1. “¿Quién es digno de abrir el libro y desatar sus sellos?” (Ap 5:2)
2. “¿Hasta cuándo, Señor, santo y verdadero, no juzgas y vengas nuestra sangre en los que moran en la tierra?” (Ap 6:10)
3. “...porque el gran día de su ira ha llegado; ¿y quién podrá sostenerse en pie?” (Ap 6:17)
4. “Estos que están vestidos de ropas blancas, ¿quiénes son...?” (Ap 7:13a)
5. “¿... y de dónde han venido?” (Ap 7:13b)
6. “¿Quién como la bestia...?” (Ap 13:4a)
7. “¿... y quién podrá luchar contra ella?” (Ap 13b)
8. “¿Quién no te temerá, oh Señor, y glorificará tu nombre?” (Ap 15:4)
9. “¿Por qué te asombras?” (Ap 17:7)
10. “¿Qué ciudad era semejante a esta gran ciudad?” (Ap 18:18)
El Número 10 en la Biblia
El diez marca el inicio de una nueva serie de números. Así como los números del 0 al 9 completan un ciclo, ahora comenzamos otro añadiendo un 1 delante de cada uno de estos dígitos. Por lo tanto, el diez señala lo completo del orden divino en relación con el hombre, lo que implica la responsabilidad del hombre ante Dios.
El hombre posee diez dedos en las manos y diez dedos de los pies que lo completan y capacitan para trabajar y caminar; es decir, vivir plenamente. La capacidad implica responsabilidad, y la responsabilidad conlleva su correspondiente galardón o castigo; el número diez se refiere tanto a lo uno como a lo otro. En el primer capítulo de Génesis, la frase “y dijo Dios” aparece en diez ocasiones, y expresa la responsabilidad del hombre en presencia de la Palabra de Dios. Noé, la décima generación desde la creación, completó la era antediluviana y fue el último antes de que el juicio sobreviniera. En Éxodo 9 y los capítulos subsiguientes se pone de relieve la responsabilidad del Faraón al endurecer éste su corazón en diez ocasiones, lo que conllevó un idéntico número de castigos.
Los Diez Mandamientos (Ex 20) contienen todo lo necesario para el hombre en número y orden, y evalúan la responsabilidad del hombre y su caminar delante de Dios. También en el tabernáculo aparecen diez cortinas, diez columnas y diez basas. El número de las basas de plata que sostenían el tabernáculo era diez por diez, lo que hace referencia a la completa redención. En Números 14:22 se dice que los israelitas tentaron a Jehová en diez ocasiones, expresión del fracaso total de la responsabilidad del pueblo de Dios. Dios exigió diezmos a los israelitas, como medida de la responsabilidad de éstos en la economía divina. En las Escrituras se encuentran diez cumplimientos de la Pascua: en Egipto (Ex 12), en el desierto (Nm 9:5), en los llanos de Jericó (Jos. 5:10), la de Ezequías (2 Cr 30:1), la de Josías (2 Cr. 35:1), la de Esdras (Esd 6:19); en Jerusalén, cuando Jesús tenía doce años (Lc 2:42), la de Juan 2:13, la de Juan 6:4 y, por último, la de Mateo 26:2.
El poder mundano del Anticristo se compone de diez reinos, simbolizados por los dedos de los pies en la estatua que aparece en el sueño de Nabuconodosor (Dn 2:41), y por los diez cuernos de la cuarta bestia en la visión de Daniel (Dn. 7:7). La responsabilidad del cristiano se manifiesta en la parábola de las diez vírgenes (Mt. 25).
El número de las parábolas del reino en Mateo también es diez; siete se encuentran en el capítulo 13 y tres en los capítulos 22 y 25. En Lucas 15:8 se indica también esta idea de lo completo y la responsabilidad del hombre ante Dios en las diez monedas de plata (dracmas) que una mujer tenía, y en su diligencia y preocupación por encontrar la que había perdido.
Por último, en Romanos 8:38-39 se encuentra la mención de los diez poderes que no nos pueden separar del amor de Dios: “Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro”.
Así pues, las diez preguntas registradas en el Apocalipsis reflejan esta idea de lo completo de parte de Dios y de la responsabilidad del hombre ante Él por la revelación final que Dios le ha dado.
Las diez preguntas son el bosquejo temático inspirado y la secuencia cronológica inmutable de los eventos finales. Como dos montañas a los costados de un valle, protegen y guardan de accidentes y desviaciones al estudiante del Apocalipsis en su peregrinaje por el sendero de las visiones celestiales registradas para él.
Si las preguntas se responden en su contexto, en el orden en que son presentadas y con la información dada en el mismo libro, se zanjan todas las disputas, debates y contiendas escatológicas que han dividido a la cristiandad por dos mil años.
Pero el estudiante debe ser fiel SÓLO al texto, y dejar de lado las escuelas de pensamiento, las denominaciones, las tradiciones, el dispensacionalismo y la lealtad a las teorías populares que son como emulsionantes para la carne mientras actúan como carcoma para el espíritu. El lema debe ser: “Sea Dios veraz, y todo hombre mentiroso” (Ro 3:4).
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