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miércoles, 4 de abril de 2012

VUESTRO ADVERSARIO EL DIABLO VI (Repaso) - Serie Todas las Doctrinas de la Biblia

¿Está engañado todo el mundo?

Si tú fueras el diablo y quisieras engañar a todo el mundo, ¿cómo lo harías? Tal vez lo primero sería convencer a las personas de que no existes y que la única fuente de información que revela tus intenciones y métodos no es nada más que una colección de fábulas que no tiene nada que ver con la vida real.

Eso es exactamente lo que hemos visto. Desde hace siglos, e impulsadas por las teorías de hombres como Charles Darwin —quienes se las ingeniaron para explicar la creación sin necesidad de un Creador— muchas personas empezaron a dudar de la autoridad y la inspiración de la Biblia. Comenzaron a ridiculizarla diciendo que la existencia del mundo espiritual, algo que por siglos había sido aceptado sin discusión por quienes creían en la Biblia, era tan sólo mito y superstición.

En las universidades de renombre mundial los escépticos pusieron en duda la validez y la confiabilidad de la Biblia, y el razonamiento científico —basado en gran parte en el rechazo de todo aquello que no pueda ser captado por los sentidos físicos— se convirtió en la doctrina más popular. A varias generaciones de líderes se les enseñó que debían desechar todo aquello que no pudiera ser comprobado por métodos científicos. Luego ocurrieron dos guerras mundiales.

Dos generaciones sucesivas vieron cómo sus padres, abuelos e hijos perdieron la vida en sangrientas batallas en lejanas partes del mundo, sin que con ello se lograra alcanzar una paz duradera. Las víctimas civiles también fueron numerosísimas, con la pérdida de decenas de millones de vidas. Aturdidos ante la destrucción masiva no sólo de vidas humanas sino de propiedades materiales, muchos perdieron su fe en Dios pensando que un ser todopoderoso nunca habría permitido semejante maldad y sufrimiento.

Así, en muy pocas generaciones quedaron destrozadas la creencia en un Dios todopoderoso y amoroso, y la confianza en la Biblia como Su revelación a la humanidad.

En el mundo moderno, aunque muchas personas todavía afirman creer en Dios, muy pocas toman en serio sus creencias hasta el punto de permitir que sean éstas las que rijan sus vidas. La Biblia, a pesar de ser un perenne éxito de librería, es uno de los libros menos leídos y, de hecho, muy pocos lo entienden. Muchas personas creen que la Biblia y el mundo espiritual no tienen nada que ver con ellos ni con sus vidas.

Aunque la religión debería ser una fuente del entendimiento de Dios y del mundo espiritual, con frecuencia no es más que otra fuente de confusión y desacuerdo. Por ejemplo, el cristianismo es la religión más grande de todas, ya que lo profesa la tercera parte de la población mundial. Pero está dividida en miles de sectas, muchas de las cuales afirman representar y seguir las verdaderas enseñanzas de la Biblia y del Señor Jesús.

Por supuesto, nunca en la historia de la humanidad los cristianos han sido la mayor parte de la población mundial. Durante los últimos 2.000 años muchas personas han seguido una asombrosa variedad de dioses, gurús y maestros religiosos. Algunos han creído en el Dios de la Biblia, otros en varios espíritus buenos y malignos, y otros no han creído en ningún dios ni en nada del mundo espiritual. Obviamente, todas estas ideas contradictorias no pueden ser correctas. El Dios de la Biblia no es Dios de confusión (1 Corintios 14:33). El efecto de tanta división y confusión religiosa es exactamente lo que uno esperaría de este ser que en la Biblia se menciona como aquel que “engaña al mundo entero” (Apocalipsis 12:9). Mucha gente no cree para nada en el diablo; y muchos de los que suponen que existe no están seguros de lo que deben creer, ya que tantas enseñanzas religiosas son confusas y contradictorias.

La mayoría de las personas son muy sinceras en cuanto a sus creencias. Pero como las creencias de algunos cristianos son diferentes y se contradicen con las creencias de otros que también afirman ser cristianos, no pueden estar en lo cierto todos ellos. Muchos son sinceros, pero están sinceramente equivocados; al igual que el resto de la humanidad, han sido engañados. Para los que profesan ser cristianos, ¿cuáles son, entonces, las implicaciones que tienen el engaño de Satanás y la confusión que resulta de esto?

El Señor Jesús desafió a las personas que en su época, a pesar de ser sinceras, estaban engañadas: “¿Por qué me llamáis Señor, Señor, y no hacéis lo que yo digo?” (Lucas 6:46). Les advirtió a Sus seguidores que se mantuvieran alerta ante el engaño religioso. “Mirad que nadie os engañe” fue su exhortación en Mateo 24:4. El Señor Jesús profetizó que vendrían dirigentes religiosos que afirmarían representarlo a Él, pero que en realidad serían impostores que engañarían “a muchos” (v. 5).

En lugar de ser una fuente de información y de entendimiento acerca de este ser malévolo y perverso —el espíritu que es enemigo de la humanidad— la religión de hecho ha sido uno de los recursos más grandes que el diablo ha utilizado para engañar al mundo.

¿Por qué permite Dios que Satanás influya en la humanidad?

Dios es omnipotente, pero le permite a Satanás llevar a cabo su labor de engaño y de destrucción —dentro de ciertos límites— con un propósito. Para entender este propósito, veamos un ejemplo del libro de Job.

“Un día vinieron a presentarse delante de Jehová los hijos de Dios, entre los cuales vino también Satanás. Y dijo Jehová a Satanás: ¿De dónde vienes? Respondiendo Satanás a Jehová, dijo: De rodear la tierra y de andar por ella. Y Jehová dijo a Satanás: ¿No has considerado a mi siervo Job, que no hay otro como él en la tierra, varón perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal? Respondiendo Satanás a Jehová, dijo: ¿Acaso teme Job a Dios de balde? ¿No le has cercado alrededor a él y a su casa y a todo lo que tiene? Al trabajo de sus manos has dado bendición; por tanto, sus bienes han aumentado sobre la tierra. Pero extiende ahora tu mano y toca todo lo que tiene, y verás si no blasfema contra ti en tu misma presencia. Dijo Jehová a Satanás: He aquí, todo lo que tiene está en tu mano; solamente no pongas tu mano sobre él. Y salió Satanás de delante de Jehová” (Job 1:6-12).

Dios conocía el corazón de Job mejor de lo que Satanás se imaginaba. Aunque Dios le permitió a Satanás afligir a Job, el diablo no logró que este varón justo se pusiera en contra de Dios. Sin embargo, la historia del sufrimiento de Job, por la aflicción que Satanás le infligió, nos revela mucho acerca de por qué en ocasiones Dios permite que suframos.

Tal como ocurrió con Job, Dios prueba el carácter de cada ser humano. Pablo dijo que él se conducía “no como para agradar a los hombres, sino a Dios, que prueba nuestros corazones” (1 Tesalonicenses 2:4). Moisés les explicó a los antiguos israelitas: “Y te acordarás de todo el camino por donde te ha traído Jehová tu Dios estos cuarenta años en el desierto, para afligirte, para probarte, para saber lo que había en tu corazón, si habías de guardar o no sus mandamientos. Y te afligió, y te hizo tener hambre [una forma de sufrimiento], y te sustentó con maná, comida que no conocías tú, ni tus padres la habían conocido, para hacerte saber que no sólo de pan vivirá el hombre, mas de todo lo que sale de la boca de Jehová vivirá el hombre” (Deuteronomio 8:2-3).

Dios le hace saber a la humanidad —es decir, le permite aprender—, algunas veces por experiencia propia, que la única forma de vida que funciona es la que Él revela en las Sagradas Escrituras. Esta lección no estará completa hasta que la humanidad entera haya aprendido que “toda palabra” que Dios revela en Sus instrucciones es vital para nuestro bienestar físico, mental, emocional y espiritual (Mateo 4:4; Deuteronomio 5:29). Ninguna alternativa al camino de vida de Dios alcanza este propósito ni nos lleva finalmente a la felicidad.

¿Cómo puede Dios lograr esto con personas que nacen sin conocimiento ni entendimiento? Pudo habernos creado de tal manera que sólo obedeciéramos instintos positivos y edificantes. Pero entonces seríamos autómatas; no tendríamos libre albedrío, ni individualidad, ni carácter. Esta clase de vida no es la que Dios quiere para nosotros. Él nos ha creado para que lleguemos a ser miembros de Su familia —para que seamos hijos e hijas Suyos (2 Corintios 6:18)— capaces de desempeñar grandes responsabilidades dentro de ésta.

Cuando Dios creó a los primeros seres humanos declaró el propósito que tenía para el género humano: “Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra. Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó” (Génesis 1:26-27).

Dios creó al hombre para que fuera como Él, para que gobernara —ejerciera dominio— sobre la creación. Para poder ejercer adecuadamente semejante responsabilidad, el hombre debe primero aprender a discernir el bien del mal, lo bueno de lo malo, lo sabio de lo necio. Para adquirir la verdadera sabiduría es necesario aprender a tomar decisiones sabias. Desde el principio Dios nos ha señalado el sendero correcto, pero ha permitido que los seres humanos tomen decisiones insensatas y se vean expuestos a los resultados de ellas.

Dios permitió que Satanás, el archiengañador, entrara en el huerto del Edén y expusiera su perspectiva de la vida a Adán y Eva. Entonces ellos tenían que tomar una decisión, y decidieron seguir a Satanás en lugar de a Dios. El trágico engaño de Satanás a la humanidad ha sido el resultado de ello.

Sin embargo, cuando el Señor Jesucristo regrese a la tierra, Dios quitará el engaño y comenzará, a gran escala, el proceso de revertir el daño que Satanás ha causado. Finalmente, no perdurará nada de la influencia del diablo.

Entonces la humanidad podrá estudiar durante mil años la trágica historia y compararla con las bendiciones del gobierno justo del Señor Jesucristo. Dios es quien todo lo gobierna y todo lo controla, pero ha permitido que Satanás influya en la humanidad por dos motivos básicos. Primero, Adán y Eva, nuestros primeros padres, escogieron el gobierno de Satanás en lugar del de Dios. Segundo, Dios quiere que toda la humanidad aprenda “que el hombre no es señor de su camino, ni del hombre que camina es el ordenar sus pasos” (Jeremías 10:23).

Siguiendo las huellas de un dios diferente

La Biblia muestra claramente que las civilizaciones y sociedades se encuentran bajo la influencia de Satanás. El apóstol Juan escribió que “el mundo entero está bajo el maligno” (1 Juan 5:19). La totalidad de la civilización humana ha sido seducida por este astuto ser, quien utiliza engaños persuasivos y mentiras sutiles.

El resultado ha sido miles de años de angustia, miseria y sufrimiento humanos. Engañados por sus mentiras, los seres humanos han adoptado el camino de vida de Satanás, en lugar del camino de vida de Dios. El resultado de seguir el camino de Satanás, que debido a sus engaños aparece atractivo y natural para casi todas las personas, es previsible: “Hay camino que al hombre le parece derecho, pero su fin es camino de muerte” (Proverbios 14:12; 16:25).

El engaño de Satanás es tan completo, tan insidioso, que la Biblia lo llama “el dios de este siglo” (2 Corintios 4:4). El apóstol Pablo, en el griego en que escribió originalmente sus epístolas, lo identifica como theos —el dios, aquel que es adorado— de este eon, esta era, este período de la historia.

Es tal la magnitud de la influencia de Satanás sobre la humanidad, que ha logrado que la mayor parte de ella lo siga sin darse cuenta y lo adore como su dios. Esta es la sorprendente verdad que se revela en la Biblia. Entender esta realidad nos ayuda a explicar muchas de las increíbles paradojas que vemos a nuestro alrededor.

Pablo explicó que, debido a la influencia de Satanás sobre la humanidad, la mayoría de las personas no creen la verdad de la Biblia. No entienden el evangelio —las buenas noticias— del plan que Dios tiene para la humanidad. “Pero si nuestro evangelio está aún encubierto, entre los que se pierden está encubierto; en los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios” (2 Corintios 4:3-4).

Dios: El gobernante del universo

Aunque la Biblia identifica a Satanás como “el príncipe de la potestad del aire” y el gobernante de este mundo (Efesios 2:2; Juan 12:31; 14:30; 16:11), Dios mantiene el control sobre todo como el “Señor del cielo y de la tierra” (Mateo 11:25). Él le da al diablo bastante campo de acción, pero tiene y mantiene absolutamente el poder y el derecho de intervenir.

El relato bíblico muestra que en ocasiones Dios utiliza Su poder para intervenir, pero con frecuencia permite que las cosas sigan su curso natural. Recordemos que el Señor Jesús le dijo a Poncio Pilato: “Ninguna autoridad tendrías contra mí, si no te fuese dada de arriba…” (Juan 19:11) “El Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo” es el tema principal de Efesios 1 (vv. 3 y 17). Su trono es “sobre todo principado y autoridad y poder y señorío, y sobre todo nombre que se nombra, no sólo en este siglo, sino también en el venidero; y [hablando de Jesucristo] sometió todas las cosas bajo sus pies…” (vv. 21-22).

David, antiguo rey de Israel, reconocía la soberanía de Dios: “Jehová estableció en los cielos su trono, y su reino domina sobre todos” (Salmos 103:19). “Porque miró desde lo alto de su santuario; Jehová miró desde los cielos a la tierra” (Salmos 102:19).

El rey gentil Nabucodonosor también llegó a reconocer las mismas verdades después de que Dios lo humilló durante siete años: “… bendije al Altísimo, y alabé y glorifiqué al que vive para siempre, cuyo dominio es sempiterno, y su reino por todas las edades. Todos los habitantes de la tierra son considerados como nada; y él hace según su voluntad en el ejército del cielo, y en los habitantes de la tierra, y no hay quien detenga su mano, y le diga: ¿Qué haces?” (Daniel 4:34-35, comparar con 5:21).

Los dos primeros capítulos del libro de Job muestran la autoridad que el diablo tiene sobre la tierra, y como esto encaja con la supremacía de Dios sobre todo el universo. Aunque el patriarca Job sufrió inmensas tragedias debido a las acciones de Satanás, el relato nos muestra que Satanás no pudo hacer sino únicamente lo que Dios le permitió. Dios siempre está en control de todo.

Satanás: ¿Un ángel de luz?

Si pudiéramos ver y tener un encuentro con el diablo, cara a cara, ¿cuál creemos que sería su aspecto? Comúnmente se le muestra en caricaturas con un traje rojo y un tridente en la mano, o como un espíritu macabro.

Pero nada podría estar más alejado de la verdad. De hecho, si pudiéramos encontrarnos cara a cara con el diablo, lo encontraríamos atractivo, encantador y seductor. Aunque realmente es el príncipe de las tinieblas, se presenta como “ángel de luz” (2 Corintios 11:14).

Satanás es el maestro de la tergiversación. Es el mejor propagandista del mundo, que ofrece su producto de una manera tan atractiva y maravillosa que nadie se percata de que es un veneno mortal. Quiere que sus clientes lo vean como bueno, magnánimo y totalmente digno de confianza. Y quiere que su producto —el pecado, el rechazo de Dios— parezca tentador y acogedor, y generalmente tiene bastante éxito.

Satanás nunca presenta el pecado tal como es en realidad. Nunca presenta las consecuencias; sólo nos presenta lo que quiere que veamos, algo divertido y placentero. Quiere que nos concentremos en el placer, en lo que se siente bien o parece bueno en el momento. No quiere que tengamos en cuenta las funestas consecuencias de nuestras acciones.

La mayoría de las personas han perdido de vista la conexión real que existe entre la causa y el efecto. Muy poco se menciona este concepto, y menos se discute. En lugar de ello, lo que vemos es que las personas quieren algo que pronto alivie sus problemas, dificultades o tropiezos, una píldora para cada molestia. Casi nunca nos detenemos a pensar en las consecuencias que nuestras acciones nos traerán a largo plazo. Nuestro enfoque es muy estrecho e insensato. “No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará” (Gálatas 6:7).

Vivimos en un mundo que presta poca atención a los resultados que el pecado tiene a largo plazo. No pensamos en las consecuencias de nuestras palabras y acciones, y constantemente nos sentimos presionados por una sociedad cuyo fundamento son los parámetros y valores de Satanás, en lugar de los de Dios.
Debido a la influencia de la cultura que nos rodea, no es fácil, ni muy popularmente aceptado, seguir principios y parámetros diferentes, aquellos que Dios ha revelado. Como dijo el Señor Jesús: “Si el mundo os aborrece, sabed que a mí me ha aborrecido antes que a vosotros. Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero porque no sois del mundo, antes yo os elegí del mundo, por eso el mundo os aborrece” (Juan 15:18-19). El camino de vida de Dios nunca será popular en esta época.

Sin embargo, la mayoría de las personas están convencidas de que sus caminos efectivamente le agradan a Dios. Defienden sus prácticas y creencias religiosas como si fueran algo del total agrado de Dios. Suponen que la mayoría de las iglesias y de los maestros religiosos que llevan el nombre de cristianos enseñan la verdad. Pocos se detienen a considerar que el más grande engaño de Satanás no sólo es mundial, sino que también se ha infiltrado profundamente en el cristianismo.

Veamos el contexto de las palabras de Pablo cuando afirma que Satanás parece ser un “ángel de luz”. En 2 Corintios 11:13-15 nos advierte: “Éstos son falsos apóstoles, obreros fraudulentos, que se disfrazan como apóstoles de Cristo. Y no es maravilla, porque el mismo Satanás se disfraza como ángel de luz. Así que, no es extraño si también sus ministros se disfrazan como ministros de justicia; cuyo fin será conforme a sus obras”.

¿Es esto posible? ¿Cómo pueden los que afirman representar a Cristo ser “ministros” de Satanás, sus siervos, a quienes utiliza para llevar a cabo el engaño?

El Señor Jesús mismo repetidamente advirtió acerca de esto. Predijo que muchos se apropiarían de su nombre, pero lo negarían con sus acciones. Dijo que lo llamarían “Señor, Señor”, pero no serían fieles a sus enseñanzas (Lucas 6:46). El Señor y Sus verdaderos apóstoles hablaron de falsos apóstoles, falsos profetas y falsos hermanos. Él advirtió: “Mirad que nadie os engañe. Porque vendrán muchos en mi nombre… y a muchos engañarán” (Mateo 24:4-5, 11-12). Sabía que habría falsos maestros que enseñarían una versión desvirtuada y corrompida del cristianismo. Este engaño comenzó en el primer siglo, pues Pablo escribió que algunos ya estaban enseñando “un evangelio diferente” y que querían “pervertir el evangelio de Cristo” (Gálatas 1:6-7).

Para llevar a cabo este propósito, Satanás ha utilizado algunas personas para que engañen a otras. Esto es especialmente cierto cuando están motivadas por sus ambiciones personales de ser maestros en cuestiones espirituales, pero les falta un entendimiento adecuado de las Escrituras. Satanás simplemente se aprovecha de este deseo y seduce a personas susceptibles para que presenten conceptos erróneos acerca de Cristo; aunque con frecuencia son sinceras, lo único que hacen es ayudarle a Satanás para que lleve a cabo lo que se ha propuesto.

Para evitar ser influenciados por Satanás en esta gran labor de engaño, necesitamos estar seguros de que lo que creemos está firmemente basado en la Biblia.

¿Cómo podemos resistir a Satanás?

Además de identificar los métodos que Satanás utiliza para engañar a la gente, Dios nos da una guía específica para que podamos resistir al diablo y su influencia. La Palabra de Dios nos asegura: “Resistid al diablo, y huirá de vosotros” (Santiago 4:7). Esta promesa, sin embargo, está dirigida directamente a aquellos que están dispuestos a “someterse a Dios” (mismo versículo), y le sigue inmediatamente esta exhortación: “Acercaos a Dios, y él se acercará a vosotros” (v. 8).
¿Cómo, entonces, podemos acercarnos a Dios? Continuemos con la instrucción: “Pecadores, limpiad las manos; y vosotros los de doble ánimo, purificad vuestros corazones” (mismo versículo). Una vez que nacemos de nuevo al recibir al Señor Jesús como nuestro Salvador, debemos esforzarnos por eliminar la forma de pensar de Satanás en nuestras vidas y comportarnos de un modo diferente.

No olvidemos que Satanás es tan astuto y poderoso que ningún ser humano puede resistir exitosamente su influencia sin la ayuda de Dios. Por lo tanto, la clave para resistir al diablo es sincera y constantemente acercarnos a Dios y permanecer cerca de Él.

El primer paso es permitir que Dios borre la influencia de Satanás en nuestra mente. Esto se lleva a cabo cuando reconocemos nuestros pecados y nos arrepentimos de ellos. Esta transformación es tan impresionante que en las Escrituras se le compara a un volver a la vida después de estar muertos.

“Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados, en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia, entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás” (Efesios 2:1-3).

Cuando nos arrepentimos verdaderamente y nos sometemos a Dios de todo corazón, empezamos a tomar en serio lo que Él dice y a obedecer Sus instrucciones y mandamientos. Entonces su Palabra, la Biblia, comienza a limpiar nuestras mentes, lavando nuestros malos pensamientos e intenciones. Todos los que se arrepienten genuinamente —se rinden de todo corazón a la voluntad de Dios y reciben el Espíritu Santo— son puestos por el Señor Jesucristo en Su iglesia.

Ahora veamos el interés que Cristo tiene por aquellos que hacen esto y cómo es que Él trabaja para quitar toda mala influencia de sus corazones y mentes: Cristo “… amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra, a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha” (Efesios 5:25-27). La Palabra de Dios es el instrumento que Cristo utiliza, por medio del poder del Espíritu Santo, para limpiar la influencia de Satanás en nuestro pensamiento.

Pero ¿qué podemos hacer para preservarnos de los intentos que Satanás hará para influenciarnos en el futuro? Aquí también Dios nos da una defensa: “Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza. Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo. Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes. Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes” (Efesios 6:10-13).

Enseguida el apóstol nos da una lista de los elementos específicos de la armadura espiritual que Dios nos ofrece. Compara la defensa de los siervos de Dios contra la influencia de Satanás con un cinturón que los rodea: “Manténganse firmes, ceñidos con el cinturón de la verdad, protegidos por la coraza de justicia” (v. 14). Describe su calzado de combate como siendo “calzados con la disposición de proclamar el evangelio de la paz” (v. 15). Su escudo es “el escudo de la fe” en Dios y en su Hijo Jesucristo, “con el cual pueden apagar todas las flechas encendidas del maligno” (v. 16). Su firmeza y resolución se ven protegidas por “el casco de la salvación” (v. 17), esa seguridad y confianza absolutas de que los que perseveren en servir y agradar a Dios confirmarán que tienen vida eterna. El único elemento ofensivo en toda esta armadura, que pueden utilizar para cortar de tajo las actitudes y filosofías de Satanás, es “la espada del espíritu, que es la palabra de Dios” (v. 17). Finalmente, dice Pablo: “Oren en el Espíritu en todo momento, con peticiones y ruegos. Manténganse alerta y perseveren en oración por todos los santos” (v. 18; las citas bíblicas en este párrafo son de la Nueva Versión Internacional).

Estas son las claves esenciales para superar los esfuerzos de Satanás, quien querrá volver a tener el control sobre aquellos “que verdaderamente habían huido de los que viven en error” (2 Pedro 2:18).

A medida que nuestro carácter se parezca más al de Dios, Satanás se sentirá menos cómodo en nuestra presencia, y estará más dispuesto a huir de nosotros.

Dios y Satanás: Verdad y vida versus mentiras y muerte

El Señor Jesús dijo acerca de Satanás: “… el príncipe de este mundo… nada tiene en mí” (Juan 14:30). Las Escrituras establecen un marcado contraste entre Dios y Satanás que nos ayuda a entender mejor las profundas diferencias que existen entre el carácter, motivaciones, metas y acciones de ambos.

Mucho de lo que sabemos acerca de Satanás está resumido en su nombre, que significa adversario. Pedro lo llama “vuestro adversario el diablo” (1 Pedro 5:8). Las acciones y motivaciones de Satanás son las de un enemigo. El carácter de Dios, en contraste, está resumido por la palabra amor: “Dios es amor” (1 Juan 4:8, 16).

En Juan 8:43-44 el Señor dice que Satanás es homicida y mentiroso. De sí mismo dice: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida” (Juan 14:6). Como engañador y homicida, Satanás es exactamente lo opuesto de “la verdad y la vida”. El Señor Jesucristo es la verdad; Satanás es mentiroso. Cristo es la vida; Satanás es homicida, alguien que quita la vida.

Como podemos ver, las Escrituras nos muestran que Satanás es totalmente lo opuesto de Dios y del Señor Jesucristo en sus intenciones, motivaciones y carácter.

Haciendo énfasis en los contrastes, Pablo hace una serie de preguntas en 2 Corintios 6:14- 15: “… ¿qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión la luz con las tinieblas? ¿Y qué concordia Cristo con Belial?” Hace énfasis en que los caminos de Cristo y Satanás son completamente opuestos, como el día y la noche, la luz y las tinieblas (comparar Juan 3:19-21; 8:12; Efesios 6:12).

La esencia del carácter de Cristo está revelada en Su oración en el huerto de Getsemaní: “Padre, si quieres, pasa de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya” (Lucas 22:42). La actitud de Satanás es diametralmente opuesta. En lugar de someterse a la voluntad perfecta de Dios, se convirtió en alguien que sólo quería hacer su propia voluntad y estaba decidido a hacer lo que quería a toda costa.

Esa actitud hizo que se rebelara en contra de su Creador, tal como está descrito en Isaías 14 y Ezequiel 28. Desgraciadamente, Satanás ha tenido un éxito increíble al infundir en la humanidad esta misma actitud rebelde, egoísta y voluntariosa, con la única excepción de Cristo Jesús, quien lo resistió perfectamente.

En Apocalipsis 9:11 encontramos otro marcado contraste. Leemos acerca de un poderoso ejército que, como langostas, va a atormentar a la humanidad. “Y tienen por rey sobre ellos al ángel del abismo, cuyo nombre en hebreo es Abadón, y en griego, Apolión”, nombres que significan “destrucción” y “destructor”, respectivamente.

Podríamos decir que “destructor” es lo que es, y “destrucción” es lo que hace. Estos nombres resumen el carácter de Satanás, sus metas y propósito; resumen el resultado de todo aquello que él busca y por lo cual lucha: destrucción absoluta. Si el diablo no puede tenerlo todo, entonces tratará de destruirlo todo.

Nuevamente vemos un contraste fundamental. Comparemos a Satanás, el destructor, con Dios, cuyo mayor atributo es que es el gran Creador. Dios es aquel que crea, construye, hace y da tantas cosas maravillosas. En cambio, Satanás es aquel que destruye. ¿Qué destruye? Destruye básicamente todo lo que puede. Leamos Apocalipsis 9 y Apocalipsis 12:7-12; dondequiera que es mencionado, Satanás está destruyendo, tratando de matar al pueblo de Dios, luchando contra el Señor Jesucristo, lleno de ira porque sabe que su tiempo casi se ha acabado.

Después de perder la guerra y de estar encadenado por mil años, ¿acaso aprende la lección? En absoluto. En Apocalipsis 20:7-10 leemos que tan pronto es soltado de su prisión se va a engañar a las naciones nuevamente y a reunirlos para luchar contra Jerusalén. Pero él y todos aquellos que lo sigan serán aplastados. Finalmente, será aprisionado para siempre sin poder ejercer ninguna influencia sobre la humanidad. Todos sus esfuerzos habrán sido inútiles.

Al final, toda obra destructiva que Satanás haya tratado de lograr en la historia, será revertida. Dios llevará a cabo su propósito. Esto es muy claro en las Escrituras. Dios tiene el control absoluto de Su creación y Satanás no puede hacer sino lo que Dios le permite.

Satanás: El gran falsificador

No existe un engañador más grande que Satanás; no tiene rival. Además de ser un estafador consumado, es también un hábil falsificador.

Veamos las advertencias del apóstol Pablo a los cristianos en Corinto: “Pero temo que como la serpiente con su astucia engañó a Eva, vuestros sentidos sean de alguna manera extraviados de la sincera fidelidad a Cristo. Porque si viene alguno predicando a otro Jesús que el que os hemos predicado, o si recibís otro espíritu que el que habéis recibido, u otro evangelio que el que habéis aceptado, bien lo toleráis” (2 Corintios 11:3-4).

Aquí Pablo describe tres formas en que Satanás emplea ingeniosas falsificaciones de la verdad para engañar aun a los cristianos.

• Primero presenta al Señor Jesús de una manera bastante diferente de la que está revelada en la Biblia. El efecto es la creación de otro Jesús, un falso Mesías. Este es el Jesús del que oye hablar la mayoría de la gente en la actualidad, un Cristo falsificado, diferente del Jesucristo de la Biblia. Desgraciadamente, la mayor parte del cristianismo tradicional está basada en este falso Cristo.

• La segunda forma del engaño de Satanás es que hace ver la demostración natural de las emociones humanas —o, en algunos casos, la influencia directa de los demonios— como si fueran manifestaciones del Espíritu de Dios. Cada año se engañan con esto centenares de miles de personas. Se dejan impresionar por lo que ven o sienten, en lugar de analizarlo a la luz de los frutos del Espíritu de Dios, tal como aparecen en Gálatas 5:22-23, y de ver si concuerda con la enseñanza de la Palabra de Dios (Isaías 8:20). El verdadero Espíritu Santo es el poder de Dios (Hechos 1:8; 2 Timoteo 1:7), por medio del cual “los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos” (Gálatas 5:24). Ese Espíritu no es la expresión de emociones humanas o la comunicación con el mundo de los espíritus (demonios); es la Tercera Persona de la Deidad. Es por medio del poder del Espíritu Santo que “Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad” (Filipenses 2:13).

• La tercera forma que Satanás emplea es la perversión del evangelio del Señor Jesús, que parece ser su recurso más efectivo para mantener cautiva a mucha gente en su engaño mortal. El señor explicó que tan pronto como las personas empiezan a responder a la Palabra de Dios, Satanás trata de quitársela (Mateo 13:18-22). Los métodos de Satanás son poderosos y efectivos con muchas personas. Por ejemplo, veamos cómo Pablo se lamentaba por lo que estaba pasando con aquellos gálatas cristianos que habían sido convertidos como resultado de su ministerio: “Estoy maravillado de que tan pronto os hayáis alejado del que os llamó por la gracia de Cristo, para seguir un evangelio diferente. No que haya otro, sino que hay algunos que os perturban y quieren pervertir el evangelio de Cristo. Mas si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema” (Gálatas 1:6-8).

Sí, la Biblia enseña que hay tal cosa como otro Jesús, otro espíritu y otro evangelio. Leamos nuevamente este pasaje: “Pero temo que como la serpiente con su astucia engañó a Eva, vuestros sentidos sean de alguna manera extraviados de la sincera fidelidad a Cristo. Porque si viene alguno predicando a otro Jesús que el que os hemos predicado, o si recibís otro espíritu que el que habéis recibido, u otro evangelio que el que habéis aceptado, bien lo toleráis” (2 Corintios 11:3-4).

Tómese en cuenta que Pablo les escribe estas palabras a creyentes que habían recibido al verdadero y único Cristo como Señor y Salvador de sus vidas, y que por lo tanto habían recibido el verdadero evangelio y el verdadero y único Espíritu Santo. Pero esto no era suficiente en el momento actual: porque estaban en peligro de extraviarse “de la sincera fidelidad a Cristo” por “tolerar” que se les presentara a otro Jesús, otro espíritu y otro evangelio.

¿No es la palabra “tolerancia” la que caracteriza a la época y al cristianismo actual?

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