Thursday, January 22, 2026

EL SEOL Y EL ABADÓN NUNCA SE SACIAN




“El Seol y el Abadón nunca se sacian; así los ojos del hombre nunca están satisfechos” (Pr 27:20).

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Siempre hay lugar para que un necio más viva una vida disfuncional y muera una muerte dolorosa. El Seol y el Abadón nunca se sacian, al igual que los necios que continúan codiciando las cosas malas que arruinan sus vidas. Los ojos del hombre nunca están satisfechos, así que el necio se precipita a su propio daño y pérdida todos los días. Siempre hay lugar para uno más. 

No hay límite para los matrimonios sin amor, los hijos abandonados, los corazones rotos, los perezosos subempleados, las muertes prematuras, los soñadores hambrientos, y otras tribulaciones y penurias. Puedes unirte a ellos, si quieres. Las prisiones tienen pocas vacantes, porque cada día aparece un necio para llenar la casa del dolor. El tribunal de divorcios nunca cesa de atender, porque nunca falta el necio que eligió casarse por lujuria en lugar de fe, o eligió divorciarse por sentimientos en lugar de hechos. Alcohólicos Anónimos siempre acepta nuevos miembros, porque cerca tuyo siempre hay un borracho que no tiene voluntad para rechazar otro vaso. El infierno y el averno, el Seol y el Abadón, nunca se llenan.

El necio es patético. Siempre desea y codicia algo más que lo haga feliz, algo que nunca encuentra. Piensa que un viaje, otra casa, un hijo, otro auto, una mayor cantidad de dinero, una lancha, el cariño de otro necio o necia, el matrimonio, un evento bucólico, un ascenso, o cualquier otra cosa lo hará feliz. Pero nunca encuentra la felicidad, no importa cuánto tiempo la busque o la espere. Está condenado a la miseria; está girando sin cesar en una rueda de hámster que lo lleva hacia ninguna parte.

Nunca se contenta con lo que tiene, aunque sea mucho; imagina que hay algo más emocionante para hacerlo feliz. Vive frustrado y codiciando, en busca del Nirvana, y luego muere y se despierta en el infierno eterno. ¡Qué miserable existencia! El Seol y el Abadón nunca se sacian. Los ojos del necio nunca están satisfechos. La necedad y el pecado son maldiciones terribles: roban la alegría de la vida antes de llevar al hombre a la fría tumba.

El Seol y el Abadón son también una vida miserable y dolorosa aquí y ahora, y una muerte innecesaria después (Pr 23:13-14). El lago de fuego tampoco se sacia nunca. Siempre tiene más espacio para otro necio. Pero la lección aquí es sobre vidas dolorosas. Puedes destruir tu matrimonio, fracasar con tus hijos, vivir como un alma solitaria y frustrada, o arruinar tu vida de muchas otras maneras. Siempre puedes encontrar el infierno y el averno aquí, antes de tu muerte física.

Pero la muerte al final de la vida es algo seguro, y puede llegar antes de lo que piensas. La tumba tampoco nunca dice “¡Basta!” (Pr 30:15-16), por lo que los necios encuentran cada día nuevas formas de morir miserablemente. No importa cuántos cuerpos caigan al suelo cada día, siempre hay espacio para otro más. No serás devuelto a la tierra de los vivos, ¡así que redime tu vida hoy!

Los ojos del hombre nunca están satisfechos, porque el hombre anhela otras cosas que no tienen nada que ver con Dios. No tienen fin los deseos de su carne, los deseos de sus ojos, y la vanagloria de su vida (1 Jn 2:15-17). El necio piensa que un poco más de esto o de aquello lo hará feliz. No puede contentarse; sueña con algo mejor; necesita otro evento para experimentar un poco de emoción en su vida. Se niega a aceptar sus circunstancias actuales, porque se cree demasiado bueno para ellas. Piensa que en un futuro cercano descubrirá algo que le traerá paz, alegría y satisfacción.

Las necias no son mejores. Dale a una mujer un buen marido, y ella querrá un hombre diferente. Dale un buen trabajo, y ella querrá su propio negocio. Dale un hogar cálido e hijos, y ella querrá otra cosa. Dale un buen ingreso, y ella querrá más. Dale un buen cuerpo, y ella querrá uno mejor. El problema no es querer mejorar; el problema son las prioridades fuera de control que conducen al pecado. ¿Por qué los hombres con mujeres hermosas se divorcian con más frecuencia que aquellos con mujeres promedio? ¿Por qué las mujeres que podrían estar contentas con el Señor siempre están frustradas y buscando algo más?

La mujer extraña, con sus pecados de fornicación y adulterio, lleva al hombre a la muerte y al infierno (Pr 2:18-19; 5:5; 7:27; 9:18; Ec 7:26). Pero siempre hay lugar para que un necio más se acerque a su cama para probar sus placeres malditos (Pr 7:6-10). Contempla su belleza y escucha sus halagos y está seguro de haber encontrado el tesoro del amor. Como los necios no están satisfechos con sus mujeres, siempre hay lugar para que otro de ellos sea aceptado en la espiral descendente hacia la destrucción que es el cuerpo de la adúltera.

Adán y Eva no estaban satisfechos con el Paraíso, y lo perdieron todo. El que ama el dinero no se saciará de él, aunque sepa que su insatisfacción es vanidad y aflicción de espíritu (Ec 5:10). La codicia es idolatría y un gran mal, que conduce a la frustración y a la infelicidad constantes (Ef 5:5). El corazón del hombre siempre quiere más, y es esta maldad contra Dios y codicia por cosas nuevas lo que lo lleva a la destrucción.

“Gran ganancia es la piedad acompañada de contentamiento” (1 Ti 6:6). 

¡Pero el necio no aprenderá la lección! La oye, pero no puede entenderla. Porque se ha convencido a sí mismo, se ha engañado a sí mismo, de que hay algo más que excitará y llenará su pequeña alma. Pero el bendito Dios nunca permitirá que encuentre nada positivo fuera de Él (Ec 7:14), por lo que los que tienen los ojos y el corazón apegados a las cosas de esta vida están condenados a la miseria.

¿Estás descontento, frustrado y sufriendo alguna miseria y dolor en tu vida? ¡Es tu culpa! Has elegido tus propios deseos sobre las cosas de Dios y del cielo. Proteges tus pecados favoritos; te molesta la corrección del justo; tienes el deseo incontrolable de hacer las cosas a tu manera. 

Si haces del Dios bendito tu porción eterna, podrás experimentar el contentamiento y el gozo del Señor en tu corazón (Sal 16:11; 73:25-26). Si eliges la sabiduría, podrás tener una vida satisfecha y escaparás de la muerte (Pr 13:14; 14:27). Así como el Seol y el Abadón nunca se sacian, tampoco se sacia el Señor Jesús de darle vida plena a los que le buscan.

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