En nuestro artículo LA APOSTASÍA ES UNA DOCTRINA BÍBLICA abordamos el tema de la apostasía desde el punto colectivo. En el presente artículo veremos el tema desde el punto del individuo, pero después de repasar ciertos principios generales.
¿Qué Es La Apostasía Y Cómo Reconocerla?
Apostasía, de la palabra griega apostasia, significa “un desacato a un sistema o autoridad establecido; una rebelión; un abandono o ruptura de la fe”. Algunos sinónimos castellanos son: relapso, descarriarse, reincidir (en el pecado), apartamiento, alejamiento, descreimiento, desencanto (de la fe), recaída, caída (de la gracia), volverse atrás, dejar de creer (o perseverar), desertar.
La palabra apostasía en griego (apostasion) se traduce divorcio en Mateo (Mt 5:31; Mt 19:7) y Marcos (Mr 10:4).
En el primer siglo, apostasía era un término técnico para referirse a una rebelión o deserción política. Al igual que en el siglo I, la apostasía espiritual ha sido una perenne amenaza al Cuerpo de Cristo.
Con respecto a la apostasía, es fundamental que todos los cristianos comprendamos dos cosas importantes: (1) cómo reconocerla a ella y a los maestros apóstatas, y (2) por qué la enseñanza apóstata es tan peligrosa.
Las Formas De Apostasía
Para identificar plenamente y combatir la apostasía, los cristianos deben entender sus distintas formas y los rasgos que caracterizan a sus doctrinas y maestros. En cuanto a las formas de apostasía, hay dos categorías principales: (1) el abandono de las doctrinas fundamentales y verdaderas de la Biblia por las enseñanzas heréticas que pretenden ser “la verdadera” doctrina cristiana, y (2) la total renuncia a la fe cristiana, que se traduce en un abandono total de Cristo.
La primera forma de apostasía es la negación de las verdades cristianas fundamentales (como la divinidad de Cristo) que da comienzo a una caída cuesta abajo hacia el abandono total de la fe, que constituye la segunda forma de apostasía. La segunda forma casi siempre comienza con la primera. Una creencia herética se convierte en una enseñanza herética que se fragmenta y crece hasta que contamina todos los aspectos de la fe de una persona, y finalmente se cumple el objetivo final de Satanás, el cual es alejarse completamente del cristianismo.
Las Características De La Apostasía Y Los Apóstatas
Judas era hermanastro de Jesús y líder de la iglesia primitiva. En su carta del Nuevo Testamento, describe cómo reconocer la apostasía y exhorta encarecidamente a los miembros del cuerpo de Cristo a contender ardientemente por la fe (Jud 1:3). La palabra griega traducida contender ardientemente (gr., epagonizomai) es un verbo compuesto del que obtenemos la palabra agonizar. Está en presente infinitivo, lo que significa que la lucha será continua. En otras palabras, Judas dice que habrá una lucha constante contra la falsa enseñanza y que los cristianos debemos tomarla tan en serio a tal punto que “agonizamos” por la lucha en la que estamos comprometidos. Además, Judas deja claro que cada cristiano está llamado a esta lucha, no sólo los líderes de la iglesia, así que es fundamental que todos los creyentes agudicen sus habilidades de discernimiento para que puedan reconocer y prevenir la apostasía en su entorno.
Después de exhortar a sus lectores a contender fervientemente por la fe, Judas indica la razón: “Porque algunos hombres han entrado encubiertamente, los que desde antes habían sido destinados para esta condenación, hombres impíos, que convierten en libertinaje la gracia de nuestro Dios, y niegan a Dios el único soberano, y a nuestro Señor Jesucristo” (Jud 1:4). En este versículo, Judas presenta a los cristianos tres rasgos de la apostasía y de los maestros apóstatas:
Primero, Judas dice que la apostasía puede ser sutil. Los apóstatas han “entrado” en la iglesia. En griego extrabíblico, el término que usa Judas describe la astucia de un abogado que, a través de una argumentación inteligente, se infiltra en las mentes de los funcionarios de la corte y pervierte su pensamiento. La palabra significa literalmente “deslizarse de lado; entrar sigilosamente; colarse”. En otras palabras, Judas dice que es raro que la apostasía comience de una manera abierta y que sea fácilmente detectable. Por el contrario, se parece mucho a la doctrina de Arrio: sólo una letra, la iota, diferencia la enseñanza falsa de la verdadera.
Tan hábil es el error para imitar a la verdad, que ambos se confunden constantemente. Se requiere una vista aguda en estos días para saber qué hermano es Caín y cuál es Abel.
El apóstol Pablo también habla del comportamiento exteriormente agradable de los apóstatas y de sus enseñanzas: “Porque estos son falsos apóstoles, obreros fraudulentos, que se disfrazan como apóstoles de Cristo. Y no es maravilla, porque el mismo Satanás se disfraza como ángel de luz” (2 Cor 11:13-14). En otras palabras, no esperes que los apóstatas parezcan malos por fuera o que pronuncien palabras dramáticas de herejía al comienzo de su enseñanza. En lugar de negar la verdad rotundamente, los apóstatas la tergiversarán para adaptarla a su propia agenda: “Las peores formas de maldad consisten en perversiones de la verdad”.
En segundo lugar, Judas describe a los apóstatas como “impíos” y como aquellos que usan la gracia de Dios como una licencia para cometer actos de maldad. Comenzando con “impíos”, Judas describe dieciocho rasgos poco halagadores de los apóstatas: son impíos (Jud 1:4), moralmente pervertidos (Jud 1:4), que niegan a Cristo (Jud 1:4), los que mancillan la carne (Jud 1:8), rebeldes (Jud 1:8), los que blasfeman de los ángeles (Jud 1:8), los que ignoran a Dios (Jud 1:8), los que proclaman falsas visiones (Jud 1:10), autodestructivos (Jud 1:10), murmuradores (Jud 1:16), buscadores de faltas (Jud 1:16), autocomplacientes (Jud 1:16), gente que usa palabras arrogantes y falsos halagos (Jud 1:16), se burlan de Dios (Jud 1:18), los que causan divisiones (Jud 1:19), de mentalidad mundana (Jud 1:19), y finalmente (y no sorprendentemente), no tienen el Espíritu (Jud 1:19).
Tercero, Judas dice que los apóstatas “niegan a nuestro único Maestro y Señor, Jesucristo”. ¿Cómo es que los apóstatas hacen esto? Pablo nos dice en su carta a Tito, “Todas las cosas son puras para los puros, mas para los corrompidos e incrédulos nada les es puro; pues hasta su mente y su conciencia están corrompidas. Profesan conocer a Dios, pero con los hechos lo niegan, siendo abominables y rebeldes, reprobados en cuanto a toda buena obra”. (Tit 1:15-16). A través de su comportamiento injusto, los apóstatas muestran su verdadero yo. A diferencia de un apóstata, un verdadero creyente es alguien que ha sido liberado del pecado a la justicia en Cristo y que se niega a continuar en el pecado (Ro 6:1-2).
En última instancia, la señal de un apóstata es que eventualmente cae y se aparta de la verdad de la Palabra de Dios y de Su justicia. El apóstol Juan dice que esta es una señal de un falso creyente: “Salieron de nosotros, pero no eran de nosotros; porque si hubiesen sido de nosotros, habrían permanecido con nosotros; pero salieron para que se manifestase que no todos son de nosotros” (1 Jn 2:19).
Las Ideas Tienen Consecuencias
Todos los libros del Nuevo Testamento (excepto Filemón) contienen advertencias sobre la falsa enseñanza y la apostasía. ¿Por qué? Sencillamente porque las ideas tienen consecuencias. Las ideas correctas y sus frutos producen el bien, mientras que las ideas erróneas y las acciones correspondientes acarrean consecuencias indeseables. Por ejemplo, los campos de exterminio de Camboya en los años setenta fueron producto de la visión nihilista del mundo de Jean Paul Sartre y sus enseñanzas. El líder de los Jemeres Rojos, Pol Pot, vivía la filosofía de Sartre hacia el pueblo de una forma clara y aterradora, que se expresaba de la siguiente manera: “Conservarte no beneficia. Destruirte no es ninguna pérdida”.
Satanás no se acercó a la primera pareja en el Jardín con un armamento externo o un arma visible; por el contrario, se acercó a ellos con una idea. Y fue esa idea, la que abrazaron Adán y Eva, y la que los condenó tanto a ellos como al resto de la humanidad, siendo el único remedio la muerte sacrificial del Hijo de Dios.
La gran tragedia es que, consciente o inconscientemente, el maestro apóstata condena a sus confiados seguidores. Hablando a Sus discípulos sobre los líderes religiosos de Su tiempo, Jesús dijo: “Dejadlos; son ciegos guías de ciegos; y si el ciego guiare al ciego, ambos caerán en el hoyo” (Mt 15:14). Resulta alarmante que no sólo los falsos maestros van a la destrucción, sino que sus discípulos les siguen hasta allí. El filósofo cristiano Søren Kierkegaard lo expresó de esta manera: “Porque nunca se ha sabido que un necio, cuando se extravía, no se lleve consigo a varios otros”.
Lamentablemente, hasta que Cristo regrese y se haya eliminado hasta el último enemigo espiritual, habrá cizaña como ésta en medio del trigo (Mt 13:24-30). De hecho, las Escrituras dicen que la apostasía sólo empeorará a medida que se acerque el regreso de Cristo. “Muchos tropezarán [apostatarán] entonces, y se entregarán unos a otros, y unos a otros se aborrecerán” (Mt 24:10). Pablo dijo a los tesalonicenses que una gran apostasía precedería a la segunda venida de Cristo (2 Ts 2:3) y que el final de los tiempos se caracterizaría por la tribulación y los charlatanes religiosos huecos: “También debes saber esto: que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos. Porque habrá hombres... que tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella; a estos evita” (2 Ti 3:1-2, 5).
Es de vital importancia, ahora más que nunca, que cada creyente ore por discernimiento, combata la apostasía y contienda fervientemente por la fe que una vez y para siempre fue entregada a los santos.
La Apostasía Personal/Individual
La apostasía, en lo personal, implica un alejamiento de Cristo en lugar de acercarse a Él. Un apóstata es alguien que se desvía por el camino equivocado, espiritualmente. Está retrocediendo en lugar de progresar. El reincidente había demostrado en algún momento un compromiso con Cristo o había mantenido un cierto estándar de conducta, pero desde entonces ha vuelto a las viejas costumbres. La reincidencia puede manifestarse de varias maneras, por ejemplo, abandonar la iglesia, perder el fervor por el Señor, alejarse de un ministerio o de una familia, o volver a caer en viejos hábitos; abandonar totalmente la fe una vez profesada.
Algunas personas usan la palabra para significar que una persona ha perdido su salvación. Esto puede suceder (Jn 15:1-6), Dios echa de la Vid verdadera a las ramas (pámpanos, cristianos) que no llevan fruto. Cuando hablamos de apostasía, queremos decir mucho más que alguien se está volviendo frío hacia Cristo. Una condición de apostasía podría indicar que, para empezar, la persona nunca fue salva, en cuyo caso, el reincidente solo está mostrando sus verdaderos colores. Pero también es posible que los hijos de Dios retrocedan, permanentemente.
El apóstol Pablo usa la palabra caer de la gracia (Gl 5:4) en lugar de retroceder, pero la idea es similar. En la Biblia “apostatar” puede significar dos cosas diferentes. En un caso, la persona es salva pero experimenta un período temporal de cuestionamiento que podríamos llamar una crisis de fe. En el otro caso, la persona nunca fue salva en absoluto, sino que sólo se comportó temporalmente como lo haría una persona salva. A esto lo llamaremos tomar el cristianismo a prueba.
La Crisis De Fe
En Marcos 14:27, Jesús les dice a sus discípulos: “Todos os escandalizaréis de mí esta noche”. Paráfrasis: “Todos caeréis esta noche”.
Lo que quiso decir es que, cuando fuera arrestado, los discípulos experimentarían una crisis de fe, un acontecimiento de vida tan impactante que huirían de Jesús y cuestionarían el núcleo mismo de Sus creencias. Fue una noche de ofensa, una noche de tropiezo para ellos. Pero esta fue una condición temporal. Tres días después, Jesús resucitó de entre los muertos y se apareció a los discípulos. Su fe y esperanza fueron restauradas, más fuertes que nunca.
El apóstol Pablo nos dice cómo tratar a un compañero creyente que se está descarriando: “Hermanos, aun si alguno es sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradlo en un espíritu de mansedumbre, mirándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado. Llevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo” (Gl 6:1-2).
Santiago está de acuerdo con Pablo: “Hermanos, si alguno de entre vosotros se ha extraviado de la verdad, y alguno le hace volver, sepa que el que haga volver al pecador del error de su camino salvará un alma de la muerte, y cubrirá multitud de pecados” (Stg 5:19-20).
El reincidente se ha descarriado de donde debería estar y está “atascado” en el pecado, pero el hermano que de veras lo ama trabajará para restaurarlo y ponerlo de nuevo en el camino de la justicia.
Hay acontecimientos en la vida, como la muerte de un ser querido, que pueden hacernos cuestionar a Dios. Esto está bien, siempre y cuando acudamos a Dios con esas preguntas en lugar de usarlas como excusas para vivir en rebelión. El resultado de una crisis de fe es a menudo que llegamos a conocer a Dios más íntimamente que antes. En tiempos de prueba, debemos profundizar en la Palabra, orar con perseverancia (Lc 18:1) y rodearnos de todo aquello que alimente nuestra fe en el Señor y nos acerque a Él.
Tomar El Cristianismo A Prueba
Vemos otro tipo de apostasía en Hebreos 6:4-6 y Lucas 8:13. Hebreos 6 describe al apóstata, alguien que sólo había “probado la bondad de la palabra” (He 6:5) y luego la rechaza. En Lucas 8:13, Jesús ilustra la apostasía con el suelo pedregoso: algunos caen o retroceden porque “no tienen raíz”. En cada uno de estos pasajes, una persona se hace cristiana, al menos por un tiempo, pero no se ha comprometido con Dios. Una persona así podría estar asistiendo a la iglesia, leyendo su Biblia, escuchando música cristiana y saliendo con amigos cristianos. Le gusta el ambiente sano y la buena compañía que ofrece estar rodeada de cristianos. Pero aunque ha experimentado el nuevo nacimiento, no crece en la fe. Al final, retrocede o apostata. Probó el cristianismo y todo lo que menciona Hebreos 6:4-6, pero igual se apartó al final por la raíz de su fe nunca creció ni profundizó.
Uno se apropia verdaderamente de la salvación por medio de una confesión genuina de Jesús como Señor de un corazón que cree en la muerte y resurrección de Jesús (Ro 10:9-10), y VIVE ESTA VERDAD en comunión personal con su Salvador. Si una persona que ha sido verdaderamente salva luego retrocede, es decir, vuelve a caer en actitudes y comportamientos espiritualmente dañinos, el deslizamiento puede tornarse irreversible. El castigo del Señor no siempre hace regresar al descarriado (He 12:4-13). Aunque el Buen Pastor busque al cordero descarriado (Lc 15:3-7), este puede cruzar el punto de no retorno.
¿Cómo podemos diferenciar un tipo de apostasía del otro? No podemos, a menos que el Señor nos lo revele. Pero incluso entonces, no sabemos cuánto tiempo le tomará Dios restaurar al reincidente. Sólo Dios puede ver el corazón.
Si la apostasía no fuera un pecado de consecuencias eternas (y si la salvación no fuera condicional), el Señor no nos advertiría tan enérgicamente en contra de ella. Todos los libros del Nuevo Testamento (excepto Filemón) contienen advertencias sobre la apostasía.
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