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Friday, March 13, 2026

EN EL FUNDAMENTO, UNIDAD. EN LA COMUNIÓN, SABIDURÍA

 



“Conforme a la gracia de Dios que me ha sido dada, yo como perito arquitecto puse el fundamento, y otro edifica encima; pero cada uno mire cómo sobreedifica. Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo. Y si sobre este fundamento alguno edificare oro, plata, piedras preciosas, madera, heno, hojarasca, la obra de cada uno se hará manifiesta; porque el día la declarará, pues por el fuego será revelada; y la obra de cada uno cuál sea, el fuego la probará (1 Co 3:10-13).


¿Cuál es el Fundamento de la Fe Cristiana: Jesús o la Biblia?

El fundamento o base de la fe cristiana es la muerte y resurrección del Señor Jesús, sin las cuales no habría fe cristiana ni salvación. Estas verdades están inequívocamente registradas en la Biblia. 

Sin embargo, como reacción a algunas personas que cuestionan la relevancia y fiabilidad de la Biblia, algunos creyentes adoptan un enfoque diferente, alejando a la gente de la Biblia para centrar su fe únicamente en Jesús. ¿Es correcto decir que la Biblia es el fundamento de nuestra fe, o lo es Jesús?

Sin duda, Jesús es el objeto de nuestra fe. Juan 3:16 dice:

“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Jn 3:16).

Hechos 16:31 dice: 

“Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa” (Hch 16:31).

Así que ponemos nuestra fe sólo en el Señor Jesús. Pero a pregunta que surge entonces es: ¿Podemos creer en Jesús sin creer en la Biblia?

Un fundamento (1 Co 3:10-13) es la base o el cimiento de algo. La fe cristiana tiene como fundamento a la persona y la obra del Señor Jesucristo: Nuestra fe se basa en Cristo, la roca de nuestra salvación (Sal 62:1), la piedra angular o principal (Is 28:16-17; 1 P 2:6). Jesús, Dios hecho carne, es una persona real que vino a la tierra en un momento específico de la historia. Su muerte y resurrección son acontecimientos históricos. Al mismo tiempo, la persona y la obra de Jesús no pueden entenderse al margen de la Palabra de Dios, la Biblia. Efesios 2:20-21 nos dice que como creyentes estamos:  

“edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo, en quien todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor” (Ef 2:20-21).

Cristo es la piedra angular de nuestra fe, y nuestra comprensión de esto se basa en el fundamento de los apóstoles y profetas, es decir, en lo que ellos registraron en la Biblia (Mt 23:35; 2 Ti 3:16).

Toda la Biblia nos dirige a Jesús (Jn 5:39): El Antiguo Testamento nos revela nuestra necesidad de un Salvador, predice Su venida y prepara el escenario para el significado de Su sacrificio; y el Nuevo Testamento describe Su venida, Su muerte y resurrección para traer la salvación a nuestro mundo pecador, y Su obra continua mientras esperamos el reino de Dios y la restauración de todas las cosas (Hch 3:21; Ap 21:1). La Biblia establece a Jesús como nuestro fundamento y nos lleva a comprender la salvación (2 Ti 3:15).

Romanos 10:17 nos revela que nuestra fe proviene del oír la Palabra de Dios: 

“Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios” (Ro 10:17).

Del mismo modo, 1 Pedro 1:23 nos dice que nacemos de nuevo por 

“...la palabra de Dios que vive y permanece para siempre” (1 P 1:23).

 ¿Qué nos salva? 1 Corintios 15:2-4 indica que es el evangelio y luego explica qué es el evangelio: 

“ ... por el cual asimismo, si retenéis la palabra que os he predicado, sois salvos, si no creísteis en vano. Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras” (1 Co 15:2-4).

Nótese cómo la obra de Cristo está vinculada a las Escrituras. El fundamento de nuestra fe es la persona y la obra del Jesús histórico, y lo sabemos a través de lo que Dios, en Su gracia, nos ha revelado en Su Palabra.

No podemos tener fe salvadora ni creer en los fundamentos de la fe sin la Biblia, porque sin ella no sabríamos quién es Jesús ni lo que hizo por nosotros. En ese sentido, la Biblia es el fundamento de nuestra fe. Al mismo tiempo, debemos tener cuidado de no caer en la bibliolatría (adoración de la Biblia). Creer que la Biblia es verdadera y autorizada no es bibliolatría, pero debemos recordar que la Biblia no es Dios. Más bien, la Biblia es el medio que nos revela quién es Dios y nos señala el objeto de nuestra fe: Jesucristo.

Algunos intentan separar a Jesús de la Biblia, pero las implicaciones de este enfoque tienen consecuencias de gran alcance. Si eliminamos la Biblia como fundamento de nuestra fe, ¿en qué creeremos? ¿Qué hay de verdad en Jesús y qué hay de falso? ¿En qué basamos nuestra comprensión de Jesús? Dios nos dio Su Palabra para que pudiéramos conocerlo y creer en él de manera objetiva. Gloria a Dios por habernos dado Su Palabra.

Jesús es el objeto de nuestra fe; depositamos nuestra confianza en Cristo. Él es el fundamento de nuestra fe. La Biblia es el medio a través del cual conocemos el fundamento de nuestra fe, ya que nos lleva a conocer a Dios y Su plan de salvación. 

Tenemos a Jesús como el fundamento de nuestra fe, y a la Biblia como el medio a través del cual conocemos objetivamente este Fundamento. A medida que buscamos a Dios a través de Su Palabra, somos guiados a la fe salvadora en Jesús.

Habiendo definido el Fundamento de nuestra fe, y el medio a través del cual conocemos a este Fundamento, surge la pregunta: 

¿Con quién nos reuniremos y tendremos comunión siendo que existen tantas iglesias que difieren entre sí en cuanto a su interpretación de la Biblia? 

Pablo nos dice que:

“nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo” (1 Co 3:11).

Es decir, debemos decidir con quiénes podemos o no podemos tener comunión espiritual basándonos en el Fundamento. Los Testigos de Jehová se llaman a sí mismos cristianos (ver ¿Testigo de Jehová o de Cristo?), pero ¿pueden ellos afirmar lo siguiente? 

Creo que Jesús de Nazaret es el Mesías prometido (Jn 1:36-42), nacido de una virgen (Iss 7:14; Mt 1:23; Lc 1:34-35), totalmente sin pecado (He 4:15; He 7:26), Dios encarnado (Jn 1:1,14; Jn 20:28), quien murió en la cruz por nuestros pecados (1 Co 15:3; Ef 1:7; He 2:9), fue sepultado (Jn 19:40-42), resucitó al tercer día (Jn 2:19) y ascendió a la diestra del Padre en el cielo, donde ahora intercede por todos los que creemos en Él (Mr 16:19; Hch 7:56; 1 Ti 2:5). Creo que Jesucristo regresará en las nubes por su iglesia después de la tribulación que se avecina sobre toda la tierra (Mt 24:29-31), y que establecerá su reino en la tierra para gobernar y reinar con sus escogidos durante mil años (Mt 24:30; Ap 19:13). Creo que toda la humanidad está perdida y nace con una naturaleza pecaminosa, y solo puede ser salvada mediante la fe personal en la muerte y resurrección de nuestro Señor Jesucristo, y no por ningún mérito o acción humana (Jn 3:16-19; Jn 5:24; Ro 3:10; Ro 3:23; Ro 5:8-9; Ef 2:8-10; Tit 3:5). [Extracto de Breve Declaración de Fe de este blog.]

Como los Testigos de Jehová no pueden afirmar esto acerca de la Persona y la obra del Señor Jesús, los cristianos no podemos tener comunión con ellos porque no tenemos el mismo Fundamento. No importa qué otras partes de la Escritura enseñen de manera correcta: el Fundamento es Cristo Jesús. Si no tienen este Fundamento están edificando sobre la arena (Mt 7:24-27). Punto.

Los católicos también se llaman a sí mismos cristianos. Como artículo introductorio al Cristo católico-romano, el siguiente testimonio personal de un ex-católico Misa-de la liturgia a la realidad es excelente (otros artículos sobre católicos y el catolicismo se incluyen al final de dicho testimonio). Baste decir aquí que el mismo apóstol Pablo enseña que hay algo así como Otro Jesús, Otro Espíritu, Otro Evangelio

No es suficiente que una iglesia o persona se llame a sí misma cristiana, para realmente serlo tiene que creer en el Verdadero Cristo, porque la revelación objetiva de Dios (la Biblia) nos dice que habrá Otro Jesús, Otro Espíritu, Otro Evangelio.

Muchos afirman que Roma enseña el mismo evangelio que los evangélicos profesaban, pero eso es una mentira. El evangelio de Roma enseña que la la salvación es a través de los siete sacramentos de la iglesia católica, comenzando con el bautismo. Esto no es una opinión; es la enseñanza oficial de Roma, la que se encuentra en las declaraciones doctrinales más autorizadas y actualizadas de Roma, como el Concilio Vaticano II y el Nuevo Catecismo Católico. De hecho, el Concilio de Trento condenó a cualquiera que predique que la salvación es solo por gracia, y esta condena jamás ha sido revocada.

Nuevamente, un conocimiento tanto objetivo del Fundamento (a través de la Biblia) como subjetivo (a través de la experiencia) es necesario para no ser engañados.

La mayoría de las iglesias evangélicas y protestantes también se llaman a sí mismas cristianas. Muchas de ellas, para despejar toda duda incluso se definen como Cristo-céntricas. Una persona o iglesia Cristo-céntrica debe estar centrada en adorar y seguir sólo al Señor Jesucristo y Sus enseñanzas registradas en los Evangelios y el resto del Nuevo Testamento. Las mentiras del Vaticano no debieran tener nada que ver con una persona o iglesia Cristo-céntrica. 

Pero, nuevamente, no basta con definirse Cristo-céntrico: uno debe serlo, debe vivirlo. Cristo debe ser una Persona divina real en la vida de quien se define como Cristo-céntrico o Cristo-céntrica. Tanto el conocimiento objetivo (la Biblia) como el conocimiento subjetivo (la experiencia) deben concordar.

Una vez que estamos convencidos de la veracidad del Fundamento (tanto en lo objetivo como en lo subjetivo), podemos considerar a quienes lo profesan como cristianos bíblicos y genuinos con los que podemos tener comunión. 

Pero recién estamos en el Fundamento. El siguiente paso es edificar sobre el Fundamento (1 Co 3:10-13). Debemos aspirar a edificar con oro, plata, y piedras preciosas; porque si edificamos con madera, heno u hojarasca estaremos perdiendo el tiempo:

la obra de cada uno se hará manifiesta; porque el día la declarará, pues por el fuego será revelada; y la obra de cada uno cuál sea, el fuego la probará (1 Co 3:10-13).

Lo que construyamos sobre el Fundamento por el fuego será revelada ... el fuego la probará.

¿Y qué pasará entonces?

Si permaneciere la obra de alguno que sobreedificó, recibirá recompensa. Si la obra de alguno se quemare, él sufrirá pérdida, si bien él mismo será salvo, aunque así como por fuego (1 Co 3:14-15).

Así que tener comunión con cristianos con los que tenemos el mismo Fundamento, no es algo que podamos tomar a la ligera tampoco. La comunión implica también trabajo espiritual; y este trabajo es lo que edificamos sobre el Fundamento. Cuando invitamos a alguien a venir a la iglesia en la que servimos al Señor, estamos trabajando, estamos obrando, estamos edificando sobre el Fundamento. ¿Son las creencias y enseñanzas de esa comunidad cristiana oro, plata, piedras preciosas; o son solo madera, heno u hojarasca?  

No debemos desobedecer las múltiples advertencias de las Escrituras sobre asociarnos con el error (Sal 1:1-3; Hch 20:28-31; Ro 16:17; 1 Co 15:33; 2 Co 6:14; 11:1-4, 12-15; 2 Ti 2:15-21; 2 Jn 1:8-11), o seremos devorados por el devorador (1 P 5:8). 

El evangelicalismo actual, con su renuncia al separatismo desde hace décadas, es un puente hacia todo tipo de error en el cristianismo apóstata de los últimos tiempos. Sin duda, es un puente potencial hacia Roma y el ecumenismo. En 2025, el Centro de Investigación Pew afirmó: “El catolicismo sigue atrayendo un flujo constante de conversos en Estados Unidos”. 

Cuando algunos de los conversos de Pablo comenzaron a considerar un evangelio falso, el apóstol escribió la enérgica e impactante epístola a los Gálatas. En dos ocasiones afirmó que cualquier evangelio que no sea la pura gracia de Cristo es maldito (Gl 1:6-9): 

“Hijitos míos, por quienes vuelvo a sufrir dolores de parto, hasta que Cristo sea formado en vosotros, quisiera estar con vosotros ahora mismo y cambiar de tono, pues estoy perplejo en cuanto a vosotros” (Gl 4:19-20). 

El tema de un evangelio falso no es una mera doctrina; es una cuestión de cielo o infierno eternos.

Es imperativo que nos apliquemos al estudio de la definición bíblica y espiritual de lo que es—para el Señor—oro, plata, piedras preciosas; para que no edifiquemos sobre el Fundamento con materiales que no resistan el fuego de aquel “día”

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