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Saturday, August 1, 2026

“ESCRITO ESTÁ” VS. “ESCRITO ESTÁ TAMBIÉN”




“Entonces el diablo le llevó a la santa ciudad, y le puso sobre el pináculo del templo, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, échate abajo; porque escrito estáA sus ángeles mandará acerca de ti, y, En sus manos te sostendrán, Para que no tropieces con tu pie en piedra. Jesús le dijo: Escrito está también: No tentarás al Señor tu Dios (Mt 4:5-7).

El Señor nos ordena: 

“Al que te pida, dale; y al que quiera tomar de ti prestado, no se lo rehúses” (Mt 5:42)

Entendemos mejor las cosas espirituales comparando las Escrituras entre sí, así que debemos consultar un pasaje paralelo para comprender mejor esta orden del Señor. En otro de los Evangelios el Señor Jesús dice: 

Amad, pues, a vuestros enemigos, y haced bien, y prestad, no esperando de ello nada; y será vuestro galardón grande, y seréis hijos del Altísimo; porque él es benigno para con los ingratos y malos (Lc 6:35).

Un hermano en la fe le prestó una suma importante de dinero a otro hermano, quien le prometió devolverle toda la cantidad. Pasó mucho tiempo, y nunca lo hizo. ¿Quién estaba actuando mal: el hermano que pidió prestado y no devolvió, o el que prestó y esperaba que le devolvieran lo prestado? 

Aunque parezca extraño, el hermano que estaba actuando mal era el que esperaba que le devolvieran lo que había prestado. El mandato del Señor es prestad, no esperando de ello nada (Lc 6:35). 

Da sin esperar nada a cambio. (Estamos hablando de dar a quienes están en verdadera necesidad de lo básico.) Si “prestas” esperando recibir de vuelta, ¿qué mérito tienes? Incluso los pecadores prestan a otros pecadores para recibir la misma cantidad de vuelta (Lc 6:34). Pero cuando tú, como creyente, prestas, debes ser diferente: no esperes nada a cambio.

La enseñanza espiritual de las Escrituras—lo que te dará paz—es comprender que sólo debes “prestar” una cantidad de dinero que puedas considerar un regalo. El hermano que prestó la suma importante de dinero al otro hermano no debió haberle dado tanto dinero. Debió haberle dicho: Lo siento, no puedo darte esa cantidad de dinero, es demasiado; pero puedo darte el 25% de esa cantidad”. 

En otras palabras, “presta” sólo la cantidad de dinero que estés dispuesto a no recibir nunca de vuelta. Trata el asunto como un regalo, y así, cuando el hermano no te devuelva ni un céntimo de lo que te pidió prestado no te sentirás defraudado, estarás en paz con el Señor y con él: habrás obedecido el mandato del Señor, y el hermano no te habrá decepcionado en absoluto porque nunca esperaste que devolviera nada en primer lugar. Pero si no le “prestas”, entonces has desobedecido el mandato del Señor, que dice:

“Al que te pida, dale; y al que quiera tomar de ti prestado, no se lo rehúses” (Mt 5:42).

Y, 

prestad, no esperando de ello nada (Lc 6:35). 

Al comparar las Escrituras entre s verás que no debes tratar el dinero como si fuera tuyo. Un pasaje dice que debes prestar al que te pida, pero otro te dice que nada de lo que tienes te pertenece en realidad; todo en la tierra le pertenece al Señor. 

“porque del Señor es la tierra y su plenitud” (1 Co 10:26).

Esto es también lo que el Señor nos enseña en las varias parábolas acerca de la mayordomía (Mt 25:14-30; Lc 12:42-48; Lc 16:1-13). Así que, cuando recibas tu salario, no creas que es tuyo, debes darte cuenta de que no lo es: sólo lo estás administrando, pertenece al Señor y Él te pedirá cuentas acerca de cómo lo administraste: tal y como lo hace con cada uno de los siervos o mayordomos de Sus parábolas.

Pero esto no significa que debes dejarte aprovechar. La sabiduría está en juzgar con justo juicio: equilibrar tanto lo que escrito está, como lo que escrito está también (Mt 4:5-7).

En otro pasaje de la Escritura se nos dice:

No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar (1 Co 10:13).

Cuando alguien nos pide dinero prestado, el diablo nos está tentando: ¿Obedeceremos al Señor y daremos sin esperar nada de vuelta, o nos negáremos a dar y perderemos la paz de nuestra consciencia por desobedecer al Señor? Escrito está también: 

Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor (He 12:14).

Debemos seguir la paz; es decir, debemos obedecer el mandato del Señor. Pero también debemos recordar que Dios... no os dejará ser tentados más de lo que podemos resistir. Y Él ya nos ha dado la salida en este asunto: Dar lo que estemos dispuestos a perder para siempre sin resentirnos con nadie.

Si lo que te piden prestado es demasiado para ti, es un a tentación. En vez de enemistarte con quien te pide prestado y perder la paz con el Señor también por no obedecerlo, es sabio responder: Lo siento, hermano; el dinero no es mío, es del Señor. Yo sólo se lo estoy administrando. Como en todos los asuntos, debo seguir la paz con Él y contigo (He 12:14). ¿No sería esa la manera correcta de manejar la situación, ya que no es tu dinero? Luego de orar al Señor, sigue la paz: dale al que te pidió lo que estés dispuesto a ver nunca más de vuelta. Esto es seguir lo que escrito está, y lo que escrito está también.

Dios nos habla a través de Su Palabra; Él es un Dios vivo. No te apresures a decir que sí, pero tampoco te apresures a decir que no: espera unos tres días (por lo mínimo) mientras oras por el asunto. Si sigues la letra de la ley caerás en la esclavitud y perderás la paz con tu hermano y con el Señor, porque nadie puede obedecer la letra todo el tiempo y con buen corazón. Pero si sigues el espíritu de la letra, esto es, lo que te proporcione paz después de orar por el asunto, habrás cumplido de corazón con el Señor y con tu hermano. 

Escrito está y Está escrito también” proporcionan el equilibrio perfecto en la balanza de la justicia espiritual del Señor. 

Estoy dispuesto a prestar a todo aquel que me lo pida hoy, tal como lo manda el Señor. Pero también reconozco que todo lo que tengo pertenece al Señor, así que no puedo darlo sin consultar con Él primero y seguir la paz en el asunto. 

Entonces cuando algún hermano o hermana venga a pedirte dinero prestado, dile: Déjame consultar al Señor sobre el asunto; si tengo libertad en mi espíritu, te daré lo que me deje conservar la paz con el Señor y contigo. Debes zanjar el asunto inmediatamente una vez que des lo que has juzgado correcto (2 Co 9:7). No esperes recibir lo prestado de vuelta porque, en realidad, no estás prestando, estás dando y cerrando el tema. 

Si lees el Comentario de Proverbios (específicamente: Pr 6:1;11:15;17:18;20:16;22:26;27:13), verás que lo que has leído aquí concuerda exactamente con lo que el rey más rico de la historia antigua redactó: las transacciones económicas deben cerrarse con suma prontitud, pero sin apresurarse. Nunca debemos ser aval (fiador, garante) de nadie, porque eso es como prestar a largo plazo esperando recibir de vuelta lo prestado. Todo lo contrario de lo que el Señor nos ordena que debemos hacer: dar, y no esperar devolución. Cuando uno es aval de otra persona la suma de dinero en juego a menudo es más alta de lo que estaríamos dispuestos a perder, y por eso mismo es casi seguro que lo perderemos todo.

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