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Saturday, May 2, 2026

EL SACRIFICIO DE JEFTÉ AL SEÑOR



El relato histórico sobre Jefté se encuentra en Jueces 11:1-40. 

Los israelitas le piden a Jefté que se convierta en su caudillo y les ayude a luchar contra los amonitas. Jefté acepta y comienza a comunicarse con los amonitas. Jefté relata históricamente por qué Israel tiene derecho a la tierra y por qué los amonitas se equivocaron al atacarlos. Preparándose para la batalla, Jefté hace el siguiente voto a Dios:

Y Jefté hizo voto a Jehová, diciendo: Si entregares a los amonitas en mis manos, cualquiera que saliere de las puertas de mi casa a recibirme, cuando regrese victorioso de los amonitas, será de Jehová, y lo ofreceré en holocausto” (Jue 11:30-31).

Tras derrotar a los amonitas, Jefté regresa a su casa, y la primera en salir a recibirlo es su única hija. Jefté rasga sus vestiduras y le habla de su voto. Ella le pide que cumpla su promesa, pero que le permita ir a las montañas con algunas compañeras durante dos meses para llorar su virginidad. Jefté accede, y entonces se nos dice que: 

“... hizo de ella conforme al voto que había hecho” (Jue 11:39).

¿Qué nos dice este pasaje? ¿Mató Jefté a su hija para cumplir el voto hecho a Dios?

Si Jefté mató a su hija, podemos estar seguros de que Dios no lo aprobó. El sacrificio infantil está claramente condenado en el Antiguo Testamento. En este caso, la historia de Jefté describiría sus actos atroces, pero no prescribiría lo que Dios aprueba. El hecho de que Dios usara a un hombre que cometió tal atrocidad no es nada nuevo en lo que respecta a las figuras del Antiguo Testamento. David, Salomón y Abraham fueron hombres que Dios usó para hacer el bien, pero fueron también hombres que pecaron gravemente ante el Señor y los hombres. 

¿Existe otra manera de interpretar la historia de Jefté?

Parecen haber en el texto tres pistas que sugieren que algo diferente podría haber sucedido con la hija de Jefté.

La primera pista es que Jefté conocía la Ley de Moisés. Jefté explica con detalle la historia de Israel, Moab y Amón en Jueces 11:16-26. El relato de Jefté sigue el orden exacto de los acontecimientos descritos en Números 20-22. Jefté también parece estar al tanto de lo que dice Números 30:2: 

“Cuando alguno hiciere voto a Jehová, o hiciere juramento ligando su alma con obligación, no quebrantará su palabra; hará conforme a todo lo que salió de su boca (Nm 30:2).

Jefté no solo conocía la Ley, sino que parece que educó a su hija para que la conociera también y temiera al Señor. Tras enterarse del voto de su padre, ella le dice: 

“Padre mío, si le has dado palabra a Jehová, haz de mí conforme a lo que prometiste, ya que Jehová ha hecho venganza en tus enemigos los hijos de Amón. Y volvió a decir a su padre: Concédeme esto: déjame por dos meses que vaya y descienda por los montes, y llore mi virginidad, yo y mis compañeras” (Jue 11:36). 

Dado que Jefté conocía la Ley de Moisés e incluso educó a su hija para que la conociera, resulta extraño que ignorara todos los pasajes que prohíben el sacrificio de hijos (Lv 18:21;20:3; Dt 12:31; 18:10) y que pasara por alto que la pena por el sacrificio de un hijo era la lapidación (Lv 20:2). También resulta extraño que Jefté desobedeciera un mandato claro de Dios para obedecer otro mandato divino. 

¿Qué está sucediendo aquí?

La segunda pista se encuentra en el voto que hizo Jefté. En hebreo, la letra vav se usa como conjunción para unir dos partes de la oración. En español, tenemos muchas palabras que funcionan como conjunciones. No ocurre lo mismo en hebreo. La letra vav representa varias conjunciones diferentes. Puede significar y, junto con, pero, así que, entonceso. Muchos comentaristas han traducido esta conjunción vav como o.

Si este es el caso, entonces el voto de Jefté dice: 

“Y Jefté hizo voto a Jehová, diciendo... cualquiera que saliere de las puertas de mi casa a recibirme... será de Jehová, o lo ofreceré en holocausto” (Jue 11:31). 

Este voto podría interpretarse en el sentido de que si lo primero que saliera de la casa era apropiado para ser ofrecido como holocausto, Jefté lo ofrecería como tal. Sin embargo, si lo primero que saliera de la casa no era apropiado para ser ofrecido como holocausto, “será de Jehová”, lo que significa que sería consagrado (no sacrificado) al Señor. 

La tercera pista que nos ayuda a aclarar si la hija de Jefté fue ofrecida en holocausto o consagrada al Señor es que al oír ella el voto de su padre, pidió dos meses de luto por su virginidad. Esto resulta extraño si iba a ser asesinada. ¿Por qué no guardar luto por su muerte inminente? ¿Por qué no casarse con un hombre durante dos meses? De seguro no le faltarían pretendientes a una jovencita virgen hija del victorioso caudillo de Israel. El yerno viudo de Jefté habría sido considerado como su hijo, dándole a Jefté la oportunidad de prolongar su descendencia.

Dado que la hija de Jefté lamentó su virginidad, parece aceptable la interpretación que dice que su destino fue la de consagrarse al Señor y vivir como virgen perpetua. Esta idea se ve reforzada por el énfasis que el texto pone en su virginidad como parte del voto de su padre: 

Pasados los dos meses volvió a su padre, quien hizo de ella conforme al voto que había hecho. Y ella nunca conoció varón (Jue 11:39). 

Esto habría supuesto un enorme sacrificio por parte de Jefté, considerando que solo tenía una hija, y ninguna esposa. Al consagrar a su hija al Señor, Jefté no tendría ni siquiera nietos que continuaran su linaje. Si esto es correcto, el voto de Jefté sería similar al que Ana hizo al consagrar a su hijo Samuel al Señor (1 S 1:9-11).

El Antiguo Testamento requiere cuidado y diligencia al estudiarlo. Pero si nos tomamos el tiempo de investigar el texto e interpretarlo con atención, podemos esclarecer pasajes difíciles.

Sólo queda una pregunta por contestar: 

¿A qué, exactamente, se consagró la hija de Jefté? 

Durante el tiempo de los jueces, incluyendo el periodo de Jefté, el tabernáculo estaba establecido en Silo. Allí habría ido la hija de Jefté para cumplir el voto de su padre. Como la participación de las mujeres en el tabernáculo se limitaba a labores de limpieza, recolección de leña para el altar, y otras tareas de manutención semejantes, su vida parece haber sido realmente un sacrificio vivo. Tal vez algo similar a este trasfondo era lo que Pablo tenía en mente cuando escribió a los Romanos:

Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional (Ro 12:1).

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