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Monday, August 17, 2026

EL PUEBLO ESCOGIDO DE DIOS



Sin lugar a dudas, Dios escogió a Israel para ser Su pueblo de una manera especial. Dios declaró abiertamente Su elección en Deuteronomio 7:6: 

“Porque tú eres pueblo santo para Jehová tu Dios; Jehová tu Dios te ha escogido para serle un pueblo especial, más que todos los pueblos que están sobre la tierra” (Dt 7:6).

El siguiente versículo explica por qué Dios escogió a Israel: 

No por ser vosotros más que todos los pueblos os ha querido Jehová y os ha escogido, pues vosotros erais el más insignificante de todos los pueblos; sino por cuanto Jehová os amó, y quiso guardar el juramento que juró a vuestros padres (Dt 7:7-8a). 

La elección de Israel por parte de Dios no tuvo nada que ver con ellos, sino con Dios.

Una pregunta que surge a menudo es: ¿Sigue siendo Israel el pueblo escogido de Dios?

Después de todo, el Nuevo Testamento se refiere a todos los creyentes en Cristo como escogidos de Dios, santos y amados (Col 3:12; cf. 1 P 1:1), y, en Cristo, no hay diferencia entre judíos y gentiles (Gl 3:28).

Creemos que, si bien Dios obra a través de la iglesia en esta era, Israel sigue siendo el pueblo de Dios de manera única. La base bíblica para esta afirmación se encuentra en los pactos y cánticos del Antiguo Testamento, la historia judía, las profecías bíblicas y la insistencia del Nuevo Testamento en que Dios es fiel.

Israel sigue siendo el Pueblo de Dios: Los Pactos

El pacto de Dios con Abraham incluye tres cosas: una tierra, una descendencia y una bendición (Gn 12:1-3). A través de la descendencia de Abraham, todo el mundo sería bendecido. En Génesis 13:15, Dios destaca la naturaleza perdurable de este pacto: 

Porque toda la tierra que ves, la daré a ti y a tu descendencia para siempre (Gn 13:15)

Es importante destacar que el pacto no dependía de la capacidad de Abraham para cumplirlo. De hecho, Abraham ni siquiera estaba consciente cuando Dios ratificó el pacto por sí mismo (Gn 15:12). Dado que solo Dios asumió la responsabilidad de bendecir la descendencia de Abraham, el pacto es incondicional.

Dios reafirmó el pacto con Isaac, hijo de Abraham (Gn 21:12; 26:3-4), y con Jacob, hijo de Isaac (Gn 28:14-15). A partir de entonces, cada vez que Dios se refería a sí mismo como el Dios de Abraham, Isaac y Jacob, se recordaba ese pacto. Dios decidió tener una relación perpetua con los descendientes de Abraham de generación en generación.

El pacto que Dios estableció con David (y, por consiguiente, con Salomón) fue igualmente una promesa unilateral e incondicional

En este pacto el Señor le aseguró a David: 

Además, yo fijaré lugar a mi pueblo Israel y lo plantaré, para que habite en su lugar y nunca más sea removido, ni los inicuos le aflijan más, como al principio (2 S 7:10). 

Además, el Señor le aseguró que establecería una casa y un reino para David (2 S 7:11-12). Finalmente, el Señor declaró la perdurabilidad de este pacto: 

Y será afirmada tu casa y tu reino para siempre delante de tu rostro, y tu trono será estable eternamente (2 S 7:16).

Desde el principio, Israel ha mantenido una relación única y sagrada con Dios. Tanto el Pacto Abrahámico como el Pacto Davídico detallan las bendiciones especiales que Dios concedió a Israel, y se enseña que ambos pactos son eternos.

Israel sigue siendo el Pueblo de Dios: Historia Bíblica

El hecho de que Israel sea el pueblo de Dios se ve en su Éxodo de Egipto (Ex 3-13). Dios dividió el Mar Rojo para ellos (Ex 14). Se reunió con ellos en el monte Sinaí y les habló personalmente (Ex 19:16-19). Los sustentó durante cuarenta años en el desierto (Neh 9:21) y los llevó a la Tierra Prometida (Neh 9:22). A lo largo de todo ello, el trato de Dios hacia Israel se basó en Su fidelidad a los pactos que había hecho con ellos.

La relación única entre Israel y Dios se manifiesta en la naturaleza teocrática del primer gobierno de Israel. Israel iba a ser gobernado directamente por Dios. Moisés, Josué y los jueces actuaban como regentes e intermediarios (Jue 8:23). Finalmente, los israelitas rechazaron ese arreglo en favor de un rey (1 S 8:5-7). No obstante, aun durante el período monárquico, el Señor continuó morando en medio de Su pueblo en el tabernáculo y, posteriormente, en el templo (Ex 29:44-46; 2 Cr 7:15-16). El arca del pacto, que contenía una copia del pacto, se erigía como símbolo del trono de Dios, desde el cual Él gobernaba a Su pueblo, Israel.

Aunque el pueblo de Israel perseveró en la desobediencia y el Señor lo expulsó de la tierra bendita, Dios permaneció fiel a Sus promesas: 

Mas por tus muchas misericordias no los consumiste, ni los desamparaste; porque eres Dios clemente y misericordioso (Neh 9:31). 

De hecho, el Señor restauró a Israel a su tierra (véanse los libros de Esdras y Nehemías).

Israel sigue siendo el Pueblo de Dios: la Poesía Bíblica

El tema de la elección de Israel por parte de Dios como Su pueblo se mantiene a lo largo del Libro de los Salmos. A continuación presentamos solo algunos ejemplos de esta verdad:

Porque Jehová ha elegido a Sion; La quiso por habitación para sí. Este es para siempre el lugar de mi reposo; Aquí habitaré, porque la he querido (Sal 132:13-14).

¿Por qué observáis, oh montes altos, Al monte que deseó Dios para su morada? Ciertamente Jehová habitará en él para siempre (Sal 68:16). 

Porque se acordó de su santa palabra Dada a Abraham su siervo. Sacó a su pueblo con gozo; Con júbilo a sus escogidos. Les dio las tierras de las naciones, Y las labores de los pueblos heredaron; Para que guardasen sus estatutos, Y cumpliesen sus leyes. Aleluya. (Sal 105:42-45

Porque el Señor ha escogido a Jacob para Sí, a Israel para posesión Suya (Sal 135:4).

Israel sigue siendo el Pueblo de Dios: Las Profecías 

A lo largo de la historia de Israel, Dios se esforzó por mantener Su relación con Su pueblo elegido mediante los profetas. Elías, Isaías, Oseas, Ezequiel y otros proclamaron el llamado divino para que la nación abandonara sus caminos pecaminosos y volviera a Él. En términos inequívocos, los profetas advirtieron sobre las consecuencias de la desobediencia persistente. El pueblo elegido de Dios mató a los profetas e ignoró su mensaje (Hch 7:52). A pesar de esa rebelión, Dios permaneció fiel a Su pueblo del pacto.

En un pasaje sobre la restauración de Israel, el profeta Isaías describe a la ciudad de Jerusalén como desesperada por la ayuda de Dios (Isaías 49:14). En respuesta, el Señor declara:

“ ¿Se olvidará la mujer de lo que dio a luz, para dejar de compadecerse del hijo de su vientre? Aunque olvide ella, yo nunca me olvidaré de ti. 16 He aquí que en las palmas de las manos te tengo esculpida; delante de mí están siempre tus muros” (Is 49:15-16)

En un pasaje paralelo en el que promete la restauración de la nación de Israel, el profeta Jeremías cita la promesa de amor inquebrantable de Dios:

En aquel tiempo, dice Jehová, yo seré por Dios a todas las familias de Israel, y ellas me serán a mí por pueblo. Así ha dicho Jehová: El pueblo que escapó de la espada halló gracia en el desierto, cuando Israel iba en busca de reposo. Jehová se manifestó a mí hace ya mucho tiempo, diciendo: Con amor eterno te he amado; por tanto, te prolongué mi misericordia. Aún te edificaré, y serás edificada, oh virgen de Israel; todavía serás adornada con tus panderos, y saldrás en alegres danzas. Aún plantarás viñas en los montes de Samaria; plantarán los que plantan, y disfrutarán de ellas. Porque habrá día en que clamarán los guardas en el monte de Efraín: Levantaos, y subamos a Sion, a Jehová nuestro Dios (Je 31:1-6)

Más adelante, en el mismo contexto, el profeta Jeremías escribe al pueblo de Dios, Israel: 

“Así ha dicho Jehová, que da el sol para luz del día, las leyes de la luna y de las estrellas para luz de la noche, que parte el mar, y braman sus ondas; Jehová de los ejércitos es su nombre: Si faltaren estas leyes delante de mí, dice Jehová, también la descendencia de Israel faltará para no ser nación delante de mí eternamente” (Jer 31:35-36).

El profeta Zacarías, que también aguardaba con ansias el día de la restauración, anuncia un acontecimiento que revela la gloria que espera a Israel en el futuro:

“Así ha dicho Jehová de los ejércitos: En aquellos días acontecerá que diez hombres de las naciones de toda lengua tomarán del manto a un judío, diciendo: Iremos con vosotros, porque hemos oído que Dios está con vosotros” (Zac 8:23).

Israel sigue siendo el Pueblo de Dios: El Nuevo Testamento

El apóstol Pablo responde directamente a la pregunta “¿Sigue siendo Israel el pueblo de Dios?” en Romanos 9-11. En este extenso pasaje, Pablo comienza expresando su profundo y sincero amor por sus hermanos judíos (Ro 9:1-4). A continuación, ofrece una breve descripción de cómo Dios los bendijo y los utilizó para traer al Mesías al mundo (Ro 9:4-5).

Sin embargo, el apóstol Pablo señala que, a primera vista, podría parecer que Israel ha sido rechazado como pueblo de Dios. Tras siglos de rebelión, que culminaron con el rechazo de su propio Mesías (Hch 2:36; 3:13-15), se ha producido un tropiezo y un endurecimiento del corazón (Ro 9:6-33). Israel es celoso de Dios, pero no tiene un conocimiento verdadero de Él (Ro 10:2). Intentan establecer su propia justicia mediante el cumplimiento de la ley y rechazan la justicia que viene por la fe en Cristo Jesús (Ro 10:3-13). En todo esto, se han convertido en “un pueblo rebelde y contradictor” (Ro 10:21; cf., Is 65:2). 

Pablo formula la pregunta: 

 “¿Ha desechado Dios a su pueblo? En ninguna manera. Porque también yo soy israelita, de la descendencia de Abraham, de la tribu de Benjamín. No ha desechado Dios a su pueblo, al cual desde antes conoció...” (Ro 11:1-2). 

Con anterioridad, en la misma carta, el apóstol había planteado lo mismo: 

“¿Pues qué, si algunos de ellos han sido incrédulos? ¿Su incredulidad habrá hecho nula la fidelidad de Dios? De ninguna manera; antes bien sea Dios veraz, y todo hombre mentiroso” (Ro 3:3-4). 

En consecuencia, las promesas de Dios a Israel permanecen firmes, a pesar de la infidelidad de Israel.

La expresión que el apóstol Pablo emplea para rechazar la idea de que Dios ha abandonado a Su pueblo es una negación sumamente enfática en griego (μὴ γένοιτο). Cuando afirma: “De ninguna manera” (Ro 11:1, Ro 3:4), rechaza rotundamente cualquier idea de que Dios haya terminado con Israel. De hecho, el apóstol lo respalda con un argumento personal: “yo soy israelita” (Ro 11:1). Si Dios hubiera abandonado definitivamente a Su pueblo, Pablo no se habría salvo.

El resto de Romanos 11 ofrece una explicación del estado actual de Israel y del plan futuro de Dios para Su pueblo. En la actualidad, Israel ha experimentado un endurecimiento de corazón debido a su rechazo del Mesías (Ro 11:7). Tropezaron con la verdad y han sido dejados momentáneamente de lado en el plan de Dios. Para usar la analogía de Pablo:

“...algunas de las ramas fueron desgajadas [Israel], y tú, siendo olivo silvestre [los gentiles], has sido injertado en lugar de ellas, y has sido hecho participante de la raíz y de la rica savia del olivo, no te jactes contra las ramas; y si te jactas, sabe que no sustentas tú a la raíz, sino la raíz a ti. Pues las ramas, dirás, fueron desgajadas para que yo fuese injertado. Bien; por su incredulidad fueron desgajadas, pero tú por la fe estás en pie. No te ensoberbezcas, sino teme. Porque si Dios no perdonó a las ramas naturales, a ti tampoco te perdonará” (Ro 11:17-21). 

Este desgajar las ramas naturales fue temporal y para procurar la salvación de los gentiles:

“¿Han tropezado los de Israel para que cayesen? En ninguna manera; pero por su transgresión vino la salvación a los gentiles, para provocarles a celos. Y si su transgresión es la riqueza del mundo, y su defección la riqueza de los gentiles, ¿cuánto más su plena restauración?” (Ro 11:11.12).

Al explicar el “desgajamiento” de Israel, el apóstol Pablo reitera solemnemente que ellos siguen siendo el pueblo del pacto de Dios (Ro 11:11). Al concluir su argumentación, el apóstol aclara aún más: 

Porque no quiero, hermanos, que ignoréis este misterio, para que no seáis arrogantes en cuanto a vosotros mismos: que ha acontecido a Israel endurecimiento en parte, hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles; y luego todo Israel será salvo, como está escrito: Vendrá de Sion el Libertador, Que apartará de Jacob la impiedad (Ro 11:25-26). 

Obsérvese tres aspectos importantes aquí:

1) El endurecimiento actual de Israel es parcial (“en parte”).

2) La actual exclusión de Israel es temporal (“hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles”).

3) El futuro de Israel implica la salvación (“luego todo Israel será salvo”).

Así es: Israel sigue siendo el pueblo elegido de Dios, aunque, debido a su actual estado de rebelión, haya sido temporalmente apartado del plan divino de bendecir al mundo

Pero Dios es fiel. Mantendrá Sus promesas a Israel, pase lo que pase. Porque, como señala Pablo: 

“...irrevocables son los dones y el llamamiento de Dios (Ro 11:29). 

Sigamos, pues, el ejemplo del apóstol Pablo y seamos fieles a Israel, el pueblo escogido de Dios.

“Porque de él, y por él, y para él, son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos. Amén” (Ro 11:36).

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