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Wednesday, April 22, 2026

¿NO VALES TÚ MUCHO MÁS?

 

“Cuatro cosas son de las más pequeñas de la tierra, Y las mismas son más sabias que los sabios” (Pr 30:24).

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Puedes aprender mucho de las pequeñas criaturas de Dios. El profeta Agur continúa enseñando sabiduría a sus discípulos a través de la observación de la naturaleza. Ahora enumera cuatro criaturas muy pequeñas y señala que se puede aprender mucho de cada una de ellas. Está atento, y podrás adquirir sabiduría.

Los hombres consideran a estas cuatro criaturas insignificantes, simples, muy por debajo de merecer su respeto. Pasan mucho más tiempo tratando de destruir a estas criaturas que observando y aprendiendo la sabiduría que les dio el Creador. Es bastante humillante para el hombre encontrar sabiduría en estas criaturas, sabiduría que él mismo no ha adquirido. Ah, estimado amigo, Dios te está enseñando una lección general de humildad aquí.

Los instintos de estas pequeñas criaturas son superiores a los que poseen los que habitan el mundo de la razón y la inteligencia. ¿Quién es tan previsor como la hormiga? ¿Precavido como el conejo? ¿Entregado a los suyos como la langosta? ¿Diligente como la araña? Dios puso al hombre por encima del resto de Sus criaturas porque él puede fusionar las cualidades individuales de ellas en una única entidad: él mismo. En los hábitos y cualidades de estas cuatro criaturas hay partes de la sabiduría de Dios que el hombre debe combinar en su propia persona para elevarse al nivel que el Creador quiere que alcance. ¡Y los gurús del crecimiento personal siguen especulando sobre las causas del éxito!

¿Qué tan intuitivo eres? ¿Te impresiona el tamaño, la belleza, el sonido, el espectáculo? ¿O buscas disciplina, carácter, prudencia y estabilidad, junto con otras cualidades de mucho más valor que la apariencia? La sabiduría—que es la combinación de todo lo mencionado—es lo principal; te servirá de mucho verla en acción y aislada por partes, encarnada en estas criaturas pequeñas, feas, silenciosas y menospreciadas.

Dios es glorioso en todas Sus obras, incluso en las más pequeñas. Dios se jactó ante Job de Sus criaturas más grandes, behemot y el leviatán (Job 40:15; 41:1), pero también puedes ver Su majestad en las criaturas pequeñas. ¿Puedes ver que toda Su creación declara Su gloria? ¿Obtienes tanto de observar al colibrí como al elefante?

La naturaleza contiene lecciones de sabiduría que se han perdido en este complejo, cibernético y caótico mundo actual. Por ejemplo, el apóstol Pablo apeló al uso natural del cabello para enseñar teología (1 Co 11:14-15). El cabello largo en un hombre es vergonzoso, pero el cabello largo en una mujer es glorioso. Ignorando a los pervertidos de esta generación, estas reglas han sido observadas por la mayoría de las sociedades educadas desde la creación del mundo. No importa lo que digan los hippies o los diseñadores de moda; la regla es tan cierta como la gravedad. ¡El cabello largo en un hombre es tan deshonroso como verlo usando ropa interior de mujer!

Pablo también apeló a la condenación universal de la sodomía inherente a la naturaleza humana (Ro 1:26-27). La palabra de Dios claramente condena esta abominación, pero también lo hace la naturaleza. La modesta comprensión de la anatomía, la biología, la higiene, la salud, el carácter, la atracción sexual, el sentido común y la sociedad humana crean disgusto por esta perversión. Hasta hace unas cuántas décadas atrás la mayoría de las naciones del mundo tenían leyes severas contra la sodomía y el lesbianismo, y uno de los argumentos contra estas perversiones era que tales cosas no ocurren en la naturaleza. 

El profeta Agur enseña cuatro lecciones de sabiduría en cuatro versículos, señalando rasgos de sabiduría en cuatro pequeñas criaturas. Ellas son las hormigas (Pr 30:25), los conejos (Pr 30:26), las langostas (Pr 30:27) y la araña (Pr 30:28). Estas criaturas le enseñan al hombre: previsión y ahorro (Pr 30:25), prevención y cautela (Pr 30:26), cooperación en sociedad (Pr 30:27) y diligencia persistente (Pr 30:28).

Ten cuidado de no despreciar a los pobres y débiles de este mundo cuando los encuentres, porque Dios los ha escogido para que sean ricos en fe y herederos de Su reino (Stg 2:5; 1 Co 1:26-29). Y cuando necesites sabiduría, acude al Dios de la sabiduría (Stg 1:5), quien dotó incluso a estas pequeñas criaturas con grandes cantidades de ella para que triunfen en la vida. ¿No vales tú mucho más que ellas?  (Mt 6:26).

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THE 7 LEVELS OF INTIMACY WITH GOD

 


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Tuesday, April 21, 2026

DOS QUE QUITAN LA PAZ



Por la mujer odiada cuando se casa; Y por la sierva cuando hereda a su señora” (Pr 30:23).

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Agur está enumerando cuatro cosas que quitan la paz (Pr 30:21). Las últimas dos, son dos tipos de mujeres que pueden arruinar tu vida. La primera es “la mujer odiada (u odiosa) cuando se casa”. 

Una esposa rencillosa, que reprocha constantemente a su marido, que lo critica, que arruina la bendición del matrimonio imponiendo su voluntad, es “la mujer odiosa” de este proverbio. El género y la institución diseñados para darle paz y placer al hombre, se convierten en la fuente de su dolor y problemas. Muchos hombres han caído en esta trampa y han sido retenidos por las garras de acero oxidado de una arpía por el resto de sus vidas.

Ser odiosa significa que esta mujer es difícil de soportar, que su hábitos molestan, que es desagradable, confusa, irritante. Esta criatura es una mujer que ha abandonado a su Creador, Su sabio diseño del género femenino, y los mandamientos de Dios para el rol que ella debe cumplir en el matrimonio. Su carácter y sus actitudes generan turbación en quienes se relacionan con ella.

Salomón concluyó que es mejor para un hombre vivir solo en el desierto, o en su azotea, que cohabitar con esta mujer (Pr 21:9,19; 25:24). No es de extrañar que se adjunte a los proverbios de Salomón la sabiduría de la madre del rey Lemuel, quien proporcionó una lista detallada del carácter de una mujer virtuosa, lo opuesto a la mujer odiosa (Pr 31:10-31).

La clave de la advertencia se encuentra en tres palabras: “cuando se casa”. La mujer odiosa es lo suficientemente engañosa como para alterar su conducta durante el noviazgo. Allí pone la trampa. Un hombre debe proceder muy lentamente, probándola muchas veces para ver si puede hacer que algo de su mal carácter salga a la luz, porque una vez que se case con ella será demasiado tarde para escapar.

La otra mujer semejante a la primera es “la sierva cuando hereda a su señora”. Dado que los tiempos modernos permiten a muy pocos el lujo y el privilegio de los sirvientes domésticos, puede ser difícil comprender de inmediato la advertencia y la lección aquí. En aras de la sabiduría que se pretende, debes transferir la advertencia principalmente a las situaciones laborales modernas.

En el pasado, cuando una sirvienta ganaba posición o privilegio comparable al de su ama, no pasaba mucho tiempo antes de que su actitud y conducta degeneraran debido al orgullo y la presunción. Dios ordenó la sociedad mediante diferentes roles y posiciones para los diversos participantes; cuando estos roles se modifican o se invierten, surgen problemas (Pr 27:8; Ec 10:5-7).

Sara y Agar ilustran el punto. Sara, desesperada por tener un hijo, le dio a su marido Abraham su sierva Agar como concubina (Gn 16:1-3). Cuando Agar concibió un hijo que sería el heredero de Abraham, su orgullo trastornó la tranquilidad doméstica al menos dos veces (Gn 16:4-6; 21:9-13). Abraham, por dirección de Dios, tuvo que echarla a ella y a su hijo para restaurar la paz en el hogar.

La sabiduría de Dios aquí advierte en contra de promover a una persona de baja condición social a una posición de honor, porque esto pondrá en evidencia su incapacidad de comportarse con clase y educación. Se enorgullecerá, se volverá prepotente e, incluso, tratará de vengarse de aquellas personas que la trataron mal antes de su enaltecimiento. Por esta razón, Pablo le encargó a Timoteo que no ordenara al ministerio a un “neófito”, es decir, a alguien inexperto en doctrina y práctica, porque la súbita posición elevada lo llevará a pecar con el mismo pecado que destruyó al diablo: el envanecimiento o soberbia (1 Ti 3:6).

Si has sido ascendido socialmente por el favor de la economía o la gestión laboral diligente, asegúrate de que tu humildad y agradecimiento asciendan proporcionalmente. Guárdate con toda diligencia, no sea que el favor de la movilidad social corrompa tu corazón, mente y desempeño. Le ocurrió a Satanás (que significa literalmente adversario), cuando era llamado “Lucero, hijo de la mañana” (Is 14:12), o Lucifer, (que significa portador de luz). ¿Cuál fue su pecado? Decir en su corazón: 

“Subiré al cielo; en lo alto, junto a las estrellas de Dios, levantaré mi trono, y en el monte del testimonio me sentaré, a los lados del norte; sobre las alturas de las nubes subiré, y seré semejante al Altísimo” (Is 14:13-14).

Tus ejemplos deben ser José, David y Daniel. Ascendidos mucho más que sus pares y hechos casi iguales o realmente iguales al rey, nunca perdieron de vista su posición como siervos, y fue esta misma actitud la que los hizo grandes a los ojos de Dios y de los hombres. Considera la increíble respuesta de David después de matar a Goliat (1 S 17:58).

Mejor aún, considera al Señor Jesucristo mismo. Promovido al trono del universo a la diestra del Padre (He 1:1-4), no tuvo ninguna de las ambiciones personales profanas y perversas que arruinaron a Lucifer (Is 14:12-15). Está comprometido con la obra del Padre como Sumo Sacerdote e Intercesor por Su pueblo, enteramente sometido a la voluntad de Dios (Lc 22:39-44; 1 Co 15:24-28). Él es “la [verdadera] estrella resplandeciente de la mañana” (Ap 22:16).

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NADIE CRECE MÁS ALLÁ DE LO QUE VALE



“Por el siervo cuando reina; Por el necio cuando se sacia de pan” (Pr 30:22).

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Aquí hay dos tipos de hombres que no debes ser y que debes evitar para tener paz y bienestar en la vida. Cuando un hombre es ascendido más allá de su capacidad, educación o nacimiento, a menudo se volverá intolerablemente arrogante e incompetente en su cargo. Cuando el necio es alimentado, protegido u honrado, dará rienda suelta a una locura mayor que la que habría demostrado con recursos limitados.

Dios hizo todo muy bueno al principio (Gn 1:31). Él dispuso el orden de la sociedad humana para la paz, el bienestar y la prosperidad de todos. Cuando Su orden es alterado, estos preciosos objetivos se verán comprometidos o se perderán por completo. Aquí hay dos corrupciones del orden de Dios: un siervo promovido a un lugar de autoridad, y un necio hambriento alentado por una buena comida.

Considera a un siervo promovido a un lugar de autoridad. Se le da una posición por encima de su habilidad, educación o nacimiento. El honor inmerecido inflará su ego y lo provocará a oprimir a los que están a su alrededor o debajo de él. El propósito o el valor del cargo que ocupa erróneamente sufrirá, porque no puede comprender su responsabilidad ni ejecutar adecuadamente sus funciones.

Dios hizo al amo y al siervo. Es un error trastocar este orden, por noble que suene (Pr 19:10; Ec 10:5-7). Las responsabilidades de uno superan con creces las capacidades del otro, poniendo en riesgo la estabilidad social. Es el juicio de Dios cuando se difunde esta corrupción de la autoridad (Is 3:1-5). Se ve hoy en el socialismo, el comunismo, la democracia, las juntas de diáconos, etc. 

Hombres de baja cuna pueden ascender para gobernar con diligencia y devoción, con el favor de Dios—José, David y Daniel son buenos ejemplos de ello—pero es supina ignorancia pensar que una promoción por secretaría mejorará las habilidades o la diligencia de un patán. Deja que la crema ascienda hasta la cima naturalmente, pero no llames crema a la leche sin lactosa. José ascendió de siervo a gobernante en Egipto, pero él ya era un príncipe a los ojos de Dios mucho antes que Potifar lo comprara como esclavo. 

Nadie crece más allá de lo que vale.

El mundo de los negocios reconoce este error en el Principio de Peter, que establece que en una jerarquía todo empleado tiende a ascender hasta su nivel de incompetencia. Las personas son promovidas por su buen desempeño actual, no por su capacidad para el nuevo rol, resultando en un puesto ocupado por un ineficiente. El buen desempeño en las empresas lo realizan los empleados que no han sido promovidos a su nivel de incompetencia.

Considera a un necio hambriento cuando se harta de comida. Un necio es una persona que no teme a Dios y obstinadamente piensa que tiene razón. Los necios son bastante malos sin tener el estómago lleno, y la sabiduría exige que los evites (Pr 9:6; 13:20; 14:7), los prives de cualquier honor (Pr 19:10; 26:1,8), y los castigues siempre que puedas hacerlo (Pr 10:13; 20:4; 26:3).

La prosperidad y el placer son una maldición para el necio, porque inflan su alma depravada y le hacen jactarse de su nueva posición. Cuando su barriga está llena de vino y carne, su boca es mucho más insolente y profana. Recuerda la odiosa respuesta del hastiado Nabal a David (1 S 25:2-11,36). Este necio se destruyó a sí mismo.

Tales necios se ven hoy en los jóvenes rebeldes con vidas mimadas, atletas ignorantes con salarios exorbitantes, profesores universitarios engreídos y actores inmorales con contratos extravagantes. Los jóvenes salvajes, los chicos del bajo fondo social, los políticos egocéntricos y los amantes de las cámaras son lo suficientemente malos sin ninguna ayuda. Pero cuando son elogiados, protegidos y alimentados, sus palabras y hechos se vuelven un estruendo insoportable.

Es sabiduría promover la piedad y aplastar la insensatez en cualquier esfera en la que tengas alguna influencia. Comenzando por casa: recompensa a los fieles y castiga a los rebeldes. Alaba a los justos, y condena a los impíos. Promueve al diligente e ignora al perezoso. No debes tolerar al necio, así que no seas cómplice de él otorgándole algún favor.

Que todo hombre de Dios ame el orden por Él establecido en la sociedad, y mantenga las distinciones necesarias y provechosas entre amos y siervos, entre todas las clases y todos los oficios, en tanto le sea posible. Que los necios no encuentren en ti consuelo, amistad, ayuda o apoyo. Exponlos e ignóralos donde y cuando puedas. De ello depende tu paz y tranquilidad, y la de todos los que te rodean.

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THE IMPORTANCE OF GENESIS

 


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Monday, April 20, 2026

EL LIBRO DE ENOC




El Libro de Enoc es una de las tantas obras pseudoepígrafas (obras falsamente atribuidas, textos que afirman ser de autoría de alguien conocido) que se atribuyen a Enoc, el bisabuelo de Noé; hijo de Jared (Gn 5:18). 

Enoc es también una de las tres personas de la Biblia que fueron llevadas al cielo mientras vivían (las otras dos son Elías y Jesús), como dice la Biblia: 

“Caminó, pues, Enoc con Dios, y desapareció, porque le llevó Dios (Gn 5:24; He 11:5). 

Por lo general, la frase Libro de Enoc se refiere a 1 Enoc, que sólo existe en el idioma etíope.

El libro bíblico de Judas menciona el Libro de Enoc:

“De éstos también profetizó Enoc, séptimo desde Adán, diciendo: He aquí, vino el Señor con sus santas decenas de millares, para hacer juicio contra todos, y dejar convictos a todos los impíos de todas sus obras impías que han hecho impíamente, y de todas las cosas duras que los pecadores impíos han hablado contra él (Jud 14-15). 

Aunque esto no significa que el Libro de Enoc sea inspirado por Dios y deba estar en la Biblia.

La mención de Judas no es la única cita en la Biblia que proviene de una fuente no bíblica. El Apóstol Pablo cita a Epiménides en Tito 1:12 pero eso no significa que debamos dar alguna autoridad extra a los escritos de Epiménides. Lo mismo ocurre con Judas 14-15. Judas citando del libro de Enoc no señala que todo el Libro de Enoc sea inspirado, o incluso verdadero. Todo lo que significa es que un determinado pasaje del libro es verdadero. 

Es interesante ver que la erudición conservadora no cree que el Libro de Enoc haya sido realmente escrito por el Enoc de la Biblia. Enoc se encontraba a siete generaciones de Adán, antes del Diluvio (Gn 5:1-24). Obviamente, esto fue algo genuino que Enoc profetizó, o la Biblia no se lo atribuiría: 

“De éstos también profetizó Enoc, séptimo desde Adán (Jud 14). 

Esta afirmación de Enoc evidentemente fue transmitida por la tradición, y eventualmente se registró en el Libro de Enoc.

Debemos tratar el Libro de Enoc (y los otros pseudoepígrafos) de la misma manera que lo hacemos con los otros escritos apócrifos. Algo de lo que los apócrifos dicen es cierto y correcto, pero al mismo tiempo, mucho de ello es falso e históricamente inexacto. Si lees estos libros, debes abordarlos como documentos históricos interesantes pero falibles, no como la inspirada y confiable Palabra de Dios.

Es importante tener un conocimiento de las Escrituras (tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento) para ver los errores teológicos que contienen los pseudoepígrafos y los apócrifos. La Biblia que tenemos es una unidad cohesionada e integrada en todos sus aspectos. Todos los autores bíblicos tienen un mismo fundamento y fe. Cuando uno puede ver esto en el texto bíblico, resulta fácil ver  los alejamientos doctrinales de los pseudoepígrafos y los apócrifos, que son únicos en ellos.

Comencemos por conocer el canon sagrado, la Biblia, y su unidad; entonces nos resultará fácil reconocer los errores que pretenden adherírsele como si fueran parte de ella.

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