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Thursday, April 30, 2026

¿UNÁNIMES?




La palabra unánimes se usa 9 veces en el Nuevo Testamento: 5 veces en el libro de Hechos, 2 veces en Romanos, y 2 veces en Filipenses. Estas son las citas correspondientes:

“Todos estos perseveraban unánimes en oración y ruego, con las mujeres, y con María la madre de Jesús, y con sus hermanos” (Hch 1:14).

“Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos” (Hch 2:1).

“Y perseverando unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón” (Hch 2:46).

“Y ellos, habiéndolo oído, alzaron unánimes la voz a Dios, y dijeron: Soberano Señor, tú eres el Dios que hiciste el cielo y la tierra, el mar y todo lo que en ellos hay” (Hch 4:24).

“Y por la mano de los apóstoles se hacían muchas señales y prodigios en el pueblo; y estaban todos unánimes en el pórtico de Salomón” (Hch 5:12).

Unánimes entre vosotros; no altivos, sino asociándoos con los humildes. No seáis sabios en vuestra propia opinión” (Ro 12:16).

“... para que unánimes, a una voz, glorifiquéis al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo” (Ro 15:6).

“Solamente que os comportéis como es digno del evangelio de Cristo, para que o sea que vaya a veros, o que esté ausente, oiga de vosotros que estáis firmes en un mismo espíritu, combatiendo unánimes por la fe del evangelio” (Fil 1:27).

“...completad mi gozo, sintiendo lo mismo, teniendo el mismo amor, unánimes, sintiendo una misma cosa” (Fil 2:2).

Como se puede ver por estas citas, el concepto de unidad se expresa con frecuencia en la Biblia. Estar en unanimidad significa tener un mismo sentir y corazón, concordar en una misma opinión.

Más concretamente, la palabra en el idioma original transmite la unidad interna (la unidad de corazón y mente) de un grupo de personas que realizan una acción similar. Por ello, la expresión a veces se traduce en otras versiones como de común acuerdo, como en Romanos 15:6: 

Para que glorifiquen a Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo, de común acuerdo y con una sola voz (CSB).

Cuando un grupo de personas actúa con una sola intención, de forma unánime, en armonía, en unidad y sin disensiones, están actuando de común acuerdo, en un mismo sentir. 

En la Biblia, este concepto suele aparecer junto con afirmaciones sobre las personas, el lugar o la actividad en la que participa el grupo: 

“Entonces pareció bien a los apóstoles y a los ancianos, con toda la iglesia, escoger de entre ellos a algunos hombres y enviarlos a Antioquía con Pablo y Bernabé. Enviaron a Judas, llamado Barsabás, y a Silas, hombres importantes entre los hermanos, con la siguiente carta: Los hermanos, tanto los apóstoles como los ancianos, a los hermanos gentiles que están en Antioquía, Siria y Cilicia, saludos. Puesto que hemos oído que algunos han salido de entre nosotros y os han perturbado con palabras, inquietándoos, sin que nosotros les hayamos dado instrucciones, nos ha parecido bien, estando todos de acuerdo, escoger a algunos hombres y enviarlos a vosotros con nuestros amados Bernabé y Pablo (Hechos 15:22-25).

En el Nuevo Testamento, las expresiones de común acuerdo, estando todos de acuerdo, unánimes, etc., se usa para enfatizar la unanimidad interna de una comunidad (o iglesia). 

En Hechos 12:20, esa comunidad es “la gente de Tiro y Sidón”, quienes están enojados con Herodes. En Hechos 8:6, se describe a la multitud que escucha las enseñanzas de Felipe: 

“Y la gente, unánime, escuchaba atentamente las cosas que decía Felipe, oyendo y viendo las señales que hacía” (Hch 8:6). 

Esto ilustra cómo la comunidad de creyentes cristianos adoraba, oraba y compartía en comunión (Hch 1:14; 2:46; 4:24; 5:12; Ro 15:6). 

La unidad en la iglesia primitiva también se expresa mediante el compartir de los bienes materiales: 

 Y la multitud de los que habían creído era de un corazón y un alma; y ninguno decía ser suyo propio nada de lo que poseía, sino que tenían todas las cosas en común” (Hch 4:32). 

La iglesia primitiva, al estar en unanimidad, no tenía cismas, ni intereses divididos, ni propósitos discordantes. 

Esta unanimidad en el cuerpo de Cristo solo es posible mediante la acción del Espíritu Santo (Ef 4:1-6). Es un don de la gracia de Dios (Ro 12:3-13). El término griego traducido como unanimidad nos ayuda a comprender la singularidad de la comunidad cristiana. La imagen es casi musical; se escuchan varias notas que, aunque diferentes, armonizan en tono y timbre. Como los instrumentos de un gran concierto bajo la dirección de un director de orquesta, así el Espíritu Santo une las vidas de los miembros de la iglesia de Cristo. 

Compárese esto con lo que la cristiandad vive hoy en día. Lo que abunda son cismas, intereses divididos, propósitos discordantes: No hay unanimidad. Se ha esfumado del Cuerpo de Cristo. Con mucha dificultad uno podrá encontrar una pequeña iglesia en la que los miembros estén de acuerdo. Hoy en día todo se limita a estar de acuerdo en el Fundamento de Nuestra Fe; y hasta este fundamento muchas veces es puesto en duda.

Nuestros días son como los días descritos en el libro de los Jueces, en el que 2 veces, para explicar los terribles hechos que se registran en él, se nos dice:

  En aquellos días no había rey en Israel; cada uno hacía lo que bien le parecía (Jue 17:6; 21:25).

Por el don de profecía impartido por el Espíritu Santo, podemos ver cómo un libro que fue escrito alrededor del año 1100 a.C., durante el inicio de la monarquía en Israel, demuestra que el tiempo que vive el pueblo de Dios en la tierra es cíclico, y todos los acontecimientos espirituales registrados en la Biblia se repiten infinitamente en un bucle idéntico. El libro de los Jueces abarca el turbulento período histórico entre la muerte de Josué y el establecimiento de la monarquía, aproximadamente entre los siglos XIII y XI a.C. 

Nosotros, en la iglesia y en el mundo, también vivimos en tiempos turbulentos a la espera del establecimiento del reino mesiánico del Rey de reyes, y Señor de señores. Este es un fuerte argumento a favor de la unidad espiritual de la Escritura (Antiguo y Nuevo Testamento), de las vicisitudes del pueblo de Dios en todas las eras, y en contra del dispensacionalismo.