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Thursday, October 8, 2026

UNO SERÁ TOMADO, Y EL OTRO SERÁ DEJADO

 


“Mas como en los días de Noé, así será la venida del Hijo del Hombre. Porque como en los días antes del diluvio estaban comiendo y bebiendo, casándose y dando en casamiento, hasta el día en que Noé entró en el arca, y no entendieron hasta que vino el diluvio y se los llevó a todos, así será también la venida del Hijo del Hombre. Entonces estarán dos en el campo; el uno será tomado, y el otro será dejado. Dos mujeres estarán moliendo en un molino; la una será tomada, y la otra será dejada. Velad, pues, porque no sabéis a qué hora ha de venir vuestro Señor. Pero sabed esto, que si el padre de familia supiese a qué hora el ladrón habría de venir, velaría, y no dejaría minar su casa. Por tanto, también vosotros estad preparados; porque el Hijo del Hombre vendrá a la hora que no pensáis. ¿Quién es, pues, el siervo fiel y prudente, al cual puso su señor sobre su casa para que les dé el alimento a tiempo? Bienaventurado aquel siervo al cual, cuando su señor venga, le halle haciendo así. De cierto os digo que sobre todos sus bienes le pondrá” (Mt 24:37-47).

Los amilenaristas, los postribulacionistas y muchos pretribulacionistas sostienen que aquellos que son tomados, lo son para juicio, y que aquellos que son dejados, lo son para salvación. 

Sin embargo, esta interpretación contradice la lectura natural del pasaje. Concretamente, esta interpretación considera que los que son tomados son aquellos destinados al juicio tras la batalla de Armagedón, mientras que los que son dejados son quienes sobreviven al día del Señor y entran en el reino milenial. El argumento se basa principalmente en la ilustración de Noé presente en los versículos 37 al 39 (Mt 24:37-39). Quienes sostienen esta postura, afirman que el juicio en el que “vino el diluvio y se los llevó a todos [a los impíos]” guarda un paralelismo con el suceso en el que “uno será tomado”. No obstante, identificar a  “los impíos” con aquellos que serán tomados es un error por las siguientes razones: 

En primer lugar, las ilustraciones de la vida doméstica y agrícola de los versículos 40 y 41 (Mt 24:40-41) guardan paralelismo con la ilustración de Noé; por tanto, no pretenden ilustrar la ilustración de Noé de los versículos 37 al 39 (Mt 24:37-39). Más bien, los versículos 40 y 41 buscan ilustrar el clímax del Discurso del Monte de los Olivos: la reunión del pueblo de Dios en la venida del Señor (Mt 24:30-31). En la separación que ocurre al comenzar la venida del Señor (Mt 24:31), ¿quiénes son los que son tomados? Son los escogidos de Dios; precisamente ese es el propósito fundamental de recurrir a dicha ilustración.

En segundo lugar, la postura que dice que los que son tomados son aquellos destinados al juicio rompe el paralelismo de las ilustraciones. En el relato de Noé, primero se describe la liberación de su familia ( “el día en que Noé entró en el arca”, Mt 24:38) y, después, vino el juicio sobre los impíos (“vino el diluvio y se los llevó a todos”, Mt 24:39). Para mantener el paralelismo, se debe describir primero a un hombre en el campo y a una mujer moliendo en el molino como aquellos que son tomados (arrebatados), y luego al otro hombre en el campo y a la otra mujer moliendo en el molino como aquellos que son dejados (para juicio). 

En tercer lugar, en las versiones bíblicas que presentan la acción descrita en la ilustración del diluvio (Mt 24:39) de la siguiente manera: “vino el diluvio y se los llevó [a los impíos] a todos”, la traducción “se los llevó” es inexacta, ya que los lectores desprevenidos pueden suponer que se trata del mismo verbo “tomar” empleado en los versículos 40 y 41 (Mt 34:40-41). Detrás de la palabras “tomar” y “llevar” (en nuestras versiones al español) subyacen dos términos griegos distintos que poseen significados casi opuestos. El término griego del versículo 39 es airō, que en este contexto específico de la ilustración del juicio mediante el diluvio significa “arrastrar” o “quitar alejando”. Por el contrario, el término griego de los versículos 40 y 41 es paralambanō, el cual conlleva la idea de una recepción íntima. De las más de cuarenta y nueve veces que aparece paralambanō en el Nuevo Testamento, solo en tres ocasiones se utiliza con sentido negativo (Mt 27:27; Jn 19:16; Hch 23:18). Este sentido negativo, poco frecuente, se encuentra en un contexto muy específico: el de un prisionero que es entregado a la jurisdicción de unos soldados; un contexto que no guarda relación con nuestra ilustración sobre la venida del Señor (algo muy positivo para los creyentes). Es decir, resulta un argumento de léxico forzado aplicar este significado improbable al pasaje que nos ocupa. [Sobre esta falacia, véase D. A. Carson, Exegetical Fallacies, 2.ª ed. (Grand Rapids: Baker, 1996), pp. 37-41.]

En cuarto lugar, en los versículos 40 y 41 (Mt 24:40-41), el término empleado para “tomado” es paralambanō, que transmite la idea de una recepción positiva. Además, esta recepción se contrasta con la situación de aquel que es “dejado”. El término griego que corresponde a “dejado” es aphiēmi, el cual, en este contexto, significa “alejarse” o “apartarse”, con la implicación de provocar una separación, dejar o marcharse de un lugar. Así pues, tenemos un término griego positivo para “tomado” frente a un término griego negativo para “dejado”; en consecuencia, quien es “dejado” se asocia más con la idea de separación y juicio, en lugar de salvación. No es de extrañar que, pocos días después, el Señor Jesús utilizara paralambanō para asegurarle a los discípulos que, a Su regreso, los tomará para que estén con Él: 

“Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré [paralambanō] a mí mismo , para que donde yo estoy, vosotros también estéis” (Jn 14:3). 

Se trata del mismo contexto (la venida del Señor), la misma audiencia (Sus discípulos) y la misma palabra (paralambanō).

En quinto lugar, dentro de este mismo contexto de la segunda venida, el Señor Jesús ofrece otra ilustración sobre la preparación para Su venida (Mt 25:1-13). Las cinco vírgenes prudentes que estaban preparadas son “tomadas” por el Novio, mientras que las cinco insensatas que no estaban preparadas son “dejadas” fuera. Por consiguiente, la parábola de las diez vírgenes es coherente con Mateo 24:37-41, lo que respalda la interpretación de que aquellos que son tomados lo son para salvación, y los que dejados los son para juicio.

Por último, en su repetición de las mismas ilustraciones que describen la venida de Jesús, Lucas dice: 

“Os digo que en aquella noche estarán dos en una cama; el uno será tomado, y el otro será dejado. Dos mujeres estarán moliendo juntas; la una será tomada, y la otra dejada. Dos estarán en el campo; el uno será tomado, y el otro dejado. Y respondiendo, le dijeron: ¿Dónde, Señor? El les dijo: Donde estuviere el cuerpo, allí se juntarán también las águilas” (Lc 17:34-37).

“Donde estuviere el cuerpo, allí se juntarán también las águilas” (Lc 17:37). Este último versículo, que recoge la pregunta de los discípulos sobre el “¿Dónde, Señor?”, resulta concluyente, ya que el Señor Jesús responde que un cadáver atrae a los buitres*. Se trata de una imagen de muerte que representa el juicio a los impíos sobre la faz de la tierra, no a los justos siendo arrebatados en Su venida. Por tanto, esto encaja mucho mejor con aquellos que son “dejados atrás” para juicio.

Nota

*La palabra “águilas” [aetos] en Mateo 24:28 y Lucas 17: 37 también puede traducirse “buitres”, como lo hacen las versiones modernas [Nueva Biblia Latinoamericana de Hoy, (NBLH) antes conocida como Nueva Biblia de los Hispanos (NBLH)]. En la Biblia aetos se refiere de manera general a todo tipo de aves de rapiña. Varios términos hebreos que se traducen como “águilas” también incluyen otras aves de la familia de las rapaces: jotes, buitres, halcones, gavilanes, cuervos carroñeros, zopilotes, etc. (Diccionario Bíblico Lexham).

No quieres ser dejado atrás cuando el Señor venga. Quieres que, cuando Él vega otra vez, te tome consigo y no te deje jamás.

“Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré [paralambanō] a mí mismo , para que donde yo estoy, vosotros también estéis” (Jn 14:3). 

“Velad, pues, en todo tiempo orando que seáis tenidos por dignos de escapar de todas estas cosas que vendrán, y de estar en pie delante del Hijo del Hombre” (Lc 21:36).

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