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Monday, January 27, 2025

NACER DEL AGUA Y DEL ESPÍRITU



En Juan 3, Jesús utiliza la expresión “nacer del agua” en respuesta a la pregunta de Nicodemo sobre cómo entrar en el reino de los cielos. 

Le dijo a Nicodemo que “tenía que nacer de nuevo” (Jn 3:3). Nicodemo le preguntó cómo podía suceder tal cosa siendo ya un hombre adulto. Jesús respondió: 

“De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios” (Jn 3:5).

“Nacer del Espíritu” es fácil de interpretar: la salvación implica una nueva vida que sólo el Espíritu Santo puede producir (2 Co 3:6). 

Sin embargo, hay un par de escuelas de pensamiento diferentes sobre lo que Jesús quiso decir cuando dijo “nacer del agua”

1) Una perspectiva es que “nacer del agua” se refiere al nacimiento físico. Los bebés no nacidos flotan en el líquido del saco amniótico durante nueve meses. Cuando llega el momento del nacimiento, la bolsa amniótica se rompe y el bebé nace en un torrente de “agua”, entrando en el mundo como una nueva criatura. Este nacimiento es paralelo al de “nacer del Espíritu”, ya que un nuevo nacimiento similar ocurre dentro de nuestros corazones (2 Co 5:17). El que nace una vez tiene vida física; el que nace dos veces tiene vida eterna (Jn 3:15-18, 36; 17:3; 1 P 1:23). Así como un bebé no hace ningún esfuerzo en el proceso del nacimiento—el trabajo lo hace la madre—, lo mismo ocurre con el nacimiento espiritual. Somos meros receptores de la gracia de Dios, que nos da un nuevo nacimiento por medio de Su Espíritu (Ef 2:8-9). De acuerdo con este punto de vista, Jesús estaba utilizando una técnica de enseñanza que a menudo empleaba al comparar una verdad espiritual con una realidad física. Nicodemo no entendía el nacimiento espiritual, pero podía entender el nacimiento físico, así que ahí lo llevó Jesús con esta ilustración.

2) La otra perspectiva es que nacer del agua se refiere a la limpieza espiritual, y que Nicodemo lo habría entendido claramente de esa manera. Según este punto de vista, nacer del agua y nacer del Espíritu son dos formas diferentes de decir lo mismo, una metafóricamente y la otra literalmente. Las palabras de Jesús nacer del agua y del Espíritu describen diferentes aspectos del mismo nacimiento espiritual, o de lo que significa nacer de nuevoCuando Jesús le dijo a Nicodemo que debía nacer del agua, se refería a su necesidad de limpieza espiritual. En todo el Antiguo Testamento, el agua se utiliza de forma figurada para referirse a la limpieza espiritual. Por ejemplo, Ezequiel 36:25-27 dice: 

Esparciré sobre vosotros agua limpia, y seréis limpiados de todas vuestras inmundicias; y de todos vuestros ídolos os limpiaré. Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra(Ez 36:25-27; ver también Nm 19:17-19; y Sal 51:2, 7). 

“Agua limpia”“corazón nuevo”“espíritu nuevo”, “corazón de carne” en reemplazo del “corazón de piedra”“pondré dentro de vosotros mi Espíritu”, todas metáforas que significan una misma cosa: nacer de nuevo.

Nicodemo, maestro de la ley, estaría familiarizado con el concepto de que el agua física representa la purificación espiritual.

El Señor prometió, a través del profeta Ezequiel, seis siglos antes de Jesús, que llegaría un tiempo de transformación radical, de adentro hacia afuera, caracterizado por una purificación espectacular simbolizada por el agua que lava toda impureza, y por el poderoso don del Espíritu Santo que transforma los corazones. Esto es lo que se requiere para que las personas vean y entren en el reino de Dios.

No es de extrañar que el Señor Jesús repita: “Debéis nacer de nuevo”.

Esta interpretación de las palabras “nacer del agua y del Espíritu” concuerda con el resto del pasaje, e incluso con el resto del Evangelio de Juan. Jesús insiste en que esta declaración de la necesidad de este nuevo nacimiento tiene autoridad celestial: Él mismo ha venido del cielo para traerla (Jn 3:11-13). Y la figura de Dios extendiendo Su mano y salvando poderosamente a Su pueblo del pecado y la idolatría ya está presente en el Antiguo Testamento (Jn 3:14-15; Nm 21:4-9).

El resto del Nuevo Testamento también utiliza el agua como figura del nuevo nacimiento. A la regeneración se la denomina una limpieza que el Espíritu Santo lleva a cabo por medio de la Palabra de Dios en el momento de la salvación (Tit 3:5; Ef 5:26; Jn 13:10). 

Los cristianos somos lavados... santificados... justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios (1 Co 6:11). 

El lavado del que habla Pablo aquí es espiritual.

El Señor Jesús no enseña que uno debe ser bautizado en agua para ser salvo. El bautismo físico no se menciona en ninguna parte del contexto, ni Jesús insinuó nunca que tuviéramos que bautizarnos para heredar la vida eterna fuera de confiar en Él con fe (Jn 3:16), como el malhechor en la cruz junto a Él (Lc 23:42-43), quien no tuvo tiempo para bautizarse y, sin embargo, recibió como respuesta a su declaración de fe en el Señor:

“De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso” (Lc 23:43).

Las palabras del Señor a Nicodemo ponen énfasis en el arrepentimiento y la renovación espiritual: necesitamos el “agua viva” que Jesús prometió posteriormente a la mujer samaritana junto al pozo (Jn 4:10). El bautismo en agua es una señal externa de que hemos entregado nuestras vidas al Señor Jesús, pero no un requisito para la salvación (Lc 23:40-43).

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