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sábado, 27 de noviembre de 2021

EL AYUNO

¿Cómo nos instruyen las Escrituras que ayunemos? Aparte de los dos ayunos de cuarenta días cada uno efectuados por Moisés (Ex. 34:28; Dt. 9:9), la práctica del ayuno aparece explícitamente en la Palabra por primera vez en Jueces 20:26: Entonces subieron todos los hijos de Israel, y todo el pueblo, y vinieron a la casa de Dios; y lloraron, y se sentaron allí en presencia de Jehová, y ayunaron aquel día hasta la noche; y ofrecieron holocaustos y ofrendas de paz delante de Jehová.

El significado aquí indica claramente el arrepentimiento. Israel estaba siendo derrotado porque nadie estaba tomando en serio los mandamientos del Señor. Después de este día de ayuno y adoración, el Señor los bendijo con la victoria.

En 1 Samuel 7:6 se da un modelo similar de ayuno y arrepentimiento, como también vemos en Nehemías (Neh. 1:4), Esdras (Esd.8:21) y Ester (Est. 4:15-16). La palabra hebrea que se usa en estos pasajes para referirse al ayuno es tsuwm.  Se deriva de una palabra que significa cubrir la boca. Otro término utilizado refleja la actitud necesaria durante el Día de la Expiación: Anah Nephesh (Lv. 16:29). Esto significa afligir el alma. Esta es una referencia anterior en la que el ayuno está implícito, pero no se menciona explícitamente. También vemos en el Salmo 69:10 que el ayuno puede usarse para afligir el alma como penitencia por el pecado. El sentido aquí es de disciplinar nuestras almas afligiéndolas. De aquí es probablemente de donde surgió la práctica de “afligir  nuestras almas” por el ayuno en Yom Kippur (el Día de la Expiación—Lv. 16:28-30).  Debido a que el cuerpo se debilita un poco por el ayuno ( Sal.109:24 ), la relación del alma con el Espíritu Santo se vuelve más aguda y consciente. Por supuesto sería  contrario a las Escrituras ayunar hasta el punto de la muerte o cualquier cosa semejante. 

En la Biblia y en la antigüedad, vemos el ayuno asociado con actos de piedad personal, o el  reconocimiento de eventos desastrosos. Se practicó en tiempos de duelo y arrepentimiento. Incluso hoy en día, en la sociedad secular, las personas que están de luto a menudo no comen por algunos días, ya sea voluntariamente o porque no sienten deseos de hacerlo. 

Como creyentes, debemos reconocer el ayuno como un componente crítico de la vida espiritual y la batalla contra las fuerzas de las tinieblas que operan en nuestras vidas y alrededor de ellas. Muchos están familiarizados con el pasaje de Isaías 58:6 que presenta la idea de afligir el alma junto con la guerra espiritual en un enfoque nítido.

Ayudar a los oprimidos a obtener la liberación es una de las principales razones para ayunar. Esta es una verdadera herramienta de poder en nuestro  arsenal de guerra espiritual. El evangelio de Mateo 17:21 hace eco fuertemente de esto cuando el Señor dice: “Pero este género no sale sino con oración y ayuno”, vinculando así el ayuno con la liberación espiritual.

Si alguien está tratando de liberar a otro de lo que cree pueden ser poderes malignos en su vida y nada pasa, lo primero que debe hacer es ayunar por el oprimido. El ayuno y la oración es el arma que el Señor nos dice liberará al oprimido por el diablo.  

La NVI y otras Biblias actuales omiten las palabras “y ayuno” porque el diablo no quiere que los creyentes conozcan la poderosa parte que el ayuno tiene en la liberación. ¿No es totalmente perverso por parte de un comité de traducción de la Biblia dejar algo así fuera?  

El ayuno también se puede utilizar para abrir nuestros ojos espirituales a verdades más profundas. Esto es lo que hizo Cornelio en Hechos 10:30. Como resultado, tuvo una gran visitación angelical que lo condujo a su salvación personal y la de su familia, y energizó la difusión del Evangelio a los gentiles. 

Otros ejemplos incluyen el ayuno ante decisiones espirituales importantes. Los apóstoles hicieron esto antes de llamar y comisionar a Bernabé y Saulo (Hch. 13:2-4). 

¿Cómo funciona exactamente el ayuno? La Biblia no dice cómo funciona, sólo nos dice que debemos ayunar

Algunas ideas que nos animarán a practicar esta poderosa modalidad de guerra espiritual, podrían ser las siguientes consideraciones:

La parte más práctica del ayuno es que libera tiempo. Preparar comidas, comprar los alimentos o incluso salir a comer a un restaurante consume tiempo, dinero y energía, más si haces esto varias veces a la semana. El tiempo que se invierte en preparar comidas, comer, lavar los trastos y comprar los alimentos, se puede usar para ESTUDIAR la Biblia (no sólo leerla), orar y/o comenzar un plan de memorización de la Palabra, etc. La hora del almuerzo se puede utilizar para caminar en oración por un parque, interceder o simplemente leer la Biblia u otra literatura devocional edificante. 

En segundo lugar, el ayuno te acerca al cielo: te  purifica al hacerte ver cuán indigno eres de ser un hijo del Padre de nuestro Señor Jesucristo. Muchos informan que se sienten espiritualmente más ligeros o más en sintonía con la voz del Espíritu Santo durante y después de un ayuno. El ayuno parece acallar la constante charla mental entre las partes que componen nuestro ser (1 Ts. 5:23) para que podamos escuchar mejor esa voz suave y apacible del Padre en el interior. 

En tercer lugar, es muy importante que no te importe qué tipo de ayuno estás haciendo o cuánto tiempo ayunas. Si ayunas, una cosa es segura: tu cuerpo quemará algo de grasa. ¿Por qué es esto tan importante?  Si haces un estudio más profundo del Antiguo Testamento, descubrirás algunas cosas interesantes sobre la grasa. 

La grasa es parte de las mejores ofrendas. Es por eso que el Señor aprobó la ofrenda de Abel (Gn. 4:4). Esta es la primera mención de la grasa en las Escrituras. [La palabra gordo en Gn 4:4, literalmente significa grasa.] Como sabrás, la ley de la primera mención es muy importante porque sienta un precedente de doctrina y práctica. La grasa, por alguna razón, es  importante en la economía divina del cielo. En las Escrituras vemos que la grasa de una ofrenda se usaba en los ritos más sagrados del sacerdocio, así como en la consagración de Aarón como sumo sacerdote ( Éx. 29:13, 22 ) y la  ofrenda de paz (Lv. 3:3), así como en la ofrenda de la expiación por el pecado de un sacerdote ( Lv. 4:1-9), por  nombrar sólo algunos ejemplos bíblicos. 

Pero, ¿cómo influye esto en los creyentes hoy?

Nosotros, si somos verdaderos discípulos del Señor Jesús, somos templos del Espíritu Santo. Cuando comemos, “quemamos” las calorías de nuestra comida para mantener nuestro cuerpo funcionando. Una porción de grasa es una unidad de caloría,  científicamente. Cuando ayunamos, quemamos la grasa: una ofrenda muy agradable a Dios realizada en el “altar” de nuestro templo. Este es un símbolo poderoso y, sin embargo, es mucho MÁS que un símbolo. Hablando científicamente por un momento, la grasa es la forma más densa de energía alimenticia, la que contiene más calorías por porción. Cuando “quemamos grasa” ayunando en el altar de nuestros templos y ORANDO,  se liberan enormes cantidades de energía espiritual enfocada al Todopoderoso para que las almas se salven  y sean puestas en libertad. 

¿Cómo funciona? Todas las emociones que tenemos se almacenan esencialmente en nuestros cuerpos como sustancias químicas. Estas emociones son en parte espirituales y en parte físicas. La ira y el miedo, por ejemplo, están relacionados con el estrés y por lo tanto con hormonas como la adrenalina y el cortisol. El amor está relacionado con la feniletilamina, la anfetamina, así como la dopamina y la norepinefrina. Estos químicos circulan a través de nosotros y si no los eliminamos mediante el ejercicio, se mantienen en nuestro cuerpo circulando a través del trabajo de nuestro hígado. El trabajo del hígado es procesar todas estas sustancias químicas, pero hoy en día la mayoría las personas tienen un hígado graso, porque tenemos que procesar pesadas toxinas que nuestros antepasados ​​nunca imaginaron que existirían. Debido a que el hígado no puede manejar toda esta sobrecarga,  produce células grasas y almacena los químicos emocionales tóxicos en ellas. 

¿Qué tiene todo esto que ver con la oración y el ayuno? 

Cuando ayunas, le das a tu hígado un gran descanso. Como no tiene que procesar comida, puede concentrarse en comenzar a descargar todos estos químicos relacionados con el estrés; así es como se queman nuestras células grasas. Mientras ayunas, la fragancia de tu ofrenda de grasa se eleva al cielo y dejas a un lado todas tus emociones tóxicas (tensiones) en el altar de la Cruz. Es una forma de morir a tu antiguo yo. La carne, en este caso representada por tu grasa corporal, literalmente muere como ofrenda al Señor.  

Esta es al menos una manera poderosa (y bíblica) de arrojar todas tus preocupaciones sobre el Señor (1 P. 5:7). Debido a que la grasa es (biológicamente) una forma pura y bastante intensa de energía, cuando la quemamos a través del ayuno la Biblia indica que el Padre huele un aroma grato (Lv. 3:16) y libera  fuerzas celestiales que pueden liberar a la gente y romper las cadenas de la servidumbre y pesar espiritual. 

El ayuno enfoca las partes superiores del alma hacia el cielo. El cuerpo se libera brevemente de su trabajo de digerir los alimentos y todo el trabajo asociado con la mente (parte del alma) se libera para concentrarse mejor en las cosas del cielo. Trae un claridad relajante para el alma que es invaluable para nuestra oración y vida de intercesión. 

La Biblia no es específica sobre todos los detalles del ayuno. Pero una manera de efectuar un ayuno bíblico sería comenzar un ayuno al atardecer de un día cualquiera, y extenderlo hasta el atardecer del día siguiente. En el ayuno, si tu salud lo permite, no debes permitirte ingerir más que agua (sin ninguna clase de azúcares, aunque tomar algún tipo de té puede ser aconsejable en casos de debilidad). En el judaísmo, incluso hasta el día de hoy, la mayoría de los judíos devotos ni siquiera beben agua en un día de ayuno como Yom Kipur.  Esto se ve corroborado por la traducción de la palabra mencionada anteriormente [tsuwmcubrir la boca]. 

No sabemos cuán saludable sería esto para la mayoría de las personas debido a la acumulación de toxinas en el cuerpo y a la falta de nutrición de hoy en día, pero muchas personas podrían probarlo por un día. No es aconsejable más que esto para comenzar. Muchas personas no pueden ayunar solo con agua por razones médicas y NO hay condenación en eso. Haz lo que puedas. El Padre en el cielo contempla la intención del corazón. Las mujeres embarazadas, las madres lactantes y los niños pequeños no deben ayunar. Los ancianos podrían probar una forma menos severa de ayuno que sería simplemente beber agua, jugos de frutas o vegetales; o tal vez un caldo de vegetales en vez de ingerir comida de alta cocina (como lo hizo Daniel 1:8-15; 10:3). Las personas con problemas de azúcar en la sangre podrían intentarlo por un día, o una mañana, teniendo en cuenta sus niveles de glucosa durante el ayuno. Los jugos de frutas y verduras deben proporcionar la glucosa necesaria. Pero si tienes problemas con el azúcar en la sangre, debes hablar con tu médico antes de iniciar cualquier tipo de ayuno. 

Algunos practicantes de esta disciplina espiritual promueven ayunos más largos (de 3 a 7 días, etc.), y si realmente te sientes guiado a hacerlo deberías intentarlo teniendo en cuenta que puedes “romper" el ayuno en cualquier momento que te sientas mareado, debilitado o con mucho dolor de cabeza (síntomas comunes cuando el ayuno no es un hábito todavía). 

En esta época, la mayoría de la gente no está en una condición de salud en la que tolerarían muy bien un ayuno prolongado, incluso si parece espiritualmente más eficaz. Ya no estamos tan sanos como la gente en los días de los apóstoles. Esta práctica debería ser un asunto entre tú y el Señor, solamente (si no tienes ningún tipo de patologías).

Es probable que baste comenzar con lo que se llama el ayuno de Daniel. Esto es lo que el joven  profeta hace en Daniel 1:8-15. Él y sus compañeros hebreos rechazaron la comida del rey, sabiendo que no era kosher. Entonces, comieron sólo legumbres (algo así como sopa de verduras o lentejas). Comer sólo verduras durante unos días es un ayuno menos severo, pero sigue siendo muy poderoso porque tiene un precedente bíblico. 

Otra alternativa que es beneficiosa y espiritualmente muy útil para la mayoría, es comenzar a ayunar después de la cena de un día hasta el almuerzo del día siguiente. Este tipo de ayuno es llamado ayuno intermitente, y es practicado diariamente por meses e incluso años por quienes lo han hecho un hábito en sus vidas. Esto sería desde las 7 de la tarde de un día hasta el mediodía del día siguiente. Este sería un ayuno de 17 horas y podría ser una forma más fácil de comenzar la práctica del ayuno. Sugerimos comenzar este tipo de ayuno un día a la semana, y aumentar a dos días a la segunda semana, a tres la tercera semana y así hasta completar los siete días.  Puede que te sorprendas de cómo este simple acto de obediencia a la Palabra y ejemplo bíblico puede impulsar tu vida de oración o ministerio. El ayuno garantiza que aumentará el fuego del Espíritu Santo dentro de tu corazón y aumentará tu celo por la santidad y la pureza delante del Señor.  

Las bendiciones de una comunión más profunda e íntima con el Padre a través de Su Hijo y el  Espíritu Santo también puede traer discernimiento, milagros, salvaciones y liberaciones a tu vida y la vida de los demás. Durante estos últimos tiempos, cuando enfrentamos tantos desafíos, el ayuno proporciona una manera de aumentar el poder espiritual en tu vida, tu familia y comunidad. ¿Quién no necesita más de esto? Si alguna vez hubo un tiempo para la oración y el ayuno, ¡este es!  

A continuación presentamos alrededor de 40 pasajes bíblicos que tratan sobre el ayuno y demuestran cuán importante es a los ojos del Señor:

Nehemías 1:3-4; Salmo 35:13-14; Mateo 4:2; Esdras 8:21-23; Hechos 14:23; Daniel 10:3; 2 Crónicas 20:3-4; Joel 1:13-14; 1 Samuel 14:24-30; Marcos 9:29; 2 Samuel 12:15-17; 1 Samuel 7:6; Mateo 4:4; Joel 2:12-15; Lucas 4:1-2; Zacarías 7:4-7; Mateo 6:16-18; 1 Reyes 21:12; Mateo 9:14-17; 1 Samuel 31:13; Hechos 13:3-4; Jeremías 14:11-12; Éxodo 34:28; Daniel 9:3-5; 2 Samuel 1:12; Ester 4:16; Salmos 109:24; Nehemías 9:1-3; Jonás 3:5-9; Isaías 58:1-7; 1 Reyes 21:25-29; Hechos 13:2; Lucas 5:33-35; Lucas 2:37; Salmo 69:10; Marcos 2:18-20. 

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