El concepto teológico de Ya, pero todavía no sostiene que los creyentes ya estamos participando activamente en el reino de Dios, aunque el reino literal no alcanzará su plena expresión hasta un momento futuro.
Es decir, el reino de Dios es una realidad presente (Ya), pero aún no lo vemos en toda su gloria literal (todavía no).
El reino de Dios tiene dos dimensiones: 1) La autoridad y el derecho de Dios para gobernar, y 2) el ámbito donde Dios ejerce su autoridad.
Las Escrituras describen el reino de Dios como que ya está presente, pero que también come que será una realidad concreta en el futuro.
Hay un sentido en el que el reino de Dios ya está en marcha. Hebreos 2:8-9 dice:
“Porque en cuanto le sujetó todas las cosas, nada dejó que no sea sujeto a él; pero todavía no vemos que todas las cosas le sean sujetas. Pero vemos a aquel que fue hecho un poco menor que los ángeles, a Jesús, coronado de gloria y de honra, a causa del padecimiento de la muerte, para que por la gracia de Dios gustase la muerte por todos” (He 2:8-9).
Este pasaje muestra el Ya (Jesús está coronado) y el todavía no (no todo está sometido a Él).
De manera similar, 1 Juan 3:2 dice:
“Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es” (1 Jn 3:2).
Una vez más, hay un Ya (somos hijos de Dios) y un todavía no (no hemos alcanzado la plenitud de esa realidad).
Romanos 8:30 dice que ya hemos sido glorificados, y Efesios 2:6 nos describe como si ya estuviéramos “sentados con Cristo en los lugares celestiales”.
Sin embargo, en nuestra experiencia actual, todavía no vivimos esa gloria de manera visible, literal. La realidad presente no se ha alineado completamente con la realidad futura, pero un día lo hará
Hay una base bíblica inequívoca para el concepto del Ya, pero todavía no. Sin embargo, el problema surge cuando este concepto se usa para justificar doctrinas erróneas como el evangelio de la prosperidad y las enseñanzas de “declara y reclama”. Estas “doctrinas” afirman que el reino de Dios ya está en plena operación y que, a través de la oración o la fe, podemos hacer que sus bendiciones se manifiesten de inmediato. Como resultado, se les dice a las personas que nunca deberían estar enfermas o en necesidad, porque las riquezas del reino están disponibles para ellos aquí y ahora.
La Biblia, tampoco, nunca habla de “hacer avanzar el reino”. El Señor Jesús nos enseña a orar pidiendo: “Venga tu reino” (Lc 11:2), lo que implica que su llegada es un acto soberano de Dios. Además, el reino de Dios no es de este mundo (Jn 18:36). Las Escrituras jamás describen al reino de Dios como la levadura en la masa y un árbol que crece, esas son interpretaciones erróneas. El reino NO está trabajando lentamente hacia un cumplimiento final. El reino de Dios es descrito en Daniel 2 como una:
“...piedra que hirió a la imagen [y que] fue hecha un gran monte que llenó toda la tierra” (Dn 2:35).
“...de la manera que viste que del monte fue cortada una piedra, no con mano, la cual desmenuzó el hierro, el bronce, el barro, la plata y el oro. El gran Dios ha mostrado al rey lo que ha de acontecer en lo por venir; y el sueño es verdadero, y fiel su interpretación” (Dn 2:45).
El reino de Dios irrumpirá de manera de manera cataclísmica en la historia de la humanidad durante el período conocido en las Escrituras como el día del Señor.
El Señor Jesús ofreció el reino a los judíos del primer siglo, pero ellos lo rechazaron (Mt 12:22-28). Un día, cuando Cristo regrese, establecerá Su reino en la tierra y cumplirá todas las profecías tanto del Antiguo Testamento como las descritas en el libro de Apocalipsis.
Antes de cumplir profecías como la de Isaías 51:3, el Señor establecerá Su reino en la tierra en contra de la voluntad de sus habitantes, lo cual se describe claramente en Apocalipsis 11:18:
“Y se airaron las naciones, y tu ira ha venido, y el tiempo de juzgar a los muertos, y de dar el galardón a tus siervos los profetas, a los santos, y a los que temen tu nombre, a los pequeños y a los grandes, y de destruir a los que destruyen la tierra” (Ap 11:18).
Hasta entonces, el Señor Jesús está edificando Su iglesia (Mt 16:18) y usando a Sus seguidores para Su gloria. Mientras esperamos su regreso, debemos vivir en fe y esperanza, confiando en que Dios cumplirá todas sus promesas en su debido tiempo.
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