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Monday, September 7, 2026

ESTRECHA ES LA PUERTA, Y POCOS SON LOS QUE LA HALLAN

 


“Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella; porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan” (Mt 7:13-14).

La “perdición” es el infierno eterno. 

¿Menciona Jesús el infierno en el Sermón del Monte? Ciertamente lo hace. Lo menciona tres veces. 

En Mateo 5:22, Jesús dice: 

“Pero yo os digo que cualquiera que se enoje contra su hermano, será culpable de juicio; y cualquiera que diga: Necio, a su hermano, será culpable ante el concilio; y cualquiera que le diga: Fatuo, quedará expuesto al infierno de fuego” (Mt 5:22).

En Mateo 5:28-29 dice:

“Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón. Por tanto, si tu ojo derecho te es ocasión de caer, sácalo, y échalo de ti; pues mejor te es que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea echado al infierno” (Mt 5:28-29).

Finalmente añade:

“Y si tu mano derecha te es ocasión de caer, córtala, y échala de ti; pues mejor te es que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea echado al infierno” (Mt 5:30).

El Señor Jesús describe el camino a “la perdición” en estos pasajes. El camino del enojo mantenido y persistente, del resentimiento y la rencilla: multitudes de personas caminan por él. El mundo está lleno de gente enfadada y dominada por la lujuria, por el deseo sexual pecaminoso e incontrolable, que explota a mujeres y a hombres pobres, etc. Ese es el camino directo al infierno.

¿Qué hay de la persona que dice ser cristiana pero consume pornografía en internet o se aprovecha de personas pobres que son explotadas sexualmente? ¿Qué ocurre si esta persona cristiana se deja llevar por su enojo y deseo de venganza? Ese es el camino al infierno. Da igual que la persona se llame o se crea cristiana. Va camino al infierno. Es el camino ancho de hacer la voluntad propia sin tomar en cuenta lo que el Señor dice en Su palabra.

A veces, los predicadores ensanchan el camino diciendo que no tenemos que ser tan cerrados de mente y decir que solo quienes venzan estas cosas entrarán en la vida eterna. Abusan de la gracia de Dios, ensanchan la puerta más de lo que Jesús lo hace. Él dice que el camino a la vida eterna es como el ojo de una aguja. ¿Puede un camello pasar por el ojo de una aguja? No. Jesús dice que es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja a que una persona rica entre en el reino de Dios (Mt 19:24). 

La riqueza de una persona no reside solo en la riqueza material. También está en su raciocinio. Está en nuestros argumentos al acercarnos a las Escrituras. La racionalización es un mecanismo de defensa inconsciente en el que la persona crea explicaciones lógicas o pseudorrazonables para justificar conductas, pensamientos o sentimientos que le generan culpa, ansiedad o frustración. En otras palabras, la persona le resta seriedad a las palabras de Dios. Es “rica” en argumentos para autojustificarse. No entrará en el reino de Dios por el camino ancho que lleva a la perdición. La puerta estrecha y el camino angosto son los que conducen a la vida eterna. Esto enseña el Señor Jesús en el Sermón del Monte. Lo que Él quiere decir es: 

“Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella; porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan” (Mt 7:13-14).

¿Acaso esperas que multitudes elijan la puerta estrecha y el camino angosto descritos por el Señor en el Sermón del Monte? De ninguna manera. Las palabras del Señor son la muerte para los que escogen el pastorado como una profesión lucrativa.

El Sermón del Monte no está dirigido a los cristianos casuales, a quienes no son Sus discípulos. Está dirigido a aquellos que ya han sentado las bases de su vida en el arrepentimiento y la fe en Cristo, que han nacido de nuevo y que se han convertido en hijos de Dios. Si una persona no ha dado ese primer paso, intentar seguir el Sermón del Monte es como construir una casa sin poner primero los cimientos. El Señor se dirige a discípulos que buscan seguirlo a Él. ¿A dónde fue Él? A la muerte de cruz. Por eso es que son muy pocos los que hallan esta puerta, y menos son los que cruzan su umbral. Ni el Señor espera que multitudes acudan apresuradamente a obedecer lo que Él dice en Mateo 5-7.

Cuando ves megaiglesias, o iglesias pentecostales y carismáticas con miles de asistentes, pregúntales si creen que son pocas las personas que hallan el camino a la vida eterna, como dice el Señor. ¿O acaso están siendo engañadas por falsos predicadores y siguen el camino ancho que lleva a la perdición? Sería sorprendente si treinta personas en una ciudad quisieran obedecer el Sermón del Monte y seguir al Señor Jesús. Abraham intercedió por cincuenta en Sodoma:

“Entonces respondió Jehová: Si hallare en Sodoma cincuenta justos dentro de la ciudad, perdonaré a todo este lugar por amor a ellos” (Gn 18:26).

Luego Abraham intercedió por cuarenta y cinco. Después por cuarenta. Después por treinta. Después por veinte. Finalmente por diez (Gn 18:33). Todas las veces el Señor estuvo de acuerdo en concederle a Abraham su petición. Pero, ¿a cuántos justos halló el Señor cuando llegó a Sodoma? Sólo uno (2 P 2:6-8).

Por lo que uno ha observado, la gente que asiste a la mayoría de las iglesias quiere ir al cielo sin seguir a Cristo en la tierra. Una iglesia así no es la verdadera iglesia del Señor Jesucristo, es una iglesia contra la cual las puertas del infierno ciertamente han prevalecido, y donde los predicadores han abierto la puerta de par en par para que multitudes de personas puedan entrar sin pagar el precio. La puerta es lo suficientemente grande como para que puedas amar el dinero e imaginar que también amas a Dios. Han ensanchado la puerta y se engañan a sí mismos creyendo que están haciendo discípulos de Jesús en esa iglesia.

Debemos tener muy claro que es al final del Sermón del Monte donde Jesús explica que esta puerta es muy estrecha y este camino que lleva a la vida es muy angosto. Son muy, muy pocos los que hallan dicha puerta.

Lo siguiente que dice es: 

“Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces” (Mt 7:15).

Necesitamos ver quiénes son estos falsos profetas en el contexto de este pasaje. ¿Son acaso los falsos profetas que van a la iglesia pero hablan de otra religión y empiezan a enseñar del libro sagrado de otra religión? No. Los falsos profetas son aquellos “que vienen a vosotros con vestidos de ovejas”. 

Vestidos de ovejas significa que tienen la apariencia de ser siervos de Jesucristo y ser ovejas del Pastor. Vienen “a nosotros” con piel de oveja. Parecen ovejas. Vienen con la Biblia en la mano, pero han ensanchado el camino. Explican los mandamientos de las Escrituras diciendo: “Este mandamiento no es necesario para hoy en día”. O, “Esto significa exactamente lo contrario de lo que dice”. Estas personas intentan explicar muchas cosas en las Escrituras tratando siempre de quitarle el peso al mandamiento (porque estamos en la gracia). Si llegan a este versículo de Filipenses: “ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor” (Fil 2:12) se apresuran a recordarnos que la salvación es por gracia, no por obras, así que este pasaje no significa lo que dice, sino que tenemos que asistir a la iglesia (u otra cosa semejante). Cuando Pedro concluye su lista de las cosas que debemos hacer diciendo: “Porque de esta manera os será otorgada amplia y generosa entrada en el reino eterno de nuestro Señor y Salvador Jesucristo” (2 P 1:5-10), responden de manera similar. Nada, realmente, importa tanto. Nada, realmente, es tan grave. En la Biblia uno se encuentra con muchas hipérboles, metáforas y otras figuras de dicción, dicen.

En el día final, cuando estés ante el Señor Jesucristo, descubrirás que Él quiso decir exactamente lo que dijo. Si no crees en algunas de las palabras de la Biblia, debes ser honesto y tacharlas o romper esas páginas y arrojar todo el libro a la basura. ¿Quién te hecho juez sobre qué puedes creer y que no, cuando se trata de la Biblia?

“Otra vez os digo, que es más fácil pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de Dios” (Mt 19:24).

Estás siendo deshonesto e hipócrita si dices que la Biblia es la Palabra de Dios, pero luego no la sigues. Dios va a juzgar esa hipocresía. Dios ama a la persona honesta. Podría ser que Dios ame más a muchos ateos que a los cristianos hipócritas, porque los primeros son honestos. No creen que exista Dios. Actúan como si no existiera. El hombre de negocios del mundo dice que no hay más Dios que el dinero. Adora el dinero y es honesto. Pero los cristianos, que dicen que el Señor Jesucristo es el verdadero Dios y que la Biblia es la Palabra de Dios, y viven como esas personas mundanas, son hipócritas. Cuando el Señor estuvo en la tierra, condenó a los hipócritas más que a nadie. La adúltera fue salva. El ladrón en la cruz fue salvo. El perseguidor de cristianos que consintió en su muerte fue salvo. Pero los hipócritas que se sentaban en la cátedra de Moisés se fueron todos al infierno (Mt 23:2).

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