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Sunday, March 22, 2026

LA JUSTIFICACIÓN




En pocas palabras, justificar es declarar justo. La justificación es un acto de Dios por el cual Él declara justo al pecador debido a su fe en Cristo. 

La idea fundamental de la justificación es la declaración de Dios, el juez justo, de que el hombre que cree en Cristo, por pecador que sea, es justo. Es considerado justo, porque en Cristo ha entrado en una relación justa con Dios.

Entendida correctamente, la justificación tiene que ver con la declaración de Dios sobre el pecador, no con ningún cambio dentro de él

Es decir, la justificación, en sí misma, no hace santo a nadie; simplemente declara que no es culpable ante Dios y, por lo tanto, es tratado como santo. El cambio real hacia la santidad en el pecador se produce con la santificación, que está relacionada con la justificación, pero, a efectos de definición, se distingue de ella. La santificación es el proceso por el cual un justo se aparta más y más del mundo a medida que su relación con el Señor crece.

Un pasaje clave que describe la justificación en relación con los creyentes es Romanos 3:21-26: 

“Pero ahora, aparte de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios, testificada por la ley y por los profetas; la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen en él. Porque no hay diferencia, por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados, con la mira de manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús” (Ro 3:21-26).

Hay que señalar varios hechos importantes sobre la justificación:

• La justificación viene aparte de la ley; es decir, no podemos ganar la justificación mediante el cumplimiento de las leyes, reglas, normas o nuestras propias buenas obras.

• La justificación es posible gracias a la muerte sacrificial de Cristo; se basa en la sangre derramada de Cristo.

• La justificación es un don gratuito y misericordioso de Dios otorgado a quienes reciben por fe el sacrificio de Jesucristo.

• La justificación demuestra la justicia de Dios.

Hay varias cosas relacionadas con la justificación de Dios del pecador:

1) La remisión de la pena del pecado, que es la muerte (Ro 3:23; 8:1; 1 Pedro 2:24).

2) La restauración del favor de Dios, que se había perdido debido a nuestros pecados (Jn 3:36). Por lo tanto, la justificación es más que una absolución; es una aceptación plena. Ahora somos amigos de Dios (Stg 2:23) y coherederos con Cristo (Ro 8:17).

3) La imputación de la justicia, que es el reconocimiento de la justicia de Cristo en nuestra cuenta (Ro 4:5-8). Somos declarados justos jurídicamente (legalmente) porque: 

“Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él” (2 Co 5:21).

Somos justificados, declarados justos, en el momento de nuestra salvación. El Señor Jesucristo completó la obra necesaria para nuestra justificación en la cruz. 

Pues mucho más, estando ya justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira [de Dios] (Ro 5:9). 

Luego fue 

“resucitado para nuestra justificación” (Ro 4:25).

Surge la pregunta: “¿Es justa la justificación? Si Él es santo, ¿cómo puede Dios perdonar a un pecador culpable?”

La respuesta es que la justificación no excusa nuestros pecados, ni los ignora, ni los aprueba. Más bien, nuestros pecados son castigados plenamente, ya que Cristo ha tomado nuestro castigo por nosotros. Él es nuestro sustituto (1 P 3:18). Debido a que la ira de Dios se satisfizo en Cristo (Is 53:4-6), estamos libre de condenación (Ro 8:1), y Dios sigue siendo 

“el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús” (Ro 3:26).

Debido a que Dios nos justifica por gracia mediante la fe en Cristo, ahora tenemos paz con Dios (Ro 5:1). Al igual que el sacerdote Josué, hemos sido despojados de nuestras “vestiduras viles” (Zac 3:4) y, al igual que el hijo pródigo de la parábola, ahora estamos vestidos con “la mejor ropa (Lc 15:22). Dios Padre nos ve como perfectos e inmaculados, y debemos ocuparnos “en buenas obras” (Tit 3:14).

Romanos 5:18-19 resume la base y el resultado de la justificación: 

 Así que, como por la transgresión de uno vino la condenación a todos los hombres, de la misma manera por la justicia de uno vino a todos los hombres la justificación de vida. Porque así como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno, los muchos serán constituidos justos (Ro 5:18-19).

LA IMPORTANCIA DE LA DOCTRINA

La enseñanza de la justificación por fe es lo que separa el cristianismo bíblico de todos los otros sistemas de creencias. En cada religión, y en algunas variaciones de lo que se llama “cristianismo”, el hombre labra su camino hacia Dios. El hombre es salvo por justificación sólo en el cristianismo verdadero y bíblico, como resultado de la gracia por medio de la fe. Sólo cuando nos volvemos a la Biblia, podemos ver que la justificación es por fe y no por obras.

La palabra justificado significa “pronunciado o tratado como justo”

Para un cristiano, la justificación es el acto de Dios que no sólo perdona los pecados del creyente, sino que le aplica la justicia de Cristo. La Biblia afirma en varios lugares que la justificación sólo viene a través de la fe (Ro 5:1; Gl 3:24). 

La justificación no se obtiene a través de nuestras propias obras; por el contrario, estamos cubiertos por la justicia de Jesucristo (Ef 2:8; Tit 3:5). El cristiano, al ser declarado justo, es por lo tanto liberado de la culpa del pecado.

La justificación es una obra completa de Dios y es instantánea, a diferencia de la santificación, que es un proceso continuo de crecimiento por el cual nosotros nos asemejamos más al Señor Jesús. El proceso de la santificación comienza una vez que hemos sido justificados.

Entender la doctrina de la justificación es importante para un cristiano. En primer lugar, es el conocimiento de la justificación y de la gracia lo que motiva las buenas obras y el crecimiento espiritual; por lo tanto, la justificación conduce a la santificación. Asimismo, el hecho de que la justificación es una obra completa de Dios, significa que los cristianos tenemos la seguridad de la salvación mientras permanezcamos creciendo en la fe (Mt 10:22; 24:13; Mr 13:13). A los ojos de Dios, los creyentes tenemos la justicia necesaria para obtener la vida eterna.

Sin una comprensión de que la justificación solo es por fe, no podemos verdaderamente percibir el glorioso don de la gracia; el favor inmerecido de Dios pasa a ser merecido en nuestras mentes y comenzamos a pensar que merecemos la salvación. 

La doctrina de la justificación por la fe nos ayuda a mantener una sincera fidelidad a Cristo (2 Co 11:3). Comprender la justificación por la fe, nos impide caer en la mentira de que podemos ganar el cielo. No hay ritual, no hay sacramento ni ningún acto que pueda hacernos dignos de la justicia de Cristo. Es solo por Su gracia, en respuesta a nuestra fe, que Dios nos ha acreditado la santidad de Su Hijo

Tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento dicen: 

“Mas el justo por la fe vivirá (Hab 2:4; Ro 1:17; Gl 3:11; He 10:38).

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