Tuesday, December 30, 2025

LA ENVIDIA MATA A SU ANFITRIÓN



“Cruel es la ira, e impetuoso el furor; mas ¿quién podrá sostenerse delante de la envidia?” (Pr 27:4).

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La ira es mala, pero la envidia es peor. La crueldad de la ira y su impetuoso furor pueden destruir todo de manera fulminante, pero la envidia alimenta una larga y longeva amargura. La ira es una llamarada que ciega la razón, pero cesa. La envidia, en cambio, es fría como una serpiente cuya mordedura envenena todo el ser. La ira puede controlar las emociones por un tiempo, pero la envidia puede devorar tu alma hasta la muerte.

La ira y el furor son bien conocidos. Son indignación apasionada, sentimiento intenso, exasperación, o rabia contra una persona o cosa. Dios condena el enfado prolongado y manda que el enojo justificado desaparezca antes que se ponga el sol (Sal 37:8; Mt 5:21-22; Ef 4:26, 31-32). La ira debe ser dominada (Pr 14:17,29; 16:32; 19:11; Ec 7:9; Stg 1:19-20). Deben evitarse las personas iracundas, para no actuar como ellas (Pr 13:20; 22:24-25; 1 Co 15:33).

La ira hace que los hombres hagan cosas crueles y ultrajantes. Los sentimientos violentos son muy intensos; anulan el buen juicio y el sentido común de una persona. La ira descontrolada se asemeja a la locura temporal. Israel provocó el enojo de Moisés, y su respuesta le costó no entrar a la tierra prometida (Sal 106:32-33). La ira causa peleas y problemas graves que las personas no tendrían si aprendieran a controlarse (Pr 29:22). El mal genio puede convertir a un hombre en un escarnecedor (Pr 21:24).

Simeón y Leví estaban tan enojados porque Siquem había violado a su hermana Dina, que ignoraron el pacto de su padre con él, mataron a toda su familia y destruyeron la ciudad entera (Gn 34:1-31; 49:5-7). La ira del rey Herodes al ser burlado por los magos hizo que matara a todos los niños de Belén y sus alrededores (Mt 2:16). ¡La ira es cruel e impetuosa en su furor!

Pero, ¿qué es la envidia? Es una emoción que causa tristeza, malestar y disgusto por el bien ajeno, combinando el deseo de poseer lo que el otro tiene con hostilidad hacia esa persona, sintiendo que no lo merece o queriendo que lo pierda. Surge de la comparación, la percepción de desigualdad e injusticia, y puede manifestarse como resentimiento o deseo de destruir lo que el otro posee, o es. 

La ira se disipa rápidamente, pero la envidia permanece ahí recordándote la supuesta superioridad o ventaja del otro sobre ti. La ira ciega momentáneamente, pero la envidia ciega permanentemente, al consumir tu alma con el rencor que te causan tus deseos no satisfechos mientras los comparas con los de aquel que consideras los ha cumplido.

La envidia es peor que la ira. Provoca pesar porque otra persona tiene algoéxito, bienes, cualidadesque tú no tienes. Alimenta la codicia de tener lo que el otro disfruta. Implica mirar al otro con malos ojos, deseando que pierda lo que tiene o que le vaya mal. Nace de la falta de autoestima y de la sensación de no tener los recursos naturales para lograr lo que el otro tiene, e incluso superarlo. Puede ser un sentimiento aprendido desde la infancia, a menudo de la relación malsana con hermanos y hermanas. 

La envidia es un huésped indeseable que yace en lo profundo del corazón de su anfitrión, ramificándose y extendiéndose a menudo por décadas. Escondida de la vista de todos, se manifiesta con falta de perdón, deseos de venganza, respuestas hirientes, rencillas inacabables, reproches sorpresivos, estallidos de enojo, miradas duras, entrecejos fruncidos, sonrisas socarronas, toda clase de diabólicas emociones.

David era perfecto para el rey Saúl. Lo tranquilizaba con su lira cuando cantaba alabanzas al Señor. Fue el mejor amigo de Jonatán, el hijo de Saúl, y se casó con Mical, una de las hijas del rey. Peleó las  batallas de Saúl por él, y venció a todos sus enemigos. Por estas hazañas, el pueblo de Israel lo amó. Además el joven pastor era sumamente sabio; leal al rey, y Jehová estaba con él. ¿Cómo le pagó Saúl? Lo envidió hasta la muerte, y en su desvarío trató de clavarle su lanza en dos ocasiones antes que David se convirtiera en forajido del rey (1 S 18:6-11). 

Jacob amaba más a Raquel que a Lea, pero Raquel envidiaba a su hermana porque concebía hijos, y ella no (Gn 30:1). Al final, el Señor castigó con la muerte a Raquel al dar a luz a su segundo hijo, mientras que a Lea la convirtió en la madre de nueve hijos, considerando a los de su sierva Zilpa como suyos ( Gn 30:13). 

Los diez hermanos de José lo envidiaron, porque era un joven virtuoso y su padre lo amaba de manera especial. Con implacable envidia conspiraron para matarlo, pero finalmente lo vendieron como esclavo a Egipto para deshacerse de él (Gn 37:11; Hch 7:9). 

Los judíos crucificaron al intachable Hijo de Dios por envidia, como el mismo Pilato lo percibió claramente (Mt 27:18). Las cualidades y bendiciones de estas personas sobresalientes debieron convertirse, en quienes los conocieron, en un motor para superarse ellos mismos, aspirando lograr en carácter y hechos lo que veían. En cambio, cediendo ante lo más bajo y depravado de sus corazones, los envidiaron hasta el extremo planear destruirlos. 

Joab era sobrino de David. Fue un gran guerrero y capitán de los valientes de David durante 40 años. Sirvió fielmente a David, arriesgando su vida a menudo para protegerlo y promover su reino. Pero no pudo gobernar su espíritu, y la envidia le hizo matar a dos hombres mejores que él que David había honrado (1 R 2:5-6,28-34). Cumpliendo la orden de su padre, Salomón mandó ejecutarlo.

También se puede sentir envidia ajena. Como cuando Josué escuchó que dos hombres estaban profetizando en el campamento, y le pidió a Moisés que les ordenara que se detuvieran. Pero Moisés le respondió: 

“¿Tienes tú celos por mí? Ojalá todo el pueblo de Jehová fuese profeta, y que Jehová pusiera su espíritu sobre ellos” (Nm 11:29) 

La santa providencia de Dios determinó cada aspecto de tu vida. Por lo tanto, envidiar a otro por cualquier aparente ventaja sobre ti es despreciar a Dios y Su elección para tu vida (Pr 19:3; 1 Co 4:7). En cambio, sé agradecido por lo que tienes; y aprecia las decisiones de Dios en tu vida para Su gloria (Pr 16:4; Dn 4:35; Ro 11:36).

Es repugnante cuando los pobres envidian a los ricos, lo que hacen la mayor parte del tiempo. Si no fuera porque los ricos ponen en riesgo su capital y experiencia en una economía fluctuante, los pobres no tendrían nada, ni siquiera trabajo. Los pobres deberían estar agradecidos por lo que tienen, y deberían estar agradecidos de que Dios haya hecho ricos a algunos hombres que les dan trabajo.

Si no matas la envidia, aprendiendo a regocijarte en las bendiciones de los demás, destruirás tu propia alma. El veneno de la envidia devorará tu corazón como un cáncer, hasta consumir tu vida con amargo resentimiento (Pr 14:30; Job 5:2). Destruirás tu vida porque, entre otras cosas, la envidia te conducirá a tomar decisiones nefastas contra ti mismo. Y todo esto mientras la envidia contra tu prójimo no le hará el más mínimo daño a él, porque la envidia sólo destruye al que la siente, porque es diabólica (Stg 3:14-16). ¡La envidia mata a su anfitrión!

Los verdaderos creyentes se regocijan por las bendiciones y el honor dado a los demás (Ro 12:15; 1 Co 12:26).

¿Estás feliz por todos en tu vida? ¿Estás contento con los éxitos, las cualidades y las bendiciones de los demás? ¿O hay en ti una raíz de amarga envidia por lo que otros tienen y tú no? La ira puede llevar a la locura momentánea, pero la envidia consumirá y destruirá tu vida lentamente. La ira da lugar al diablo (Ef 4:26-27), pero la envidia es la condenación del diablo (Is 14:14; 1 Ti 3:6). ¡Sé sabio, arrepiéntete, y quita este pecado de tu alma para que vivas!

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NO HEREDARÁN EL REINO DE DIOS 


















































Monday, December 29, 2025

QUE OTRO TE ALABE


Alábete el extraño, y no tu propia boca; El ajeno, y no los labios tuyos” (Pr 27:2).

Audio

No hables de ti. Evítalo tanto como te sea posible. Aunque es fácil caer en esto, hablar de ti no es para nada sabio. No crecerás en el favor de Dios o de los hombres haciéndolo.

No hables de tu trabajo, tu salud, tu familia, tu casa o cualquier otra cosa que sea tuya, alabándote. Piensa y habla acerca del bienestar de los demás y de sus cosas. Haz preguntas sobre ellos, en lugar de hablar sobre tu situación, habilidades, bendiciones u honores. Demasiada miel enfermará a una persona, y la autopromoción y el vanagloriarse ante otros también es enfermante (Pr 25:27).

Aquí hay una diferencia clave entre las personas agradables y las odiosas. Una persona odiosa es una maestra en deslizar sus opiniones, experiencias, conocimientos y su supuesta sabiduría. Pero una persona agradable nunca habla de sí misma. Siempre pregunta, sinceramente, por el bienestar de los demás. Es la opinión de Dios sobre de ti lo que cuenta, no la tuya (2 Co 10:18).

Las personas odiosas se lastiman si no las elogias lo suficiente, si no las escuchas atentamente mientras te cuenten sobre sus vidas y logros. Este increíble egocentrismo es agotador y repugnante. Pero la persona agradable, apacible y afable, negándose a sí misma y sus cosas, siempre pregunta por los demás.

Pablo lo expresa de esta manera: 

“Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo; no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros (Fil 2:3-4). 

Luego describe la muerte del Señor Jesús en este mundo como el mejor caso de humildad y eventual honor de parte de Dios (Fil 2:5-11).

El verdadero amor se define perfectamente en 1 Corintios 13:4-7, donde quince maravillosas frases definen la caridad. Estas cuatro frases se relacionan con este proverbio: 

“... no se jacta, no se envanece, no se comporta indecorosamente, y no busca lo suyo”

Presumir de ti mismo es jactarte; envanecerse es gloriarse; no comportarse indecorosamente es relacionarse con los demás de una forma amable y cortés; y no buscar lo propio es estar más interesado en el bienestar de los demás, que en el tuyo propio.

El Señor enseña: 

“Cuando fueres convidado por alguno a bodas, no te sientes en el primer lugar, no sea que otro más distinguido que tú esté convidado por él, y viniendo el que te convidó a ti y a él, te diga: Da lugar a este; y entonces comiences con vergüenza a ocupar el último lugar. Mas cuando fueres convidado, ve y siéntate en el último lugar, para que cuando venga el que te convidó, te diga: Amigo, sube más arriba; entonces tendrás gloria delante de los que se sientan contigo a la mesa (Lc 14:8-10; Pr 25:6-7).

La alabanza propia, o la jactancia, sólo se justifica en situaciones extremas de defensa de un oficio o del evangelio cristiano. Moisés se defendió contra el rebelde Coré y los príncipes de Israel (Nm 16:15). Samuel se justificó ante Israel para condenarlos por querer un rey (1 S 12:1-5), y Pablo se jactó ante los corintios para defender su oficio apostólico (2 Co 11:10-12; 12:11). Pero Job estaba equivocado, porque no necesitaba hacerlo (Job 32:1-2).

Este proverbio no se aplica a los currículums ni a las entrevistas laborales: tus potenciales empleadores necesitan conocer tus habilidades, capacitación y logros. Cuando David solicitó una oportunidad importante ante Saúl, entró en detalles sobre lo que era capaz de hacer (1 S 17:33-37). Eliú sabía que debía hablarle de su conocimiento superior al anciano Job y a sus tres amigos, dándole la gloria a Dios (Job 32:6-14; 36:1-5). Daniel y sus tres amigos impresionaron correctamente a Nabucodonosor en su examen ante el rey (Dn 1:17-21).

Ser un buen cristiano es una meta noble, si se hace por los motivos correctos (Pr 22:1). Pero la autopromoción es despreciable y avergüenza. La seguridad contra este pecado requiere que te examines a ti mismo por la percepción y las opiniones de los demás. No importa si piensas que no te autopromueves, si los demás piensan que lo haces. Y esto es especialmente cierto, si el Señor piensa que lo haces.

Merecer el elogio de los hombres es una cosa, pero intentar conseguirlo elogiándote a ti mismo es vergonzoso. Timoteo y Demetrio gozaban de gran reputación y merecían ser alabados (2 Co 8:18; 3 Jn 1:12). Pero una característica de estos hombres, puedes estar seguro, era su total falta de autopromoción. Deberías desear una reputación noble, pero la única forma correcta de obtener el elogio de los demás es ganártelo. Si los demás no te elogian, ¡debe haber una razón!

Evita la “falsa humildad”, que en realidad es vanagloria disfrazada del débil intento de darle el crédito a Dios por tus habilidades o logros, como cuando alguien dice: Quiero agradecerle a Dios por darme la capacidad para hacer...” esto o lo otro. El resultado final es alabanza propia indirecta, que no glorifica a Dios ni edifica a nadie.

¿Sabes evitar el yo en la correspondencia tanto como sea posible? ¿Debes ser llamado por tu título académico cada vez que alguien se dirige a ti? El Señor Jesús y Eliú te advierten contra tal vanagloria, especialmente en cuanto al uso de títulos religiosos (Mt 23:5-12; Job 32:21-22). 

“De la abundancia del corazón habla la boca” (Mt 12:34).

¿Hablas demasiado de ti? ¿Eres apacible o vanaglorioso? ¿Cómo puedes saberlo? ¡Fácil! ¿Cuánto quieren escucharte los demás? ¿Cuántos amigos tienes? ¿Tu presencia es buscada o evitada? Esta medida es dolorosa, pero es precisa. Si demuestras un interés sincero en los demás, estimándolos como superiores a ti mismo, no mirando por lo tuyo propio todo el tiempo, sino por el bien de los demás (Fil 2:3-4), acudirán en tropel a ti; serás buscado, necesitado y apreciado.

Padre, enséñale a tu hijo la sabiduría y la virtud de no hablar de sí mismo. Enséñale la gracia de preguntar por el bienestar de los demás tanto como sea posible. Así harás más por su éxito ante Dios y los hombres que presionándolo para conseguir el puntaje más alto en cualquier emprendimiento académico. Enséñale mejor el arte hacer preguntas prudentes y corteses para enterarse tanto como sea posible sobre cómo puede ayudar a los demás en lo que esté a su alcance.

De estos dos mandamientos depende toda la religión verdadera: Ama a Dios con todo tu ser, y ama a tu prójimo como a ti mismo (Mt 22:40). 

Si dices que amas a Dios, entonces debes también aprender a amar a los demás tanto como te amas a ti mismo; así serás grande ante Dios y los hombres. Pero, ¿cuáles son los dos mandamientos de esta generación mala y adúltera? El amor propio y la autoestima. Ámate a ti mismo con todo tu ser, y luego ámate aún más. ¡No es de extrañar que se alaben a sí mismos todo el tiempo!

El Señor Jesús nunca buscó que otros lo alabaran, aunque merecía la alabanza de las personas más que cualquier otro hombre (Mt 8:4; 12:19; 16:20). Aunque es el Hijo de Dios, te dio un ejemplo perfecto de humildad. Toda su vida terrenal estuvo totalmente dedicada a hacer la voluntad del Padre celestial, y a servir a los demás con miras a su salvación eterna. Este es el cumplimiento perfecto de toda la ley y los profetas (Mt 22:40), que es lo que también debe controlar tu palabra y tus acciones en todo momento.

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ESTA ES LA CLAVE 

NO HEREDARÁN EL REINO DE DIOS 
















































¿ESCUCHAR LA VOZ DE DIOS?



La mayoría de los creyentes quiere oír la voz de Dios cuando se enfrenta a una decisión. Si tan sólo Dios les hablara y les dijera qué decisión tomar o en qué dirección encaminarse. Muchas personas afirman haber escuchado la voz de Dios, diciendo:  “Dios me guió a hacer esto”, cuando en realidad fueron simplemente sus propios pensamientos y deseos los que los llevaron a tomar una determinada decisión.

La principal forma en que Dios nos habla hoy es a través de Su Palabra revelada y escrita. Cuando queremos oír la voz de Dios, debemos buscarla en la Biblia. La mayor parte de la voluntad de Dios para nuestras vidas está ya plenamente revelada en sus páginas, y es simplemente cuestión de que la obedezcamos. Toda la Escritura es la voluntad de Dios, aunque hay unos pocos lugares en la Escritura que utilizan específicamente el término voluntad de Dios, que pueden ser especialmente interesantes para una persona que quiere escuchar la voz de Dios:

 “Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús” (1 Ts 5:18:).

“... pues la voluntad de Dios es vuestra santificación; que os apartéis de fornicación” (1 Ts 4:3).

“... manteniendo buena vuestra manera de vivir entre los gentiles; para que en lo que murmuran de vosotros como de malhechores, glorifiquen a Dios en el día de la visitación, al considerar vuestras buenas obras. Por causa del Señor someteos a toda institución humana, ya sea al rey, como a superior, ya a los gobernadores, como por él enviados para castigo de los malhechores y alabanza de los que hacen bien. Porque esta es la voluntad de Dios: que haciendo bien, hagáis callar la ignorancia de los hombres insensatos” (1 P 2:12-15).

Otros pasajes también nos permiten escuchar la voz de Dios, aunque no usen la frase la voluntad de Dios. Ahora bien, sólo tomando los tres pasajes anteriores, sabemos que un cristiano debe dar siempre gracias en toda circunstancia, evitar la inmoralidad sexual y vivir una vida ejemplar. Si un cristiano no sigue estos claros mandatos dados directamente por Dios a través de la Escritura inspirada, ¿por qué debería esperar escuchar más información de Dios? Si quiere más dirección de Dios, obedezca lo que Él ya ha dicho en la Escritura. Un corazón dispuesto a escuchar y obedecer es la clave para escuchar a Dios. 

La forma principal en que un cristiano escucha la voz de Dios es a través de la lectura y el estudio de las Escrituras y luego obedeciendo y aplicando lo que éstas dicen

La gente suele confiar en “la guía del Espíritu Santo”, de la que se habla en Romanos 8:14. En el contexto, el pasaje habla de que el Espíritu nos aleja de la actividad pecaminosa y nos lleva a confiar en nuestra relación con Dios como Padre. El Espíritu Santo nunca guiará a una persona en contra de lo que Él mismo ya ha revelado en las Escrituras. Si una persona está considerando tener un amorío, el Espíritu sólo guiará en una dirección: la fidelidad matrimonial. El Espíritu podría perfectamente traer a la mente de la persona tentada un versículo como 1 Tesalonicenses 4:3. Cuando el Espíritu guía, no está impartiendo información “nueva”, sino que está imprimiendo en nuestros corazones la verdad que Dios ya ha revelado en las Escrituras y la está aplicando a nuestra situación. Si una persona dice: “ “Dios me dijo” o “El Espíritu me guió a hacer esto o lo otro”, y la acción realizada es contraria a las Escrituras, podemos estar seguros de que la persona está equivocada.

También podemos escuchar la voz de Dios cuando Él habla a través de otras personas: 

“Los pensamientos son frustrados donde no hay consejo; mas en la multitud de consejeros se afirman” (Pr 15:22). 

Varios buenos consejeros pueden ayudarnos a ver una situación desde otra perspectiva. Una vez más, la Biblia es la clave. La predicación bíblica y la literatura cristiana sobre el tema que estamos considerando pueden ser parte de los “consejeros” mencionados en Proverbios 15:22. 

La Palabra de Dios es la brújula. Si un consejero aconseja a una persona a hacer algo contrario a las Escrituras, entonces ese “consejero” está equivocado, sin importar sus títulos. En cambio, si un consejero ayuda a una persona a entender y a aplicar las Escrituras correctamente, entonces ese consejero puede ser útil. 

Los verdaderos buenos consejeros cristianos generalmente pueden ver áreas que un individuo no ve. Un grupo de consejeros puede discernir que la persona que busca escuchar la voz de Dios con respecto a un plan particular, en realidad está buscando la aprobación de su propia agenda personal.

Otra forma de escuchar la voz de Dios es orar y pedir sabiduría: 

“Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada” (Stg 1:5). 

Cuando un cristiano se enfrenta a circunstancias difíciles y necesita escuchar a Dios, debe pedir la sabiduría que Dios promete dar. Esta sabiduría vendrá en última instancia de Dios, pero puede venir también a través de la palabra de un amigo; a través de un sermón, un artículo o un libro; o por la guía interna del Espíritu Santo. Una vez más, la Palabra de Dios Escrita es la norma por la cual se deben juzgar todos los pensamientos, acciones, ideas y sentimientos.

En este día de profetas autoproclamados y la difusión de “nuevas revelaciones” de Dios, la gente suele confundir la voz de Dios con sus propios pensamientos o las sugerencias de otras personas. Si de veras están escuchando la voz de Dios, entonces el mensaje siempre estará de acuerdo con las Escrituras. Todos deberíamos tener mucho cuidado de no tergiversar a Dios. En lugar de decir: “Dios me dijo esto”, un mejor enfoque sería decir: “Creo que Dios puede estar diciendo esto; ¿qué piensas?”.

Normalmente, la gente quiere escuchar una palabra específica de Dios cuando Él ya ha hablado de forma general. Por ejemplo, una persona puede estar considerando la opción de llevar a la familia a un viaje misionero de corta duración o a unas vacaciones en la playa. Tal vez no sea necesaria una palabra específica de Dios. Lo que realmente se necesita es sabiduría. ¿Qué viaje beneficiará más a la familia? ¿Qué viaje beneficiará más al reino de Dios? La familia se beneficiará edificando el reino. El reino se beneficiará con una familia fuerte. Cualquiera de las dos puede ser una buena elección. Otros factores como los gastos y el estado actual de la familia deben ser considerados. ¿Son los niños egoístas y dominantes y necesitan ver cómo viven otras personas? ¿Está la familia muy estresada y necesita alejarse y relajarse? ¿Son similares los gastos? Si no, ¿cuál pueden pagar? Si van a la playa, ¿buscarán oportunidades para compartir su fe y ser un estímulo para otros creyentes? Si van al viaje misionero, ¿buscarán formas de crear vínculos entre ellos y disfrutar como familia? Ambas opciones son buenas. Ninguna es necesariamente es pecaminosa. Al final, el matrimonio se pone de acuerdo y hacen lo que decidieron de todo corazón, confiando en que, si la decisión es equivocada, Dios les aclarará de alguna manera que deben hacer algo diferente. ¿Cómo lo hará? Probablemente no a través de una voz audible, sino a través de una mezcla de circunstancias, consejos de otras personas, una evaluación de sus prioridades basada en la Palabra de Dios y la falta o la abundancia de paz interior de parte del Espíritu Santo.

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HEAR GOD’S VOICE???

In this episode, I sit down with Dr. Doug Geivett, my co-author and long-time colleague, to discuss a very popular teaching in the church right now: “hearing God’s voice” outside of Scripture.

Doug and I have co-authored four books on the New Apostolic Reformation. In this conversation, which is part of my larger series on "hearing God's voice," we address why the modern expectation of daily private messages from God has become so widespread and why it is spiritually risky.

We respond to real pushback messages I have received, including claims that relying on Scripture to mediate God's voice means you only have a “relationship with a book.” We explain why that argument undermines both biblical authority and true intimacy with God. We also dig into what the Bible actually teaches about the Holy Spirit’s role in the believer’s life, what “being led by the Spirit” means, and why obedience is the biblical foundation for intimacy with God, not chasing impressions, dreams, or inner promptings.



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Saturday, December 27, 2025

CONSIDERA TUS CAMINOS



Al llegar al final del año, es bueno que examinemos nuestras vidas y veamos cómo nos ha ido. El profeta Hageo exhortó al pueblo de su tiempo a “considerar sus caminos”: 

Pues así ha dicho Jehová de los ejércitos: Meditad bien sobre vuestros caminos. Sembráis mucho, y recogéis poco; coméis, y no os saciáis; bebéis, y no quedáis satisfechos; os vestís, y no os calentáis; y el que trabaja a jornal recibe su jornal en saco roto (Hag 1:5-6).

Podemos aplicar este pasaje a nuestra vida de la siguiente manera: El Señor nos desafía diciendo: “Consideren cómo les ha ido en la vida”.

¿Ha habido fruto espiritual? Has sembrado mucho, pero has cosechado poco. Has asistido a muchas reuniones, leído mucho y visto muchos videos cristianos, pero ¿es tu hogar un hogar piadoso y un hogar de paz hoy? ¿Has superado incluso algo tan simple como estar resentido contra tu cónyuge? Si no es así, entonces, aunque has sembrado mucho, has cosechado poco. Te pones prendas de ropa, pero aún tienes frío. Ganas dinero, pero tienes los bolsillos vacíos. Compras cosas que piensas que necesitas, pero no les encuentras ningún uso después de adquiridas. Todo se desperdicia.

Nada es imposible para Dios, ni siquiera llevarnos a su perfecta voluntad después de haber fracasado miserable y repetidamente. Solo nuestra incredulidad puede obstaculizarlo. Si dices: “Pero he cometido tantos errores. Es imposible que Dios ahora me ponga en Su plan perfecto”, entonces será imposible para Dios, porque no puedes creer en lo que Él puede hacer por ti. Pero el Señor Jesús dice que nada es imposible para Dios por nosotros, si tan solo creemos. 

Él nos dice:

“Conforme a vuestra fe os sea hecho” (Mt 9:29).

“Conforme a tu fe te sea hecho”, es la ley de Dios en todos los asuntos de la vida. Recibiremos aquello en lo que creemos, aquello en lo que tenemos fe. 

Si creemos que algo es imposible para Dios, no se cumplirá en nuestras vidas. Por otro lado, descubrirás ante el tribunal de Cristo que otro creyente, que había arruinado su vida más que tú la tuya, cumplió el plan perfecto de Dios para su vida, simplemente porque creyó que Dios podía volver a juntar los pedazos de su vida y transformarla en algo “muy bueno”. ¡Cuánto arrepentimiento sentirás ese día, cuando descubras que no fueron tus fracasos (por muchos que hayan sido) los que frustraron el plan de Dios para tu vida, sino tu propia incredulidad!

“Para esto se manifestó el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo” (1 Jn 3:8). 

Ese versículo significa que el Señor Jesús vino a desatar todos los nudos que el diablo ha atado en nuestras vidas. Imagínatelo así: 

Cuando nacimos, podríamos decir que Dios nos dio a cada uno un ovillo de hilo perfectamente enrollado. A medida que vivimos cada día, empezamos a desenrollar ese ovillo y a hacerle nudos (pecados) al hilo que se suelta de él. Hoy, después de muchos años de desenrollar el ovillo, nos desesperamos al ver los miles de nudos que vemos en el largo e interminable hilo que salido de ese ovillo. Pero el Señor Jesús vino a desatar los nudos que el diablo ha atado. Así que hay esperanza incluso para quienes tienen los hilos más enredados y llenos de nudos.

El Señor puede desatar cada nudo en tu vida y darte de nuevo un ovillo perfecto en tus manos. Este es el mensaje del evangelio: Puedes comenzar de nuevo

Exclamas: “Es imposible. Mi vida está demasiado arruinada. Han sido muchos los años de fracasos y pecados”. 

Pues bien, será hecho en tu vida según tu fe. Será imposible en tu caso. Pero oigo a alguien cuya vida es peor que la tuya decir: “Sí, creo que Dios puede hacer eso en mí”. A él también le será hecho según su fe. En su vida, se cumplirá el plan perfecto de Dios.

Tienes que considerar que el Señor no está corriendo contra el tiempo. El tiempo no significa nada para Él, Él es eterno. El tiempo es un problema para nosotros, que nos vamos envejeciendo y llenando de culpa, remordimientos y lamentos por lo que hemos dejado atrás. Y llega el día en que decimos: “Mi tiempo se acabó, desperdicié mi vida”. 

Si sientes este tipo de tristeza piadosa por todos tus fracasos, considera que incluso si tus pecados son como la grana o rojos como el carmesí, no solo serán emblanquecidos como la nieve, como lo promete el Señor por medio de Isaías (Is 1:18), sino que además Dios te promete:

“... y nunca más me acordaré de sus pecados y de sus iniquidades” (He 8:12). 

Sean cuales sean tus pecados y fracasos de antaño, puedes comenzar de nuevo con el Señor. Y aunque hayas tenido mil nuevos comienzos en el pasado y hayas fracasado en cada uno de ellos, aún puedes comenzar de nuevo hoy y hacer de esta la mil y una vez que comienzas de nuevo. 

El Señor aún puede hacer algo glorioso de tu vida. Mientras tengas vida, tienes esperanza (Ec 9:4). 

Nunca dejes de confiar en el Señor y Su misericordia. Él no puede hacer muchas obras poderosas por muchos de Sus hijos, no porque le hayan fallado en el pasado, sino porque no confían en Él ahora. 

De igual manera, Él puede hacer muchas obras poderosas por muchos de Sus hijos exactamente porque le han fallado en el pasado, y ahora ya no confían más en sí mismos. Este es el punto de partida para Dios en tu vida: cuando has tocado fondo y reconoces que no hay nada bueno en ti que puedas hacer para Él. Es ahora cuando Él puede decirte: 

“Mira lo que yo haré ahora en ti... si tan solo crees en Mí”.

Demos, pues, gloria a Dios fortaleciéndonos en la fe (Ro 4:20), confiando en Él en los días venideros para las cosas que hasta ahora considerábamos imposibles. Todas las personas, hombres, mujeres y niños, jóvenes y viejos, pueden tener esperanza, sin importar cuánto hayan fracasado en el pasado, si tan solo reconocen sus fracasos, son humildes y confían en que Dios todavía quiere, y puede, hacer algo glorioso en ellos.

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Friday, December 26, 2025

NUNCA TENDRÁS EL HOY DE VUELTA




“No te jactes del día de mañana; Porque no sabes qué dará de sí el día” (Pr 27:1).

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Tu futuro es conocido hoy. Considéralo. Puede que mañana no estés vivo. Dios te ha dado el hoy, y debes usarlo sabiamente. Dios tiene tu futuro en Su mano, así que tus planes deben ser humildes y modestos.

Mañana podría traer lluvia, la pérdida de tu trabajo, la partida de tu cónyuge, un accidente automovilístico, un diagnóstico de cáncer, o incluso la muerte. No puedes prever o detener ninguno de estos eventos. Tu perspectiva de la vida y tu futuro podrían cambiar drásticamente en las próximas horas.

Nunca tendrás el hoy de vuelta. ¿A quién deberías demostrarle amor hoy en caso de que no tengas un mañana? ¿A quién debes perdonar? ¿A quién debes agradecer? ¿A quién debes consolar? Sobre todo, ¿qué puedes o debes darle hoy a Dios en arrepentimiento, confesión, alabanza y conducta para honrarlo?

Nunca tendrás el hoy de vuelta. Vigila tus pensamientos, palabras y acciones, para que no te cuesten consecuencias dolorosas mañana, o culpa y vergüenza por la eternidad. Una vida santa es una serie de días piadosos juntos. Asegúrate de que hoy sea el día más brillante de esa cadena.

La sabiduría de Dios dice que gran ganancia es la piedad acompañada de contentamiento (1 Ti 6:6). ¿Estás viviendo hoy tan piadosamente como debes y estás contento con lo que Dios ya te ha dado? Esta es la manera de maximizar la vida y evitar la jactancia pecaminosa en el mañana.

No digas en voz alta lo que harás en el futuro. En cualquier declaración sobre tus planes para el futuro, presenta humildemente tu vida y tus planes con estas palabras: 

“Si el Señor quiere” (Stg 4:15). 

Este es el mandato de Dios para tu vida, y cualquier otro enfoque es pecado.

No presumas de reconciliar a las partes ofendidas en el futuro. Podrías ir a ellos hoy. No postergues ningún asunto importante hoy por el pensamiento tonto de que tendrás mañana. Humildemente satisface hoy a la corte del cielo y de la tierra usando sabiamente tus horas.

La esperanza de vida se basa en promedios, pero no existe un promedio para ti. De hecho, puedes morir prematuramente para cumplir el promedio que predicen las compañías de seguros. Si la esperanza promedio de vida es de 73 años (Sal 90:10), hay quienes mueren a los 23, a los 53 y a los 93, y todavía la predicción estadística se cumple.

¿Por qué la mayoría se sorprende con la muerte, si es una certeza que ninguna persona sensata niega? Porque secretamente acarician la ilusión de que vivirán mañana. Todas las personas se jactan del mañana de varias maneras. Y una de las formas más comunes es ignorar la muerte incluso mientras se la espera para los demás.

No sabes si morirás mañana o qué más pueda pasar, pero responderás por todos los aspectos de hoy en el Día del Juicio (Ro 14:10-12; 2 Co 5: 9-11). Por lo tanto, la lección es vivir una vida piadosa y sabia hoy, y someter todos tus planes humildemente al Señor.

¿Qué debes hacer? Debes vivir un día a la vez. Debes considerar cada día como un regalo y usarlo sabiamente para la gloria de Dios (Sal 90:12; Ro 14:7-9). Debes vivir y amar a la manera de Dios, para que cualquier pérdida que te traiga el mañana no perturbe la salvación eterna de tu alma.

Los negocios y otros planes deben someterse a la voluntad soberana de Dios, porque solo Él conoce el mañana (Stg 4:13-16). Los planes hechos sin esta sumisión al Señor son pecado. Presumir con planes estratégicos o presupuestos no sólo es pecaminoso, sino estúpido; tales planes son meras especulaciones.

El Señor Jesús dice: 

“No os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal” (Mt 6:34). 

¡Qué preciosa sabiduría! No te preocupes por el mañana. Se cuidará solo. Tienes suficiente mal hoy para mantenerte ocupado con él. Sólo ora: 

El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy” (Mt 6:11).

Los necios planean estar bien con Dios mañana, pero ese día nunca llega. Siempre tienen excusas. Félix, temblando por la predicación de Pablo, le dijo: 

“Ahora vete; pero cuando tenga oportunidad te llamaré” (Hch 24:25). 

Nunca tuvo esa oportunidad. Tienes que ser piadoso y sabio hoy, no presumas de tener un mañana.

Los niños y los jóvenes tonta e impacientemente presumen de muchos mañanas, porque anhelan placeres futuros imaginarios en lugar de apreciar el presente. Los de mediana edad esperan llegar a la vejez. Los ancianos creen con imprudencia que sobrevivirán a sus vecinos. Tales delirios sobre el futuro son una locura. Los minutos de lectura de este comentario podrían ser tus últimos.

El Señor Jesús habló de un hombre rico y exitoso que con presunción planeó para muchos años por venir, pero murió esa misma noche (Lc 12:16-21). Dios lo llamó “Necio” por tal arrogancia. Y tú no eres más sabio, si no usas el día de hoy para agradar al Señor.

Una de las mejores formas de vivir es considerar hoy tu último día en la tierra. Si supieras que morirás esta noche e inmediatamente te enfrentarás a tu Creador, ¿cómo vivirías hoy? Tus variaciones a esta perspectiva prueban que estás jactándote de tener asegurado un mañana. Igual que el necio de la parábola del Señor, no lo dices en voz alta, pero se lo dices en secreto a tu alma (Lc 12:16).

El Señor Jesucristo, el único y sabio Dios, ¿te encontrará preparado para tu encuentro con Él en la hora final? Podrías morir hoy. Él regresará pronto. El cielo y el infierno son de gran importancia. ¿Vivirás hoy en consecuencia? ¿O cometerás el error fatal de planificar para el mañana, y morir hoy?

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