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Monday, August 17, 2026

ISRAEL Y LA IGLESIA



Este tema es uno de los más controversiales en la iglesia de hoy, y tiene implicaciones significativas respecto a la forma en que interpretamos la Escritura, especialmente en lo concerniente al final de los tiempos. Más importante aún, es que tiene gran importancia porque afecta la forma en que entendemos la naturaleza y el carácter de Dios Mismo.

Romanos 11:16-36 contiene la ilustración del árbol de olivo. Este pasaje habla de Israel, las (ramas “naturales”) siendo arrancadas del árbol de olivo, y la Iglesia (ramas o brotes “silvestres”) siendo injertadas en el olivo. Puesto que a Israel se le llama “ramas”, así como la iglesia, es lógico entender que ningún grupo es “el árbol entero”, por así decirlo; más bien, todo el árbol representa la obra de Dios con la humanidad como un todo

Por lo tanto, el programa de Dios con Israel y con la Iglesia forma parte de Su propósito con la humanidad en general

En Génesis 12, Dios le promete a Abraham que él sería padre de una gran nación (los judíos). Los judíos poseerían una tierra, la nación sería bendecida sobre todas las demás naciones, y todas las naciones serían bendecidas de Israel. Así que, desde el principio, Dios reveló que Israel sería Su pueblo elegido en la tierra, pero que Sus bendiciones no estarían limitadas exclusivamente a ellos. Gálatas 3:14 identifica la naturaleza de la bendición que vendría a todas las demás naciones: 

“… para que en Cristo Jesús la bendición de Abraham alcanzase a los gentiles, a fin de que por la fe recibiésemos la promesa del Espíritu” (Gl 3:14). 

Todas las naciones del mundo son bendecidas por Israel, a través de quien vendría el Salvador del mundo.

El plan de Dios de redención está edificado sobre la obra terminada del Señor Jesucristo, descendiente de David y Abraham. Pero la muerte de Cristo en la cruz es suficiente por los pecados del mundo entero, no solo de los judíos. Gálatas 3:6-8 dice: 

“Así Abraham creyó a Dios, y le fue contado por justicia. Sabed, por tanto, que los que son de fe, éstos son hijos de Abraham. Y la Escritura, previendo que Dios había de justificar por la fe a los gentiles, dio de antemano la buena nueva a Abraham, diciendo: En ti serán benditas todas las naciones” (Gl 3:6-8). 

Finalmente, Gálatas 3:29 dice: 

“Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según la promesa” (Gl 3:29). 

En otras palabras, en Cristo, los creyentes son contados como justos por medio de la fe de la misma manera que lo fue Abraham (Gl 3:6-8). Si estamos en Cristo, entonces somos participantes de la bendición de Israel y todas las naciones en la obra redentora de Cristo. Los creyentes nos convertimos en descendientes espirituales de Abraham

Los creyentes no nos convertimos físicamente en judíos, pero podemos disfrutar el mismo tipo de bendiciones y privilegios que los judíos.

Ahora, esto no contradice o anula la revelación dada en el Antiguo Testamento. Las promesas de Dios en el Antiguo Testamento aún son válidas, y la relación de Dios con Israel como el pueblo elegido, apunta a la obra de Cristo como un Redentor de todo el mundo. La Ley Mosaica aún es obligatoria para todos los judíos que aún no han aceptado a Cristo como su Mesías. Jesús hizo lo que ellos no pudieron hacer – cumplir la Ley en todos sus detalles (Mt 5:17). Como creyentes del Nuevo Testamento, ya no estamos bajo la maldición de la Ley (Gl 3:13), porque Cristo ha tomado esa maldición sobre Sí Mismo en la cruz. La Ley servía para dos propósitos: revelar el pecado y la incapacidad de la raza humana (por sus propios méritos) para hacer algo al respecto; y dirigirnos a Cristo, quien cumplió la Ley

Su muerte en la cruz satisfizo totalmente los justos requerimientos de perfección de Dios.

Las promesas incondicionales de Dios no son invalidadas por la infidelidad de Israel. Nada de lo que Israel hace es una sorpresa para Dios, y Él no necesita ajustar Sus planes de acuerdo a la forma en que Israel se omporte. No, Dios es soberano sobre todas las cosas – pasadas, presentes y futuras – y lo que Él ha preordenado tanto para Israel como para la Iglesia, sucederá, independientemente de las circunstancias. 

Romanos 3:3-4 explica que la incredulidad de Israel no anularía Sus promesas concernientes a ellos: 

¿Pues qué, si algunos de ellos han sido incrédulos? ¿Su incredulidad habrá hecho nula la fidelidad de Dios? De ninguna manera; antes bien sea Dios veraz, y todo hombre mentiroso; como está escrito: Para que seas justificado en tus palabras, y venzas cuando fueres juzgado (Ro 3:3-4).

Las promesas hechas a Israel aún se cumplirán en el futuro. Podemos estar seguros de que todo lo que Dios ha dicho es verdad y sucederá, por Su carácter y consistencia. La Iglesia no reemplaza a Israel y no debe esperar un cumplimiento simbólico de las promesas del Antiguo Pacto. Como se lee en las Escrituras, es necesario mantener separados a Israel y a la Iglesia.

¿DEBEMOS LOS CRISTIANOS APOYAR A ISRAEL?

Los cristianos definitivamente debemos apoyar a la nación de Israel. Debemos recordar que Israel, la nación, es muy especial para Dios. Leemos en Deuteronomio 7:6-8 estas palabras: 

Porque tú eres pueblo santo para el Señor tu Dios; el Señor tu Dios te ha escogido para serle un pueblo especial, más que todos los pueblos que están sobre la tierra. No por ser vosotros más que todos los pueblos os ha querido el Señor y os ha escogido, pues vosotros erais el más insignificante de todos los pueblos; sino por cuanto el Señor os amó, y quiso guardar el juramento que juró a vuestros padres, os ha sacado el Señor con mano poderosa, y os ha rescatado de servidumbre, de la mano de Faraón rey de Egipto (Dt 7:6-8).

El propósito eterno de Dios es bendecir al mundo a través de Israel. Ya lo ha hecho en cierta medida, pues “la salvación viene de los judíos (Jn 4:22), pero la plenitud de la bendición futura se indica en la maravillosa promesa de Isaías 27:6:

Días vendrán cuando Jacob echará raíces, florecerá y echará renuevos Israel, y la faz del mundo llenará de fruto (Is 27:6).

La declaración de que la salvación viene de los judíos sugiere nuestra inmensa deuda con Israel. Todo lo que vale la pena tener nos ha llegado a través de los judíos. Nuestra Biblia es un Libro judío, y nuestro Salvador es un Salvador judío. Nunca olvidemos orar por el pueblo elegido por Dios. Es cierto que Israel, hoy en día, se encuentra en el lugar del rechazo. La nación es una nación secular e incrédula (en cuanto a las afirmaciones de las Escrituras y de su Mesías, Jesucristo); pero ...en este tiempo ha quedado un remanente escogido por gracia (Ro 11:5). 

Algunos judíos se están salvando y se están convirtiendo en miembros del cuerpo de Cristo a través de la fe en su Mesías.

Bíblicamente hablando, los judíos son el “pueblo elegido de Dios y muy amado por Él. Otra razón para que los cristianos apoyen a la nación de Israel es el Pacto con Abraham. Leemos la promesa de Dios en Génesis 12:2-3: 

“Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición. Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra (Gn 12:2-3; 27:29; Nm 24:9).

De las declaraciones bíblicas sobre el amor y el cuidado de Dios por Su pueblo elegido, la nación de Israel, y de la historia de las naciones que han sido destruidas a causa de sus malos tratos con el pueblo elegido de Dios, los judíos, los creyentes cristianos deberían apoyar al pueblo elegido de Dios. Esto no quiere decir que apoyemos necesariamente los métodos que utilizan en sus relaciones con las naciones árabes. La Biblia advirtió que el conflicto siempre caracterizaría las relaciones entre los descendientes de Isaac e Ismael. Lamentablemente, este conflicto continuará hasta que Jesús regrese a juzgar a las naciones y establezca Su reino de paz de 1.000 años en la tierra. Debemos mirar el "panorama general" con una visión bíblica del mundo. Aunque no tenemos que apoyar todo lo que hace Israel como nación, definitivamente debemos apoyar el derecho de Israel a existir. Dios cumplirá Sus promesas y pactos con Israel. Dios todavía tiene un plan para Israel. Ay de todo aquel que intente frustrar ese plan; 

a los que te maldijeren maldeciré (Gn 12:3).

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