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Monday, October 19, 2026

¿SIGUE TU CORAZÓN?



Hay muchos llamados a “seguir tu corazón” en películas, novelas, eslóganes, blogs, memes y, por supuesto, Hollywood y Walt Disney. 

Otros lemas similares son “confía en ti mismo” y “sigue tu intuición”. 

La idea subyacente es “tu corazón nunca te llevará por mal camino”. 

El problema no es que esta idea no tenga fundamento bíblico, sino que lisa y llanamente es ANTICRISTIANA.

En lugar de confiar en nuestros corazones, debemos encomendar nuestro corazón a Dios: 

“Fíate de Jehová de todo tu corazón, Y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, Y él enderezará tus veredas” (Pr 3:5-6).

“Confía en el Señor con todo tu corazón, y no te apoyes en tu propio entendimiento. Reconócelo en todos tus caminos, y Él enderezará tus sendas” . 

Este pasaje nos ordena explícitamente que no confiemos en nosotros mismos, y promete dirección a quienes eligen seguir al Señor.

Para que algo proporcione orientación adecuada, debe basarse en la verdad objetiva. Es decir, lo que usemos como guía debe llevarnos a conclusiones fundamentadas en realidades, no en inferencias subjetivas o emocionales. La Biblia enseña que el ser humano debe seguir a Dios. Dios declara: 

“Bendito el varón que confía en Jehová, y cuya confianza es Jehová” (Jer 17:7)

“Bendito es el hombre que confía en el Señor, cuya confianza es el Señor”.

Dios posee conocimiento perfecto de todas las cosas (1 Jn 3:20), lo que llamamos omnisciencia. Su conocimiento no tiene límites. Él está plenamente consciente de lo que ha sucedido, sucede y sucederá (Is 46:9-10). 

Además, Dios conoce los pensamientos y las intenciones del corazón humano (Jn 2:25; Hch 1:24). Y no solo eso: conoce todas las posibles eventualidades, y todos los resultados imaginables de cualquier situación (Mt 11:21). Esa capacidad, combinada con Su bondad, lo convierte en la Fuente de guía más confiable.

Dios dice esto sobre el corazón humano: 

“Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?” (Jer 17:9).

Este pasaje presenta dos razones claras por las que nadie debería seguir su propio corazón al tomar decisiones. En primer lugar, no hay nada más engañoso en toda la creación que el corazón humano debido a su naturaleza pecaminosa. Si seguimos nuestro corazón, seguimos a un guía indigno de confianza.

De hecho, estamos ciegos ante lo engañoso de nuestro propio corazón. Como pregunta el profeta: “¿quién lo conocerá?” . 

Cuando confiamos en nosotros mismos como fuente de sabiduría, terminamos siendo incapaces de distinguir el bien del mal. La canción de éxito de 1977 “You Light Up My Life” contiene estas desafortunadas palabras: 

“No puede estar mal cuando se siente tan bien”.

Determinar lo correcto basándonos en nuestros sentimientos, emociones o intuiciones es una forma peligrosa—y antibíblica—de vivir.

En segundo lugar, Jeremías 17:9 enseña que el corazón humano está desesperadamente enfermo. No hay manera de “repararlo”. El ser humano necesita un corazón nuevo. Por eso, cuando una persona viene a la fe en Cristo, se convierte en una nueva creación (2 Co 5:17). Jesús no arregla el corazón antiguo; Él lo reemplaza.

Pero esto no significa que podamos confiar plenamente en nuestros corazones después de venir a Cristo. 

Incluso como creyentes, se nos insta a buscar la voluntad de Dios por encima de nuestros propios deseos. La Biblia nos enseña:

“Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis” (Gl 5:17).

Tenemos un Señor omnisciente y bondadoso que promete darnos sabiduría (Stg 1:5), y tenemos Su Palabra inspirada e inerrante (2 Ti 3:16). ¿Por qué ignoraríamos al Señor y Sus promesas eternas para seguir los impulsos cambiantes de nuestro engañoso y perverso corazón?

“Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?” (Jer 17:9).
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