25; Sal 36:2).
El Señor te derribará, porque ha prometido destruir a los soberbios y a los impíos (Pr 16:18; 21:15). Su integridad y celo exigen que te destruya, si eres tan obstinado como para rebelarte contra Él (Pr 28:9; Sal 5:4-6; 36:10-12; 37:1-2). La lección del proverbio es bastante sencilla: Si continúas en la desobediencia, tu futuro está arruinado.
Cuando los constructores de la Torre de Babel se rebelaron contra Dios, Él los confundió con la creación de cientos de idiomas, y su proyecto de construcción se arruinó. Cuando Sansón, el más fuerte de los hombres, persistió en perseguir prostitutas filisteas, Dios lo abandonó a los caprichos malvados de una ramera cruel. Cuando los hombres escondieron ídolos en sus corazones, Dios los engañó por medio de Sus propios profetas (Ez 14:6-9).
Para sorpresa de muchos cristianos que piensan equivocadamente, el Señor no enseñó en parábolas para hacer más claro el misterio del reino de los cielos, sino para ocultarlo de muchos:
“Porque a cualquiera que tiene, se le dará, y tendrá más; pero al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado. Por eso les hablo por parábolas: porque viendo no ven, y oyendo no oyen, ni entienden” (Mt 13:10-17; Is 28:9-13).
El Señor Jesús fue, y todavía es, piedra de tropiezo para muchos (Lc 2:34; Ro 9:33; 1 Co 1:23; 1 P 2:8). Hizo que los fariseos cayeran junto con todos sus seguidores (Mt 15:12-15).
Los necios andan a tropezones por la vida, porque no pueden ver; sus corazones insensatos no tienen luz, y rechazan la luz de la Escritura (Pr 4:19) y la del sentido común (Ro 1:18-32). Pero el camino de los justos es como un amanecer: Los justos ven cada vez más claramente, a medida que avanzan en la vida, las trampas y los hoyos en los que otros caen (Pr 4:18).
Pero lo último es lo mejor. Los que caminan en integridad serán salvos en el gran Día del Juicio (He 9:27), porque sus buenas obras son la evidencia y prueba de que tienen vida eterna en ellos (2 P 1:5-11; 1 Ts 1:2-4; 1 Ti 6:17-19). Mas los de perversos caminos caerán en el lago de fuego, que es la muerte segunda; y allí permanecerán por toda la eternidad. Estos son los que no se hallaron inscritos en el libro de la vida (Ap 20:11-15). ¡Qué terrible caída será esa!
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