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Saturday, February 28, 2026

SER, O NO SER




“El hombre que reprendido endurece la cerviz, De repente será quebrantado, y no habrá para él medicina” (Pr 29:1). 

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¿Eres obstinado o rebelde? ¿Ignoras la reprensión y la corrección? ¿Te ha convencido de pecado el Espíritu del Señor a menudo, pero no has cambiado? ¿Te han notificado las autoridades espirituales en tu vida acerca de un pecado que te niegas a abandonar?

El Dios Todopoderoso es longánimo. Él es clemente y misericordioso. Pero no es así para siempre. Cualquier persona que rechace Sus muchas reprensiones será destruida sin previo aviso. No habrá recuperación del juicio. La rebelión y la terquedad frente a la misericordiosa longanimidad del Señor son pecados atroces contra Él, y no los pasará por alto para siempre.

Esta es una de las advertencias más aterradoras de las Escrituras. Los sabios leerán, considerarán y recordarán esta grave descripción de cómo Dios trata a los obstinados y rebeldes. Este proverbio debería estar en todos los boletines de las iglesias y en el frontis de todos los púlpitos, porque rechazar la reprensión de las Escrituras es algo muy serio. Los padres a veces les dicen a sus hijos: “No me hagas repetirlo”, o “No te lo repetiré”. ¡También el Padre celestial lo dice!

Dios reprende por varios medios, dependiendo de la luz del sujeto en cuestión. A Balaam lo reprendió por medio de su asna (Nm 22:21-35). A Jonás por medio de un gran pez que se lo tragó (Jon 1:17). A David por medio del profeta Natán (2 S 12:1-15) y de su propio corazón (2 S 24:10). 

Pero muchos endurecen su cerviz igual, y se rebelan contra la reprensión, ya sea abiertamente o al escucharla sin cambiar (2 R 17:14; Neh 9:16,29). Dios es misericordioso y bondadoso, por eso reprende y advierte antes de castigar; para no tener que hacerlo. Al despreciar Su misericordia y bondad, los rebeldes se muestran como merecedores del justo juicio divino, porque han demostrado ser réprobos obstinados (Pr 5:12; 10:17; 12:1).

El Señor vendrá en Su tiempo para destruir a tales pecadores. No importa cuánto esfuerzo hagan para protegerse, o cuánto los estimen los demás, el Señor los aplastará y los destruirá (Pr 6:12-15; 28:18; Is 30:12-14; Zac 7:11-14; 1 Ts. 5:2-3). La ruina de sus vidas será sin recuperación posible. Dios será quien reirá último (Pr 1:22-31). 

En estos días de cristianismo afeminado y carnal, tal advertencia cae en oídos sordos. Estos autoproclamados “cristianos” se han hecho un dios a su imagen y semejanza que los mira desde la distancia con gesto de aprobación y pasa por alto sus pecados. Pero, ¿qué dice Él? (Sal 50:21-22) 

El Señor tiene por hechicería la rebelión, y por idolatría la obstinación (1 S 15:22-23). Obedecer es mucho más importante que la ceremonia formal del día domingo. Él sabe cuál es la verdadera condición de aquellos que se hacen llamar parte del pueblo del Señor (Mt 15:8).

En Su misericordia, Dios le dio a Israel otra oportunidad después de 70 años de cautividad en Babilonia, y les permitió volver a Jerusalén. Pero nuevamente rechazaron a Sus profetas y, luego, a Su mismo Hijo, por lo que envió a los ejércitos romanos para aniquilarlos mediante una destrucción y hambruna horribles. Jesús les había advertido que entendieran tanto las palabras del profeta Daniel como las del resto de las Escrituras, cuarenta años antes de ser ajusticiados (Mt 21:33-46; 22:1-7; Lc 19:41-44; Hch 2:40).

La iglesia de Tiatira permitió que una falsa profetisa llamada Jezabel comprometiera la pureza del evangelio (Ap 2:20). El Señor Jesucristo le dio “tiempo para arrepentirse”, luego se propuso destruirla a ella y a sus seguidores con gran tribulación y muerte (Ap 2:21-23). ¿Estás en tu espacio de “tiempo para arrepentirte” por algún pecado por el cual has sido reprendido con frecuencia?

Si eres obstinado así te tratará el Señor. 

“Limpio te mostrarás para con el limpio, y severo serás para con el perverso” (Sal 18:26). 

Dios 

“da el pago en persona al que le aborrece, destruyéndolo; y no se demora con el que le odia, en persona le dará el pago” (Dt 7:10).

No menosprecies la reprensión (1 Ts 5:20). Dios no le debe a nadie ni la misericordia ni la sabiduría (Gn 32:10). Si descuidas o rechazas la reprensión, Él te juzgará severamente. Una de las lecciones más básicas de Proverbios es aprender a recibir la reprensión con humildad, para que no seas clasificado y juzgado con los necios y los escarnecedores (Pr 9:12; 13:1; 15:12; 21:29; 28:14). ¡Aprende la lección aquí!

Rechazar la reprensión es despreciar tu propia alma, porque te privas de lo mejor de la vida y te acarreas la destrucción (Pr 15:32). ¡Qué locura! Cuando pecas contra la corrección de la sabiduría agravias a tu propia alma; si aborreces la reprensión, debes amar la muerte (Pr 8:36), y Dios puede darte lo que amas. 

¿Qué pecado en tu vida ha sido reprobado con frecuencia? ¿Cuál ha destacado el Espíritu en tu conciencia? ¿Qué herida tortura la sal de la Palabra? ¿Qué te quita el sueño? ¿Cuál pecado viene una y otra vez a tu mete? El reloj está corriendo. La longanimidad de Dios está a punto de expirar, en tu caso. Se acerca el juicio. ¡Arrepiéntete! ¡Hoy! ¡Antes de que sea demasiado tarde para ti!

No hay forma de esconderse del temible Soberano del universo. Él es Dios, Dios y Padre de los espíritus de toda carne (Nm 16:22; He 12:9). Todos tus pensamientos y las intenciones de tu corazón, y todos tus pecados secretos, están expuestos ante Él (He 4:12-13). 

Jesús es el Señor. Él puede ser tu Salvador; pero Él es el Señor estés con Él o contra Él. Toda lengua confesará que Él es el Señor en el Día del Juicio (Fil 2:9-11). Él tiene las llaves de la muerte y del hades (Ap 1:18). Cuando Él abre, nadie cierra; cuando Él cierra, nadie abre (Ap 3:7). Si te resistes a Sus advertencias sobre cualquier pecado, te enfrentas a consecuencias eternas.

Él rompe a Sus enemigos en mil pedazos como una vara de hierro rompe la cerámica (Sal 2:9; Ap 2:27). Y Él se reirá de todos Sus enemigos y los tendrá en escarnio (Sal 2:4). Si alguien escucha Sus reprensiones y cae sobre Él en arrepentimiento, será quebrantado; pero si Él cae sobre el rebelde, lo desmenuzará (Mt 21:44). 

Si procuraste algo más de educación que la que recibiste del Estado, sabes del famoso soliloquio de Hamlet: “Ser, o no ser”. Hamlet se pregunta si vale la pena resistir las adversidades de la vida (ser), o es mejor acabar con ellas (no ser) por medio del suicidio. Hamlet compara la muerte con dormir, pero le preocupa qué “sueños” podría tener después de la vida. 

Tú estás ante un dilema semejante. ¿Caerás sobre la Piedra, o esperarás hasta que ella caiga sobre ti? (Mt 21:44)

¡Arrepiéntete hoy!

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THE MARRIAGE ADVICE THAT RUINED AN ENTIRE GENERATION

 DISCLAIMER: This is not a Christian YT Channel, nor is it run by a Christian. However, it contains many truths that all men should seriously consider before before considering marriage. “Examine all things, hold fast to what is good” (1 Ts 5:21). 


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Friday, February 27, 2026

LA MINORÍA SILENCIOSA



“Cuando los impíos son levantados se esconde el hombre; Mas cuando perecen, los justos se multiplican” (Pr 28:28). 

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Las encuestas y sondeos políticos mienten. Tienen un sesgo. Sus resultados están distorsionados. Subestiman a los justos, cuando los impíos gobiernan. Solo cuando los impíos se han ido, aparecen los justos. Esto es más que un mero margen de error estadístico. Cuando los impíos llegan al poder, los justos se esconden; cuando los impíos son quitados, los justos aparecen. Promover a los justos y rechazar a los impíos pondrá en marcha la bendición de Dios sobre una nación.

El proverbio tiene una construcción paralela, como muchos proverbios. Sus dos cláusulas se contrastan por la conjunción “mas”. Debes comparar los términos de las dos cláusulas para definir cualquiera de ellas correctamente. 

¿Cómo se levantan los impíos? Son ascendidos al poder político, que es lo contrario de “perecer” en la segunda cláusula. ¿Qué hombres se esconden? Los justos, como lo indica también la segunda cláusula. ¿Cómo se esconden? Evitan la vida pública. Cuando los impíos están en autoridad, los justos desaparecen de la vista; pero cuando esos malvados son quitados del poder, los justos salen de su escondite y se hacen visibles de nuevo.

La lección es fácil. Los impíos odian a los justos y quieren destruirlos; y los justos odian a los impíos y no quieren tener nada que ver con ellos (Pr 29:27; Sal 139:21-22). 

Gran parte de los Proverbios son consejos políticos del rey Salomón a su hijo. Aquí enseña la importancia de poner hombres justos en posiciones de poder. Si esto se hiciera, su contribución a la vida pública sería de gran beneficio para la nación. Si ocurre lo contrario, los buenos hombres desaparecerán (Pr 11:10; 28:12; 29:2). Cuando el pecado y los pecadores son exaltados y honrados, el amor a la verdad se enfría (Mt 24:12).

Los expertos políticos han llamado a los conservadores ocultos: la “mayoría silenciosa”. Se han visto sorprendidos elección tras elección por un poderoso bloque de votantes que obtuvo malos resultados en encuestas y sondeos. ¡La nación era más conservadora de lo que decían las encuestas! Los conservadores se esconden durante el liderazgo y las tendencias liberales. Sin conocer la Biblia, los expertos en encuestas y resultados electorales confirman la observación del proverbio.

Aunque los enemigos liberales de la rectitud y la verdad son vocales, y aunque gastan mucho para promover sus agendas profanas, pasan por alto a muchos votantes que todavía son conservadores y que están hartos de los cambios tontos y los líderes que se les imponen. Aunque los liberales ruidosos elogian a su adorable candidato, este pierde ante su oponente conservador que parecía no tener ninguna posibilidad.

Por supuesto, hay varias definiciones comprometidas en este ejemplo moderno de una “mayoría silenciosa”. Primero, ningún experto en política conoce la definición de Dios de hombres verdaderamente justos. La verdadera justicia y sabiduría bíblica no son opciones en las urnas. En segundo lugar, los hombres verdaderamente justos nunca han sido y nunca serán nada parecido a una mayoría.

¿Por qué hombres justos y piadosos se involucrarían en la política? No tienen ningún mandato bíblico para hacerlo. Saben que el estado, el sistema educativo, los medios de comunicación, la opinión pública y el mundo del entretenimiento están en su contra. Los mejores entre ellos no pueden discernir entre creación y evolución, Jehová y Alá, Jesús y Mahoma. ¿Por qué discutir con necios? ¿Por qué someter la verdad al ridículo? ¿Por qué correr el riesgo de represalias? (Pr 23:9; Mt 7:6; 2 Ts 3:1-2.) Los verdaderos santos de Dios permanecen ocultos hoy, tal como los 7.000 en los días de Acab y Jezabel (1 R 19:1-18).

Sólo el avivamiento personal fomentará el avivamiento nacional. Cuando el rey Asa siguió plenamente al Señor, muchos extranjeros de otras naciones se unieron a él (2 Cr 15:8-9). También ocurrió bajo el rey Ezequías (2 Cr 30:17,25-26). Cuando Amán fue asesinado en Persia, muchos se convirtieron al judaísmo (Est 8:17). Cuando Dios mató a un enemigo de la iglesia primitiva (Herodes Agripa I), el evangelio se propagó (Hch 12:23-24). Y cuando la reina María Tudor (“Bloody Mary”) murió en 1558 por la gracia de Dios, los justos ocultos en Inglaterra se hicieron visibles.

La sabiduría del proverbio es fácil de entender. Pon a un impío en el poder, y las personas valiosas desaparecerán, ya sea por desprecio a los hombres en el poder, o por precaución contra represalias. En la medida en que los sabios sean promovidos en una sociedad, los justos aumentarán su participación. En la medida en que un pastor sea santo y justo, su iglesia crecerá en miembros santos y justos. En la medida en que un padre sea noble y virtuoso, su familia crecerá en nobleza y virtud.

Las verdaderas iglesias del Señor Jesucristo han estado escondidas del mundo durante la mayor parte de su existencia. Bajo gobernantes convertidos o tolerantes con la fe, estas iglesias prosperaron hasta el próximo reinado de terror o epidemia de carnalidad. Los verdaderos santos rara vez se ven hoy en día, ya que se esconden de dos grandes enemigos espirituales: la política pública pagana y el cristianismo carnal.

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EL QUE DA AL POBRE


El que da al pobre no tendrá pobreza; Mas el que aparta sus ojos tendrá muchas maldiciones (Pr 28:27).

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¿Qué piensas cuando ves a una persona pobre? Tus intenciones, palabras y acciones son muy importantes al respecto. Dios ve las tres, y Él te pagará de acuerdo a ellas. La principal razón por la que quizás no seas pobre es por la misericordia de Dios en tu vida, así que muestra alguna misericordia también a aquellos que Él no ha bendecido tanto como a ti. Él está midiendo tu respuesta.

¿Qué piensas cuando ves a un pobre? “No quiero involucrarme”. “Alguien más se hará cargo”. “Su situación no es asunto mío”. “Yo mismo no tengo suficiente”. “Lo ayudaré en otro momento”. “Puede ser un vago perezoso”. “Podría arruinarme dando limosnas”. Este tipo de pensamientos hará que Dios te maldiga con muchos problemas, según el proverbio. Si quieres prosperar y estar protegido, entonces se generoso con los pobres.

Jamás perderás siendo generoso con los verdaderamente pobres. ¡Ganarás! No pienses matemáticamente, porque Dios opera sobrenaturalmente. Este misterio económico no se enseña en ninguna escuela de negocios, porque es una ley de la economía de Dios. Desprécialo o ignóralo a tu propio riesgo. Dar a los que en verdad son pobres es prestarle al Señor, y ciertamente Él te lo devolverá, porque no es deudor de nadie (Pr 19:17; 22:9; 28:8; Dt 15:7-18; Sal 41:1-3; 112:1- 10; Job 41:11; Lc 6:26; He 6:10).

El Señor está involucrado en los asuntos financieros y económicos del mundo. Él es quien hace pobres o ricos a los hombres, y a las naciones (Pr 10:22; 1 S 2:7; Job 34:29; Sal 33:12-22; Is 10:5-19). Da ascensos (Sal 75:6-7). Inspira inventos ingeniosos y da riquezas (Pr 8:12-21). Los paganos no pueden ver ni medir Su obra, por lo que rechazan el hecho. Pero eso está bien, porque así los creyentes pueden fácilmente tener una ventaja financiera y espiritual sobre ellos (Pr 1:32; 28:11; Ec 7:18).

El Señor opera por encima de las reglas contables, los presupuestos y los modelos econométricos. Es una regla de la economía bíblica que puedes avanzar más rápido financieramente ayudando al que padece necesidad. La regla es cierta: Es simplemente tu fe la que es débil. Abandona la mentalidad pagana y cree en Dios. Puedes salir adelante siendo generoso con los que en verdad son pobres (Pr 11:24-28; 28:8; Ec 11:1-6; Mal 3:8-12; Lc 6:38; 2 Co 9:6-11). La regla es tan cierta que Pablo dice que uno de los objetivos de trabajar es para tener qué compartir con el que padece necesidad (Ef 4:28).

Si crees que la prosperidad viene siendo tacaño y egoísta en asuntos económicos, estás en camino a la pobreza. Tu falsa “prudencia” económica te arruinará. El Señor puede hacer agujeros en tus bolsillos para que tu ganancia se escurra por ellos (Pr 11:24-28; Hag 1:5-11). 

Huelga decir que los únicos pobres que merecen caridad son los que lo son por un acto de Dios; es decir, por fuerza mayor, que escapa al control humano. Si una persona es perezosa, necia, derrochadora, mala, o viciosa, no merece la caridad (Pr 18:9; 20:4; 21:20; 28:19; 2 Ts 3:10; Sal 139:21-22). A muchos les resulta difícil aceptar esto, porque han rechazado las reglas bíblicas sobre todos los temas. Dios no tolera los pecados de la pereza, la insensatez o el despilfarro. Sólo se debe compartir con el que padece verdadera necesidad. Aprende la regla correctamente para que tengas verdadera sabiduría. Recuerda al Buen Samaritano (Lc 10:25-37). Dar juguetes a los niños para navidad, cuando hay necesidades mucho más urgentes que cubrir, es pecado. La caridad bíblica se limita a dar para cubrir las necesidades básicas de las personas pobres por un acto de Dios (Is 58:7; Ez 18:7; Hch 2:45; 4:35; Stg 2:15-16).

En esto de dar, el apóstol Pablo nos exhorta a poner nuestras prioridades en orden:

Así que, según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos, y mayormente a los de la familia de la fe (Gl 6:10).

Y al respecto, el Señor Jesucristo dice:

Y cualquiera que dé a uno de estos pequeñitos un vaso de agua fría solamente, por cuanto es discípulo, de cierto os digo que no perderá su recompensa (Mt 10:42; 25:31-46).

Y: 

“A los ricos de este siglo manda que no sean altivos, ni pongan la esperanza en las riquezas, las cuales son inciertas, sino en el Dios vivo, que nos da todas las cosas en abundancia para que las disfrutemos. Que hagan bien, que sean ricos en buenas obras, dadivosos, generosos; atesorando para sí buen fundamento para lo por venir, que echen mano de la vida eterna” (1 Ti 6: 17-19; Is 32: 8; He 6:10).

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