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jueves, 7 de julio de 2011

MIRAD QUE NADIE OS ENGAÑE (Mt.24:4)


La idea de que la tribulación y la prueba son parte de la vida de un creyente no es popular entre las iglesias hoy en día. Como resultado, la severa tribulación a manos del Anticristo causará estupor en muchos cristianos que se verán en medio de ella sin ninguna preparación para enfrentarla. Se preguntarán dónde está el Señor Jesús, por qué tarda y, algunos, si en realidad va a volver alguna vez. En Su Discurso del Monte de los Olivos, el Señor Jesús anticipó estas preocupaciones y advirtió reiteradamente a Sus seguidores que no debían dejarse engañar. Él describió la Abominación Desoladora, la Gran Tribulación y la aparición de muchos falsos cristos que se aprovecharán de los temores de los creyentes. Su lenguaje es enfático:“Entonces, si alguno os dijere: Mirad, aquí está el Cristo, o mirad, allí está, no lo creáis. Porque se levantarán falsos Cristos, y falsos profetas, y harán grandes señales y prodigios, de tal manera que engañarán, si fuere posible, aun a los escogidos. Ya os lo he dicho antes. Así que, si os dijeren: Mirad, está en el desierto, no salgáis; o mirad, está en los aposentos, no lo creáis. Porque como el relámpago que sale del oriente y se muestra hasta el occidente, así será también la venida del Hijo del Hombre” (Mt. 24:23–27). ¿Cómo sabremos cuándo el verdadero Cristo venga? El Señor Jesús le dijo a sus seguidores que no habría forma de que alguien imitara la señal de Su venida: “Porque como el relámpago que sale del oriente y se muestra hasta el occidente, así será también la venida (parusía) del Hijo del Hombre”.


Muchos pretribulacionistas han usado la frase “Porque como el relámpago que sale del oriente y se muestra hasta el occidente” para destacar tanto lo repentino de la aparición de Cristo como su inminencia. Sin embargo, en vista de las inequívocas señales de Su venida, esta frase parece referirse más a que esta señal es la original, y no a que es inminente. Cuando el Señor Jesús se manifieste, no habrá ninguna duda. Regresará en gloria y majestad para tomar a Su Novia y, como en la parábola de la fiesta del hombre rico (Lc. 14:16–24), todos aquellos que despreciaron la invitación no podrán entrar después.

Debido a que el pretribulacionismo enseña que los creyentes no necesitan prepararse espiritualmente para la Gran Tribulación muchos cristianos estarán espiritualmente débiles para efrentarla. Tristemente, este hecho, en sí mismo, es también un cumplimiento de la profecía. El Señor Jesús estaba dolorosamente consciente de la falta de preparación espiritual que tendrán los creyentes que enfrenten los últimos tiempos, y continuamente enfatizó el tema de la preparación. Tres veces en Su descripción de la Gran Tribulación advierte a los creyentes a perseverar pacientemente en medio del sufrimiento y a no esperar verlo a Él antes del tiempo estipulado: “(1) Entonces, si alguno os dijere: Mirad, aquí está el Cristo, o mirad, allí está, no lo creáis. (2) Porque se levantarán falsos cristos, y falsos profetas, y harán grandes señales y prodigios, de tal manera que engañarán, si fuere posible, aun a los escogidos. Ya os lo he dicho antes. (3) Así que, si os dijeren: Mirad, está en el desierto, no salgáis; o mirad, está en los aposentos, no lo creáis” (vs. 23–26).

Como si estas advertencias no fueran suficientes, inmediatamente después de la descripción del arrebatamiento y Su glorioso regreso, el Señor Jesús retoma el tema de la preparación. Esta vez, compara Su regreso a los tiempos de Noé: “Porque como en los días antes del diluvio estaban comiendo y bebiendo, casándose y dando en casamiento, hasta el día en que Noé entró en el arca,  y no entendieron hasta que vino el diluvio y se los llevó a todos, así será también la venida del Hijo del Hombre” (vs. 38–39). Justo cuando Sus seguidores pensaban que ya habían captado el mensaje, el Señor Jesús ilustra el punto de nuevo, esta vez con la parábola de las vírgenes insensatas (Mt. 25:1–13): “Entonces el reino de los cielos será semejante a diez vírgenes que tomando sus lámparas, salieron a recibir al esposo. Cinco de ellas eran prudentes y cinco insensatas. Las insensatas, tomando sus lámparas, no tomaron consigo aceite; mas las prudentes tomaron aceite en sus vasijas, juntamente con sus lámparas. Y tardándose el esposo, cabecearon todas y se durmieron. Y a la medianoche se oyó un clamor: !Aquí viene el esposo; salid a recibirle! Entonces todas aquellas vírgenes se levantaron, y arreglaron sus lámparas. Y las insensatas dijeron a las prudentes: Dadnos de vuestro aceite; porque nuestras lámparas se apagan. Mas las prudentes respondieron diciendo: Para que no nos falte a nosotras y a vosotras, id más bien a los que venden, y comprad para vosotras mismas. Pero mientras ellas iban a comprar, vino el esposo; y las que estaban preparadas entraron con él a las bodas; y se cerró la puerta”.

El Señor está anticipando un tiempo en que creyentes sin preparación espiritual necesitarán desesperadamente prestar atención a estas advertencias. Por esta razón, pensamos que es importante comprender que todas las mujeres de esta parábola eran vírgenes. En otras palabras, eran creyentes; o al menos profesaban serlo. Es importante, también, comprender que el Novio viene a la medianoche, a la hora más oscura, cuando es menos esperado. Aunque muchos estudiosos de la profecía usan este pasaje para ilustrar la importancia de prepararse para el retorno de Cristo, pasan por alto el hecho de que también se refiere al momento en que ocurrirá. El Novio viene a la hora más oscura de la noche, después de un prolongado tiempo de aflicción y desesperación  (no en un momento de prosperidad y plenitud, como se enseña comúnmente). Su llegada es tan tardía que las vírgenes se han quedado dormidas.

En el contexto del regreso del Novio, esta parábola nos dice que el Señor Jesús regresará a una hora mucho más tardía de la esperada, no a tiempo para salvar a los creyentes de la severa persecución que caracterizará a la Gran Tribulación. Por esto el Señor Jesús advierte: “Ya os lo he dicho antes”.

A muchos pretribulacionistas les gusta utilizar el último versículo de este pasaje: “Velad, pues, porque no sabéis a qué hora ha de venir vuestro Señor”, como prueba de la existencia de un arrebatamiento inminente. Es cierto que este elemento de sorpresa es reiterado varias veces en el Nuevo Testamento. Pero, ¿significa esto que el arrebatamiento podría ocurrir en cualquier momento? Esta advertencia también aparece un capítulo antes, en Mateo 24:42–44: “Velad, pues, porque no sabéis a qué hora ha de venir vuestro Señor. Pero sabed esto, que si el padre de familia supiese a qué hora el ladrón habría de venir, velaría, y no dejaría minar su casa. Por tanto, también vosotros estad preparados; porque el Hijo del Hombre vendrá a la hora que no pensáis”. En ambos pasajes, el Señor Jesús se está dirigiendo a los apóstoles, quienes son creyentes (o al menos, personas que profesaban ser creyentes, como en el caso de Judas). Es extraño. Tiene sentido que Su venida sorprenda al mundo incrédulo, sin importar cuándo ocurra. Este es el mensaje de Pablo en 1 Tesalonicenses. 5:2: “Porque vosotros sabéis perfectamente que el día del Señor vendrá así como ladrón en la noche”. Pero,  ¿cómo podría ser así para los creyentes? Los pretribulacionistas insisten que esto es así porque Él podría venir en cualquier momento. Y, sin embargo, ya hemos establecido que este evento será precedido por señales de advertencias inequívocas, que no deberían pasar desapercibidas por los hijos de Dios. Como Pablo dice: “Mas vosotros, hermanos, no estáis en tinieblas, para que aquel día os sorprenda como ladrón” (1 Ts. 5:4).

¿Cómo es que los creyentes, que han sido advertidos que habrán señales que precederán la venida del Señor, aun corren el riesgo de que aquel día los sorprenda sin preparación? ¿Podría ser esto porque están esperando que el Señor Jesús regrese antes de que comience la Gran Tribulación? Un arrebatamiento pretribulacional es lo que la mayoría de los creyentes de hoy espera —si es que en realidad esperan algo en cuanto al tema. El momento menos esperado para el arrebatamiento es después de que la Gran Tribulación haya comenzado. Si la lección de la parábola de las vírgenes insensatas es que el Señor Jesús regresará cuando menos lo esperen, ¿no es un arrebatamiento no-pretribulacional ese momento?

En la parábola de las vírgenes sabias y las insensatas, el Señor Jesús usa la ilustración de una boda judía. Las bodas judías se celebraban comúnmente a la hora de la aparición de la estrella vespertina. Según la parábola, el Novio se retrasa hasta la medianoche, algo así como siete horas, mucho más allá de lo que la tradición lo habría esperado. Así, también, la venida del Novio se retrasará, mucho más allá de lo que la tradición de la Iglesia lo espera.