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Monday, March 2, 2026

YA, PERO TODAVÍA NO



El concepto teológico de Ya, pero todavía no sostiene que los creyentes ya estamos participando activamente en el reino de Dios, aunque el reino literal no alcanzará su plena expresión hasta un momento futuro. 

Es decir, el reino de Dios es una realidad presente (Ya), pero aún no lo vemos en toda su gloria literal (todavía no). 

El reino de Dios tiene dos dimensiones: 1) La autoridad y el derecho de Dios para gobernar, y 2) el ámbito donde Dios ejerce su autoridad. 

Las Escrituras describen el reino de Dios como que ya está presente, pero que también come que será una realidad concreta en el futuro.

Hay un sentido en el que el reino de Dios ya está en marcha. Hebreos 2:8-9 dice: 

“Porque en cuanto le sujetó todas las cosas, nada dejó que no sea sujeto a él; pero todavía no vemos que todas las cosas le sean sujetas. Pero vemos a aquel que fue hecho un poco menor que los ángeles, a Jesús, coronado de gloria y de honra, a causa del padecimiento de la muerte, para que por la gracia de Dios gustase la muerte por todos” (He 2:8-9). 

Este pasaje muestra el Ya (Jesús está coronado) y el todavía no (no todo está sometido a Él).

De manera similar, 1 Juan 3:2 dice: 

“Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es” (1 Jn 3:2).

Una vez más, hay un Ya (somos hijos de Dios) y un todavía no (no hemos alcanzado la plenitud de esa realidad).

Romanos 8:30 dice que ya hemos sido glorificados, y Efesios 2:6 nos describe como si ya estuviéramos “sentados con Cristo en los lugares celestiales”

Sin embargo, en nuestra experiencia actual, todavía no vivimos esa gloria de manera visible, literal. La realidad presente no se ha alineado completamente con la realidad futura, pero un día lo hará

Hay una base bíblica inequívoca para el concepto del Ya, pero todavía no. Sin embargo, el problema surge cuando este concepto se usa para justificar doctrinas erróneas como el evangelio de la prosperidad y las enseñanzas de “declara y reclama”. Estas “doctrinas” afirman que el reino de Dios ya está en plena operación y que, a través de la oración o la fe, podemos hacer que sus bendiciones se manifiesten de inmediato. Como resultado, se les dice a las personas que nunca deberían estar enfermas o en necesidad, porque las riquezas del reino están disponibles para ellos aquí y ahora.

La Biblia, tampoco, nunca habla de “hacer avanzar el reino”. El Señor Jesús nos enseña a orar pidiendo: “Venga tu reino” (Lc 11:2), lo que implica que su llegada es un acto soberano de Dios. Además, el reino de Dios no es de este mundo (Jn 18:36). Las Escrituras jamás describen al reino de Dios como la levadura en la masa y un árbol que crece, esas son interpretaciones erróneas. El reino NO está trabajando lentamente hacia un cumplimiento final. El reino de Dios es descrito en Daniel 2 como una:

“...piedra que hirió a la imagen [y que] fue hecha un gran monte que llenó toda la tierra” (Dn 2:35).

“...de la manera que viste que del monte fue cortada una piedra, no con mano, la cual desmenuzó el hierro, el bronce, el barro, la plata y el oro. El gran Dios ha mostrado al rey lo que ha de acontecer en lo por venir; y el sueño es verdadero, y fiel su interpretación” (Dn 2:45).

El reino de Dios irrumpirá de manera de manera cataclísmica en la historia de la humanidad durante el período conocido en las Escrituras como el día del Señor.

El Señor Jesús ofreció el reino a los judíos del primer siglo, pero ellos lo rechazaron (Mt 12:22-28). Un día, cuando Cristo regrese, establecerá Su reino en la tierra y cumplirá todas las profecías tanto del Antiguo Testamento como las descritas en el libro de Apocalipsis. 

Antes de cumplir profecías como la de Isaías 51:3, el Señor establecerá Su reino en la tierra en contra de la voluntad de sus habitantes, lo cual se describe claramente en Apocalipsis 11:18: 

“Y se airaron las naciones, y tu ira ha venido, y el tiempo de juzgar a los muertos, y de dar el galardón a tus siervos los profetas, a los santos, y a los que temen tu nombre, a los pequeños y a los grandes, y de destruir a los que destruyen la tierra” (Ap 11:18).

Hasta entonces, el Señor Jesús está edificando Su iglesia (Mt 16:18) y usando a Sus seguidores para Su gloria. Mientras esperamos su regreso, debemos vivir en fe y esperanza, confiando en que Dios cumplirá todas sus promesas en su debido tiempo.

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EL DÍA DEL SEÑOR




La frase “el día del Señor” identifica los eventos que tendrán lugar al final de la historia humana (Is 7:18-25) y a menudo se asocia estrechamente con la frase “en aquel día”

Una clave para entender estas frases es notar que siempre identifican un período de tiempo durante el cual Dios interviene personalmente en la historia, directa o indirectamente, para llevar a cabo algún aspecto específico de Su plan.

Las Escrituras asocian “el día del Señor” con un período de tiempo que ocurrirá cuando la voluntad y el propósito de Dios para Su mundo y para la humanidad se cumplan. 

“El día del Señor” será un mayor período de tiempo, más que un solo día de 24 horas. Será un período de tiempo cuando la ira de Dios se manifiesta en todo el mundo; un período en el que Él limpie el cielo y la tierra como preparación para los mil años del reino de Cristo en la tierra. El día del Señor NO será un evento instantáneo cuando Cristo regrese a la tierra a redimir a Sus fieles creyentes y a enviar a los incrédulos a la eterna condenación, sino que será una serie de eventos como los descritos en el Apocalipsis—siete sellos, siete trompetas, siete copas en las que se consuma la ira de Dios.

La frase “el día del Señor” se usa a menudo en el Antiguo Testamento (Is 2:12; 13:6, 9; Ez 13:5, 30:3; Joel 1:15, 2:1, 11, 31; 3:14; Am 5:18, 20; Ab 15; Sof 1:7, 14; Zac 14:1; Mal 4:5) y varias veces en el Nuevo Testamento (Hch 2:20; 1 Co 5:5; 2 Co 1:14; 1 Ts 5:2; 2 Ts 2:2; 2 P 3:10; Ap 6:17; 16:14).

Los pasajes del Antiguo Testamento que tratan sobre el día del Señor, con frecuencia transmiten un sentido de inminencia, cercanía y expectación: 

“Aullad, porque cerca está el día de Jehová...” (Is 13:6); “Porque cerca está el día, cerca está el día de Jehová…” (Ez 30:3); “…tiemblen todos los moradores de la tierra, porque viene el día de Jehová, porque está cercano” (Joel 2:1); Muchos pueblos en el valle de la decisión; porque cercano está el día de Jehová en el valle de la decisión” (Joel 3:14); “Calla en la presencia de Jehová el Señor, porque el día de Jehová está cercano…” (Sof 1:7). 

Esto se debe a que los pasajes del Antiguo Testamento sobre “el día del Señor” con frecuencia hablan tanto de un cumplimiento cercano como lejano, de la misma forma que lo hace mucha de la profecía del Antiguo Testamento. Algunos pasajes del Antiguo Testamento que se refieren al “día del Señor” describen juicios históricos que ya han sido cumplidos en algún sentido (Is 13:6-22; Ez 30:2,19; Joel 1:15; 3:14; Am 5:18-20; Sof 1:14-18), mientras que otras veces se refiere a juicios divinos que tendrán lugar hacia el final de los tiempos (Joel 2:30-32; Zac 14:1; Mal 4:1,5).

El Nuevo Testamento lo llama un día de “ira”, un día de “visitación”, y “el gran día del Dios Todopoderoso” (Ap 16:14) y se refiere a un cumplimiento aún futuro cuando la ira de Dios sea derramada sobre el Israel incrédulo (Is 22; Jer 30:1-17; Joel 1-2; Am 5; Sof 1), y sobre el mundo incrédulo (Ez 38-39; Zac 14). 

Las Escrituras indican que “el día del Señor” vendrá como ladrón en la noche sobre el mundo incrédulo (Sof 1:14-15; 2 Ts 5:2); y por tanto, nosotros como cristianos debemos estar alertas y preparados para la venida de Cristo que se anuncia con las señales que Él mismo ha delineado para que nosotros nos preparemos (Mt 24; Mr 13; Lc 21).

Además de ser un tiempo de juicio, también será un tiempo de salvación, porque Dios librará al remanente de Israel, cumpliendo Su promesa de que “todo Israel será salvo” (Ro 11:26), perdonando sus pecados y restaurando a Su pueblo escogido a la tierra que Él prometió a Abraham (Is 10:27; Jer 30:19-31, 40; Miq 4; Zac 13). 

El resultado final del día del Señor será que: 

“La altivez del hombre será abatida, y la soberbia de los hombres será humillada; y sólo Jehová será exaltado en aquel día” (Is 2:17). 

El último o final cumplimiento de las profecías concernientes al “día del Señor” vendrá al final de la historia, cuando con maravilloso poder, Dios castigará el mal y cumplirá todas Sus promesas.

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