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Saturday, October 10, 2026

DONDE ESTUVIERE EL CUERPO, ALLÍ SE JUNTARÁN TAMBIÉN LAS ÁGUILAS



 “Porque dondequiera que estuviere el cuerpo muerto, allí se juntarán las águilas” (Mt 24:28). 

“Como fue en los días de Noé, así también será en los días del Hijo del Hombre. Comían, bebían, se casaban y se daban en casamiento, hasta el día en que entró Noé en el arca, y vino el diluvio y los destruyó a todos. Asimismo como sucedió en los días de Lot; comían, bebían, compraban, vendían, plantaban, edificaban; mas el día en que Lot salió de Sodoma, llovió del cielo fuego y azufre, y los destruyó a todos. Así será el día en que el Hijo del Hombre se manifieste. En aquel día, el que esté en la azotea, y sus bienes en casa, no descienda a tomarlos; y el que en el campo, asimismo no vuelva atrás. Acordaos de la mujer de Lot. Todo el que procure salvar su vida, la perderá; y todo el que la pierda, la salvará. Os digo que en aquella noche estarán dos en una cama; el uno será tomado, y el otro será dejado. Dos mujeres estarán moliendo juntas; la una será tomada, y la otra dejada. Dos estarán en el campo; el uno será tomado, y el otro dejado. Y respondiendo, le dijeron: ¿Dónde, Señor? Él les dijo: Donde estuviere el cuerpo, allí se juntarán también las águilas” (Lc 17:26-37).


[Apéndice de Uno Será Tomado, y El Otro Será Dejado]

La palabra “águilas” [aetos] en estos pasajes también puede traducirse “buitres”, como lo hacen algunas versiones modernas [Nueva Biblia Latinoamericana de Hoy, (NBLH) antes conocida como Nueva Biblia de los Hispanos (NBLH)]. 

En la Biblia aetos se refiere de manera general a aves de rapiña y no siempre se limita a lo que hoy entendemos como “águilas” o “buitres”. Varios términos hebreos se traducen como “águilas” y también pueden incluir otras aves de la familia de las rapaces: jotes, buitres, halcones, gavilanes, cuervos carroñeros y zopilotes (Diccionario Bíblico Lexham). 

A lo largo de la Biblia, la palabra aetos [“águilas” o “buitres”] suele tener una connotación negativa:

Las aves de rapiña son animales impuros. Dios prohibió a los israelitas comer aves de rapiña, declarándolas impuras (Lv 11:13; Dt 14:12). Estas aves cumplen una labor importante en el ecosistema, aunque poco agradable: limpiar la tierra de toda clase de cadáveres, ayudando así a reducir la propagación de enfermedades. Como normalmente se alimentan de carroña, no habrían sido seguras para el consumo humano y, por eso, fueron clasificadas como animales impuros según la Ley de Moisés.

Las aves de rapiña se asocian con una muerte deshonrosa. En el Antiguo Testamento, quedar expuesto a las aves de rapiña después de morir era visto como un destino maldito y deshonroso. Los israelitas entendían la importancia de un entierro adecuado, y el que un cuerpo quedara expuesto a la intemperie era parte de las maldiciones de Dios por una rebelión persistente (Dt 28:26). Goliat y David se amenazaron mutuamente con esta clase de destino (1 S 17:44-46). Cuando los gabaonitas fueron vengados, siete descendientes de Saúl fueron ejecutados y sus cuerpos quedaron expuestos a las aves y a las fieras (2 S 21:6). Para evitar la deshonra, Rizpa, concubina de Saúl, protegió los cuerpos y evitó que las aves de rapiña y otros animales salvajes los devoraran (2 S 21:10).

Las aves de rapiña son símbolo de muerte y juicio. En el Antiguo y el Nuevo Testamento, aparecen como símbolos de muerte y del juicio de Dios. Por ejemplo, Proverbios 30:17 advierte que al que menosprecia a sus padres: 

“El ojo que escarnece a su padre y menosprecia la enseñanza de la madre, los cuervos de la cañada lo saquen, y lo devoren los hijos del águila” (Pr 30:17). 

El juicio contra Samaria y Jerusalén incluye una referencia al águila (Miq 1:16). En Oseas 8:1 nuevamente el águila representa el juicio de Dios contra Israel.

En el Nuevo Testamento, las aves de rapiña anuncian la muerte y el juicio venideros sobre quienes siguen al Anticristo (Mt 24:28; Lc 17:37; Ap 19:19-21). 

Después de la batalla de Armagedón, un ángel llama a todas las aves de rapiña: 

 “Y vi a un ángel que estaba en pie en el sol, y clamó a gran voz, diciendo a todas las aves que vuelan en medio del cielo: Venid, y congregaos a la gran cena de Dios, para que comáis carnes de reyes y de capitanes, y carnes de fuertes, carnes de caballos y de sus jinetes, y carnes de todos, libres y esclavos, pequeños y grandes” (Ap 19:17-18).

Este pasaje es un eco de la orden dada a Ezequiel:

“Y tú, hijo de hombre, así ha dicho Jehová el Señor: Di a las aves de toda especie, y a toda fiera del campo: Juntaos, y venid; reuníos de todas partes a mi víctima que sacrifico para vosotros, un sacrificio grande sobre los montes de Israel; y comeréis carne y beberéis sangre” (Ez 39:17).

Ninguna de estas referencias que conforman la base de la declaración del Señor (Mt 24:28; Lc 17:37) es positiva. 

Aunque las aves de rapiña fueron creadas buenas junto con el resto de la creación, su función actual es consecuencia de un mundo caído. Los buitres pueden tener mala reputación, pero cumplen un papel importante en la creación de Dios y en el mensaje de Su Palabra, y no parecen ser muy diferentes de las águilas en el Texto Sagrado. 

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